¡¡¡…Y yo con estas barbas!!!

Relatos sobre mis experiencias y expectativas como padre novato


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COSAS POR HACER

meme calendario de adviento
Llegó diciembre.

En este mes, con el fin del calendario asomándose ya por el horizonte, a los que tenemos habitualmente la cabeza en Babia, nos suele dar por llevar nuestros pensamientos hacia fronteras escabrosas, y acordarnos de todas esas cosas que hemos logrado o hecho a lo largo del año. E inevitablemente también, en todas las que NO.

Y la sombra del ciprés es alargada, amigos… Tanto, que a veces, uno repasa esa lista mental, y más que alegrarte, lo que te apetece es salir corriendo al botiquín para pillar un tranquilizante y que no te de un yeyo por el shock. Sí, sí, de esos que te dejan con un párpado bailandero.

Supongo que cada uno tenemos nuestras metas. Nuestros sueños. Nuestros quehaceres. Nuestras “to do list”. Y llegamos donde llegamos. Y así debe ser.

Yo, desde luego, mirándome introspectivamente hacia el ombligo, me declaro militante del clan de los Take It Easy People. Tampoco es algo de lo que enorgullecerme, ciertamente. Aunque tampoco tengo claro que el orgullo sea algo que deba entrar siquiera en esta ecuación. Es así, soy así, este año voy así, y lo asumo.

Queda un mes para cerrar el año. Queda un mes para cerrar promesas. Queda un mes para cerrar el calendario. Aprovechemos entonces lo que podamos. O igual no. Qué sé yo.

-“Bi guater, mai frend…”-, que nos decía el maestro Bruce. Simplemente, intenta seguir siendo lo más feliz que puedas, y haciendo lo más feliz que puedas a los que te rodean. Por otro lado, como a lo largo de los 11 meses restantes del año.

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Cuestión de género

costurero con un perro de peluche; coser no es cuestión de género

-“Toma, papá… ¿Me la coses, la oreja de mi perrita…?”-

Gracias a esta pequeña, sencilla e inocente frase, esta tarde he tenido una suerte de… epifanía. Una revelación. Uno de esos momentos de “orgullo de padre” que tan pocas veces parecen salir al escenario de nuestro cotidiano y rutinario día a día.

Tras el consiguiente -“…Claro, hija. Trae…”-, el ir a por el costurero, sentarme en el sofá delante de ella, abrirlo, dedicar por su parte algún minuto de más a curiosear el contenido y elegir un bonito tono (el único, más bien, no os vayáis a pensar que esta casa es Pontejos…) de color rosa (por supuesto, que va a juego con las orejas del bicho), y por fin, enhebrar la aguja… me ha llegado el flashazo. Así, como de golpe.

En un instante, me he dado cuenta… He caído en el detalle… He notado… He asimilado… …Que mi hija, con toda la naturalidad que le otorgan y atesoran sus inocentes y recientes cuatro años… ¡Me ha pedido que COSA! ¡Ha pedido a su PADRE, un señor, un varón, un hombre… Que cosa! ¡Como si fuera lo más natural del mundo! Como si fuera algo tan normal como lo es hacer un bocata, recoger un libro del suelo, limpiar unos zapatos o buscar un canal en la tele. Un acto que, en su mente, juega en la misma liga que poner un lavaplatos, que sacar la basura, que plegar el carrito del bebé, que colgar un cuadro o que llevar al gato al veterinario.

¿Y por qué no habría de ser así para ella…? Es una necesidad normal, que surge de un problema sencillo, y que necesita una solución rápida. Y hasta ahí. Y de lo que me he dado cuenta es de que… ¡¡¡Es cierto!!! Ella está creciendo con ese referente concreto en su casa… Ella sabe que YO, COSO. Que papi, cose. Por tanto, ¿por qué no habría de pedírmelo? Para mi hija, es pues, algo normal.

Ella me ha visto hacerlo. Sabe que puedo. Sabe que lo hago… Como tantas y tantas otras cosas. En casa, y fuera de ella. Y esa ha sido la absurda y al mismo tiempo maravillosa gran revelación del día. ¡Qué cosas, oye! Mira tú, la tontería… De golpe y porrazo, ha sido el claro ejemplo de que algo estamos haciendo bien, que estamos educando sin las barreras de género tan clásicas como presentes en nuestros hogares hasta hace tan solo una generación. En nuestro caso, parece que estos estereotipos, estas etiquetas, están derrumbándose sin remisión, como las legendarias murallas de Jericó.

Y todo esto ha salido así, de un chispazo natural, casi sin darte cuenta, como deben salir las cosas que se van cocinando a fuego lento; como en una carrera (que en el fondo es lo que es todo esto de criar personajillos) de ultrafondo.

Ni se le ha pasado por la cabeza… Ni un atisbo de duda… Ni una pizca de incertidumbre ha planeado sobre ella, al hacerme esa inocente pregunta. Para ella ha sido una simple cuestión de… Tengo un problema. Aquí está mi padre. Él me ayuda y me lo resuelve.

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Y ya está. La Cuestión de Género ni se ha asomado siquiera por su mente. No ha habido un -“No… Mejor voy a esperar a que venga mamá, porque esto de coser, papá no va a saber hacerlo… Lo de COSER no es cosa de los papás.”- 

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Y la clarividencia con que se me ha asomado a la mente esta pequeña anécdota chorra, me ha seguido generando toda una serie de reacciones mentales positivas, que me sirven de indicador flawerpawer de que sí, que algo bueno estamos consiguiendo; y nuevamente, predicando con el ejemplo.

De hecho, lo primero, ha sido parar ahí de inmediato, y plantear todo un contexto lúdico mucho más amplio para continuar con todo aquello de una manera más provechosa e interesante: porque claro, ya que nos ponemos… -“¡No se puede hacer una complicada operación a oreja abierta así como así…! ¿Dónde están mis herramientas? ¡Mi maletín de aparatos complicados de médico veterinario! ¡Mascarilla de cirujano! ¡Fonendo! ¡Termómetro en esta oreja, querida ayudante, por favor…! Reflejos bien, dentadura óptima… Latidos y constantes correctas. ¡Excelente, excelente…! Podemos proceder. ¡El Dr. Juguetes va a realizar el injerto de oreja perruna, así que permanece atenta, que esto va a ser una obra de arte, pequeña…! Tu querida Corazón va a quedar preciosa de nuevo…”- Vaya, que ya puestos, hemos hecho hasta un minijuego conjunto para solucionar el problema.

kit de veterinario para juguetes

He aquí por tanto algunas de las cosas que he podido más o menos concluir, con todo este pequeño hallazgo:

#1- En casa no hay tareas “de chicos” o “de chicas”. Aquí todos hacemos de todo. Aunque como en todas partes, al final terminas por centrarte en ciertos aspectos respecto al reparto de tareas, por facilitarte quizás la vida, o por afinidad. Lógicamente, si a uno de los dos le gusta más y se le da mejor cocinar, es obvio que le “tocará” pasar por ahí más veces. Por poneros un supuesto. O incluso algunas otras tareas que las haga siempre la misma persona, por el motivo que sea. Yo siempre soy el que baja la basura en casa, por ejemplo, y ni siquiera creo que mi hija lo sepa, porque a las horas en que lo hago, ella está durmiendo. Y no es algo que me preocupe el que sepa o no. Así que ni siquiera tiene asumido que “tirar la basura” es cosa exclusiva de “papás”. Porque además, es eso: no lo es.

#2- Le estoy enseñando a mi hija, que su padre, yo, puedo ayudarla. Que puede recurrir a mí cuando tenga un problema. Que estoy ahí para ella, cuando me necesite. Sea lo que sea… Ayudarla a vestirse, a limpiarse, a curarse cuando se cae, a consolarla cuando se enfurruña… O a coser la oreja de su perrito de juguete. No duda. Y quiero que siga siendo así. Quiero seguir siendo su referencia. Que no se plantee si soy o no la persona adecuada en función de tal o cual etiqueta subjetiva, sino que con toda la confianza del mundo, venga, y me plantee lo que sea que necesite. Porque soy su papá. Que pueda confiar en mí, y que juntos podemos  encontrar una solución. Y el día que no sepa o pueda ayudarla, pues buscaremos juntos una solución o a quién ofrezca lo que ella necesite. Es decir, servirle y ser ese puente, ese sostén. Ser para ella, al menos, una balsa en medio de la zozobra.

#3- Quiero que comprenda que el único límite de las cosas que pueda alcanzar y las metas que se marque en su vida, estarán en su mente, no en sus genitales. Que no hay cosa que un chico haga, que una chica no pueda intentar, y que no hay cosa que una chica haga, que un chico no pueda intentar igualmente. Que lo que alcance o no alcance a lograr, esté condicionado por su cabeza y su valentía, y no por su escote o por lo que se esconda bajo sus bragas. Y con las mismas, cuando sea mayor, y se relacione con sus futuras parejas, sepa qué esperar de un hombre. O de una chica; quien sea.  Y que no haya de conformarse con menos de un TODO grande como una catedral, como respuesta. Que huya de aquellos que vengan con un -“Esto, eso otro y aquello de más allá es cosa tuya, chata…”- 

#4- Aprendizaje. Centrar la atención. Resolución de conflictos. Pensamiento divergente. Juego de roles. Autoconfianza. Seguridad. Creatividad. Todos estos conceptos se me han ido pasando por la cabeza en un momento dado, en apenas unos minutos. Y es algo que está flotando ahí, en el ambiente, en todo momento. Como dicen: -“Educa, que algo queda.”- 

#5- Que la época en que las mujeres debían quedarse en casa y ser las garantes del buen fluir del hogar, mientras los hombres, patriarcas de la casa, eran los garantes del sustento familiar, es un modelo social y familiar que debe quedar muerto y enterrado en las más profundas entrañas de la tierra, y que en un futuro, oír hablar de ello sea para ella poco menos que hablar de una simple anécdota antropológica. Pero eso sí, sin olvidar. Que lo que se olvida, se pierde.

#6- En definitiva, que las cosas, las tareas, las resolvemos las personas. No que “las mujeres andan por este coto” y “los hombres andan por este otro”; que unos no estamos hechos para unas cosas y otras para otras. Que la mujer construye. Que el hombre ama. Que la mujer encuentra. Que el hombre busca. Que la mujer piensa. Que el hombre desarrolla. Que la mujer aspira. Que el hombre alcanza. Y que si cambias el orden de factores, el resultado seguirán siendo premisas igualmente válidas y fiables de la misma manera.

Ya vendrán tiempos en los que podamos ir un paso más allá, y mi presencia no sea para que te cosa, cariño mío, sino para enseñarte a coser. O a montar en bici. O a tocar la batería. O a crear una escultura. O a lo que sea con lo que me vayas viniendo y vayas necesitando. En esencia, a subir un peldaño más en la escalera de tus conocimientos hacia tu autodependencia. Lo que sea que sirva para que te conviertas en una adulta sana, preparada, fuerte, decidida, autónoma y feliz. 

De momento, y por lo pronto, desterremos ya la cuestión de género de nuestra morada.

Yo, por mi parte, seguiré con mi anhelo de intentar aprender algún día a coser a máquina de manera un poco decente, eso sí. Y si tal día llega, preparaos, porque lo vais a flipar.

Ahora bien… Toca regresar a la tierra. El Dr. Juguetes, pese a ser un tipo singular, tampoco es Superman. No alucinemos. Porque con la segunda tarea de la tarde, la de ponerle pilas al susodicho perro, le han pillado con el carrito del helado. ¡¡Ayyyy majoooo…!! ¡Que no hay pilas a mano en casa que funcionen! Todo lo más, enchufar el cargador, y esperar 12 horas. Así que el resultado: Problemas- 1, Papá- 1. Un empate más que digno.

Es lo que hay. Como dicen que ocurre en la mayoría de los casos, no es tan fiero el león como lo pintan, o… Hasta el rabo, todo es toro, amigo mío.

Y es que hasta los grandes dilemas, bien pueden esperar hasta mañana.

 


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La chica del parque

parque infantil

-“¿…Qué edad tiene, ella…?”-

Esas fueron las primeras palabras que me lanzaste. Típico arranque de conversación de parque. De hecho, no conozco soplete encendido más sencillo y eficaz para derretir ese estúpido disfraz de hielo con que nos embutimos a veces los adultos en sociedad. Dos niñas que se juntan, y por tanto, dos padres (progenitores de albero, de los que pisan la arena, y no de graderío, de los que calientan banco comiendo pipas…) destinados a la inevitable interacción.

-“Pues cuatro años, acaba de hacer hace poco…”- Te respondí.

-“Anda… Igual que la mía. Pero esta tiene tres…”- Me respondiste tú.

Apenas una frase… Ya está. Hielo roto. Y suena la campana del primer asalto. A partir de ahí te empezaste a abrir cuando entraste con el juego de pies, esa ágil danza que solamente saben bailar los más finos púgiles y con la que te hipnotizan, a la vez que empiezan a marcarte con directos al rostro y al hígado sin verlos venir. No es algo a lo que esté muy acostumbrado, así que me pillaste con la guardia claramente baja…

-“¿Y cuándo se pasa esto…?”- Me preguntas. Y yo no acierto a reaccionar de primeras. Igual mi cara de extrañeza de falso actor me delata, y me lo aclaras… -“Lo de no hacerte caso, y eso… ¿Les dura mucho? Porque yo no puedo con ella… Ya no sé qué hacer. Estoy desesperada…”-

¡Vaya…! Esta no me la esperaba. No es lo primero que uno espera oír al entablar una conversación con un desconocido, la verdad. Pero, ¡hey…! Estando entre críos he aprendido que todo es posible. Intento quitarle hierro al asunto, bromeando con lo típico de que “…depende, pero que según mi opinión, me temo que a muchos les dura toda la vida, jajaja…” Y que “…la mía hace un rato no quería salir de casa, y últimamente tiene el NO por bandera.” 

Pero no hay atisbo de risa en tu rostro; mi estúpido comentario se precipita pues, en picado hacia el fango. Una mirada un poco más atenta, me revela una cara seria… Franca, directa. Compungida. ¿Qué está pasando aquí? ¿Qué me estoy perdiendo…? Cuando el siguiente directo vuela de nuevo hacia mi mandíbula desnuda, dándome dos tazones de caldo: -“Es muy duro… Estoy divorciada. Y es que sola es muy difícil… No me hace caso; me ignora todo el rato…”-

¡Woooooooww…! Esto sí que es un panorama inédito frente a mí. Una situación frente a la que me encuentro francamente desarmado y desubicado, y en la que pese a todo, me sorprendo no tratando de hacer el avestruz, cayendo a la lona a las primeras de cambio para besar el suelo, como si estuviera pidiéndole la hora al árbitro para salir por piernas de allí cuanto antes. Porque en tanta sinceridad por segundo, sin embargo, no percibo un intento de oscura encerrona de telepredicador vendebiblias, sino más bien, el deseo sincero de quien necesita un asidero, un amarre, un flotador salvavidas al que agarrarse, efectivamente, casi con desesperación… El anhelo que ves asomar en todo aquel que no tiene nada que perder, y que por tanto por intentarlo que no sea.

Me vas contando, y te voy respondiendo, saliendo más o menos como puedo de la esquina en que metafóricamente me he colocado, y descubriendo la película… Divorciada. ¿Sin curro?, pero pendiente de uno en ciernes al que quieres aferrarte, en turno de noche, que suena a gloria y sobre el que proyectas, ahora sí, cierta ilusión… No está el horno para bollos.

Te pregunto cosas, intentando siempre ir cauto por la orilla máxima del respeto, porque no te conozco de nada, y a lo mejor no lo parece, pero me voy cargando de plomo poco a poco las zapatillas. Apenas un par de amigas te quedan después de que el duro proceso haya arrasado con todo, y un único sostén en tu vida: tu madre; tu verdadero salvavidas, que hace lo que puede y más, pese a los dos trabajos que lleva encima para poder salir con todo adelante. En una ciudad nueva para ti, por lo que me pareció entender. Especialistas y situaciones por las que has ido pasando: psicólogos, terapia infantil… Nada parece funcionar. Y no te haces con la niña. Y la cuesta que cada vez es más y más empinada.

Y yo miro a tu hija, y veo a una niña normal… Con un nombre precioso, por cierto. Y te miro, miro tus ojos, y ¡guau…! ¡Es cierto…! Eres una chica joven, atractiva… Pero noto tu rostro apagado. Estás de parques con tu hija en un mediodía soleado y en tu mirada entrecerrada se percibe de todo menos alegría. -“…O quizás te hundes más…”– Me replicaste a algún intento de acercar algún tipo de lado positivo a todo el tema. Como si hasta tu voz se fuera apagando poco a poco, palideciendo ligeramente a lo largo de la conversación desde que me lanzaste la primera frase.

Me das las gracias, y tratas de hacer que tu pequeña te siga, que ya es hora de marcharse. Veo que sí, que lo tuyo te cuesta. Y yo me quedo frío. Frío de cojones… Como un pasmarote. No sé qué ha pasado, realmente. Y aunque no sé definir lo que he visto (agotamiento, desaliento, angustia, ¿depresión quizás?), es descorazonador saber que alguien anda por esos caminos. Pero sí sé lo que siento, y siento que a lo mejor podía haber hecho más. Ahí se marcha, una chica, una mujer, una madre, con su pesada mochila de problemas a cuestas.

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“Y de repente, no noto el alivio del que se libra de una molestia; más bien es todo lo contrario…”

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Siento más bien la desazón del que como alma gemela (y los que somos padres somos en cierta forma, almas gemelas, porque a todos nos une ese pequeño cordón vital que son nuestros hijos), comprende lo que te pasa, y siente la necesidad de hacer algo, siquiera un mínimo intento o amago, de aliviar una pizca del pesar de esa persona de alguna manera. Empatía, creo que lo llaman en mi barrio a eso.

Corro al carrito de mi bebé, saco de mi bolso una de las tarjetas del blog, que tengo (pura casualidad, lo juro…), y me lanzo detrás tuya, antes de que te me pierdas a lo lejos. No sé si me estoy pasando tres pueblos, o metiéndome donde no me llaman, pero aplico tu misma filosofía… “No pierdo nada intentándolo”. Te la ofrezco, y te cuento mi historia. Que escribo en un blog, sobre paternidad. Y no sé si te informas o no habitualmente por Internet, pero te digo que conozco alguna gente, algunos sitios por los que, no sé cómo, pero si te quieres asomar, tal vez, quizás tal vez, puedan servirte de ayuda… Que conozco algunos videoblogs y canales de YouTube fantásticos, como el de Alberto Soler. Como el de Miriam Tirado. Que hablan de estos problemas: sobre rabietas, sobre fases y etapas de desarrollo, sobre gestión de problemas en la crianza…

Me hubiera gustado hablarte de la maravillosa comunidad que es Madresfera, la comunidad de blogs más grande e importante sobre temática de crianza y familia en castellano, repleta de información útil, y que es una puerta abierta que podría llevarte a un millón de puertas más. Y de su fantástico podcast, en el que comparten mil y una situaciones cotidianas en las que a lo mejor puedes llegar a verte reflejada en un momento dado, y nos dan a conocer ya sean tanto sitios increíbles, como Edurespeta, o profesionales, como las chicas de Bliss. Me hubiera encantado contarte sobre la gente de Asociación Española de Madres Separadas, en la que pongo la mano en el fuego, podrías encontrar una tribu digital que te ayudara en cierta manera a no sentirte quizás con ese peso del mundo tan asfixiante sobre tu cabeza. Y sobre tantas y tantas cosas que ahora mismo ni se me vienen a la cabeza…

Te ofrecí mi correo, para hablar, si querías. Te ofrecí mi pequeño sitio para que te asomaras por él cuando quisieras.

-“Muchas gracias, ¿eh…? De verdad… Por cierto, me llamo…”- Y después de todo, parece que tu voz vuelve a resonar un poco más alta y confiada. Buena manera de irse ya cada uno por su lado.

Quizás todo aquello fue un error. Quizás las buenas intenciones ya no te sirvan. Quizás simplemente buscabas un rato de desahogo frente a un desconocido; sentirte escuchada, y nada más; tratar de conectar con alguien, por poco tiempo que fuera. Quizás necesitabas respuestas, o un remedio mágico que no supe recetarte. Me diste las gracias, pero no sé si por quedar bien o porque realmente aquello sirvió de algo. Y desearía que fuera esto último. Pero los padres debemos ayudarnos entre nosotros. ¡La gente, qué carajo…! Debemos ayudarnos entre nosotros. En lo que podamos y sepamos. Es un precepto de ética básica que querría aplicar en la educación de mis hijos, y no conozco nada mejor que predicar con el ejemplo.

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“Si ves a alguien con problemas, intenta no pasar de largo. Quizás un simple detalle ya merezca la pena.”

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Y en un instante llegué a la conclusión de que nada sobre lo que he estado escribiendo o haciendo por aquí durante estos años desde que me uní a este mundo blogger de la paternidad, tendría sentido si no hubiera sido capaz al menos de hacer este simple gesto por ti; que no es ni más ni menos que lo poquito que está en mi mano, dadas las circunstancias.

No sé qué será de esta historia, finalmente. Seguramente se quede anclada en estas pocas letras, y nada más. No sé si tiraste la tarjeta del tonto este en la primera papelera que encontraste al doblar la esquina, o si por el contrario te animarás, cogerás esa tarjeta del fondo del bolsillo y te asomarás por aquí el día menos pensado. No sé si en algún momento llegarás a leer esto y harás clic sobre alguno de esos nombres que acabo de escribirte. No sé si seguramente fui pretencioso, o si volveré a saber de ti. Pero cualquiera de estas cosas estaría bien, si con ello encuentras el sendero que te lleve a recobrar el ánimo y la felicidad que a todos nos corresponde y que todos nos merecemos.

Cuídate mucho, chica del parque. Remontarás. No lo dudes.

Nos vemos por ahí.


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La paternidad… era esto

Antes de ser padre, tienes muchas ideas en la cabeza sobre lo que significará ese nuevo paso de tu vida. O quizás no, ¡qué carajo! De hecho, no tienes ninguna y precisamente por eso te lanzas también a ese vacío, de cabeza, sin frenos ni casco y a pecho torero descubierto. Porque en la ignorancia siempre se ha vivido que te cagas.

Quizás eres ya uno de esos que ya vienes algo avisado… Un enteraíllo. Uno de esos que ha estado revoloteando y picoteando el tema más o menos de cerca… Un cuñao, el tío enrollao, por ejemplo Y ya vas un poco enfilado, porque alguna oreja de lobo has visto asomar por ahí de vez en cuando en este tiempo, y ya sabes que, por muy mono que parezca un pañal de bebé lleno de dibujitos, ya sabes que ahí debajo lo que hay es mierda… O eso al menos has captado en susurros de pasillo que suenan por ahí por lo bajini, si has puesto la antena en el lugar y el momento oportunos… Ya me entiendes.

Pero déjame que te diga algo. Voy a hacerte el regalo de tu vida. Voy a redescubrirte la rueda, y voy a contarte de qué va en realidad todo esto de ser padre. El mundo real, vaya. En un esquema básico. Sencillo. Masticado. Sin trampa ni cartón. Cristalino, como la vida misma. Sin trampa ni cartón. Déjate de filosofías, déjate de manuales best-sellers (que están muy bien, de acuerdo…), y déjate de inventos y olvídate de cuentos chinos de Disney. Lo vas a pillar enseguida, amigo.

Después de años de comeduras de tarro, resulta que la paternidad, se reduce a estas tres sencillas premisas:

#1Pantalones de una niña cualquiera

Dinero. Esfuerzo. Ilusiones. Esperanzas. Seguridad. Tiempo. Fuerzas. Ganas. Voluntad. Inercia. Sacrificio. Amor. Anhelo. Futuro. Todos estos elementos depositados y representados en la figura sencilla de unos pantalones. Esos pantalones te han costado todo eso. Hay algo de todo eso de ti, en ellos. Y día a día, son el reflejo vivo de esa inversión; son el reflejo del trabajo y el alma que le pones a la tarea de ser padre.

Pero todo eso se va gastando… Se desgasta. Y un día, se rompen. ¿Y a la mierda pantalones….?

#2Parcheando pantalones DIY

Tirarlos es la vía fácil. Y en la paternidad no hay vías fáciles. Así que a veces no es una opción. Necesitas repararlos. Solucionar los problemas. ¿Qué hacer? Aplicas imaginación y tiras de inventiva, de recursos, de tu magia de adulto apañado y resolutivo. Das con una solución buena, bonita, barata, creativa, ilusionante, eficaz, DIY, y que te sirve para YA, porque… no hay más pantalones. Así que… Un parche. Una solución. Enhorabuena, campeón. Disfruta de tu medallita…

#3Pantalones DIY destrozados

…Porque una única miserable tarde será todo lo más que puedas lucirla en la solapa. Un miserable rato de parque, de rebozarse, revolcarse y rozarse, y la cruda paternidad te vuelve a poner de nuevo en tu lindo sitio, de una linda patada cariñosa en el trasero.

Y vuelta a empezar. Toca levantarse de nuevo tras la caída. Por ellos. Y es así.

Ya está. Todo se resume en esto, mai frend. Mañana, será otro día… Y mañana habrá que tirar de otro parche diferente. Pero eso será, claro está… mañana. No vayamos a fliparla. 

¡Ah…! Se me olvidaba. A todo esto, y entre tanta tontería de adultos, resulta que olvidé un pequeño detalle… Simplemente, que la pequeña que se calzó esos pantalones por primera vez, los habrá llevado puestos la mar de feliz. Los rompió por primera vez, feliz. Se los volvió a poner más feliz todavía con esos adornos tan bonitos en las rodillas que le puso su papá. Y los volvió a destrozar… tan feliz. Porque, al fin y al cabo… es una niña, y ¡Hey…! ¡Qué demonios…! No son sino más que unos simples pantalones.

 

Relájate… y disfruta.

 


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Qué tal lo haces como padre o madre

Hace pocos días, la jornada concluyó con una conversación en un grupo de padres, en la que uno de ellos empezó a desahogarse con el resto respecto a una situación tensa que había tenido momentos antes en casa, en relación con los niños. Ya sabéis, de estas típicas de rabietas o cualquier otra historia de las que pueden ser el detonante de algún momento de crispación; la chispa que provoque el incendio en el hogar. Nada nuevo bajo el sol, ¿verdad?

El caso es que este hombre sonaba (y estaba) realmente afectado por su propia reacción (tampoco nada del otro jueves, por otra parte). La famosa y architemida gota que rebosa el fatídico vasito de las narices, ya sabes. Y andaba con una gran desazón por ello el hombre, porque normalmente él no es así. La conversación por tanto fue derivando un poco a eso…: -“Pues mi hija… Pues mi hijo… Pues yo… Es que ya… Pues a mí…”- En fin, mil y un ejemplos de situaciones tensas cotidianas en que nos vemos desbordados y que provocan esos sentimientos que normalmente no queremos ni ver desde la acera de enfrente.

Pero por otro lado, también caían las réplicas de -“Es normal… A todos nos pasa… Déjalo correr… En realidad lo pasas tú peor que ellos… Mañana ni se acuerda, ya verás…”-, que también estamos más que acostumbrados a escuchar de boca de la gente cercana, esa que intenta echar un cable y equilibrar un poco la balanza al asunto: el hierro que te quito, por la sensatez que te añado.

Así quedó la cosa; pero el tema habría de retomarse a la mañana siguiente con los rezagados y los que no pudieron meter baza. Y fue cuando se me encendió la bombilla, pensando en el jovial Tío Tuíter. Si aquí, entre un grupete de padres, estamos desnudando interiormente nuestras opiniones sobre cómo reaccionamos ante tal o cual supuesto, ante esta o aquella situación que nos saca de quicio con los enanos… ¿Qué pensarán, el resto de padres y madres, sobre cómo lo están haciendo? La respuesta, evidentemente, estaba en mi propia mano en la pantallita tonta: -“¡¡Vámonos al Tuíter a sacar una encuesta ya mismo!!”-

Y eso es lo que hice. Preguntarle directamente a la gente. Así que antes de nada, si participaste en esta pequeña experiencia, vayan mis gracias eternas por delante, y un aplauso para tu maravillosa persona, porque sin ti esto no habría salido como ha salido. Reconozco que no esperaba gran cosa de este experimento, pero oye… El que nada arriesga, nada gana. Y ciertamente, arriesgar un tuit no es que sea arriesgar gran cosa. ¿Qué había que perder?

Así que armé una encuesta. Cuatro respuestas a una sencilla premisa: ¿Cómo valoras tu labor como padre o madre? ¿Cómo consideras que estás ejerciendo tu paternidad o maternidad? Y cuatro respuestas genéricas, de mejor a peor: muy bien, bien a secas, mal o muy mal. Y para mi grata sorpresa… esto es lo que pasó:

 

encuesta de Twitter sobre paternidad.

 

¡¡¡159 VOTOS!!! ¿¿¿No es flipante??? En apenas un miserable día. Como minundi tuitero que soy, esperaba una reacción de 20, 30 respuestas… 40 como mucho, dándose bien… Pero no esta cantidad de participantes. ¡Casi 160 personas, son muchas personas opinando! Casi 4.000 impresiones; más de 300 interacciones… ¡Guau! Además, hay que añadir un buen montón de comentarios que se fueron dejando aparte, con respuestas de lo más interesantes. Si llego a saber que hay tal grado de aceptación hubiera dejado abierta la encuesta para poder participar durante más días, y poder recoger así un muestreo más grande todavía, oye…

Así que con la encuesta ya cerrada, he decidido trasladar estos datos al blog y escribir este post para entrar a valorar un poco estos resultados, y daros un poco mi visión de los mismos, a ver qué os parece.

 

respuesta A encuesta.

Este es el dato PRINCIPAL de la encuesta. El caballo ganador. La respuesta más votada y la opción más valorada en esta encuesta. ¿Qué nos dice esto? Que más de la mitad de la gente que ha respondido, opina que LO ESTÁN HACIENDO BIEN. Y digo BIEN, a secas, porque es lo que se pedía responder. Es decir, que tienen un concepto positivo y favorable de su labor como padres y madres; que en general, se sienten satisfechos con cómo están criando a sus hijos y cómo están llevando su rol dentro del esquema familiar. Esto no quiere decir ni más, ni menos que eso. Casi un 60%. Eso quiere decir que prácticamente, 6 de cada 10 a quienes preguntes. Vamos: globalmente, la MAYORÍA DE PADRES Y MADRES OPINAN QUE LO ESTÁN HACIENDO BIEN CON SUS HIJOS. Aunque aquí, bien es cierto, me vais a permitir que continúe con este invento, sin verificar cuántas de estas respuestas han sido de madres y cuántas de padres (porque habría molado saber también si los datos por sexo son similares o no… Pero para eso, otro día, y otra encuesta, si eso…)

A pesar de este último apunte pejiguero, permitidme la expresión machirula, que este dato me parece un dato francamente COJONUDO. ¡Cómo-me-mola-este-dato! Aunque tampoco es algo MARAVILLOSO, cierto… Que queda un buen margen, todavía. Y como opinión personal, me esperaba aquí un porcentaje algo inferior, lo confieso.

respuesta B encuesta.

La respuesta opuesta en la balanza. Pero también me parece un gran dato. Sé que hay gente, y por tanto, opiniones, para todos los gustos, y así debe ser, pero que solamente un 4% confiese creer que lo están haciendo mal, me llama la atención, me llena de fe, y creo que dice mucho de la valoración positiva que la gente tiene de sí misma. Sinceramente, en esta respuesta me esperaba un porcentaje mayor. Si estuvieras en una reunión de gente con 100 personas, te costaría realmente pasar por todos para que apenas 4 te respondan que creen que lo hacen mal en su casa. Piensa en ello…

respuesta C encuesta.

Una respuesta que me interesaba mucho conocer, sinceramente: la de la gente segura de su labor, de su papel de madre/padre, y que se reafirma en su emponderamiento personal y en que lo está haciendo en general, MUY BIEN.

Más de un 10%, significa que mínimo 1 de cada diez padres/madres con los que te cruces opinará que es un crack, un PADRAZO o una MADRAZA en toda regla. Claro que en este saco hay de todo, los que valoran su trabajo en función de los resultados que se ven en casa en el día a día, y ya está… Y los que valoran lo que hacen, porque se comparan con lo que ven fuera de sus casas; es decir, que igual son parte de la hermosa fauna de los opinólogos, que son los maestros en ver la paja en ojo ajeno y que en comparación siempre salen ganando ellos. Pero me estoy apartando quizás y entrando en valoraciones personales y demagogia baratucha fuera del tema, y metiendo la zarpa en otro jardín muy diferente. Volvamos…

He de decir que yo había apostado a que esta respuesta saldría con un porcentaje todavía superior, dado el perfil de mi cuenta y el de la mayoría (creo) de seguidores y seguidos de la misma, muchos de ellos madres y padres implicados en una u otra forma dentro del ámbito de la maternidad y paternidad. Es decir, que quizás el mero hecho de estar leyendo y respondiendo ESTA encuesta, ya presupone (creo otra vez) a quien lo hace en un nivel más o menos elevado de implicación familiar, lo cual es considerablemente óptimo y molón.

respuesta D encuesta.

El dato doloroso. La manzana podrida del cesto. El patito feo del asunto. La sorpresa desagradable de la encuesta, en definitiva… Es esta: pensar que 1 de cada 4 personas, madre o padre, piensa de sí mismo que su labor como tal, es de pena. Porque recordad que pedí sinceridad en las respuestas, que esto es anónimo. Si han cumplido con lo pactado en la pregunta, y no lo han puesto por hacer la coña, me parece un dato de lo más reseñable, a la par de triste. Vale que creas que no lo estás haciendo bien, que cometes fallos, que se te van ciertas cosas de las manos, que no llegas… Pero pensar que TANTA gente, 40 personas de casi 160, opinan que lo están haciendo muy mal… ¿¿En qué lugar nos deja eso, gente?? ¿Por qué ese dato? ¿Qué es lo que hacemos tan mal? ¿Dónde está el fallo? ¿Cuál es el problema…? ¿Dónde se ven tan mal? ¿De dónde viene esa sensación de fracaso? ¿Implica eso además, unas criaturas infelices? ¿Hijos insatisfechos…?

Reconozco que esta respuesta me llena de desazón, y no hace sino rebrotar en mí mil y una preguntas más, así a bote pronto, por todo lo que ello implica. ¿Es una cuestión de presión social? ¿De imagen autoimpuesta? ¿De algún tipo de meta elevada tan exagerada que no somos capaces de alcanzar y nos termina por abrumar? ¿Pedimos demasiado a nuestros hijos? ¿Le pedimos demasiado al concepto mismo de paternidad o maternidad? ¿Qué expectativas nos ponemos cuando tomamos la decisión de ser papás? ¿Qué prioriza o qué valora uno por encima del resto de cosas, cuando se enfrenta al hecho de criar una familia? ¿No estaremos valorando los momentos negativos con un rasero superior al de los momentos positivos, quizás? ¿Damos el mismo valor a nuestros errores que a nuestros aciertos?

Yo, este dato la verdad es que no me lo esperaba… O bueno, quizás sí, porque de ahí viene el origen de todo esto, de esa primera discusión en la que arrancó este experimento: un buen padre, pero abrumado y apesadumbrado por un error puntual, pero quizás lastrante en demasía, a la larga. Y quizás es como en los telediarios. Lo malo, vende. Lo malo, es lo que queda.

 

Aparte de estas cuatro opciones, hay un quinto valor a reseñar, el de la 5ª pregunta que el Tío Twitter no permite meter en sus encuestas (de máximo 4 respuestas), y no es ni más ni menos, que la que nos falta, la neutral: “Lo hago bien y mal; o ni bien, ni mal… Hago lo que puedo y lo mejor que sé. A veces bien, a veces mal.” Y es la que muchos de vosotros señaláis como propia en vuestra situación, en los comentarios del tuit. Y en mi humilde opinión, es, desde luego, la más lógica y razonable. Pero me vi en la posición de declararme en términos de opuestos al formular el tuit; más alejados. Y por eso se quedó fuera.

comentarios al tuit.

 

-“CONCLUSIONES Y ALEGATOS, SEÑORÍA…”-

Después de haber hecho repaso a la encuesta, me quedo especialmente con un par de cosas: una buena, y otra inquietante… Y empezaré por la segunda, por aquello de intentar terminar con buen sabor de boca.

* El dato NEGATIVO. Ese 25% me mata, lo reconozco. Y como diría mi amiguete Carlos, me genera mucho TOC. Me chirría demasiado; me cuesta concebir cómo tanta gente tiene un concepto tan pésimo de su labor como padre.

No voy a quitar hierro al asunto, y cada uno analizará la profundidad de la cuestión como buenamente quiera, pero a un número significativamente generoso de gente (para lo que es esto, léase; no se me vayan a poner ahora estupendos a estas alturas de la peli…), lo que les pasa por la cabeza es que “lo estoy haciendo fatal”. Y pensad en eso: la angustia que ese pensamiento puede causar. Creerse eso con sinceridad suena duro, muy duro. Es difícil de asumir algo así.

Y yo me pregunto por las causas. Qué estamos haciendo mal, para que tanta gente crea que lo hace tan mal. ¿Sobreinformación, quizás…? ¿Demasiada moda de gurús sabelotodo que dictan cómo debe ser el estampado perfecto del revestimiento cagado del pañal de cáñamo ecológico de comercio justo que NO PUEDE faltar en el dormitorio Pinterest de nuestro lechón…? ¿No estaremos acaso poniendo losas demasiado pesadas sobre nuestras pobres cabecitas de padres y madres modernillos…? ¿No se nos estará yendo acaso un poco la pelotilla, quizás…? ¿¿En serio lo hacemos tan mal, familia…?? 

* El dato POSITIVO. Lo demás. La creencia general de que en el fondo, lo estamos haciendo bien. De que hay voluntad. Que sí, que se puede hacer mejor, que hay mucho por aprender, pero que vamos bien, que lo estamos llevando como a nosotros nos interesa; que controlamos el desarrollo del proceso evolutivo de nuestra familia, de la crianza de nuestros polluelos… Y eso, damas y caballeros, pues mola.

 

Y es aquí donde quería yo llegar, para irme ya, rompiendo una lanza a favor de todos vosotros, padres y madres del mundo; del universo… Creo sinceramente que lo estáis haciendo FENOMENAL. A ti te lo digo especialmente, sí, sí… A ti, que es estás leyendo estas líneas tontas. El mero hecho de encontrarte aquí y dedicarle (o perder, quizás, según lo mires luego, que el que avisa no es traidor; aunque un poco cabroncete sí, porque ya estás en el final…) unos minutos valiosos de tu vida a leer todo este pollo, ya me indica muy a las claras que eres alguien especial, con una sensibilidad, dedicación y preocupación extra por el desarrollo y el devenir de tu pequeña camada de cachorros.

Esto no va de cómo nos ven los demás; de si nos importa o no lo que piensen otros de lo que uno está haciendo. Esto va de ti. Y de mi. De cómo valoras tú mismo o misma la labor de este berenjenal tan hermoso y delicioso como complicado y caótico en el que una vez decidiste meterte: ponerte a criar hijos.

Cree en ti, cree en tu familia y cree en tu voluntad y en tu capacidad de amar y de superar dificultades. A fin de cuentas, después de una borrasca, llega el anticiclón. Y si somos capaces de horadar y escarbar debajo de toda esa montaña de cascotes, escombros mugrientos y dolorosos, toda esa capa de desesperación que ha dejado la tormenta y no nos deja ver el interior valioso de nuestro hogar, podremos volver a ver lo básico, a sacar las raíces de lo verdaderamente auténtico y necesario para criar niños felices: tiempo y amor para ellos, para disfrutar de su compañía.

Porque el fin de esta cuestión, es lo que queremos todos: su felicidad.

Porque en el fondo, es lo único que ellos nos demandan: nuestro amor.

Porque mañana, se levantarán con una sonrisa. 

Porque, créeme: papá, mamá… LO ESTÁS HACIENDO BIEN.


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En la prensa: permiso de paternidad

El arranque de este 2017, nos sorprendió con la implantación de la nueva ley de permisos por paternidad, que actualmente queda establecido en 28 días (4 semanas), en lugar de los 13 días que venían dándose hasta ahora.

Y la casualidad (y el hecho de plantearme cogerlo y disfrutarlo íntegro, cómo no…), ha propiciado algo del tipo “estar en el momento preciso en el lugar apropiado”: he aparecido un par de veces en la prensa nacional, en estos meses, en los que se me ha dado la oportunidad de ofreceros mi opinión y mi punto de vista respecto de esta cuestión, a través de mi propia historia.

Aquí os dejo los dos artículos, -que os ofrecí por la fanpage de Facebook-, pero que hasta ahora no había traído por el blog. Publicados en los diarios El País, en marzo (con firma de Adrián Cordellat) y ABC, la pasada semana (con firma de Laura Peraita). Os invito, si todavía no lo habéis hecho, por supuesto, a leerlos:

http://elpais.com/elpais/2017/03/19/mamas_papas/1489905538_574456.html?id_externo_rsoc=TW_CM
artículo en El País

http://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-fortalecer-figura-padre-cuidador-y-gratificante-201704262300_noticia.html
artículo en ABC

Muchas gracias, Adrián; muchas gracias, Laura. Por poner voz y letra a una cuestión tan importante como es la de la presencia de la figura paterna dentro de los primeros días de vida de un bebé, y de una mujer que estrena maternidad.

Queda mucho recorrido, mucho que hacer, mucho que hablar y mucho que discutir, analizar y valorar, todavía. Pero para eso estamos, ¿verdad?

Y tú, o tu marido/pareja… ¿Sois de disfrutar el permiso íntegro de paternidad?


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Mr. Dodot

emoticono papi

un padre cualquiera

emoticono bebé

padre, de nuevo

emoticono inquietud

padre participando en un evento sobre pañales

emoticono escribir

escribiendo el post del evento Dodot

emoticono susto

tuit ganador del sorteo

caja

la caja, en casa

emoticono corazones

mi lote Dodot

emoticono beso

Mr. Dodot

 

Y he aquí el desarrollo completo de la historia.

Por fin han llegado mis flamantes pañales. Y estoy emocionado. Porque la paternidad también es esto: el regocijo que hasta te produce, en un momento dado, pensar en cagarrufos y meados. Eres padre, así que te tocará remangarte, porque a veces estarás de mierda, literalmente, hasta el cuello. Y así debe ser: los padres TAMBIÉN limpiamos culos. Por si todavía hay algún despistado haciéndose el orejas por ahí. Y lo hacemos con mucho cariño y con mucho orgullo, faltaría más.

Me enorgullece pertenecer a una generación de padres a la que no le espanta limpiar culos, ojetes, traseros, posaderas; y que además lo hacen bien. A conciencia. Frotando. Dándole brío y salero a la toallita. Y algunos hasta son felices haciéndolo; no por el hecho de estar con el regalito en la mano, sino por la oportunidad de poder hacerlo. De saberse cuidadores de sus peques. De saberse una pieza fundamental en el organigrama familiar. De saberse capaces de traer un sueldo a casa tanto como de saberse hábiles en el sutil arte de frotar a mano con jabón Lagarto un body bien cuajado de premio amarillo mostaza lactante.

Yo, a día de hoy, con un bebé reciente, déjate de tonterías y regalos chorras. El gran clásico, al que cada día aprecio más: un buen paquete de pañales. Y olvídate de gaitas. Y yo hoy, con lagrimones como puños de la emoción, con mi premio.

Y toda esta historia, por cierto, no va de eso. No hay tareas indignas ni suficientemente chungas o vulgares que no puedas hacer, por ser hombre, si se trata de tus hijos, de tu familia. Hoy es sobre excrementos infantiles, pero mañana será por otra cosa; cualquiera. Su cuidado lo abarca TODO. Así que mueve tu cucu.

Esta historia va de interesarse por algo. De esforzarse por conseguir información. De ensuciarse las manos pero teniendo la conciencia cristalina. De salir ahí fuera a buscarte las castañas. De aprovechar las oportunidades. Y cuando pones interés en las cosas, las recompensas, de una u otra manera, terminan llegando. Va de que escribir merece la pena. Va de generar sinergias. Va de que ser padre es implicarte hasta llegar a fronteras a las que jamás pensaste que algún día te asomarías. Y atravesarlas cada vez, para ir más allá. Va de tipos que queremos cambiar el mundo gracias a querer ser un referente mejor. Va de querer ser mejor persona. De superarte. Va de hermosas casualidades que uno se va fabricando. De tomar conciencia de tus posibilidades. Va de intentarlo. Va de tener fe.

Esta historia, en definitiva, va de ti, tú que me lees.

Muchas gracias, Dodot; el culo de mi bebé nunca os lo llegará a agradecer lo suficiente.

Muchas gracias, Madresfera, por estos años de oportunidades y de eventos. ¡Que sean muchos más!

De ahora en adelante, ya podéis llamarme Mr. Dodot.

 


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#YoSoyDe

Quizás seas de comer croquetas de la abuela, de esas recién hechas con las sobras del cocido, o igual eres más de algo modernillo y urbanita, rollo sushi.

A lo mejor eres de esos a los que todavía le embriaga el olor de la tinta impresa y el tacto áspero del papel, o lo mismo eres fan de la pantallita del Kindle.

Puede que seas de esos de blanco, los que juegan con el balón esférico, o lo mismo eres de los otros de negro, esos grandotes que patean con el balón oval.

Lo mismo eres todavía un apasionado sin remedio del vinilo, o quién sabe si igual eres un acumulador de discográficas kilométricas mp3 de discos duros.

Intuyo que tienes pinta de ser usuario acérrimo del transporte público, mientras que tú tienes pinta de ser de pillar tu coche nuevo hasta para ir a mear.

Sé que tú eres un incondicional de las urnas, y en cambio tú, eres de los que ejercen su muy respetable y democrático derecho a pasar olímpicamente de todo.

Yo siempre he sido muy fan de Magic Johnson, y tú siempre fuiste un loco de Michael Jordan. (Bueno, igual todos hemos sido un poco de Jordan, okey…)

Hoy parece que todos son de Chuck Norris o Jackie Chan, cuando de toda la vida de Dios todos sabemos que el único trono eterno es del AMO Bruce Lee.

eres de los rojos, y yo soy de los verdeseres de tu padre, amigo. Y yo soy de mi madre. Ya puestos puede que aquel, vete tú a saber, sea del butanero.

 

Yo soy de escuchar. Tú eres de leer. Él es de hablar. Nosotros somos de escribir. Vosotros sois de gritar. Ellos son de… Bueno, de dar por saco. (Que de todo hay). Cada padre de este mundo, ES DE una manera y ES DE una cosa. Y tiene que ser así, porque la riqueza se encuentra en lo diferente. Pero, por encima de todas las demás cosas, TODOS los padres somos, muy… pero que muy…

…DE NUESTROS HIJOS. Siempre.

Que lo sepáis, queridos niños: nuestro mejor regalo, siempre seréis VOSOTROS:

 

Mi mejor regalo siempre serás tú, mi preciosa Lechona, y siempre serás tú, mi amadísimo Gorrioncillo.

 

Muchísimas gracias a todos los papis que conforman el colectivo Papás Blogueros, por esta maravillosa iniciativa de cara al próximo Día del Padre, que una vez más pone de manifiesto que otra paternidad es posible, una paternidad implicada, presencial, cariñosa, responsable, cuidadora y respetuosa. Y que remando juntos al final conseguiremos llegar al puerto que todos y todas deseamos. Al final, cambiaremos el mundo, ya lo veréis.

FELIZ PRÓXIMO DÍA DEL PADRE 


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Bocadillo de calamares

29 DE ENERO. 2016

Es viernes por la noche. Unos cuantos tipos realizan una quedada. Es en el centro de Madrid. Algunos son de aquí; otros vienen de fuera. Todos se encuentran ahí por un motivo: al día siguiente, tienen, en cierto sentido, su… “día grande”. Han venido a una especie de encuentro, en este fin de semana, pero primero querían verse la noche antes, por aquello de ir calentando motores. Y a todos ellos les unen tres cosas:

  • Una: son blogueros. O bloggers, -que se dice en el argot-. ¿Y eso qué carajo es? Bueno, imagino que la pregunta carece de sentido, si ya estás leyendo esto, ¿verdad? Es gente… que escribe, que escribimos, en Internet.
  • Dos: son padres. Todos ellos. De uno, de dos, de tres… De seis. Y sí, acertaréis quienes penséis que, efectivamente, lo de antes va unido en cierta forma a esto. Son padres, que escriben. Normalmente, sobre cosas de… Padres.
  • Y tres: a todos, les preocupa, y mucho, su papel como tales; como padres. Como maridos. Como hombres. Les preocupa el presente, pero también el futuro; de ellos, de sus parejas, y por encima de lo demás, de sus hijos e hijas.

Algunos ya se conocían en persona; otros, de vista, o de las “redes”. Pero para la mayoría era la primera vez que se veían y encontraban en un cara a cara. Desvirtualizar, lo llaman a esto, también. Aquí tienen nombres para todo, esta gente.

Poco a poco van llegando todos: Fer, Manolo, Serafín, Joaquim, Carlos, Dani, David… y un servidor, que les escribe. Poco a poco las lenguas se sueltan, y a la par que la charla se anima, tambores de guerra van tronando en los fieros estómagos de estos muchachos. La promesa de la joya gastronómica de Madrid no se hace esperar. El bocata llama, y los chicos acuden, cruzando como una flecha los agrisados adoquines de una Plaza Mayor que les sonríe.

El bocata de calamares. Podría decirse bien: la humilde y esperada guinda de la noche. Todos caen en su magnético atractivo embriagador. Y la velada cumple con nota su objetivo. Ni posteriores raros brebajes de color rosa que algún avispado camarero pretende pasar por cócteles, pueden llevarse la sensación de que en esa noche ha ocurrido algo grande; como cuando uno encuentra a un hermano perdido, en cierta forma. Ya me entendéis.

Al día siguiente, la JORNADA: el encuentro de bloggers. Todavía se une algún papi más por allí, a la fiesta; una fiesta que supondrá, quizás, un antes y un después en todo este meollo. José María, Adrián, Pau… Gente noble, hermosa, comprometida. Como todos los presentes aquel glorioso día.

El fin de semana acaba, y uno se queda todavía con la piel erizada. La estática de lo vivido sigue flotando en el ambiente, echando sus hipnóticas chispas al aire. Ninguno vive de esto, pero de alguna manera, es un espaldarazo hacia el sentimiento cada vez más fuerte de que, por contra, esto SÍ VIVE ya en nosotros. El escribir, el compartir experiencias sobre la paternidad. 

Las semanas y los meses van pasando. Ese grupo de padres escritores, de papás blogueros, va creciendo, poco a poco. Organizándose. Planteando cosas. Estableciendo acciones. Alcanzando hitos. Se juntan para hacer campañas: graban vídeos, acuden a eventos… También cometen errores. Es inevitable en todo proceso de crecimiento y aprendizaje. Todo ello sin dejar de lado lo que les hace ser lo que son: letras. Hijos. Sentimientos. Valores sociales. Compromiso, en definitiva. Y ganas de cambiar este mundo a veces tan miserable. A veces tan duro. A veces tan caótico. A veces tan injusto. Pero se van haciendo su huequecito… Como hormiguitas. Todos, cada uno de ellos, con la misma sensación de que esto ya no se para…

18 DE FEBRERO DE 2017

Un año pasó de aquella primera reunión. Ahora, igualmente, se repite la misma jugada. Pero ya no son solamente ocho almas las que deciden acudir. Esta vez serán un buen puñado más; puede que el doble. Y nuevas sinergias, nuevos bríos, nuevas conversaciones, nuevas propuestas y nuevas alegrías saldrán de entre tanto abrazo paternal. Porque siguen siendo padres, y les sigue moviendo lo mismo que un año atrás. Este año, hay mucho que comentar: tienen más días de permiso por paternidad, cuando sus parejas den a luz a sus bebés. Algunos de ellos incluso han dado el pelotazo y sus trabajos en la red, o fuera de ella, se han empezado a abrir a audiencias mucho mayores. Todos, han afianzado su presencia en la misma sociedad, ¡qué narices! Y todos con la firme promesa de seguir dándole gas…

8 DE MAYO DE 2020

De aquel grupo inicial de padres comprometidos, alguno cayó ya por el camino. Era inevitable. ¿Pero queréis saber algo? Son muchos más los que han venido detrás. Los que se han unido. Los que han visto que aquí no solamente se escriben tontunas de calzonazos, sino que se trabaja por algo importante. Los que han decidido que también quieren dar un rumbo nuevo a su futuro. Los que tampoco se conforman con ser meros espectadores pasivos de las noticias escabrosas del Telediario de turno. Los que también quieren algo mejor en sus vidas, y en las de sus familias. Esta gente ya tiene su propia reunión anual organizada. Ya tienen claro el rumbo a seguir, y siguen codo a codo, igual de hormiguitas que siempre, picando en la sociedad, para tratar de inculcar lo que para ellos siempre fue, en definitiva, algo lógico y de recibo: un trato igualitario respecto a las mujeres; el fin de la violencia de género; el fin del abuso infantil; un compromiso equitativo y real respeto a los cuidados en casa y las tareas del hogar; la inclusión de las minorías desfavorecidas e “invisibles” de la sociedad…  Una vida, en definitiva, más justa, encaminada hacia la búsqueda de la felicidad familiar, más que en buscar el éxito laboral, por encima de todas las demás cosas. ¡Tantas y tantas cosas! Tan lógicas, y a la vez tan utópicas.

15 DE SEPTIEMBRE DE 2024

Este grupo de padres ya es un movimiento masivo nacional, y esta semilla del nuevo hombre contemporáneo parece arraigar con fuerza en muchos territorios. Se han promulgado leyes racionales para conciliar DE VERDAD vida laboral y familiar. Las industrias juguetera y de moda abrazan de una vez la política de elaboración de productos no sexistas. La lacra de la discriminación y la violencia hacia las mujeres parece mostrar signos de estancamiento, cuando no ya de claro descenso en algunos ámbitos. El índice de varones que deciden pedir reducciones de jornada por guarda legal en el trabajo no hace sino aumentar. Y se incentivan. La paternidad y la familia han conquistado definitivamente la agenda como punto prioritario y de máximo interés por parte de los políticos. Grupos de padres se encuentran por toda nuestra geografía, intentando hacerse un hueco en el planteamiento diario vital de cada barrio, haciendo de la necesidad de comunicarse, un hecho cotidiano al que dan rienda suelta sin pudor y sin vergüenza. “Hablar” parece ser la nueva consinga, gente… En las redes, y en la calle.

35 AÑOS DESPUÉS…

Daniela Jiménez Blanco es nombrada Presidenta del Gobierno. Creció y estudió aquí. Alba SanJuán Tomelloso es Premio Nóbel de Medicina. Creció y estudió aquí. Solamente son dos ejemplos de mujeres que han logrado copar los más altos cargos de prestigio en nuestra sociedad. Mujeres que pudieron desarrollarse física, mental, cultural y espiritualmente sin trabas, dependiendo únicamente de sus logros y su brillante esfuerzo, y que comparten responsabilidades codo a codo con sus iguales masculinos en idénticas condiciones sociales y laborales.

Ellas bien pueden ser nuestras hijas. Tu hija. Mi hija. Han podido crecer en un entorno verdaderamente sano, libre de etiquetas, libre de prejuicios y libre de todas aquellas mierdas que encorsetaban a las personas de su mismo género y que lacraban a sus madres solamente una generación atrás, por el simple hecho de nacer mujeres. Porque en un momento dado, sus padres, tú, yo, el vecino del 5º… comprendimos que el pasado en el que vivíamos no era el futuro que queríamos; ni para ellas ni para nosotros. Los hombres supimos, quisimos y pudimos ver ese cambio, y muchos de nosotros lo abrazamos. Porque vimos y comprendimos… Soñamos… Que era lo mejor y lo más justo. Costó… Costó mucho. Muchísimo. Un esfuerzo de cambio de mentalidad, generacional, infinito. Pero se hizo. Se pudo soñar… y se logró. Y ahora tenemos para nosotros y nuestra descendencia, el mundo que siempre quisimos tener.

 

Y despierto, y de nuevo regreso al presente... Al actual. Al inicio, o casi, de este bonito sueño utópico, o quizás no tan utópico, del que por otra parte, me siento muy orgulloso de formar. El sueño de luchar por un futuro mejor, para mis hijos, para todos. Un futuro, cuyas raíces bien pudieran hundirse, por qué no, y quién nos lo iba a decir, en un pequeño grupo de padres que un día decidieron juntarse…

…en torno a un hermoso, sabroso y muy madrileño, bocata de calamares.

el bocadillo de calamares del aniversario


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Colecho es amor

Adoro el colecho.

Mira, hoy me tiro a la piscina. Y me voy a posicionar. Con lo que os mola eso de generar polémicas, oye. No. En serio. Lo adoro… Sí, sí… Todo él. Todas sus partes. La CO, la LE y la CHO. Sobretodo… la CHO. LA CHO me fascina. Me tiene loco.

CHO, de choto… Ese aroma a choto cavernario que te asalta -“¡ZASCA!”-, con la más letal de sus pezuñas en todo el careto, a pezuña llena, ahí, como con saña, como gustándose, ¿sabes?, cuando regresas de hacer tu meada nocturna de subterfugio, al cubil, y abres de nuevo la puerta de la cueva, porque no vaya a ser que las muchachas se me despierten con el atronador rugido de la cadena, claro… Sí hombre, esa meada, ya sabes, la de cuando te levantas porque te meas, pero que en realidad te levantas más bien para librarte unos segundos de ese minicodo cariñoso y tan mono, que taladraba sin piedad tus queridos y sobrevalorados riñones.

Porque total, ese aroma a cueva, ese perfume a oso almizclero que inunda el ambiente, ese microclima de pedos acumulados y reconcentrados, de calcetines sudados y sobaquillos al pil pil que se genera con mucho y dedicado esfuerzo común… Eso, muchachos, esa atmósfera tan característica es… es… ¡No tiene precio! ¡Eso es… FAMILIA PURA, JODER! ¡La esencia vibrante y palpable de una comunidad amorosa, yaciente, armoniosa, que celebra su unión vital en el palacio del cariño que es ese colchón, digamos, de metro y pico! Entre aquellas paredes de ese cuarto de cuatro metros, que exudan amorrrr por cada gota del gotelet. Ese territorio sin ley pero con mucho lovin’ donde las tiránicas palabras -“Ehhh… ¿Por qué no te vas a tu camita, cariño…?”- o -“¿También el gato…?”-, se las lleva el viento: -“¡¡Vete, imposición… Huye, vil, volando para no regresar jamás…!!”-

Y es que yo solamente le veo ventajas al colecho. ¿Y lo bien que sienta ese masaje tailandés a base de patadas de karate en las lumbares? ¡¡La peña se deja una pasta en espás y salones de masajes, por lo que a mí me hacen de gratis en casa!! Luego están los que se quejan de que no tienen tiempo para jugar con los peques. ¡No entiendo a esos pobres desgraciados! ¡Si la noche es ideaaaaalll…! Yo me parto la caja (a veces, casi literal…) jugando con la peque al Twister cada madrugada. ¡No os imagináis la de formas extrañas y contorsiones que te puedes llegar a currar en un rato, para poder cuadrar aquello! ¡Es la caña…!

Y luego hay otros juegos: el del “Ninja”, por ejemplo; ese en que te toca estar durmiendo como estos tipos, con un ojo abierto y el otro cerrado, igual que los conejos, para evitar que la otra se despeñe colchón abajo por la esquina más insospechada… O el de las “Apuestas” (-“¿Cuánto te apuestas, Churri…, a que la niña se viene esta noche a nuestra cama, a eso de las tres, cuando esté en lo mejorcito del sueño…?”-), al que tanto me mola ganar… U otro que adoro, también: el “Quinto Levanta…”, en el que las dos tiran de la manta (o el nórdico), y se me quedan ahí las canillas medio al aire… ¡¡Jajajaja!! ¡Me encanta! ¿¿Cómo demonios puede alguien aburrirse en una casa en la que se practica colecho…?? Disfruto horrores.

También está ese punto… picantón. ¿Qué sería de las relaciones de pareja sin ese… plus, de estar, ahí ahí…? Con ese punch de tensión. Que si te rozo un pezón, que si te tiro un pellizco, que si espera que te abrazo, pero cuando esta se mueva un poco para el otro lado… -“¡Ahora, ahora, que ha virado hacia la almohada y me da tiempo para hacerte alguna cosa guarrona en los pies!”- Pues eso, que sería todo un auténtico muermazo, ¿no? Digo yo. El festival de la rutina… Hale, ¡ahí a lo fácil! A tiro hecho. Toda la cama para vosotros solos… ¡Puafff…! Vamos, follisqueo de burgués. Eso, para quien lo quiera.

En fin, que la gente que no colecha, de verdad, se lo pierde. Es toda una aventura. Te da un +20 en PX. Te mantiene alerta… Te mantiene guay, ahí, ojo avizor a las cositas, a los detalles… -“¡Papi, quiero agua!”- Y tu mente rauda y veloz, se despierta entre legañas como un rayo en mitad de las entrañas de la negra noche, oscura cual boca lobuna, y localizas ese vasito que se te olvidó coger antes… (Bueno, no se te olvidó; de hecho, está en SU habitación, perfectamente colocado en SU sitio, pero como se ha venido a la vuestra, pues no lo tienes a mano, en TU mesita de noche, claro, y toca levantarse, porque ella, la princesa de la casa, claro, no está para esas minucias cuando viene a veros con todo su amor, in de mídel of de nait…) Y eso da flow, tío… Da energía… Da buen rollo… Tienes ahí, la mente clara. Es un entreno. Eso, cuando seas un viejo chocho y senil en la residencia, seguro que lo agradeces; que sabrás en todo momento dónde tienes las pastillitas azules, verdes, y rojiblancas. Y es que estas cosas quedan… Quedan ahí, en la mente, grabadas onfayer, porque ahora estás ahí a tope. ¡Pim, Pim! Currándotelo mil.

Y mejoras la respuesta psicomotora, también… Esas toñas que te das con las puertas a oscuras. O ese muñequito invisible abandonado en mitad del pasillo que te clavas hasta lo profundo del metatarso, con el que te entran ganas repentinas de gritar a los cuatro vientos… lo hermoso que es ser padre y sentirse vivo. ¡Pues luego aprendes a esquivarlo, a gestionar el dolor! ¡Control emocional, gente! ¡Es total! Es un rollo muy guay…

Y luego está la poderosa influencia de la música… Que esa es otra también fantástica. ¡La música! !Qué sería este mundo sin la música, señores míos! Yo, que tengo el privilegio de tener un sueño tan ligero, de esos que se desvelan con una mosca asmática, me apasionan las noches de festival. Cuando llega el festival de mocos, mi cuerpo se tensiona… Me pide marcha… Empieza el concierto de sonidos, ronquidos, silbidos… Esos ritmos sincopados que se superponen unos a otros, taladrándome el oído, y que me tienen ahí toda la noche, a ritmo pelao, dándome palmaditas en las pantorrillas, tikití tikití tikití… Disfrutando como un enano y siguiendo la ola… ¡Para un friki de la percusión como yo, esas noches en vela son grandiosas! Mis dos chicas currándose una performans ahí a dúo, dándolo todo y poniendo toda la carne en el asador en la interpretación. ¡Mira, mira…! ¡¡Los pelos como escarpias, se me están poniendo, de solo pensarlo, tú…!! El colecho es puro groove. Maravilloso.

yo, en la cama, con un pie en la cara

Bueno, no os doy más la chapa. Lo dicho, que vamos, el colecho… Lo más. Lo más de lo más. Yo, ahí… A muerte con el colecho. Me encanta. Estoy enamorado, en serio. Fíjate, que hasta cuando suena la flauta y pillo un rincón de sofá en una siesta… ¡Oye! ¡Que me tengo que ir a por un Nenuco, para ponérmelo así bien acurrucado en el costillar! Que si no… como que no me llena a mí, la siesta; como que me falta algo, ¿sabes? Me queda un resquemor a la que me levanto, si no lo tengo, así como quemmm… mmmñééé. Ya sabes, ¿no?

Y lo mejor es que, ahora, a la que venga el bebé, con la cuna de colecho, ya va a ser la FIESTA TOTAL. ¡Me encanta mi familia!

Soy un afortunado, realmente. Y tú también. Y lo sabes. Tú me entiendes. Porque también sabes lo mucho que mola…

…El COLECHO.