¡¡¡…Y yo con estas barbas!!!

Relatos sobre mis experiencias y expectativas como padre novato


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Colecho es amor

Adoro el colecho.

Mira, hoy me tiro a la piscina. Y me voy a posicionar. Con lo que os mola eso de generar polémicas, oye. No. En serio. Lo adoro… Sí, sí… Todo él. Todas sus partes. La CO, la LE y la CHO. Sobretodo… la CHO. LA CHO me fascina. Me tiene loco.

CHO, de choto… Ese aroma a choto cavernario que te asalta -“¡ZASCA!”-, con la más letal de sus pezuñas en todo el careto, a pezuña llena, ahí, como con saña, como gustándose, ¿sabes?, cuando regresas de hacer tu meada nocturna de subterfugio, al cubil, y abres de nuevo la puerta de la cueva, porque no vaya a ser que las muchachas se me despierten con el atronador rugido de la cadena, claro… Sí hombre, esa meada, ya sabes, la de cuando te levantas porque te meas, pero que en realidad te levantas más bien para librarte unos segundos de ese minicodo cariñoso y tan mono, que taladraba sin piedad tus queridos y sobrevalorados riñones.

Porque total, ese aroma a cueva, ese perfume a oso almizclero que inunda el ambiente, ese microclima de pedos acumulados y reconcentrados, de calcetines sudados y sobaquillos al pil pil que se genera con mucho y dedicado esfuerzo común… Eso, muchachos, esa atmósfera tan característica es… es… ¡No tiene precio! ¡Eso es… FAMILIA PURA, JODER! ¡La esencia vibrante y palpable de una comunidad amorosa, yaciente, armoniosa, que celebra su unión vital en el palacio del cariño que es ese colchón, digamos, de metro y pico! Entre aquellas paredes de ese cuarto de cuatro metros, que exudan amorrrr por cada gota del gotelet. Ese territorio sin ley pero con mucho lovin’ donde las tiránicas palabras -“Ehhh… ¿Por qué no te vas a tu camita, cariño…?”- o -“¿También el gato…?”-, se las lleva el viento: -“¡¡Vete, imposición… Huye, vil, volando para no regresar jamás…!!”-

Y es que yo solamente le veo ventajas al colecho. ¿Y lo bien que sienta ese masaje tailandés a base de patadas de karate en las lumbares? ¡¡La peña se deja una pasta en espás y salones de masajes, por lo que a mí me hacen de gratis en casa!! Luego están los que se quejan de que no tienen tiempo para jugar con los peques. ¡No entiendo a esos pobres desgraciados! ¡Si la noche es ideaaaaalll…! Yo me parto la caja (a veces, casi literal…) jugando con la peque al Twister cada madrugada. ¡No os imagináis la de formas extrañas y contorsiones que te puedes llegar a currar en un rato, para poder cuadrar aquello! ¡Es la caña…!

Y luego hay otros juegos: el del “Ninja”, por ejemplo; ese en que te toca estar durmiendo como estos tipos, con un ojo abierto y el otro cerrado, igual que los conejos, para evitar que la otra se despeñe colchón abajo por la esquina más insospechada… O el de las “Apuestas” (-“¿Cuánto te apuestas, Churri…, a que la niña se viene esta noche a nuestra cama, a eso de las tres, cuando esté en lo mejorcito del sueño…?”-), al que tanto me mola ganar… U otro que adoro, también: el “Quinto Levanta…”, en el que las dos tiran de la manta (o el nórdico), y se me quedan ahí las canillas medio al aire… ¡¡Jajajaja!! ¡Me encanta! ¿¿Cómo demonios puede alguien aburrirse en una casa en la que se practica colecho…?? Disfruto horrores.

También está ese punto… picantón. ¿Qué sería de las relaciones de pareja sin ese… plus, de estar, ahí ahí…? Con ese punch de tensión. Que si te rozo un pezón, que si te tiro un pellizco, que si espera que te abrazo, pero cuando esta se mueva un poco para el otro lado… -“¡Ahora, ahora, que ha virado hacia la almohada y me da tiempo para hacerte alguna cosa guarrona en los pies!”- Pues eso, que sería todo un auténtico muermazo, ¿no? Digo yo. El festival de la rutina… Hale, ¡ahí a lo fácil! A tiro hecho. Toda la cama para vosotros solos… ¡Puafff…! Vamos, follisqueo de burgués. Eso, para quien lo quiera.

En fin, que la gente que no colecha, de verdad, se lo pierde. Es toda una aventura. Te da un +20 en PX. Te mantiene alerta… Te mantiene guay, ahí, ojo avizor a las cositas, a los detalles… -“¡Papi, quiero agua!”- Y tu mente rauda y veloz, se despierta entre legañas como un rayo en mitad de las entrañas de la negra noche, oscura cual boca lobuna, y localizas ese vasito que se te olvidó coger antes… (Bueno, no se te olvidó; de hecho, está en SU habitación, perfectamente colocado en SU sitio, pero como se ha venido a la vuestra, pues no lo tienes a mano, en TU mesita de noche, claro, y toca levantarse, porque ella, la princesa de la casa, claro, no está para esas minucias cuando viene a veros con todo su amor, in de mídel of de nait…) Y eso da flow, tío… Da energía… Da buen rollo… Tienes ahí, la mente clara. Es un entreno. Eso, cuando seas un viejo chocho y senil en la residencia, seguro que lo agradeces; que sabrás en todo momento dónde tienes las pastillitas azules, verdes, y rojiblancas. Y es que estas cosas quedan… Quedan ahí, en la mente, grabadas onfayer, porque ahora estás ahí a tope. ¡Pim, Pim! Currándotelo mil.

Y mejoras la respuesta psicomotora, también… Esas toñas que te das con las puertas a oscuras. O ese muñequito invisible abandonado en mitad del pasillo que te clavas hasta lo profundo del metatarso, con el que te entran ganas repentinas de gritar a los cuatro vientos… lo hermoso que es ser padre y sentirse vivo. ¡Pues luego aprendes a esquivarlo, a gestionar el dolor! ¡Control emocional, gente! ¡Es total! Es un rollo muy guay…

Y luego está la poderosa influencia de la música… Que esa es otra también fantástica. ¡La música! !Qué sería este mundo sin la música, señores míos! Yo, que tengo el privilegio de tener un sueño tan ligero, de esos que se desvelan con una mosca asmática, me apasionan las noches de festival. Cuando llega el festival de mocos, mi cuerpo se tensiona… Me pide marcha… Empieza el concierto de sonidos, ronquidos, silbidos… Esos ritmos sincopados que se superponen unos a otros, taladrándome el oído, y que me tienen ahí toda la noche, a ritmo pelao, dándome palmaditas en las pantorrillas, tikití tikití tikití… Disfrutando como un enano y siguiendo la ola… ¡Para un friki de la percusión como yo, esas noches en vela son grandiosas! Mis dos chicas currándose una performans ahí a dúo, dándolo todo y poniendo toda la carne en el asador en la interpretación. ¡Mira, mira…! ¡¡Los pelos como escarpias, se me están poniendo, de solo pensarlo, tú…!! El colecho es puro groove. Maravilloso.

yo, en la cama, con un pie en la cara

Bueno, no os doy más la chapa. Lo dicho, que vamos, el colecho… Lo más. Lo más de lo más. Yo, ahí… A muerte con el colecho. Me encanta. Estoy enamorado, en serio. Fíjate, que hasta cuando suena la flauta y pillo un rincón de sofá en una siesta… ¡Oye! ¡Que me tengo que ir a por un Nenuco, para ponérmelo así bien acurrucado en el costillar! Que si no… como que no me llena a mí, la siesta; como que me falta algo, ¿sabes? Me queda un resquemor a la que me levanto, si no lo tengo, así como quemmm… mmmñééé. Ya sabes, ¿no?

Y lo mejor es que, ahora, a la que venga el bebé, con la cuna de colecho, ya va a ser la FIESTA TOTAL. ¡Me encanta mi familia!

Soy un afortunado, realmente. Y tú también. Y lo sabes. Tú me entiendes. Porque también sabes lo mucho que mola…

…El COLECHO.

 

 


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Si las sillas hablasen

Cuando Madresfera te invita a un focus group organizado por El Corte Inglés, tú… pues acudes. Aunque vayas a ciegas.

Y llegas allí, y una hermosa mesa rodeada de flamantes sillas te recibe. Te das cuenta de que es, básicamente, una charleta informal. Con bloggers… Pero unos bloggers un tanto especiales.

Vamos, que somos todos una panda de tíos; ya sabes, ¿no…? Con su testosterona, con sus pelos en los brazos, sus perillas, sus sonrisas y todas esa mandanga de maromos.

Y de repente, aquella caterva de sillas es testigo de excepción de cómo aquella panda de tipos van… ¡y se ponen a charlar sobre sus hijos! Guat de f…in jel…!

Pues sí, porque por raro que parezca, estos tipos, estos bloggers, son padres; y vienen con sus ideas y experiencias sobre cómo es la crianza de y con sus hijos. Con sus sentimientos por delante. Con su día a día. Con sus soluciones. Y con sus movidones. Con sus apaños. Con sus opiniones. Con sus criterios. Con sus dudas. Con sus alegrías. Con sus miedos… Sin esconderse y con la lengua muy suelta.

Cada uno de ellos con su culo apoltronado sobre cada una de aquellas adorables sillas, va soltando lo que tiene. Charlando. Plim plam plim: campamentos, videojuegos, pasados turbios, viajes, purés verdes, … a mí me acojona lo mismo…, una vuelta al cole que es de todo, menos vuelta. Y casi tres horas de tarde calurosamente veraniega que, al menos para mí, parece que se van en un suspiro.

Y los tipos se levantan. Y cuando lo hacen, intuyo que aquellas hermosas sillas han debido quedarse bastante flipadas… -“¿¿Pero qué demonios acaba de pasar aquí…??”- Se habrán preguntado entre el desconcierto general… Seguro.

Y las sillas conversan en su desbarajustado corrillo. Como fieles garantes de nuestros secretos, las muy tunantas se guardan la información para ellas solas, sin compartirla con nadie… Tal es su pequeña compensación por tener que soportar el peso de nuestros santos culos todo el puñetero día.

Pero estoy tranquilo. Historias pedorreras aparte, si a las sillas les diera un día por rajar, al menos tengo el consuelo de que, entre las muchas cosas que tuvieran que contarnos, nos hablarían de cómo hoy día, una panda de padres, de hombres, pueden ser bien capaces de sentarse sin complejos en torno a una mesa a hablar de cosas de… Bueno, también de hombres.

Sillas hablando entre ellas

Y es que, quizás todavía no nos lo terminamos de creer del todo, pero hay padres a los que nos importa expresar y contar lo que sentimos, respecto a la familia y los hijos. Y lo de esta charla/reunión, ha sido una muestra necesaria, y preciosa, de ello.

Fue un enorme placer conocer, charlar y compartir una más que agradable tarde con los geniales papás que se esconden tras los siguientes blogs:

Gracias, como siempre, por la oportunidad. Porque los padres… también contamos.


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Adiós, amiga fiel

Llegaste a nuestras vidas casi por azar, tras un tiempo olvidada en algún oscuro rincón.

Otros rozaron antes tus suaves pieles, y como premio cruel a tu brillante dedicación, sufriste la desgracia y el dolor del verte apartada, quizás injusta y prematuramente, de lo que más amabas; de aquello a lo que tu existencia daba sentido.

Sin embargo, es destino te tenía reservada una nueva oportunidad. Aquel destierro no era tal, ya que aquellos a quienes serviste tan fielmente seguían teniéndote en su agradecida memoria.

Y te viniste a casa. Con nosotros. Con mi pequeña…

Y volviste a brillar de nuevo. Fuerte. Decidida. Noble. Valiente te alzaste para sortear todo tipo de caminos y dificultades.

Nos acompañaste siempre a donde fuera que necesitáramos. Siempre has estado ahí. Velando. Agazapada. Al a espera, aguardando paciente tu momento.

Tú nos lo has dado todo. Nos has dado tu propia vida. Te has sacrificado por mi hija hasta la extenuación. A eso llamo yo un amor fiel y sin condiciones. Sufriste empujones, desgarros, golpes… La humillación de la servidumbre, tantas veces machacada, pisoteada y manchada. Y seguías ahí… Estoica y firme. Cada día dispuesta. Cada día preparada y lista para enfrentarte a lo que el mundo te dispusiera.

Te acogimos y cuidamos, pero el tirano calendario dicta su cruel sentencia y a todos nos termina llegando la hora. Al final, y de manera inevitable, tu ya frágil cuerpo se quebró sin remedio, más allá de quirófanos. -“Hasta aquí hemos llegado…”-, nos dijiste. Ha sido un “basta”, desde lo profundo y con todo el dolor de tu ser.

En el fondo, soy un mezquino, y no te ocultaré que siempre llevaré clavada la espina de saber que fuiste tú, de entre todos los que deambulamos por este mundo, quién por más tiempo sostuvo y abrazó a mi pequeño tesoro. Quién más tiempo la ha llevado protegida y sentada en su regazo.

Nos lo diste todo, y por eso te llevas allá donde vayas ahora, mi admiración, mi respeto, mi cariño, y lo que quizás es más importante: nuestra gratitud eterna, y el derecho a recordarte para siempre.

Adiós a la sillita de la niña

Ya formas parte de la historia de mi familia. 

Descansa en paz, querida amiga. Te lo has ganado.


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Nuestra relación con los colores

No tenía intención de sacar este post. Hoy no tocaba. Pero me ha salido de dentro, a raíz del vídeo que sacó ayer el amiguete Carlos, sobre la relación de uno de sus peques con el color rosa.

¿Que nos ha pasado, gente? ¿Qué le pasó al color? ¿En qué punto de este camino que es nuestro día a día, nos lo dejamos olvidado a un lado de la cuneta? Tirado, exiliado, repudiado, abandonado, denostado directamente por muchos y obviado, cuando no aparcado y ninguneado por la gran mayoría de nosotros, la plebe, la masa, las gentes que recorremos e inundamos las calles de nuestros pueblos y ciudades.

Parece que hoy día el color MOLESTA. Que el color… estorba: -“¡Quítame de ahí ese amarillo, por favor, que me DAÑA la vista…!”-

Hay un referente claro en el siglo XX, y es el florecimiento de la industria de LA MODA. Industria, revolucionada entre otros por una figura icónica, un alma inquieta, genial, innovadora, personificada en la figura de esa grandísima pequeña figura, brillante cual estrella, llamada Coco Chanel.

En 1926, Coco revolucionó (una de tantas) el mundo de la moda, transformando el color negro, símbolo hasta entonces inequívoco de luto en occidente, en otra cosa; lo elevó a signo inequívoco de elegancia.

Gracias a sus vestiditos negros, implantó con éxito este color entre la gente, y desde entonces, un siglo después, su legado permanece y este “no color” (que dirían los científicos) no falta en ningún armario de nuestras casas. El negro representa todo aquello de “eliminar lo superfluo del mensaje”, para centrarse en la forma pura. Bien lo saben las agencias de moda y diseño.

¡Imaginaos el cambio: un tono asociado a la pérdida, a la finitud de nuestra existencia, transformado hacia ideales que denotan elegancia, clase y exclusividad! Buen gusto, en definitiva. Un pelotazo, vaya… Eso sí… Siempre, desde un punto de vista adulto, claro. ¿Quién vestiría de negro a un crío o una niña de tres años?

Lo que pasa es que, casi cien años después de aquel pelotazo, ahí nos hemos quedado estancados. Vamos, que hoy en día, lo que impera en nuestra sociedad es aquella idea de base, pero llevada al extremo más… utilitario. Hemos transformado aquel ideal novedoso, en la NORMA más corriente y vulgar, en pos de una sencillez cotidiana derivada de nuestro día a día ajetreado.

¿Qué quiere decir esto? Que el negro, los tonos grises oscuros, son colores PARA TODO. Que precisamente por su versatilidad, por no querer comernos la cabeza, hemos hecho bandera de ellos y dominan nuestro guardarropa como color de cabecera. Y el ejemplo está en la calle, mucho más en estas frías épocas invernales del año, también grises y oscuras. Simplicidad y elegancia, que diría nuestra dama francesa…

Pero hagamos un experimento de campo rápido, si os parece: os invito a fijaros hoy en la gente que pasa por la calle, y observad cómo visten: abrigos, zapatos, botas, trajes, pantalones… Y lo mismo, a vuestros armarios. El negro lo ha invadido todo. Voy por la calle y me da la sensación de que la gente VA DE LUTO. Y os lo digo en serio, a ratos me asombra y me entristece. ¡Hemos perdido taaaaanta alegría visual por el camino…!

¿Qué pensaría una dama del siglo XVIII si de repente se diera un paseo por la Gran Vía madrileña de nuestros tiempos? ¡Querría arrancarse los ojos! (Después de alucinar con el resto de cosas que viera, por supuesto, como coches, edificios, revistas guarrillas colgando de los quioscos, neones, hordas de palomas que parecen buitres, harekrishnas y demás frikifauna urbana, etc…)

Vamos, que creo que tiramos de negro… básicamente, porque queda bien con todo, y queremos dejarnos de tonterías. -“¡Con todo lo que tenemos que hacer en el día, como para liarme a pensar qué me pongo para ir conjuntada/o!”- ¿Verdad? Y es que parece que el negro nos favorece siempre. Y a todos.

Pues esto, en parte, lo hemos trasladado también al mundo infantil. Hemos caído en los estereotipos de la COMODIDAD. Al niño, le hemos adjudicado el AZUL. Y a las niñas, el ROSA. Y esto es así. Cualquiera que sea padre o madre, lo sabe. Mucha gente trata hoy día de lidiar contra eso, pero es como pegarse contra un muro… Id a cualquier tienda convencional, a daros de bruces con la realidad. La industria (moda, juguetería, puericultura, alimentación) lo sigue explotando, y mucha, mucha, mucha gente le sigue la bola.

Mi hija ADORA el rosa. Tiene dos años y medio, y adora ese maldito/bendito color. Y en casa no lo ha aprendido. Os lo juro. ¿Es bueno? ¿Es malo? Ni lo uno ni lo otro, ni todo lo contrario… Ahora está con eso. Aprendiendo colores. Pues vale. Los colores, son colores. Todos buenos. Todos válidos. Todos hermosos. Todos necesarios. A mí me encanta el rosa. ¡¡Pero es que me encantan todos los colores…!!
zapatos morados.

¿Por qué, de adultos, nos negamos lo que de buen grado ofrecemos por otro lado a nuestros críos? ¿Por qué nos negamos al color? Algo bueno tendrán los colores, cuando una de las descripciones gráficas que solemos hacer de la felicidad, es un ARCO IRIS. 

Por favor… Abandona el triste luto de la comodidad. Atrévete a sacar los colores de tu armario. Atrévete a invertir en tu felicidad. Te invito a redescubrir los colores. A amarlos. Y haced que vuestros hijos e hijas los amen. TODOS. Y elegid/que los elijan, en libertad, y no por imposición ajena.

Al fin y al cabo, Coco también dijo: -“El mejor color del mundo es el que te queda bien a ti.”-

Y tú… ¿ves la vida en colorinchis, o eres de la que la ves en tonos de gris?


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¿Segundos hijos…? ¡Un mar de dudas!

Hay una cuestión a la que he venido dándole vueltas cada cierto tiempo durante todo este año. (Y he de decir que este de hoy es un post al que igualmente llevo queriendo darle salida desde hace bastantes meses).

Tienes una maravillosa Lechona que este año ya cumple sus 2 primaveras. Todo va aparentemente bien por la Morada (al menos, todo va dentro de sus parámetros lógicos…), y el calendario mantiene su particular idilio con el otoño, sus hojas cayendo una tras otra, como a golpe implacable de metrónomo.

Y de repente, ¡¡tacháááánnn!! Tu viejo colega, el Reloj Biológico, llama otra vez a la puerta: -“Hey man… ¡¡He vuelto!! (“Guiño guiño” con el ojo, “chicck chicck” con el dedito…)”- y te aplaude la cara de nuevo con un manotazo retador. Y la pregunta, que hasta ahora se había estado manteniendo a distancia, danzante en el aire como una mariposa más o menos cojonera, cae a plomo sobre la mesa con el mismo ruido ensordecedor que haría una biblia medieval de catedral, de esas de 500 kilos, de las gordacas que te cagas

…-“¿Y AHORA QUÉ…? EL SEGUNDOOOO… ¿PARA CUÁNDO…?”-

Y es aquí, a lo loco, mano en la frente y ceño fruncido, cuando uno retoma aquel viejo juego que creía ya guardado: el CUIZZ de las BIG CUESTIONS.

El otro gran valor de otorgamos a esto de los blogs y el mundillo 2.0, aparte de contar la experiencia propia, es precisamente el de recabar información de los demás usuarios de la red, nuestros queridos vecinos virtuales en esto de las miserias y alegrías comunes y cotidianas.

Pues bien. Vaya por delante que seguro que es por mi escasa dedicación lectora, dentro de la gran abundancia de bitácoras de temática familiar que hay hoy en día… Vale. Pero dentro de todo lo que leo, me ha parecido encontrar un serio déficit de contenido respecto a este momento concreto: el momento en que una pareja se plantea ir a por el segundo lechón. (Y aquí me voy a permitir el lujo de incluir tercero, cuarto y de ahí en adelante, para gente amante de las grandes camadas…)

Sí que se leen cosas del proceso, con el embarazo, o de cuando ya lo tienes encima, arropado entre tus brazos; de lo duro que es, de lo maravilloso o dramático que resulta, según el caso… De lo que implica, de cómo lo llevan unos y otros; unas y otras. Y así un largo etcétera. Pero lo que es realmente sobre la FASE PREVIA, leer… leo poco.

Y no entiendo muy bien por qué. Porque a mí, a nosotros como pareja, llegados a esta fase en la que diría alguno …que se nos va a pasar el arroz, se me vienen a la mente MIL MOVIDAS. MIL DUDAS. MIL PREGUNTAS. MIL TEMORES. MIL PUÑALES A REPARTIR A PARTES IGUALES ENTRE LA CABEZA Y EL CORAZÓN, PARA LO QUE VA A SER LA GRAN REYERTA A CARA DE PERRO ENTRE LOS DOS. 

¿Todo el mundo asume tan fácilmente lo que puede implicar tener otro crío…? ¿Nadie airea sus “pegas”, sus dudas, sobre la decisión en sí misma? Igual es que yo le doy muchas vueltas al coco, ya no lo sé… Pero es que a mí me martillean de cuando en cuando como una colleja de esas con efecto que repartían los profes rancios del viejo régimen, para devolverme a mi sitio.

Yo, ahogado por las dudas sobre tener más hijos.

Quieres otro crío, vale… Pero… ¿Realmente estaremos haciendo bien teniendo otro? ¿Es lo más adecuado? ¿Estamos haciendo lo correcto? Para nosotros, como pareja… Para el mundo. ¿Es este nuevo acto de amor una acción verdaderamente responsable? Se me podrían ocurrir 1000 razones para tenerlo, pero creo que igualmente se me podrían ocurrir otras tantas excusas para no tener más.  ¿Simplemente vale CON QUERERLO ambos, y ya está? ¿No hay más que hablar…? ¿Así funciona la cosa…? ¿Arriesgamos nuestra más-o-menos estable felicidad actual y presumiblemente futura, por una apuesta de riesgo imprevisto? ¿Y SI LA CAGAMOS? ¿Y SI ESTAMOS COMETIENDO UN ERROR TENIENDO MÁS CRÍOS?

Un ejemplo: ya has tenido tu primer lechón biológico; Perfecto. Ya has perpetuado tus genes, asegurado la continuidad de tu linaje, el desarrollo de una descendencia y la pervivencia de  tu apellido; tu crío es monísimo, clavadito a ti y todas estas chorradas medievales, bla bla bla. La saga familiar continúa (como con Star Wars), y los suegros sacan pecho, vale… Ya tienes tu medallita. Pero además, quieres otro. Tal y como está el percal en el mundo… ¿No sería el momento perfecto PARA ADOPTAR…? Por ejemplo, digo yo…

Luego están las profundas cuestiones relativas a la pareja: ¿estaré, sin saberlo, con un segundo encargo, dando la puntilla a mi relación? Si solamente ya con uno, es duro y complejo, con sus conflictos y gaitas… ¿No sería otro lechón más, un suicidio de pareja? ¿Un clavo en la tapa del ataúd de la relación marital? Creo que la mayoría (realista) ya asumimos que 1+1, en este caso suele ser más que 2. Vale, igual estoy siendo un poco exagerado o radical. Pero, ¿no podría ser, al menos, una duda razonable...? ¿No es tan descabellado pensar que es una prueba más dura, una montaña todavía más grande y complicada de escalar que la que escalas con el primer hijo? No tengo estadísticas delante, ni tengo a un Marty McFly de dentro de 10 o 15 años que venga en un flamante DeLorean, y me avise y me asegure que todo sigue viento en popa en el hogar familiar.

¿Y qué hay del sexo? Por aquello de escribir sobre algo un poco caliente, digo, y elevar mis paupérrimos índices de audiencia… Mi experiencia con nuestra peque me ha escaldado un tanto… (Algún día quizás saque el tema…) Y solamente pensar en otra situación similar (que puede volver a darse, O NO; está claro…), pues no me hace la mayor de las ilusiones, ciertamente. Temo que, llegado el momento, tenga que hacerme un calendario de bolsillo con una foto de mi Churri en tanga picantón, para llevar en la cartera y en el bolsillo del pantalón, como único roce real a largo plazo. (Ya sabéis, lo de ingresar forzosamente en la Hermandad de Onanistas Solitarios Recalcitrantes como miembro honorífico, cuota pagada para los próximos cinco años, y toda esa mandanga…) Bueno, ya no hablo de sexo; hablo de simple roce humano mínimamente íntimo. Eso, pues me preocupa, oye.

¿Y el asunto económico? ¿Qué hay de la logística? ¿Cómo nos apañaremos con los gastos? ¿Habrá que cambiar de casa? ¿Nos tendremos que comprar un coche a la fuerza? (Con sinceridad… ¿Cuántos padres de dos, conocéis, que no tengan coche…?) ¿Cómo y dónde almacenaremos todo lo que necesitarán 2 niños durante años…? ¿Y cómo será vivir AGOTADO física y mentalmente durante años? Si ya con uno vas aprobando, raspado, raspado… (Y ojocuidao, que esta niña es de las buenas…) ¿Cómo aguantar el tipo así, sin querer tirarte por una ventana, o decir en casa aquello de -“…Churri, oye… Que me bajo un segundo al estanco a por tabaco…”- y que años después todavía te estén esperando?

¿Qué hay de otras posibles complicaciones…? De nuevo, jugamos contra las estadísticas; que, vale, tenemos las de ganar, pero… Ahí están. Y acojonan. A veces, las cosas chungas no solamente les pasan a otros. ¿Qué hay de posibles discapacidades, o enfermedades…? ¿Seremos capaces de afrontar un puerto de montaña de categoría especial como algo de eso? Los riesgos inherentes a un embarazo entrados en los 40, y todo eso. O sin hilar tan fino… Simplemente, que el primer crío te ha salido un bendito, un niño-trampa. Te flipas, y el segundo es el porculero de verdad. El que te aprieta hasta ahogarte. El que desata los infiernos. Vamos, el gran clásico. (Eso, o que te vengan cuatrillizos, también, claro…)

No lo sé… No lo sé… Podría seguir así hasta que el teclado echara fuego, y mi cerebro seguiría licuando preguntas en morado. Parece claro que la genética (y el corazón) nos predisponen, me temo (y usando un símil balompédico), a colárnosla de libre directo y por toda la escuadra, pasando el balón siempre por encima de la barrera y por muchos jugadores que pongamos en ella para cubrir esa falta. Por muchas preguntas que me haga; por mucho que me acojonen las posibilidades más oscuras; aunque no tenga jodida idea de qué narices me va a deparar el futuro… Si llegado el momento nos pica el gusanillo, …no habrá chorradas ni barreras que frenen ese balón. Ya lo sé. Y oye… Que lo asumo.

Sin embargo, y he aquí la cosa… Aunque uno asuma todo esto, me llama la atención lo poco visibles que veo estas incertidumbres en los demás, en el resto de bitácoras del mundillo 2.0 (y de paso, en el mundo de la calle…) Sé que no solamente es cosa mía y que seguramente me equivoco, como decía al principio… Pero sería al menos un pequeño consuelo agradable el saber que no soy el único chalado de amor fou de este planeta, con una mente ciertamente acojonada ante el vértigo de recoger el guante de ese maldito reto.

 

¿Y a ti también te asaltaron, o te asaltan, las dudas? ¿Fuiste capaz de sacarlas fuera…?

 


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Una semana realmente amarga…

¡Qué caprichosa es esta vida! La vida en general…

Regreso a esta humilde ventana virtual, tras un mes entre tinieblas, y desde luego no lo hago en la forma en que yo había planeado hacerlo. Quién me lo diría… Y cómo cambia el cuento. Por eso este post está estructurado en… dos partes.

Veréis. Hace poco más de un mes, andaba yo de buenas, planeando, teniendo en mente mis cosillas sobre qué hacer y cómo hacer, respecto a la celebración del primer aniversario, de esta, mi pequeña página personal… Vuestra página, la de todos aquellos que milagrosamente asomáis vuestros ojillos inquietos por aquí alguna vez… La página de mi querida niña, en definitiva: mi querida Lechona.

¡Un año, ya! Todavía me parece una pasada, para alguien tan (y un año después sigo igual…) tecnolerdo, y a la vez tan inquieto como inconsistente como yo, haber sido capaz de aguantar con este experimento tan personal, durante tanto tiempo. Y la verdad es que ha sido una pasada; algo increíble. ¡En serio! Me sigue pareciendo un pequeño milagro… Y el caso es ese… Que tenía planesIdeas. Puede que algún sorteo, hacer alguna entrada con algunas ilustraciones molonas, y muchas otras cosas que siguen en el tintero… Muchas cosas. Venía de un mes más o menos bueno, de publicar de nuevo con una cierta regularidad de al menos un post a la semana… Estaba un poco on faier, por así decirlo.  Sabéis de lo que hablo.

Y, de repente… Llega la semana en cuestión, y soy yo el que no llego. Líos… No me viene bien… No encuentro huecos… Lo de siempre. Llego a fin de marzo, y el día del aniversario del blog, sigo mudo. -“Bueno… No pasa nada… Que no panda el cúnico. Al fin y al cabo, hacer las cosas con retraso es la Marca Registrada ® de este sitio… No vayamos a ponernos exquisitos y empezar ahora a hacer las cosas bien, ¡por favor…!”-.

Pero luego la Santísima Semana llega llamando a grito pelao a la puerta. Y ya en ello, ando corroborando que las vacaciones no le sientan nada bien a este blog… Y los días pasan. Y de repente, me doy cuenta de que, en el cuerpo a cuerpo nocturno del remanso en que se convierte nuestra Morada, poco a poco la cama va ganádole la batalla a los puntos al teclado, por las noches. Sin darme cuenta, parece que me he hecho un poco más viejo, y como que necesito dormir más. Y de repente, quedarme hasta las mil delante de la pantalla ya no me parece tan planazo, que mañana es día de escuela. -“Bueno… A lo mejor mañana, si no me dejo atrapar por el sofá y lo cuadro bien…”- Pero los mañanas siguen pasando, y el calendario me avisa que hay un agujero enorme, lleno de un inmenso vacío. Un vacío que al verlo me eriza el pelo y me pone sobre alerta, porque comienza a asustar. Y aquí sigo, y no alcanzo todavía a adivinar de dónde vienen las hostias y por qué de repente al bonito globo le da por pincharse así por las buenas, y cuando al señorito le viene bien desinflarse.

Así que aquí estoy… Si no quiero que la cosa se me vaya de madre, tengo que agarrarme los machos, plantar el culo en la silla y volver al pequeño asidero de buen rollito, que normalmente significa esta pequeña pantalla llena de letras, monigotes y sentimientos. Al fin y al cabo, aunque hoy no lo haga por mí, lo hago por mi peque, y ella sí que lo vale. Y eso me ayuda.

Yo debería haber contado aquí con ínfulas, petardos, algarabías, fuegos de artificio y confetis varios lanzados por todo lo alto, un maravilloso resumen de lo que este blog ha dado de sí a lo lago del año: más de 11.000 visitas… Cruzando la barrera justo de los 100 seguidores (y todos ellos ganados a pulso vía blog casi en exclusiva, ya que al no tener todavía, no comparto nunca nada en redes sociales -verdadera vía principal de captación de clientes de un blog-, lo cual creo que le da cierto mérito al asunto para lo irregular que soy publicando)… Gentes que nos visitan desde muchas partes del globo… Quería agradecer a todos y cada uno de los que alguna vez pasaron por aquí y vieron algo de interés en ello… Juraros además amor y gratitud eternas al buen puñado de buenísimas gentes que además, vuelven, y repiten, post tras post… ¡¡Y ya encima, a los que me comentan, verdadera alma de este sitio… ni os imagináis!! Sois como una lotería premiada en forma de frases. Bueno… Todas estas cosas.

Y quizás lo haga y os las cuente en bonito otro día… O puede que a lo mejor, no. Al fin y al cabo, hay cosas que, a toro pasado, ni siquiera tiene gracia aun cuando las cuentas tarde.

Y así me veo ahora… Escribiendo esta noche, obligado en parte, porque ni siquiera es de esto de lo que tenía pensado ponerme a escribir. Es una vuelta obligada, en cierto modo, como digo… Y amarga. Muy… muy amarga. Lo que debería haber sido un post de celebración, se torna por circunstancias, un post de reflexión, como tantos otros antes. Un post de recuerdo.

El miércoles, me entero de que una tía mía, está muy grave; en casa, pero muy grave.

Ayer, ya se nos fue. Y no me he podido despedir de ella. Hacía demasiado tiempo que no la veía, es cierto. Pero era mi tía. Y no he podido ni acudir a su entierro. No he podido ver a mi tío. No he podido ver a mis primas.

Esta mañana, por una de estas cosas del purísimo azar… Descubro con horror, ya que yo no me había enterado, gracias a una compañera del trabajo, que un amigo lejano en el tiempo, un chaval al que conocí, con el que compartí experiencias, un viaje increíble, un tío majísimo, de los de verdad… que nos lo han matado a tiros en Brasil una pareja de jovenzuelos descerebrados, de la más absurda de las formas. Nos lo han matado, a su familia; a sus amigos, a mí… A ti. A todo el mundo. Porque este chico era un auténtico Patrimonio de la Humanidad. Las condolencias y muestras de cariño que me comentan han ido llegando desde los rincones más insospechados de todo el mundo así me lo demuestran. Hugo Calavia. Le exprimiste el jugo a la vida como pocos. Descansa en paz, amigo.

Con este panorama, hoy me ha dado por pensar: ¡qué caprichosa es esta vida! Un día piensas que estás en la cima, que tienes cosas que celebrar (un aniversario de blog), y al día siguiente estás en el pozo. Así, sin comerlo ni beberlo. Te viene el bajón. No te apetece escribir. Y de repente, te encuentras un mes después amarrado a las teclas y escribiendo un post como este, desde las entrañas.

¿Cómo vivir con la certeza de que no tienes el control de tu vida? De que hagas lo que hagas, por mucho que planifiques, por mucho que te lo propongas, el destino puede arrojar sobre ti en cualquier momento, una maceta perdida sobre tu cabeza… Y no solamente es tu vida… Es la de tus hijos. La de la gente a la que quieres y de la que te rodeas. ¿Cómo protegerlos? ¿Qué hacer contra eso?

-“Haces lo que puedes…”-, te dices. Te autojustificas. Y supongo que así debe ser… cuando a uno le da por pensar en estas cosas. Te desvives por ofrecer lo mejor, y un día, sin venir a cuento, el destino se presenta en tu casa, sin llamar antes, sin invitación, calzando chanclas raídas, para contarte que estabas en medio de una partida, y que… ¡¡¡ohhhh… vaya!!!, resulta que estabas jugando con las cartas perdedoras. Y tu vida cambia para siempre de un plumazo. Puede ser un cáncer… Puede ser un navajazo… Puede ser un imprudente despistado cabalgando por ese paso de peatones con el semáforo cerrado al que no estabas atendiendo… Puede ser esa judía mal cocida que se te atraviesa en la tráquea o esa cuerda que se rompe cuando vas escalando aquel saliente. Puede ser esa estufa mal apagada… Puede ser un malnacido con un bidón de gasolina y una colilla… o con un fusil de asalto. O puede ser una maceta perdida. Simplemente puedes estar en el momento inadecuado en el sitio inoportuno.

Sin duda uno quiere siempre lo mejor. Pero a veces con eso no basta. Es duro asimilar algo, ¿sabes…? Saber que por mucho que lo intentes, no lo vas a conseguir. Hay cosas que no puedes controlar. No existe lo mejor… Simplemente, porque lo mejor, en términos absolutos, no está en tu mano. No está en la mano de nadie. En todo caso… será un lo mejor… dentro de lo que hay. Por mucho dinero que tengas… Por muy sonoro que sea tu apellido… El destino, si tus cartas están marcadas, nos puede pillar a todos por igual. Y eso es una certeza, a veces dura y terrible de asimilar. Por eso pensamos poco en ello, porque en ello nos puede ir hasta la propia cordura. Desgracias hay todos los días y en todas partes, pero apenas somos conscientes de verdad nada más cuando nos salpican de cerca.

¿Qué puede hacer uno para evitar el infortunio? ¿Cómo protegernos? ¿Cómo protegerles? ¡Es tan desesperante pensar en que toda una vida de esfuerzos, en todo ese gasto y tesón que empeñamos, que ofrecemos, que vertemos a nuestro paso… pueda venirse al traste y hundirse en la miseria en apenas un parpadeo! ¡¡Taaaannnn desesperante…!! ¿¿¿Qué hacer, por Dios…???

Pues seguramente… nada. Intentar vivir la vida como quieres vivirla; como si cada día pudiera ser el último, supongo. Y darle un abrazo enorme a mi bebé en su cuna esta noche, y decirle y escribirle que su padre la quiere con locura.

Me vais a perdonar, pero hoy no me apetece dibujar.

Descansa en paz, tía.

Descansa en paz, Hugo.


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#papiconcilia… en el Día del Padre

Pasamos el ecuador de este mes de marzo, y nos asomamos viento en popa y a toda vela al primer aniversario de este blog. ¡Quién me lo hubiera dicho, que casi un año después, este experimento tan personal todavía seguiría vivito y coleando! Y como aperitivo a tan magno, fantabuloso y milagroso evento, vengo con un post de esos de los que uno debe sentirse especialmente orgulloso: un post importante para asomarnos a una fecha importante.

Acaba de salir esta misma semana, apenas hace un par de días, la SEGUNDA EDICIÓN, con nuevos testimonios, DEL LIBRO #PAPICONCILIA. Y, por uno de esos misteriosos azares del destino… ¡¡Tengo presencia en él!! OUH MAIIIIII GODDD! ¡¡Un testimonio del MENDA…!!

Para quién no lo conozca todavía, #papiconcilia es parte de un movimiento social, coordinado con esfuerzo e ilusión por la periodista Usúe Madinaveitia, impulsora a su vez del anterior y original #mamiconcilia, en el que se recopilan las experiencias de madres (y padres) en relación a lo que se conoce como conciliación laboral. Cito:

“El libro #papiconcilia incluye historias de padres que quieren ser actores y no espectadores, padres que piensan y sobre todo sienten que a los hijos hay que dedicarles tiempo y darles amor, padres que se implican de forma corresponsable tanto en la crianza de los hijos como en las tareas del hogar. #papiconcilia es un libro que no te dejará indiferente.”

Pues ahí lo tenéis. Realmente, este sí que me parece un bonito acontecimiento que celebrar, ¿no creéis? Al menos yo sí lo veo así. En lo personal, precisamente mi pequeño testimonio en este libro, podría decirse que ha supuesto un ligero cambio de rumbo en mi vida. Un cambio… espero que para mejor, claro. Gracias a la existencia de esta modesta pero muy ambiciosa iniciativa, he encontrado la motivación, la inspiración y el impulso para intentar arañarle un par de horas más al día. Horas destinadas a poder pasar más tiempo con mi pequeña y preciosa Lechona.

Porque el modelo paterno actual ya no contempla el simplemente ser una figura que se dedique en exclusiva a “proveer y proteger”, obviando todo lo demás. Porque los padres del siglo XXI, buscamos nuestro propio hueco, y nos sentimos parte necesaria y activa, más que nunca, de la realidad cotidiana que supone la crianza de nuestros hijos. Porque queremos ser padres 24/7, y no solamente padres de viernes a domingo. Porque ser padres hoy día debería ir mucho, mucho más allá de… engendrar y soltar pasta en un sobre a principios de cada mes.

Por eso es tan importante este post. Estos días la blogosfera bulle de post-homenajes a la figura de los padres, y me parece genial. Está muy bien eso de tener nuestros minutitos de gloria, al menos una vez al año. Llevo una eternidad sin celebrar para nada un evento como el Día del Padre, pero desde el año pasado, sigo viéndolo con los mismos ojos… pero oye, como que hay otro puntillo en el aire.

Y el caso es que hoy, con esta entrada también quiero reivindicarme un poco; reivindicar a los padres; de ayer, de siempre, pero sobretodo, de hoy; reivindicarme como padre y sacar a pasear mi lado más ególatra con ello.

Y precisamente por eso, yo no voy hoy aquí a cantaros mis comeduras de tarro, ni mis meteduras de pata, ni mis inseguridades, ni mis miserias al respecto. Para eso, ya voy dejando pinceladas suficientes por esta santa casa cada vez que tengo un rato para darle a la tecla, y vosotros, sufridos y amables lectores, sacáis un hueco para leerlas o descifrarlas. Y además, ¿para qué? ¿De qué me serviría autoflagelarme un día como hoy? ¡Si de sobra sabemos que no existe la figura del padre perfecto! ¿Qué me aporta el ahondar en los mil y un fallos con los que me visto cada día, desde los pies hasta el gorro? ¿Qué sacaría en claro en restregaros que no sé ni qué vacuna le han puesto hoy a mi niña? Que no le he hecho ni puñetero caso jamás al menú equilibrado de cenas que nos propone la escuela infantil… Que me puedo tirar semanas sin leer el cuaderno de notas de la escuela, ni saber qué han hecho en la clase a lo largo de toda la semana… ¡Pero si tenía un proyecto de escribir la vida de mi bebé desde el principio (este blog), y ya arrancó más de seis meses tarde, por favor…!

No, no, no… Todo eso ya lo dejo para el resto del año. Hoy es nuestro día. Hoy quiero hacer otra cosa; quiero intentar algo diferente. Quiero hacer justamente todo lo contrario. Hoy quiero reivindicarme. Quiero… necesito, echarme algunas flores y romper una lanza ensalzando la labor que con mucho esfuerzo venimos haciendo muchos padres en estos últimos años. Quiero decirme a mi querida niña que su padre será todo lo zote y lo petardo y lo gañán y lo parado que sea…; pero que, por contra, se lo está currando. O lo está intentando, al menos. Y el ejemplo de #papiconcilia con el que empezaba, es una muestra perfecta de ello.

 

Segunda edición de #papiconcilia

 

Si analizamos el paradigma de lo que era, significaba e implicaba ser padre hasta hace bien pocas décadas, parece que la cosa ha cambiado un mundo. (Igual no ha cambiado tanto, y es mi percepción, vale); pero cambiar, es innegable que algo ha cambiado. Las cosas ya no son como antes, y eso es fácil apreciarlo. ¿En qué me diferencio, de un padre… digamos… del siglo XIX? O de mitad del siglo XX, por avanzar un poco más… Pues en que, poniendo varios ejemplos rapidos:

# Yo le compro ROPA a mi bebé. (De vez en cuando… vale)

# Acudo a reuniones de la escuela infantil para temas TAN FASCINANTES como… ¡Empezar a mear en un orinal!

# La peino y repeino cada vez que la saco después del baño. Con su secador, como está mandado. Y a veces, hasta le pongo horquillitas o kikis. Por cierto…

# …La baño. Obviamente.

# Por supuesto, el #1 del padre moderno: limpio culos, cambio pañales y lavo a mano sus bodis, toallas y demás ropa llena de cagarros radiactivos vomitivos, con jabón Lagarto. ¡Y a veces, hasta logro dejarlo blanco! Eso, y lo que haga falta.

# Canto nanas (por llamarlo de alguna manera) y cuento cuentos. Y no solamente antes de dormir.

# La llevo a la biblioteca del barrio para que descubra nuevos mundos. (Por si tuviera poco con el suyo…). Y también al médico.

# ¡La enseño cosas maravillosas! A moverse… A hablar… A comer… A silbar como los mirlos…

# Juego con ella. En todas partes: en casa, en el parque… Donde sea y cuando sea.

# Me desvelo para atenderla cada madrugada. Cada vez que se menea, ahí estoy yo de un brinco…

# He hecho cosas como apuntarme a talleres de primeros auxilios, sobre infecciones respiratorias infantiles, o sobre cocina, para sentirme más preparado.

# He leído sobre crianza: libros, revistas, artículos. No paro de mirar cosas en cuanto puedo.

# Aunque tarde, como apuntaba antes… ¡Pero estoy, y sigo, registrando su vida, en un blog, para poder atesorar aquí todos estos maravillosos recuerdos y anécdotas que van conformando su día a día! Y que de no ser así, se perderían irremediablemente, como lágrimas en la lluvia. Para siempre.

# Y que, gracias a que he dado un paso al frente en esa dirección, voy a poder pasar más tiempo a diario con ella, previa renuncia a parte de mi sueldo, mediante reducción de jornada en el trabajo, con los inconvenientes y las pérdidas de tantas cosas que eso supone.

Y podría seguir. Hace tiempo escribí sobre las cosas que no había hecho durante mi primer año como padre. Pues bien, este podría ser la contrapartida: todas esas cosas de arriba son cosas QUE HE HECHO COMO PADRE, en el año y medio que llevo siendo tal. En este punto, me imagino que el 100% de las mamás que estaréis leyendo esto (y la mayoría de las no mamás también), estaréis a la vez exclamando: -“¡Pero bueno…! ¡Soberana gilipollez, el tío este…! Suelta estas cosas como si fuera una especie de hito, como comenzar la Transpirenaica con una bici pinchada… ¡¡Si eso es lo que venimos haciendo nosotras todos los días, y no nos ponemos ninguna medallita…!! ¡Si es que eso es nuestro pan de cada día!”-

¡¡Pues precisamente por eso…!! Que de siempre, todas estas cosas han recaído (y recaen todavía) sobre los hombros de las sufridas mamás. El hecho completo de la CRIANZA, ha caído toda la vida sobre la figura femenina… Desde que el homínido ancestral trepaba por los árboles, la madre se ha ocupado de criar a la camada, a la prole. (Además del propio vínculo especial que tenéis las mamás ya desde el punto de partida, que también hace lo suyo). Y el hombre, el padre… estaba, para otra cosa. ¿Cómo NO ser un padre imperfecto, pues? ¡¡Si nos lleváis toda la historia de la humanidad, de ventaja, en este tema!! Por eso hoy lo que trato es de sacar a relucir nuestros valores. Porque los defectos en este campo los traemos ya de serie… Pero en eso estamos, en ir aprendiendo. Seguimos haciéndolo como el culo en taaaaantas cosas… Pero lo que pretendía hoy es remarcar todas esas otras cosas en que vamos avanzando, en las que nos vamos poniendo las pilas. Nos cuesta… Unos vamos con las baratuchas de oferta y otros en cambio se han puesto ya las alcalinas del conejo. Pero ahí estamos, me gustaría decir que casi todos. O al menos, muchos. ¿Cuántos de los padres que acaban de leer estos puntos de arriba se han sentido identificados?

En fin… Todo esto último, desde luego, NO pretende ser una competición con vosotras, las madres, para ver quién es ahora quien lo hace mejor; se trata simplemente de encontrar NUESTRO PROPIO ESPACIO, el hueco que reivindicamos como nuestro en esa entidad que tratamos de crear todos juntos, llamada FAMILIA.  Y creo que nuestra generación trata, sin duda, de ir mucho más allá en el ámbito de la crianza de los hijos, de lo que llegaron a ir nuestros padres, en su mayoría.

Cada generación lidia con las circunstancias que les toca vivir en ese momento concreto de la historia en que viven. Seguramente, tanto en el siglo III como en el XVIII, los padres de aquellas épocas pensaban que lo hacían estupendamente. Pues vale. Yo, de momento, me siento bastante orgulloso y afortunado de vivir en la época en que me ha tocado vivir. Y por eso, desde aquí, hoy, víspera del Día del Padre, quiero reivindicarme como tal. Nuestro debería ser el derecho a poder equivocarnos, en interés siempre de evolucionar como padres y de mejorar en la crianza de nuestros hijos. La base de todo aprendizaje ha sido siempre el ensayo y el error. Nuestra es ya también y de igual manera, y no se atisba vuelta atrás en ello, la obligación y el deber de evolucionar, de tratar de ser mejores padres. Y con ello, mejores personas.

Y hoy quiero decir que muchos lo estamos intentando, como sabemos y como podemos. Y ahí estamos… Subiendo los peldaños que nos permitan ponernos algún día a vuestra altura en esta aparentemente infinita escalera, chicas.

Por eso es importante este post. Por eso es importante que disfrutes, difundas y compartas #papiconcilia y #mamiconcilia como puedas. Nos lo debemos… Todos.

¡Ahhh, por cierto! Y si eres padre… ¡FELICIDADES, CAMPEÓN! SEGURAMENTE LO ESTÁS HACIENDO COJONUDO.

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Para descargar GRATIS #papiconcilia: http://bit.ly/papiconcilia


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El adiós al chupete… (Round #2)

Retomo hoy el hilo de un post reciente, el del chupete, al que prometí dar continuación, así que aquí estamos de vuelta con el tema del sueño. No sé si segundas partes nunca fueron buenas, como en el cine (aunque ahí está El padrino II para demostrar lo contrario…), pero está claro que a veces son necesarias, aunque solamente sea para poder contar aquello de… -“Luke… ¡Yo soy tu padre…!”-, y dejarnos a todos lóquimers, quedándote más a gusto que un arbusto.

Empecé a escribirlo a la semana de publicar el anterior, pero como aquí somos como somos, en lugar de sacarlo a su debido tiempo… pues lo suelto mes y medio después. Ya me vais conociendo; me mola hacerme de rogar.

Tenía el hilo muy cogido, de lo poco que escribí anteriormente, pero el tiempo ha ido pasando, y ha ido ocurriendo un poco de todo, así que correré un tupido velo e intentaré resumir más o menos lo que hemos ido notando en casa respecto a cómo hemos ido llevando todos el tema del adiós al chupete.

Lo primero, es una reflexión personal: sigo teniendo mis reservas a la decisión que tomamos, de si realmente hicimos bien o no. Ahora bien, una vez tomada, apoyo total a tirar para adelante. Siempre se puede recular… De hecho, es lo lógico si realmente percibes que no se ha tomado una decisión correcta. Pero al igual que las monedas siempre tienen dos caras, con las decisiones pasa lo mismo, que una vez tomada una, careces de la información de qué hubiera pasado si no hubieras tomado esa decisión (a corto, medio o largo plazo), y hubieras optado por lo contrario. Es un arma de doble filo, por tanto. A toro pasado, siempre se ven las cosas de otra manera… (y no descubro Roma con esta frase).

Bueno… Apuntado esto, he de decir que el cambio principal que venimos notando, en general, es un cambio de rutinas de sueño, principalmente. La rutina de irse a la cama, ha cambiado por completo. Y en cierto sentido, he de decir que me gusta más. Aunque es bastante más coñazo. Más que de rutina de irse a la cama, debería decir, rutina de acostarse, o dormirse. Y no puedo evitar la sensación de pensar que parte de ese cambio, chupete culpable o no, viene dado también por el hecho, como decía en el último post, de que la peque está creciendo a toda máquina.

He aquí algunos resultados de todo este proceso:

# Ahora, lo normal es que participemos los dos, tanto Churri como yo, en el proceso de acostar a la Lechona, todos, o casi todos los días. Primero empieza uno de los dos, está un rato con ella aguantando los últimos zascandileos de actividad frenética repentina previa al coma profundo… Y acto seguido, el otro le da el relevo, y termina de darle la puntilla, aguantando hasta que la peque cae rendida por KO absoluto. (Tampoco es algo exagerado; hablamos de entre 5 o 10 minutos, si se da bien, o más tirando a 20 si se da reguleramente… Por ahí anda la cosa).

Aquí, entran ya todas las técnicas a nuestra disposición, para lograr el objetivo: cuentos, canciones, juegos, apagar luces, montar fiestas con muñecos, tirar de dinosaurios y demás artilugios musicales, arrumacos y caricias y besos varios… Y esta es una de las grandes diferencias: el chupete, como bien sabéis, es como un Kill Paff, que lo enchufas, y te olvidas. Pero ahora no; ahora, hay que currárselo un poco más. Si está cansada, cae pronto… Pero si no, la cosa puede llevar más tiempo y paciencia. Pero oye… Que caer, cae. Y decía que me gustaba más, porque me gusta esta rutina; me acerca un poco más a ella. Es más coñazo… pero tiene su puntillo. Y he de decir que se me da mejor a mí que a Churri. (He desarrollado toda una batería de técnicas jedi para dejarla frita… En el caso de Churri, es mi pobre la que se queda friter antes que la niña, si se descuida…) Mi morena… que es así.

# He redescubierto y rescatado del ostracismo a un poderoso aliado, regalo de una amiga: ¡el osito Tummy Sleep!

Este curioso invento nos lo regalaron con la mejor de las intenciones, hace más de un año, y terminó siendo desde el primer día, un bulto recogepolvo más, en una esquina de la cuna. Porque nunca hubo necesidad real de usarlo para lo que está realmente concebido. Pero es ahora cuando estamos aprovechando TODO SU POTENCIAL, y sacándole verdadero partido. (Aunque directamente hemos sacado el aparatejo de las tripas del oso, y lo tenemos suelto, colgando de los barrotes de la cuna). ¡¡Rockanrrollin’!!

Entre las melodías que trae, (capaces de sobar por aburrimiento a un bakala hiperactivo hasta las cejas de anfetas), los ruidos blancos, sonidos ambientales varios y la opción de grabarte (cantando tus propias versiones redux de Los Pitufos del Padre Abraham a una revolución y media, o simplemente hablándole cositas…), el invento se nos ha mostrado como la mar de útil, en este punto. Principalmente, porque se activa él solito cuando suena algún ruidito cerca (cuando la peque se menea y espabila un poco); y muchas veces basta simplemente un mínimo de musiquilla para que la nena se vuelva a quedar frita ella sola, sin tener que levantarnos.

Saca el cantante que llevas dentro con el oso Tummy Sleep.

Eso sí… O lo amas, o lo odias. Si eres de oreja sensible como yo, es posible que aparte de dormir a la peque, el run run te despierte a ti, y te entren ganas de tirarlo por la ventana, o destrozarlo a martillazos. Pero no dejemos que llegue la sangre al río… Que se apaga y punto. (Y he de decir que yo, hasta le he pillado la gracia a la musiquilla… ¡Jate tú!)

# Al hilo de esto último, los momentos de despertarse por la noche de la Lechona, no han cambiado. Se sigue despertando varias veces; entre una y… varias. Dependiendo de la noche y las circunstancias. (Seguimos descubriendo factores de riesgo: muy abrigada, poco abrigada, que haya cenado más o menos, que estuviera más o menos cansada, que si con el saco normal, que si con el saco con piernas…)

Lo que ha cambiado, es la respuesta: de nuevo, antes, volvías, le ponías el chupete (que se le habría caído), y fuera; en un segundo, estabas de vuelta en la cama. Ahora la cosa es más compleja: como no hay interruptor Kill Paff, la cosa puede tardar un poco más. Y de nuevo, creo que tengo más mano que Churri… Eso, o que la peque le tiene cogida la medida a ella, y cuando va ella, se espabila más y corremos el peligro de empezar a montar una fiesta, que acabe, tras un rato de llantos, con los tres colechando en amor, compañía y fatigas, en la cama… (Lo que se traduce en, al final, las dos roncando, la nena en todo el medio, y yo, arrinconado, con los ojos como platos y destrozado de los nervios).

Como curiosidad: ahora se menea y despierta como una hora, hora y media después de dormirse. Siempre o casi siempre. Ni idea de por qué. Pero, un traguito de agua, un susurro, una caricia… y a seguir sobando.

*Briconsejo NÚMERO UNO: no te pires de la habitación de la niña sin dejar a mano su vasito de agua BIEEEEEEEEN LLENO. Debe haber dromedarios sedientos en Mauritania que beban menos que esta niña a lo largo de la noche.

# Otra cosa: es muy gracioso ver como la Lechoncilla ha evolucionado. Sigue sin tenerle mucho aprecio (por decir algo) a que la arropes o la pongas el saco, porque es un espíritu libre que gusta de moverse y recorrer cada centímetro cuadrado de la cuna, en todas las posturas posibles, pero ha empezado a desarrollar claramente el gusto por jugar con lo que pueda dentro de la cuna. Estos últimos días andamos con las fiestas de muñecos, por ejemplo. (Es decir, quiere en la cuna todo peluche o similar que pilles, y se monta una escena como la de E.T. camuflado en el armario de Elliot; y los arropa, y los menea, y les cuenta cosas… ¡Un espectáculo!)

# Que, en general, es más duro. El chupete, no podemos negarlo… es muy cómodo. Y el no tenerlo a mano, hace que todo sea más pesado. A veces reconozco que hemos estado a punto de sucumbir (al menos yo).  Al empezar con esto, nuestra Lechona estuvo pidiendo el TUH-TUH durante muchos días… O haciendo el gesto. Más de lo que esperábamos. Pero se terminó olvidando… Aparentemente. Y curiosamente, tras semanas sin hacer mucho caso, estas dos últimas noches de repente se descuelga con que quiere el chupete. WTF…?? Así que… NO SE LE OLVIDA TAN RÁPIDAMENTE.

# Que… se puede hacer. Que, por lo mismo, los chupetes son algo muy útil, pero no imprescindibles. ¿Que lo ha echado de menos? Sí. ¿Qué nos facilita la vida a todos? Sí. ¿Qué es útil? Sí. ¿Que de esta le va a quedar un trauma? Pues no. No lo creo. Todo es cuestión de buscar recursos y metros de paciencia.

Está claro que… quitarle el chupete a nuestros críos, algún día habrá que quitárselos. Ahora bien… Lo lógico es dejar hacer a cada familia, a cada caso; que nadie mejor que vosotros sabe cómo es vuestro bebé, cuál es la necesidad que hay en casa, y cuándo llega el mejor momento para hacerlo.

Aunque en el fondo… NO TENGAMOS NI IDEA.


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Je Suis Charlie

No tenía yo la idea en la cabeza de que mi primer post del año fuera este… Pero las cosas vienen así. Y si no… que se lo digan a la gente de la redacción de CHARLIE HEBDO.

Hoy la fría realidad me devuelve el pensamiento de que, como padre, tendré que hacer que mi pequeña crezca y aprenda a vivir en un mundo en que pasan cosas tan espantosas. No sé cómo se enseña esto a un chaval, a una crío o una cría, porque ni yo mismo me lo explico del todo.

El lápiz… La pluma… El rotulador… El pincel… son el abrigo bajo el cual se cobija el alma de mucha gente en este mundo cuando esta sale a expresarse al cielo abierto y la intemperie fría y cruda de la realidad cotidiana. Son nuestros principales instrumentos para comunicarnos y expresarnos.

Ayer, en París, resonaron las balas en la mañana y ese abrigo quedó trágicamente teñido de dolor y lleno de agujeros.

Quiero pensar que todavía hay lápices suficientes en el mundo para que podamos remendarlo.

Por eso, más que nunca…

¡¡¡TODOS A LOS LÁPICES!!!

Yo también soy Charlie Hebdo.

De todo corazón, mis condolencias con las víctimas y los familiares.


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Cosas que NO he hecho durante mi primer año como padre.

Joder… Hoy vengo con el renglón torcido. Pero creo que si no lo escribo, reviento. Hoy es un día de esos…

Últimamente estoy mucho más obsesionado por la falta de tiempo. En concreto, por mi falta de tiempo para hacer toda una serie de cosas, más necesarias unas y menos necesarias otras. Son las horas para el TENGO que, las horas para el DEBO y sobretodo, las horas para el ME GUSTARÍA.

Esta es una de esas tantas cosas de las que misteriosamente nadie te habla, antes de ser padre. Uno comienza realmente con toda la ilusión del mundo durante el embarazo, creyendo que te vas a comer el mundo; que vas a ser la polla. Levantas la chola, miras a las nubes con esos ojillos de prepapá que tú sabes, y piensas en voz alta: -“¡Hey…! Verás la cantidad de cosas guapísimas que vamos a hacer juntos, pequeñaja… ¡Voy a montarte cada una que lo vas a flipar!”- Y luego la niña nace, las semanas van cayendo como elefantes en estampida por un acantilado, y es la mierda del día a día lo que al final lo marca todo. Como si no lo supieras.

Vale… Ni siquiera tiene que ser forzosamente mierda. Y sí… vale… También la gente TE HABLA de estas cosas durante el embarazo. De acuerdo. ¡Pero no en este sentido, vaya…! Al menos, no te terminas de hacer una idea real. Sabes que tu vida va a cambiar, claro… pero en el fondo, hasta que no pasas por ello… no sabes EN QUÉ FORMAS lo va a hacer.

Es esa rutina tonta de la que cuesta tanto escapar, el día a día, y muchas otras cosas más. Por ejemplo, simplemente, el no poder separar; no poder hacer un paréntesis o un reset, y así no dejar que las pequeñas miserias cotidianas, que nada tienen que ver con tu niña, con tu querido, precioso, maravilloso y tierno bebé, enturbien tu día. ¡Tu bebé no tiene la culpa de tu mal rollo de hoy! ¡No lo pagues con ella y dedícale el tiempo de calidad que merece, caramba! Pero lo dicho… no eres una máquina, y las cosas del interior no se desenchufan así como así. Deberían, pero no. O no es mi caso.

Digo todo esto, porque en noches como hoy, me entra cierto sentimiento de culpa. No sé muy bien por qué me ha dado por ponerme a pensar en ello, porque ni siquiera ha sido un mal día, pero como digo, cada vez pienso más en el tiempo. Supongo que esto de los cumpleaños me lleva a pensar más de la cuenta… Y de ahí, el título del post. Echo la vista atrás… hago repaso mental de este primer año con mi hija… y veo una serie de agujerazos gordos como catedrales. A lo mejor no son tan gordos… A lo mejor son solamente gilipolleces. Pero desde luego, son cosas que, hace un año, o año y medio, no me habría planteado que resultaran así.

Son, a bote pronto, cosas que pensaba en ellas como importantes -o chorras-, y que no he podido o sabido cumplir; una pequeña lista rápida de detalles tontos que pensaba serían así, y en los que, por H o por B, mirando hacia atrás, NO HE ESTADO A LA ALTURA:

# Leerle cuentos por la noche, cuando la metemos en la cuna.
Leerle más cuentos por la noche.

# Ponerle música a saco.
Ponerle más música

# Darle un beso de buenos días cada vez que salgo de casa para ir al curre.
Besitos de buenos días

# Llevarla al campo de excursión, mochila en ristre. Que vea naturaleza. Hojas. Plantas. Bichos. Que respire aire DE VERDAD.
Dar paseos por el campito

# Echarnos siestas juntos. Dormir con ella. Piel con piel… (Más abrazos… o más contacto, vaya. Simplemente).
Echarnos la siesta

# Hacerle retratos… Hacerle más fotos… Hacerla más vídeos… Capturar más recuerdos… Hacerle más cositas, simplemente… (Manualidades y cosas así).
Hacerle retratos, fotos, vídeos, etc

# Cocinar más variado y mejor para ella. Bueno… Simplemente COCINAR más allá de las tres tonterías de siempre, ya estaría bien. Tratar de que se alimente mejor, y buscar soluciones más variadas.
Cocinar más y mejor

# Joder… esta me duele: prepararle SU HABITACIÓN. Esta era un reto personal. Y sigue vacía.
Decorar la habitación

# Otra que tal… Montarle un SUPERFIESTÓN POR SU PRIMER CUMPLEAÑOS. Por circunstancias… Porque soy un seta… Por lo que sea. Ni siquiera tenía que ser superfiestón; o simplemente fiestón. Con una simple fiesta habría bastado. Aunque fuera realmente mínima. (Joder… ¡¡Dos putas botellas de mierda de cava que compro, para brindar, y me las olvido en casa!!) Pero ni eso…
Montarle la fiesta de cumpleaños

Bueno… Bahhh… para qué seguir.

Pero… ¿¿me entendéis?? Joder, ¿tanto cuesta ponerme diez minutos con la niña y contarle cualquier cuento chorra por la noche? ¿¿En serio?? ¡Ni siquiera necesito un libro en la mano! ¡Podría hablarle sobre ovnis que beben leche de pino azul mientras pinto peras sobre un caníbal rebotón que trota cuernos por la falda de una hormiga tricitrícola trufasiana! ¡¡¡Si no me va a entender!!! Solamente hay que estar ahí, hablarle un poco y hacerle compañía mientras se ríe y se va quedando frita… ¡Y ya está! ¿¿Tanto cuesta?? Pues debe ser… Porque… ¡No lo hago! ¡Una de cada mil noches!

¡Iba a hacer tantas cosas…! ¡De verdad…!

Y luego mira… ¿A que parecen tonterías? Cosillas sencillas… sencillísimas, de hecho. El tiempo me come. El tiempo ME PUEDE. Y cuando me veo con un rato libre… ¡Qué sé yo! Procrastino… veo la tele… miro Internet… ¡¡Cosas absolutamente chorras!! Tengo una lista que llega hasta el suelo de tareas más interesantes o útiles que podría hacer… y que sigo dejando de lado. Es como una especie de tortura absurda que me autoinflijo; un estúpido pseudojuego del quiero-y-no-puedo… Pienso en ello, me reboto… pero no hago nada al respecto… Y vuelta la burra al trigo.

Y en noches como hoy, pienso DEMASIADO. Mi cabeza, VUELA… y me pregunto COSAS. En plan… GLOBAL. Leo en blogs como el de Adrián, de Un papá en prácticas, que por -o pese a- su situación actual de desempleado, ahora puede dedicarse plenamente a su niña. Lo leo… y en cierta forma, pese al marrón que es hoy en día quedarte sin curro… me da cierta envidia. Y me da por pensar… ¿Yo estoy haciendo bien, haciendo lo que hago…? Es muy frustrante. ¿Cómo saber que estoy haciendo realmente lo correcto? ¿Me pesará en un futuro? O directamente… ¿Estoy haciendo TODO lo que puedo, con mi tiempo? ¿Estoy aprovechándolo lo mejor posible? O poniendo otro ejemplo sencillo: leyendo las cosas flipantes que hace el amigo Carlos “Lord Vader” Escudero, con sus críos: ¡Esto que monta por lo del anillo de Linterna Verde es la bomba!

Ahora, con mi mente atocinada y borrascosa, hasta me llego a preguntar tonterías del tipo… -“¿Me beneficia leer blogs? ¿Me quita tiempo de hacer otras cosas más importantes? ¿De dormir, simplemente -que buena falta me hace-? ¿Me lleva a sufrir a lo tonto, leyendo cómo son las vidas de los demás? Donde lees todas esas cosas que tú NO haces… (Pues sí… Así de paranoico ando a estas horas…) Y vale… sé la respuesta: no, no me perjudica leer blogs. Sé que quiero escribir, desde luego… Y tan importante en esta blogocomunidad como escribir, o más si cabe, es leer y aprender de las experiencias que contáis los demás, supongo. (Además, es muy tarde; voy con el chip en automático ya, y esto va saliendo solo, así como así, en plan visceral y sin planificar).

Pero entonces… ¿De dónde me viene esa idea tan romántica del padre perfecto? ¿Del padre que llega a todo? Vosotras, las madres, tenéis hasta un pequeño Club en el que refugiaros¿¿Qué tenemos los papás?? (Que nadie me diga… “Abrir la nevera…”, o “Poner el Plus…”, porfa…)

Mira… No lo sé. Paso. Soy afortunado, Muchas cosas nos han ido genial con esta niña, que es un sol: es una niña sana, buena, cero problemática… Y pese a todo, ya no recuerdo qué pensaba hace año y medio sobre esta etapa, (si es que alguna vez me dediqué a pensar en eso, que ya lo pongo en duda), pero ahora tengo claro que quizás me arrojé unas expectativas, quizás demasiado elevadas, como padre. No quiero pensar si la cosa se hubiera torcido mucho más con cosas más serias (historias chungas de salud, comportamiento, adaptación, económicas, etc), la de cosas que todavía habría hecho DE MENOS.

Supongo que ser un padre novato consiste en parte en darse cuenta de estas cosas. Y si me parase a pensarlo bien, el balance de este primer año creo que sería bastante aceptable, me imagino. Lo bueno es que mira… este primer año ya ha pasado, y no puedo cambiarlo… Pero prometo intentar mejorar para este segundo año que acabamos de empezar.

Eso sí te lo aseguro, mi niña. ¡¡Muacksss…!!: ¡¡Por ésta!!

¡Ea! Me voy a dormir.