¡¡¡…Y yo con estas barbas!!!

Relatos sobre mis experiencias y expectativas como padre novato


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La paternidad… era esto

Antes de ser padre, tienes muchas ideas en la cabeza sobre lo que significará ese nuevo paso de tu vida. O quizás no, ¡qué carajo! De hecho, no tienes ninguna y precisamente por eso te lanzas también a ese vacío, de cabeza, sin frenos ni casco y a pecho torero descubierto. Porque en la ignorancia siempre se ha vivido que te cagas.

Quizás eres ya uno de esos que ya vienes algo avisado… Un enteraíllo. Uno de esos que ha estado revoloteando y picoteando el tema más o menos de cerca… Un cuñao, el tío enrollao, por ejemplo Y ya vas un poco enfilado, porque alguna oreja de lobo has visto asomar por ahí de vez en cuando en este tiempo, y ya sabes que, por muy mono que parezca un pañal de bebé lleno de dibujitos, ya sabes que ahí debajo lo que hay es mierda… O eso al menos has captado en susurros de pasillo que suenan por ahí por lo bajini, si has puesto la antena en el lugar y el momento oportunos… Ya me entiendes.

Pero déjame que te diga algo. Voy a hacerte el regalo de tu vida. Voy a redescubrirte la rueda, y voy a contarte de qué va en realidad todo esto de ser padre. El mundo real, vaya. En un esquema básico. Sencillo. Masticado. Sin trampa ni cartón. Cristalino, como la vida misma. Sin trampa ni cartón. Déjate de filosofías, déjate de manuales best-sellers (que están muy bien, de acuerdo…), y déjate de inventos y olvídate de cuentos chinos de Disney. Lo vas a pillar enseguida, amigo.

Después de años de comeduras de tarro, resulta que la paternidad, se reduce a estas tres sencillas premisas:

#1Pantalones de una niña cualquiera

Dinero. Esfuerzo. Ilusiones. Esperanzas. Seguridad. Tiempo. Fuerzas. Ganas. Voluntad. Inercia. Sacrificio. Amor. Anhelo. Futuro. Todos estos elementos depositados y representados en la figura sencilla de unos pantalones. Esos pantalones te han costado todo eso. Hay algo de todo eso de ti, en ellos. Y día a día, son el reflejo vivo de esa inversión; son el reflejo del trabajo y el alma que le pones a la tarea de ser padre.

Pero todo eso se va gastando… Se desgasta. Y un día, se rompen. ¿Y a la mierda pantalones….?

#2Parcheando pantalones DIY

Tirarlos es la vía fácil. Y en la paternidad no hay vías fáciles. Así que a veces no es una opción. Necesitas repararlos. Solucionar los problemas. ¿Qué hacer? Aplicas imaginación y tiras de inventiva, de recursos, de tu magia de adulto apañado y resolutivo. Das con una solución buena, bonita, barata, creativa, ilusionante, eficaz, DIY, y que te sirve para YA, porque… no hay más pantalones. Así que… Un parche. Una solución. Enhorabuena, campeón. Disfruta de tu medallita…

#3Pantalones DIY destrozados

…Porque una única miserable tarde será todo lo más que puedas lucirla en la solapa. Un miserable rato de parque, de rebozarse, revolcarse y rozarse, y la cruda paternidad te vuelve a poner de nuevo en tu lindo sitio, de una linda patada cariñosa en el trasero.

Y vuelta a empezar. Toca levantarse de nuevo tras la caída. Por ellos. Y es así.

Ya está. Todo se resume en esto, mai frend. Mañana, será otro día… Y mañana habrá que tirar de otro parche diferente. Pero eso será, claro está… mañana. No vayamos a fliparla. 

¡Ah…! Se me olvidaba. A todo esto, y entre tanta tontería de adultos, resulta que olvidé un pequeño detalle… Simplemente, que la pequeña que se calzó esos pantalones por primera vez, los habrá llevado puestos la mar de feliz. Los rompió por primera vez, feliz. Se los volvió a poner más feliz todavía con esos adornos tan bonitos en las rodillas que le puso su papá. Y los volvió a destrozar… tan feliz. Porque, al fin y al cabo… es una niña, y ¡Hey…! ¡Qué demonios…! No son sino más que unos simples pantalones.

 

Relájate… y disfruta.

 

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Qué tal lo haces como padre o madre

Hace pocos días, la jornada concluyó con una conversación en un grupo de padres, en la que uno de ellos empezó a desahogarse con el resto respecto a una situación tensa que había tenido momentos antes en casa, en relación con los niños. Ya sabéis, de estas típicas de rabietas o cualquier otra historia de las que pueden ser el detonante de algún momento de crispación; la chispa que provoque el incendio en el hogar. Nada nuevo bajo el sol, ¿verdad?

El caso es que este hombre sonaba (y estaba) realmente afectado por su propia reacción (tampoco nada del otro jueves, por otra parte). La famosa y architemida gota que rebosa el fatídico vasito de las narices, ya sabes. Y andaba con una gran desazón por ello el hombre, porque normalmente él no es así. La conversación por tanto fue derivando un poco a eso…: -“Pues mi hija… Pues mi hijo… Pues yo… Es que ya… Pues a mí…”- En fin, mil y un ejemplos de situaciones tensas cotidianas en que nos vemos desbordados y que provocan esos sentimientos que normalmente no queremos ni ver desde la acera de enfrente.

Pero por otro lado, también caían las réplicas de -“Es normal… A todos nos pasa… Déjalo correr… En realidad lo pasas tú peor que ellos… Mañana ni se acuerda, ya verás…”-, que también estamos más que acostumbrados a escuchar de boca de la gente cercana, esa que intenta echar un cable y equilibrar un poco la balanza al asunto: el hierro que te quito, por la sensatez que te añado.

Así quedó la cosa; pero el tema habría de retomarse a la mañana siguiente con los rezagados y los que no pudieron meter baza. Y fue cuando se me encendió la bombilla, pensando en el jovial Tío Tuíter. Si aquí, entre un grupete de padres, estamos desnudando interiormente nuestras opiniones sobre cómo reaccionamos ante tal o cual supuesto, ante esta o aquella situación que nos saca de quicio con los enanos… ¿Qué pensarán, el resto de padres y madres, sobre cómo lo están haciendo? La respuesta, evidentemente, estaba en mi propia mano en la pantallita tonta: -“¡¡Vámonos al Tuíter a sacar una encuesta ya mismo!!”-

Y eso es lo que hice. Preguntarle directamente a la gente. Así que antes de nada, si participaste en esta pequeña experiencia, vayan mis gracias eternas por delante, y un aplauso para tu maravillosa persona, porque sin ti esto no habría salido como ha salido. Reconozco que no esperaba gran cosa de este experimento, pero oye… El que nada arriesga, nada gana. Y ciertamente, arriesgar un tuit no es que sea arriesgar gran cosa. ¿Qué había que perder?

Así que armé una encuesta. Cuatro respuestas a una sencilla premisa: ¿Cómo valoras tu labor como padre o madre? ¿Cómo consideras que estás ejerciendo tu paternidad o maternidad? Y cuatro respuestas genéricas, de mejor a peor: muy bien, bien a secas, mal o muy mal. Y para mi grata sorpresa… esto es lo que pasó:

 

encuesta de Twitter sobre paternidad.

 

¡¡¡159 VOTOS!!! ¿¿¿No es flipante??? En apenas un miserable día. Como minundi tuitero que soy, esperaba una reacción de 20, 30 respuestas… 40 como mucho, dándose bien… Pero no esta cantidad de participantes. ¡Casi 160 personas, son muchas personas opinando! Casi 4.000 impresiones; más de 300 interacciones… ¡Guau! Además, hay que añadir un buen montón de comentarios que se fueron dejando aparte, con respuestas de lo más interesantes. Si llego a saber que hay tal grado de aceptación hubiera dejado abierta la encuesta para poder participar durante más días, y poder recoger así un muestreo más grande todavía, oye…

Así que con la encuesta ya cerrada, he decidido trasladar estos datos al blog y escribir este post para entrar a valorar un poco estos resultados, y daros un poco mi visión de los mismos, a ver qué os parece.

 

respuesta A encuesta.

Este es el dato PRINCIPAL de la encuesta. El caballo ganador. La respuesta más votada y la opción más valorada en esta encuesta. ¿Qué nos dice esto? Que más de la mitad de la gente que ha respondido, opina que LO ESTÁN HACIENDO BIEN. Y digo BIEN, a secas, porque es lo que se pedía responder. Es decir, que tienen un concepto positivo y favorable de su labor como padres y madres; que en general, se sienten satisfechos con cómo están criando a sus hijos y cómo están llevando su rol dentro del esquema familiar. Esto no quiere decir ni más, ni menos que eso. Casi un 60%. Eso quiere decir que prácticamente, 6 de cada 10 a quienes preguntes. Vamos: globalmente, la MAYORÍA DE PADRES Y MADRES OPINAN QUE LO ESTÁN HACIENDO BIEN CON SUS HIJOS. Aunque aquí, bien es cierto, me vais a permitir que continúe con este invento, sin verificar cuántas de estas respuestas han sido de madres y cuántas de padres (porque habría molado saber también si los datos por sexo son similares o no… Pero para eso, otro día, y otra encuesta, si eso…)

A pesar de este último apunte pejiguero, permitidme la expresión machirula, que este dato me parece un dato francamente COJONUDO. ¡Cómo-me-mola-este-dato! Aunque tampoco es algo MARAVILLOSO, cierto… Que queda un buen margen, todavía. Y como opinión personal, me esperaba aquí un porcentaje algo inferior, lo confieso.

respuesta B encuesta.

La respuesta opuesta en la balanza. Pero también me parece un gran dato. Sé que hay gente, y por tanto, opiniones, para todos los gustos, y así debe ser, pero que solamente un 4% confiese creer que lo están haciendo mal, me llama la atención, me llena de fe, y creo que dice mucho de la valoración positiva que la gente tiene de sí misma. Sinceramente, en esta respuesta me esperaba un porcentaje mayor. Si estuvieras en una reunión de gente con 100 personas, te costaría realmente pasar por todos para que apenas 4 te respondan que creen que lo hacen mal en su casa. Piensa en ello…

respuesta C encuesta.

Una respuesta que me interesaba mucho conocer, sinceramente: la de la gente segura de su labor, de su papel de madre/padre, y que se reafirma en su emponderamiento personal y en que lo está haciendo en general, MUY BIEN.

Más de un 10%, significa que mínimo 1 de cada diez padres/madres con los que te cruces opinará que es un crack, un PADRAZO o una MADRAZA en toda regla. Claro que en este saco hay de todo, los que valoran su trabajo en función de los resultados que se ven en casa en el día a día, y ya está… Y los que valoran lo que hacen, porque se comparan con lo que ven fuera de sus casas; es decir, que igual son parte de la hermosa fauna de los opinólogos, que son los maestros en ver la paja en ojo ajeno y que en comparación siempre salen ganando ellos. Pero me estoy apartando quizás y entrando en valoraciones personales y demagogia baratucha fuera del tema, y metiendo la zarpa en otro jardín muy diferente. Volvamos…

He de decir que yo había apostado a que esta respuesta saldría con un porcentaje todavía superior, dado el perfil de mi cuenta y el de la mayoría (creo) de seguidores y seguidos de la misma, muchos de ellos madres y padres implicados en una u otra forma dentro del ámbito de la maternidad y paternidad. Es decir, que quizás el mero hecho de estar leyendo y respondiendo ESTA encuesta, ya presupone (creo otra vez) a quien lo hace en un nivel más o menos elevado de implicación familiar, lo cual es considerablemente óptimo y molón.

respuesta D encuesta.

El dato doloroso. La manzana podrida del cesto. El patito feo del asunto. La sorpresa desagradable de la encuesta, en definitiva… Es esta: pensar que 1 de cada 4 personas, madre o padre, piensa de sí mismo que su labor como tal, es de pena. Porque recordad que pedí sinceridad en las respuestas, que esto es anónimo. Si han cumplido con lo pactado en la pregunta, y no lo han puesto por hacer la coña, me parece un dato de lo más reseñable, a la par de triste. Vale que creas que no lo estás haciendo bien, que cometes fallos, que se te van ciertas cosas de las manos, que no llegas… Pero pensar que TANTA gente, 40 personas de casi 160, opinan que lo están haciendo muy mal… ¿¿En qué lugar nos deja eso, gente?? ¿Por qué ese dato? ¿Qué es lo que hacemos tan mal? ¿Dónde está el fallo? ¿Cuál es el problema…? ¿Dónde se ven tan mal? ¿De dónde viene esa sensación de fracaso? ¿Implica eso además, unas criaturas infelices? ¿Hijos insatisfechos…?

Reconozco que esta respuesta me llena de desazón, y no hace sino rebrotar en mí mil y una preguntas más, así a bote pronto, por todo lo que ello implica. ¿Es una cuestión de presión social? ¿De imagen autoimpuesta? ¿De algún tipo de meta elevada tan exagerada que no somos capaces de alcanzar y nos termina por abrumar? ¿Pedimos demasiado a nuestros hijos? ¿Le pedimos demasiado al concepto mismo de paternidad o maternidad? ¿Qué expectativas nos ponemos cuando tomamos la decisión de ser papás? ¿Qué prioriza o qué valora uno por encima del resto de cosas, cuando se enfrenta al hecho de criar una familia? ¿No estaremos valorando los momentos negativos con un rasero superior al de los momentos positivos, quizás? ¿Damos el mismo valor a nuestros errores que a nuestros aciertos?

Yo, este dato la verdad es que no me lo esperaba… O bueno, quizás sí, porque de ahí viene el origen de todo esto, de esa primera discusión en la que arrancó este experimento: un buen padre, pero abrumado y apesadumbrado por un error puntual, pero quizás lastrante en demasía, a la larga. Y quizás es como en los telediarios. Lo malo, vende. Lo malo, es lo que queda.

 

Aparte de estas cuatro opciones, hay un quinto valor a reseñar, el de la 5ª pregunta que el Tío Twitter no permite meter en sus encuestas (de máximo 4 respuestas), y no es ni más ni menos, que la que nos falta, la neutral: “Lo hago bien y mal; o ni bien, ni mal… Hago lo que puedo y lo mejor que sé. A veces bien, a veces mal.” Y es la que muchos de vosotros señaláis como propia en vuestra situación, en los comentarios del tuit. Y en mi humilde opinión, es, desde luego, la más lógica y razonable. Pero me vi en la posición de declararme en términos de opuestos al formular el tuit; más alejados. Y por eso se quedó fuera.

comentarios al tuit.

 

-“CONCLUSIONES Y ALEGATOS, SEÑORÍA…”-

Después de haber hecho repaso a la encuesta, me quedo especialmente con un par de cosas: una buena, y otra inquietante… Y empezaré por la segunda, por aquello de intentar terminar con buen sabor de boca.

* El dato NEGATIVO. Ese 25% me mata, lo reconozco. Y como diría mi amiguete Carlos, me genera mucho TOC. Me chirría demasiado; me cuesta concebir cómo tanta gente tiene un concepto tan pésimo de su labor como padre.

No voy a quitar hierro al asunto, y cada uno analizará la profundidad de la cuestión como buenamente quiera, pero a un número significativamente generoso de gente (para lo que es esto, léase; no se me vayan a poner ahora estupendos a estas alturas de la peli…), lo que les pasa por la cabeza es que “lo estoy haciendo fatal”. Y pensad en eso: la angustia que ese pensamiento puede causar. Creerse eso con sinceridad suena duro, muy duro. Es difícil de asumir algo así.

Y yo me pregunto por las causas. Qué estamos haciendo mal, para que tanta gente crea que lo hace tan mal. ¿Sobreinformación, quizás…? ¿Demasiada moda de gurús sabelotodo que dictan cómo debe ser el estampado perfecto del revestimiento cagado del pañal de cáñamo ecológico de comercio justo que NO PUEDE faltar en el dormitorio Pinterest de nuestro lechón…? ¿No estaremos acaso poniendo losas demasiado pesadas sobre nuestras pobres cabecitas de padres y madres modernillos…? ¿No se nos estará yendo acaso un poco la pelotilla, quizás…? ¿¿En serio lo hacemos tan mal, familia…?? 

* El dato POSITIVO. Lo demás. La creencia general de que en el fondo, lo estamos haciendo bien. De que hay voluntad. Que sí, que se puede hacer mejor, que hay mucho por aprender, pero que vamos bien, que lo estamos llevando como a nosotros nos interesa; que controlamos el desarrollo del proceso evolutivo de nuestra familia, de la crianza de nuestros polluelos… Y eso, damas y caballeros, pues mola.

 

Y es aquí donde quería yo llegar, para irme ya, rompiendo una lanza a favor de todos vosotros, padres y madres del mundo; del universo… Creo sinceramente que lo estáis haciendo FENOMENAL. A ti te lo digo especialmente, sí, sí… A ti, que es estás leyendo estas líneas tontas. El mero hecho de encontrarte aquí y dedicarle (o perder, quizás, según lo mires luego, que el que avisa no es traidor; aunque un poco cabroncete sí, porque ya estás en el final…) unos minutos valiosos de tu vida a leer todo este pollo, ya me indica muy a las claras que eres alguien especial, con una sensibilidad, dedicación y preocupación extra por el desarrollo y el devenir de tu pequeña camada de cachorros.

Esto no va de cómo nos ven los demás; de si nos importa o no lo que piensen otros de lo que uno está haciendo. Esto va de ti. Y de mi. De cómo valoras tú mismo o misma la labor de este berenjenal tan hermoso y delicioso como complicado y caótico en el que una vez decidiste meterte: ponerte a criar hijos.

Cree en ti, cree en tu familia y cree en tu voluntad y en tu capacidad de amar y de superar dificultades. A fin de cuentas, después de una borrasca, llega el anticiclón. Y si somos capaces de horadar y escarbar debajo de toda esa montaña de cascotes, escombros mugrientos y dolorosos, toda esa capa de desesperación que ha dejado la tormenta y no nos deja ver el interior valioso de nuestro hogar, podremos volver a ver lo básico, a sacar las raíces de lo verdaderamente auténtico y necesario para criar niños felices: tiempo y amor para ellos, para disfrutar de su compañía.

Porque el fin de esta cuestión, es lo que queremos todos: su felicidad.

Porque en el fondo, es lo único que ellos nos demandan: nuestro amor.

Porque mañana, se levantarán con una sonrisa. 

Porque, créeme: papá, mamá… LO ESTÁS HACIENDO BIEN.


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En la prensa: permiso de paternidad

El arranque de este 2017, nos sorprendió con la implantación de la nueva ley de permisos por paternidad, que actualmente queda establecido en 28 días (4 semanas), en lugar de los 13 días que venían dándose hasta ahora.

Y la casualidad (y el hecho de plantearme cogerlo y disfrutarlo íntegro, cómo no…), ha propiciado algo del tipo “estar en el momento preciso en el lugar apropiado”: he aparecido un par de veces en la prensa nacional, en estos meses, en los que se me ha dado la oportunidad de ofreceros mi opinión y mi punto de vista respecto de esta cuestión, a través de mi propia historia.

Aquí os dejo los dos artículos, -que os ofrecí por la fanpage de Facebook-, pero que hasta ahora no había traído por el blog. Publicados en los diarios El País, en marzo (con firma de Adrián Cordellat) y ABC, la pasada semana (con firma de Laura Peraita). Os invito, si todavía no lo habéis hecho, por supuesto, a leerlos:

http://elpais.com/elpais/2017/03/19/mamas_papas/1489905538_574456.html?id_externo_rsoc=TW_CM
artículo en El País

http://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-fortalecer-figura-padre-cuidador-y-gratificante-201704262300_noticia.html
artículo en ABC

Muchas gracias, Adrián; muchas gracias, Laura. Por poner voz y letra a una cuestión tan importante como es la de la presencia de la figura paterna dentro de los primeros días de vida de un bebé, y de una mujer que estrena maternidad.

Queda mucho recorrido, mucho que hacer, mucho que hablar y mucho que discutir, analizar y valorar, todavía. Pero para eso estamos, ¿verdad?

Y tú, o tu marido/pareja… ¿Sois de disfrutar el permiso íntegro de paternidad?


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Mr. Dodot

emoticono papi

un padre cualquiera

emoticono bebé

padre, de nuevo

emoticono inquietud

padre participando en un evento sobre pañales

emoticono escribir

escribiendo el post del evento Dodot

emoticono susto

tuit ganador del sorteo

caja

la caja, en casa

emoticono corazones

mi lote Dodot

emoticono beso

Mr. Dodot

 

Y he aquí el desarrollo completo de la historia.

Por fin han llegado mis flamantes pañales. Y estoy emocionado. Porque la paternidad también es esto: el regocijo que hasta te produce, en un momento dado, pensar en cagarrufos y meados. Eres padre, así que te tocará remangarte, porque a veces estarás de mierda, literalmente, hasta el cuello. Y así debe ser: los padres TAMBIÉN limpiamos culos. Por si todavía hay algún despistado haciéndose el orejas por ahí. Y lo hacemos con mucho cariño y con mucho orgullo, faltaría más.

Me enorgullece pertenecer a una generación de padres a la que no le espanta limpiar culos, ojetes, traseros, posaderas; y que además lo hacen bien. A conciencia. Frotando. Dándole brío y salero a la toallita. Y algunos hasta son felices haciéndolo; no por el hecho de estar con el regalito en la mano, sino por la oportunidad de poder hacerlo. De saberse cuidadores de sus peques. De saberse una pieza fundamental en el organigrama familiar. De saberse capaces de traer un sueldo a casa tanto como de saberse hábiles en el sutil arte de frotar a mano con jabón Lagarto un body bien cuajado de premio amarillo mostaza lactante.

Yo, a día de hoy, con un bebé reciente, déjate de tonterías y regalos chorras. El gran clásico, al que cada día aprecio más: un buen paquete de pañales. Y olvídate de gaitas. Y yo hoy, con lagrimones como puños de la emoción, con mi premio.

Y toda esta historia, por cierto, no va de eso. No hay tareas indignas ni suficientemente chungas o vulgares que no puedas hacer, por ser hombre, si se trata de tus hijos, de tu familia. Hoy es sobre excrementos infantiles, pero mañana será por otra cosa; cualquiera. Su cuidado lo abarca TODO. Así que mueve tu cucu.

Esta historia va de interesarse por algo. De esforzarse por conseguir información. De ensuciarse las manos pero teniendo la conciencia cristalina. De salir ahí fuera a buscarte las castañas. De aprovechar las oportunidades. Y cuando pones interés en las cosas, las recompensas, de una u otra manera, terminan llegando. Va de que escribir merece la pena. Va de generar sinergias. Va de que ser padre es implicarte hasta llegar a fronteras a las que jamás pensaste que algún día te asomarías. Y atravesarlas cada vez, para ir más allá. Va de tipos que queremos cambiar el mundo gracias a querer ser un referente mejor. Va de querer ser mejor persona. De superarte. Va de hermosas casualidades que uno se va fabricando. De tomar conciencia de tus posibilidades. Va de intentarlo. Va de tener fe.

Esta historia, en definitiva, va de ti, tú que me lees.

Muchas gracias, Dodot; el culo de mi bebé nunca os lo llegará a agradecer lo suficiente.

Muchas gracias, Madresfera, por estos años de oportunidades y de eventos. ¡Que sean muchos más!

De ahora en adelante, ya podéis llamarme Mr. Dodot.

 


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#YoSoyDe

Quizás seas de comer croquetas de la abuela, de esas recién hechas con las sobras del cocido, o igual eres más de algo modernillo y urbanita, rollo sushi.

A lo mejor eres de esos a los que todavía le embriaga el olor de la tinta impresa y el tacto áspero del papel, o lo mismo eres fan de la pantallita del Kindle.

Puede que seas de esos de blanco, los que juegan con el balón esférico, o lo mismo eres de los otros de negro, esos grandotes que patean con el balón oval.

Lo mismo eres todavía un apasionado sin remedio del vinilo, o quién sabe si igual eres un acumulador de discográficas kilométricas mp3 de discos duros.

Intuyo que tienes pinta de ser usuario acérrimo del transporte público, mientras que tú tienes pinta de ser de pillar tu coche nuevo hasta para ir a mear.

Sé que tú eres un incondicional de las urnas, y en cambio tú, eres de los que ejercen su muy respetable y democrático derecho a pasar olímpicamente de todo.

Yo siempre he sido muy fan de Magic Johnson, y tú siempre fuiste un loco de Michael Jordan. (Bueno, igual todos hemos sido un poco de Jordan, okey…)

Hoy parece que todos son de Chuck Norris o Jackie Chan, cuando de toda la vida de Dios todos sabemos que el único trono eterno es del AMO Bruce Lee.

eres de los rojos, y yo soy de los verdeseres de tu padre, amigo. Y yo soy de mi madre. Ya puestos puede que aquel, vete tú a saber, sea del butanero.

 

Yo soy de escuchar. Tú eres de leer. Él es de hablar. Nosotros somos de escribir. Vosotros sois de gritar. Ellos son de… Bueno, de dar por saco. (Que de todo hay). Cada padre de este mundo, ES DE una manera y ES DE una cosa. Y tiene que ser así, porque la riqueza se encuentra en lo diferente. Pero, por encima de todas las demás cosas, TODOS los padres somos, muy… pero que muy…

…DE NUESTROS HIJOS. Siempre.

Que lo sepáis, queridos niños: nuestro mejor regalo, siempre seréis VOSOTROS:

 

Mi mejor regalo siempre serás tú, mi preciosa Lechona, y siempre serás tú, mi amadísimo Gorrioncillo.

 

Muchísimas gracias a todos los papis que conforman el colectivo Papás Blogueros, por esta maravillosa iniciativa de cara al próximo Día del Padre, que una vez más pone de manifiesto que otra paternidad es posible, una paternidad implicada, presencial, cariñosa, responsable, cuidadora y respetuosa. Y que remando juntos al final conseguiremos llegar al puerto que todos y todas deseamos. Al final, cambiaremos el mundo, ya lo veréis.

FELIZ PRÓXIMO DÍA DEL PADRE 


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Bocadillo de calamares

29 DE ENERO. 2016

Es viernes por la noche. Unos cuantos tipos realizan una quedada. Es en el centro de Madrid. Algunos son de aquí; otros vienen de fuera. Todos se encuentran ahí por un motivo: al día siguiente, tienen, en cierto sentido, su… “día grande”. Han venido a una especie de encuentro, en este fin de semana, pero primero querían verse la noche antes, por aquello de ir calentando motores. Y a todos ellos les unen tres cosas:

  • Una: son blogueros. O bloggers, -que se dice en el argot-. ¿Y eso qué carajo es? Bueno, imagino que la pregunta carece de sentido, si ya estás leyendo esto, ¿verdad? Es gente… que escribe, que escribimos, en Internet.
  • Dos: son padres. Todos ellos. De uno, de dos, de tres… De seis. Y sí, acertaréis quienes penséis que, efectivamente, lo de antes va unido en cierta forma a esto. Son padres, que escriben. Normalmente, sobre cosas de… Padres.
  • Y tres: a todos, les preocupa, y mucho, su papel como tales; como padres. Como maridos. Como hombres. Les preocupa el presente, pero también el futuro; de ellos, de sus parejas, y por encima de lo demás, de sus hijos e hijas.

Algunos ya se conocían en persona; otros, de vista, o de las “redes”. Pero para la mayoría era la primera vez que se veían y encontraban en un cara a cara. Desvirtualizar, lo llaman a esto, también. Aquí tienen nombres para todo, esta gente.

Poco a poco van llegando todos: Fer, Manolo, Serafín, Joaquim, Carlos, Dani, David… y un servidor, que les escribe. Poco a poco las lenguas se sueltan, y a la par que la charla se anima, tambores de guerra van tronando en los fieros estómagos de estos muchachos. La promesa de la joya gastronómica de Madrid no se hace esperar. El bocata llama, y los chicos acuden, cruzando como una flecha los agrisados adoquines de una Plaza Mayor que les sonríe.

El bocata de calamares. Podría decirse bien: la humilde y esperada guinda de la noche. Todos caen en su magnético atractivo embriagador. Y la velada cumple con nota su objetivo. Ni posteriores raros brebajes de color rosa que algún avispado camarero pretende pasar por cócteles, pueden llevarse la sensación de que en esa noche ha ocurrido algo grande; como cuando uno encuentra a un hermano perdido, en cierta forma. Ya me entendéis.

Al día siguiente, la JORNADA: el encuentro de bloggers. Todavía se une algún papi más por allí, a la fiesta; una fiesta que supondrá, quizás, un antes y un después en todo este meollo. José María, Adrián, Pau… Gente noble, hermosa, comprometida. Como todos los presentes aquel glorioso día.

El fin de semana acaba, y uno se queda todavía con la piel erizada. La estática de lo vivido sigue flotando en el ambiente, echando sus hipnóticas chispas al aire. Ninguno vive de esto, pero de alguna manera, es un espaldarazo hacia el sentimiento cada vez más fuerte de que, por contra, esto SÍ VIVE ya en nosotros. El escribir, el compartir experiencias sobre la paternidad. 

Las semanas y los meses van pasando. Ese grupo de padres escritores, de papás blogueros, va creciendo, poco a poco. Organizándose. Planteando cosas. Estableciendo acciones. Alcanzando hitos. Se juntan para hacer campañas: graban vídeos, acuden a eventos… También cometen errores. Es inevitable en todo proceso de crecimiento y aprendizaje. Todo ello sin dejar de lado lo que les hace ser lo que son: letras. Hijos. Sentimientos. Valores sociales. Compromiso, en definitiva. Y ganas de cambiar este mundo a veces tan miserable. A veces tan duro. A veces tan caótico. A veces tan injusto. Pero se van haciendo su huequecito… Como hormiguitas. Todos, cada uno de ellos, con la misma sensación de que esto ya no se para…

18 DE FEBRERO DE 2017

Un año pasó de aquella primera reunión. Ahora, igualmente, se repite la misma jugada. Pero ya no son solamente ocho almas las que deciden acudir. Esta vez serán un buen puñado más; puede que el doble. Y nuevas sinergias, nuevos bríos, nuevas conversaciones, nuevas propuestas y nuevas alegrías saldrán de entre tanto abrazo paternal. Porque siguen siendo padres, y les sigue moviendo lo mismo que un año atrás. Este año, hay mucho que comentar: tienen más días de permiso por paternidad, cuando sus parejas den a luz a sus bebés. Algunos de ellos incluso han dado el pelotazo y sus trabajos en la red, o fuera de ella, se han empezado a abrir a audiencias mucho mayores. Todos, han afianzado su presencia en la misma sociedad, ¡qué narices! Y todos con la firme promesa de seguir dándole gas…

8 DE MAYO DE 2020

De aquel grupo inicial de padres comprometidos, alguno cayó ya por el camino. Era inevitable. ¿Pero queréis saber algo? Son muchos más los que han venido detrás. Los que se han unido. Los que han visto que aquí no solamente se escriben tontunas de calzonazos, sino que se trabaja por algo importante. Los que han decidido que también quieren dar un rumbo nuevo a su futuro. Los que tampoco se conforman con ser meros espectadores pasivos de las noticias escabrosas del Telediario de turno. Los que también quieren algo mejor en sus vidas, y en las de sus familias. Esta gente ya tiene su propia reunión anual organizada. Ya tienen claro el rumbo a seguir, y siguen codo a codo, igual de hormiguitas que siempre, picando en la sociedad, para tratar de inculcar lo que para ellos siempre fue, en definitiva, algo lógico y de recibo: un trato igualitario respecto a las mujeres; el fin de la violencia de género; el fin del abuso infantil; un compromiso equitativo y real respeto a los cuidados en casa y las tareas del hogar; la inclusión de las minorías desfavorecidas e “invisibles” de la sociedad…  Una vida, en definitiva, más justa, encaminada hacia la búsqueda de la felicidad familiar, más que en buscar el éxito laboral, por encima de todas las demás cosas. ¡Tantas y tantas cosas! Tan lógicas, y a la vez tan utópicas.

15 DE SEPTIEMBRE DE 2024

Este grupo de padres ya es un movimiento masivo nacional, y esta semilla del nuevo hombre contemporáneo parece arraigar con fuerza en muchos territorios. Se han promulgado leyes racionales para conciliar DE VERDAD vida laboral y familiar. Las industrias juguetera y de moda abrazan de una vez la política de elaboración de productos no sexistas. La lacra de la discriminación y la violencia hacia las mujeres parece mostrar signos de estancamiento, cuando no ya de claro descenso en algunos ámbitos. El índice de varones que deciden pedir reducciones de jornada por guarda legal en el trabajo no hace sino aumentar. Y se incentivan. La paternidad y la familia han conquistado definitivamente la agenda como punto prioritario y de máximo interés por parte de los políticos. Grupos de padres se encuentran por toda nuestra geografía, intentando hacerse un hueco en el planteamiento diario vital de cada barrio, haciendo de la necesidad de comunicarse, un hecho cotidiano al que dan rienda suelta sin pudor y sin vergüenza. “Hablar” parece ser la nueva consinga, gente… En las redes, y en la calle.

35 AÑOS DESPUÉS…

Daniela Jiménez Blanco es nombrada Presidenta del Gobierno. Creció y estudió aquí. Alba SanJuán Tomelloso es Premio Nóbel de Medicina. Creció y estudió aquí. Solamente son dos ejemplos de mujeres que han logrado copar los más altos cargos de prestigio en nuestra sociedad. Mujeres que pudieron desarrollarse física, mental, cultural y espiritualmente sin trabas, dependiendo únicamente de sus logros y su brillante esfuerzo, y que comparten responsabilidades codo a codo con sus iguales masculinos en idénticas condiciones sociales y laborales.

Ellas bien pueden ser nuestras hijas. Tu hija. Mi hija. Han podido crecer en un entorno verdaderamente sano, libre de etiquetas, libre de prejuicios y libre de todas aquellas mierdas que encorsetaban a las personas de su mismo género y que lacraban a sus madres solamente una generación atrás, por el simple hecho de nacer mujeres. Porque en un momento dado, sus padres, tú, yo, el vecino del 5º… comprendimos que el pasado en el que vivíamos no era el futuro que queríamos; ni para ellas ni para nosotros. Los hombres supimos, quisimos y pudimos ver ese cambio, y muchos de nosotros lo abrazamos. Porque vimos y comprendimos… Soñamos… Que era lo mejor y lo más justo. Costó… Costó mucho. Muchísimo. Un esfuerzo de cambio de mentalidad, generacional, infinito. Pero se hizo. Se pudo soñar… y se logró. Y ahora tenemos para nosotros y nuestra descendencia, el mundo que siempre quisimos tener.

 

Y despierto, y de nuevo regreso al presente... Al actual. Al inicio, o casi, de este bonito sueño utópico, o quizás no tan utópico, del que por otra parte, me siento muy orgulloso de formar. El sueño de luchar por un futuro mejor, para mis hijos, para todos. Un futuro, cuyas raíces bien pudieran hundirse, por qué no, y quién nos lo iba a decir, en un pequeño grupo de padres que un día decidieron juntarse…

…en torno a un hermoso, sabroso y muy madrileño, bocata de calamares.

el bocadillo de calamares del aniversario


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Colecho es amor

Adoro el colecho.

Mira, hoy me tiro a la piscina. Y me voy a posicionar. Con lo que os mola eso de generar polémicas, oye. No. En serio. Lo adoro… Sí, sí… Todo él. Todas sus partes. La CO, la LE y la CHO. Sobretodo… la CHO. LA CHO me fascina. Me tiene loco.

CHO, de choto… Ese aroma a choto cavernario que te asalta -“¡ZASCA!”-, con la más letal de sus pezuñas en todo el careto, a pezuña llena, ahí, como con saña, como gustándose, ¿sabes?, cuando regresas de hacer tu meada nocturna de subterfugio, al cubil, y abres de nuevo la puerta de la cueva, porque no vaya a ser que las muchachas se me despierten con el atronador rugido de la cadena, claro… Sí hombre, esa meada, ya sabes, la de cuando te levantas porque te meas, pero que en realidad te levantas más bien para librarte unos segundos de ese minicodo cariñoso y tan mono, que taladraba sin piedad tus queridos y sobrevalorados riñones.

Porque total, ese aroma a cueva, ese perfume a oso almizclero que inunda el ambiente, ese microclima de pedos acumulados y reconcentrados, de calcetines sudados y sobaquillos al pil pil que se genera con mucho y dedicado esfuerzo común… Eso, muchachos, esa atmósfera tan característica es… es… ¡No tiene precio! ¡Eso es… FAMILIA PURA, JODER! ¡La esencia vibrante y palpable de una comunidad amorosa, yaciente, armoniosa, que celebra su unión vital en el palacio del cariño que es ese colchón, digamos, de metro y pico! Entre aquellas paredes de ese cuarto de cuatro metros, que exudan amorrrr por cada gota del gotelet. Ese territorio sin ley pero con mucho lovin’ donde las tiránicas palabras -“Ehhh… ¿Por qué no te vas a tu camita, cariño…?”- o -“¿También el gato…?”-, se las lleva el viento: -“¡¡Vete, imposición… Huye, vil, volando para no regresar jamás…!!”-

Y es que yo solamente le veo ventajas al colecho. ¿Y lo bien que sienta ese masaje tailandés a base de patadas de karate en las lumbares? ¡¡La peña se deja una pasta en espás y salones de masajes, por lo que a mí me hacen de gratis en casa!! Luego están los que se quejan de que no tienen tiempo para jugar con los peques. ¡No entiendo a esos pobres desgraciados! ¡Si la noche es ideaaaaalll…! Yo me parto la caja (a veces, casi literal…) jugando con la peque al Twister cada madrugada. ¡No os imagináis la de formas extrañas y contorsiones que te puedes llegar a currar en un rato, para poder cuadrar aquello! ¡Es la caña…!

Y luego hay otros juegos: el del “Ninja”, por ejemplo; ese en que te toca estar durmiendo como estos tipos, con un ojo abierto y el otro cerrado, igual que los conejos, para evitar que la otra se despeñe colchón abajo por la esquina más insospechada… O el de las “Apuestas” (-“¿Cuánto te apuestas, Churri…, a que la niña se viene esta noche a nuestra cama, a eso de las tres, cuando esté en lo mejorcito del sueño…?”-), al que tanto me mola ganar… U otro que adoro, también: el “Quinto Levanta…”, en el que las dos tiran de la manta (o el nórdico), y se me quedan ahí las canillas medio al aire… ¡¡Jajajaja!! ¡Me encanta! ¿¿Cómo demonios puede alguien aburrirse en una casa en la que se practica colecho…?? Disfruto horrores.

También está ese punto… picantón. ¿Qué sería de las relaciones de pareja sin ese… plus, de estar, ahí ahí…? Con ese punch de tensión. Que si te rozo un pezón, que si te tiro un pellizco, que si espera que te abrazo, pero cuando esta se mueva un poco para el otro lado… -“¡Ahora, ahora, que ha virado hacia la almohada y me da tiempo para hacerte alguna cosa guarrona en los pies!”- Pues eso, que sería todo un auténtico muermazo, ¿no? Digo yo. El festival de la rutina… Hale, ¡ahí a lo fácil! A tiro hecho. Toda la cama para vosotros solos… ¡Puafff…! Vamos, follisqueo de burgués. Eso, para quien lo quiera.

En fin, que la gente que no colecha, de verdad, se lo pierde. Es toda una aventura. Te da un +20 en PX. Te mantiene alerta… Te mantiene guay, ahí, ojo avizor a las cositas, a los detalles… -“¡Papi, quiero agua!”- Y tu mente rauda y veloz, se despierta entre legañas como un rayo en mitad de las entrañas de la negra noche, oscura cual boca lobuna, y localizas ese vasito que se te olvidó coger antes… (Bueno, no se te olvidó; de hecho, está en SU habitación, perfectamente colocado en SU sitio, pero como se ha venido a la vuestra, pues no lo tienes a mano, en TU mesita de noche, claro, y toca levantarse, porque ella, la princesa de la casa, claro, no está para esas minucias cuando viene a veros con todo su amor, in de mídel of de nait…) Y eso da flow, tío… Da energía… Da buen rollo… Tienes ahí, la mente clara. Es un entreno. Eso, cuando seas un viejo chocho y senil en la residencia, seguro que lo agradeces; que sabrás en todo momento dónde tienes las pastillitas azules, verdes, y rojiblancas. Y es que estas cosas quedan… Quedan ahí, en la mente, grabadas onfayer, porque ahora estás ahí a tope. ¡Pim, Pim! Currándotelo mil.

Y mejoras la respuesta psicomotora, también… Esas toñas que te das con las puertas a oscuras. O ese muñequito invisible abandonado en mitad del pasillo que te clavas hasta lo profundo del metatarso, con el que te entran ganas repentinas de gritar a los cuatro vientos… lo hermoso que es ser padre y sentirse vivo. ¡Pues luego aprendes a esquivarlo, a gestionar el dolor! ¡Control emocional, gente! ¡Es total! Es un rollo muy guay…

Y luego está la poderosa influencia de la música… Que esa es otra también fantástica. ¡La música! !Qué sería este mundo sin la música, señores míos! Yo, que tengo el privilegio de tener un sueño tan ligero, de esos que se desvelan con una mosca asmática, me apasionan las noches de festival. Cuando llega el festival de mocos, mi cuerpo se tensiona… Me pide marcha… Empieza el concierto de sonidos, ronquidos, silbidos… Esos ritmos sincopados que se superponen unos a otros, taladrándome el oído, y que me tienen ahí toda la noche, a ritmo pelao, dándome palmaditas en las pantorrillas, tikití tikití tikití… Disfrutando como un enano y siguiendo la ola… ¡Para un friki de la percusión como yo, esas noches en vela son grandiosas! Mis dos chicas currándose una performans ahí a dúo, dándolo todo y poniendo toda la carne en el asador en la interpretación. ¡Mira, mira…! ¡¡Los pelos como escarpias, se me están poniendo, de solo pensarlo, tú…!! El colecho es puro groove. Maravilloso.

yo, en la cama, con un pie en la cara

Bueno, no os doy más la chapa. Lo dicho, que vamos, el colecho… Lo más. Lo más de lo más. Yo, ahí… A muerte con el colecho. Me encanta. Estoy enamorado, en serio. Fíjate, que hasta cuando suena la flauta y pillo un rincón de sofá en una siesta… ¡Oye! ¡Que me tengo que ir a por un Nenuco, para ponérmelo así bien acurrucado en el costillar! Que si no… como que no me llena a mí, la siesta; como que me falta algo, ¿sabes? Me queda un resquemor a la que me levanto, si no lo tengo, así como quemmm… mmmñééé. Ya sabes, ¿no?

Y lo mejor es que, ahora, a la que venga el bebé, con la cuna de colecho, ya va a ser la FIESTA TOTAL. ¡Me encanta mi familia!

Soy un afortunado, realmente. Y tú también. Y lo sabes. Tú me entiendes. Porque también sabes lo mucho que mola…

…El COLECHO.

 

 


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Para el resto de tu vida, y más allá

NIVEL A – SUPERVIVENCIA DIARIA

Madrugas. Te vas apañando rápido con tus cosas, y despiertas a la prole. ¿Leche? Puesta… ¿Tostadas, galletas? En la mesa… -“¡Veeeenga, espabilad, que se os pegan las sábanas…!”- Su ropa, colocada. Muda preparada. ¿Apaños para el bocata del recreo? Vale. Los tienes, así que al lío, mientras uno devora y el otro sigue moscas con la mirada… Las dichosas zapatillas; -“Dame que te peine esos malos pelos, ¡y tú ve llamando el ascensor mientras cogemos el carrito, y zumbando para el cole…! ¿Se me olvida algo? Bueno, da igual…”-

5 pm. A por los enanos al cole. Un poco de parque; quizás alguna extraescolar. Vas a aprovechar a acercarte a la frutería, que no os quedan mandarinas y ya de paso miras algo para cenar en la pescadería, y ellos mientras, como ya hace frío, suben a casa. Llegas; recoges la compra. -“Tú baño, yo cena, va…”-. El reloj y un bendito jaleo deciden jurarse amor eterno, y para cuando te quieres dar cuenta estás con el dientes-pijama-y-a-la-cama, y el cuento que habéis pillado de la biblioteca, bajo tu brazo. -“Hoy no quieres ese, y quieres el tostón de princesas rosas de siempre… Bueno, da igual…”-

Bendito silencio, solamente roto por algún cabezazo furtivo de sofá… cuando alguno os lo podéis permitir. Recoges la cocina, hecha un asquito, que ahora tienes que prepararte la comida de mañana y plancharte ese pantalón, venga. Bueno, de eso pasas; total, no está tan supremamente arrugado. Prefieres ducharte. O mejor, mañana cuando te levantes… ¡Sí,  eso! Que hoy no hay cuerpo ya. Y la oscuridad conquista de nuevo tus párpados, haciendo inútiles los duros esfuerzos que tus manos hacen por sostener ese libro que cae irremediablemente a plomo entre los pliegues de las sábanas. -“Así no lo acabaré en la vida… Bueno, da igualzzzz… zzz…”-

NIVEL B – MUNDANO SEMANAL

Echas mano del bote de los bolis; al quinto que pruebas das con el bueno, con el que pinta. El post-it de papel se va llenando con palabras precedidas de guiones: – Suavizante – Latas – 18 litros de leche – Pasta de dientes – Huevos – Pan de molde – ¡Bolsas de la aspiradora! ¡Muy importante! -“¿Qué más…? ¡Jabón Lagarto, eso…!”- Papel del Walter – Limones – Champú Baby Care Jarenagüer, que está de oferta… -“¿Llevo pasta fresca, o mejor compro masa de hojaldre…? Bueno, da igual…”-

En el chino de al lado resulta que no tienen esa Goma Eva del color que necesitas para la tarea del cole. Este finde toca con los abuelos el sábado, pero tendrá que ser breve, porque hay que preparar el disfraz para la fiesta de cumple de Pepín, que es el domingo, ya que el viernes tarde ya lo tendrás echado porque hay que cortarle ese flequillo que ya parece una cortina. -“¿Sólo tienes hueco para las 6:30, hijamía…? Bueno, da igual…”-

NIVEL C – MENSUALMENTE PLAUSIBLE

Te echas las manos a la cabeza… -“¡Este mes toca el numerito del coche, ITV, IBI, y la cita con el dentista, más tres cumpleaños y una boda! ¡Cojonudo!”- A la vez que abres la web virtual de tu banco, en otra pestaña andas revisando el número del sorteo de los ciegos de anoche. -“¡Perra suerte…! Bueno, da igual…”-

El plan del finde que viene es salir de tiendas, porque los enanos no entran ya en esos pantalones y tienen las zapas con medio dedo por fuera, casi. Ellos crecen por momentos, y no, no esperan a las rebajas. Además, ese abrigo está hecho un asco, ya de paso. -“El mío también, así que lo mismo podría… No sé… …Bueno, da igual…”-

NIVEL D – TRIMESTRALMENTE PILLADO

O pillas ese vuelo ya, o sabes que lo vas a lamentar. Y más te vale reservar ese apartamento, porque sabes que luego vuelan. Que los descuentos, multiplicados por toda la panda, es un buen pico, a lo tonto. Aquella cena con ex compañeros para fin de año va sin novedades, y por fin has renovado en el último momento las clases de pintura para el resto del trimestre, así que lo del enano está cubierto por ese lado. Y como has domiciliado por fin, lo de la natación, es otro quebradero menos de cabeza. -“Para febrero o marzo, deberíamos gastar ese finde romántico de regalo, ¿no? Aunque lo mismo en mayo lo aprovechamos mejor, que hará mejor tiempo… O para junio, quizás. …Bueno, da igual.”-

NIVEL E – ANUALMENTE COMPRENSIBLE

Entras en su habitación y ves que algo no cuadra. Todo parece pequeño, y caes en que antes o después habrá que cambiarles la cama; que ponerles una mesa de estudio y quitar la lámpara de nubecillas de colorines y poner flexos más funcionales. En el coche ya no cabéis y este es el verano en que volarán libres de vuestras alas en su primera quincena por ahí, de campamento. -“O a lo mejor al mayor lo mandamos al extranjero, jeje… Bueno, da igual…”-

 

Todo esto son ejemplos sencillos en que bien o mal podemos vernos reflejados cada uno de nosotros en un momento dado, supongo. Estados diversos en los que estructuramos nuestra vida, en función de las necesidades que nos arrojamos, de cara a nuestros hijos y nuestra familia, expuestos en orden de “prioridad”. Pero he encontrado un nivel más… Un nivel más profundo, un nivel que va más allá…

NIVEL F – PARA TODA LA VIDA

¿Estás haciendo algo para asegurar su futuro? ¿Tienes asegurado el sustento de tu familia para los próximos… X años? ¿Tiene tu familia la capacidad de seguir adelante, si algún día te ocurriera algún tipo de problema? ¿Qué sucedería con los críos si se produce una ruptura entre tu madre (o pareja) y tú? ¿En qué situación os quedaríais cada uno? ¿Y en qué situación se quedarían vuestros pequeños, si alguna vez les faltasen sus padres el día de mañana, y siguen siendo menores de edad…?

-“…Bueno… DA IGUAL”-

…¿¿Da igual?? Pues igual no. A lo mejor, NO da igual. A lo mejor, tus tareas cotidianas, las más inmediatas, te tienen tan comprensiblemente centrado y ocupado, o centrada y ocupada, que no te paras a pensar en lo primero en lo que pensaste cuando quisiste traer un bebé a este mundo:

-“YA NO HAY VUELTA ATRÁS. ES UN BEBÉ. Y VA A SER MI HIJO O MI HIJA… PARA SIEMPRE”-

yo, con cara de estar pensando cosas serias.

Porque a lo mejor… (y esto ya es un criterio personal), deberíamos pensar no solamente en lo inmediato, en lo que toca ya… Esta tarde; esta noche. O mañana, o en esta semana o en este mes. En ir sorteando los baches más inmediatos que se nos presentan, y ya está, vaya. Quizás, como padres supuestamente responsables, deberíamos tener siempre presente que el regalo que decidimos hacer a este mundo, ese acto de amor encarnado, que es nuestro hijo o hija, requiere por nuestra parte el hacer unos deberes que no siempre son agradables de hacer, o sobre los que pensar. De esos que nos dan pereza vital. De esos que parece que son eternamente aplazables, porque uno nunca ve el momento de ponerse con… aquello; con los reyes del… -“Sí; debería…”-

Abrir un fondo para los futuros estudios de los hijos. O revisar o crearte un buen seguro de vida que permita a tu familia quedar bien cubiertos, quizás…

Jamás, cuando era más joven, pensé o me planteé la idea de que alguna vez haría testamento.

Pues bien… La semana pasada, con 38 años, lo hice. Lo hicimos. Churri y yo. Y me sentí… extrañamente bien.

Porque las cosas… pasan. Un accidente de tráfico, o laboral. Una enfermedad fulminante. Un atropello. El tarado de turno con una bomba; o simplemente con una navaja bajo la mano y un mono de caballo bajo el pecho. Una maceta perdida de una cornisa en un día de viento…

Esa, esa es la lotería que nadie quiere, pero que estamos hartos de ver en la tele o por el barrio, que también va tocando por ahí… Y cuando eres consciente y sumas el “que eso también te puede pasar a ti”, con “el ahora que tienes bocas pequeñas a tu cargo”, el resultado hace que la película cambie totalmente.

Porque efectivamente, ejercitar la paternidad de una manera seria e implicada, trae consigo el hecho de que te convertirás de la noche a la mañana en alguien que ya está mirando más allá de su propio obligo, y más allá del día de hoy. “Cuidado”, “previsión”, “responsabilidad”, “planificación”, “regularización”, “estabilidad”, “seguridad”… Palabras que podrían provocar una buena urticaria en un atolondrado adolescente, empiezan sin embargo a resonar poco a poco como un martillo en la cabeza de ese adulto auténtico en que te has convertido de un plumazo cuando tienes un crío.

Porque tener hijos va más allá de cambiar un pañal o dos. Va más allá de si le doy seis galletas Chiquilín, o rebanada y media de pan de molde con mantequilla y mermelada de ciruela. Va más allá de si le compro el patinete o si le llevo a trotar por las peñas del monte del pueblo de al lado. Va más allá de si hago la lista de la compra para toda la semana, o le renuevo el armario para la temporada de invierno, porque lo del año anterior ya le quedó pequeño…

Tener hijos es un plan a ejecutar para el resto de tu vida… y más allá. Es como una lata de sardinas que, una vez abierta, ya no puedes volver a cerrar. Y es algo en lo que deberás trabajar, más allá de los niveles A, B, C o D, también a medio, y también a largo plazo. A larguííííísimo plazo. Tan largo será el plazo, que si haces las cosas como deberías, seguramente sigas interviniendo en este juego aunque ya estés fuera del tablero. ¿Has pensado en una mínima estabilidad económica eventual para un futuro? ¿En el mejor tutor legal posible acorde a vuestros deseos y expectativas…?

Porque a veces, hay deberes que NOS TOCA hacer, por incómodos, ásperos, coñazos o tabúes que nos resulten. Porque a veces… solamente, a veces, las cosas NO deberían darnos igual. Hay “daiguales” que quizás no nos deberíamos permitir aplazar eternamente. ¿No es así…? O eso creo, actualmente.

Así que, dime… ¿Tienes los deberes hechos, o también eres de los de…”-Bueno… Ya lo haremos, que DA IGUAL”-.


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Mascotas

Siempre me ha maravillado la capacidad que tienen los docentes (algunos, al menos…) en lo que a generar entusiasmo e ilusión se refiere en sus pequeños pupilos. Es algo fantástico y realmente digno de admiración.

En el cole de la niña, han empezado el curso trabajando con un proyecto sobre dinosaurios. ¿Y por qué dinosaurios? Pues no lo sé. Igual podría haber sido sobre alienígenas. O sobre tetrabricks. ¿Qué mas da? Realmente tampoco me importa. De hecho, prefiero los dinosaurios a muchas otras cosas. ¡Me encantan los dinos!

Pues veréis. Resulta que en la clase, como en muchas otras clases de este mundo mundial, los enanos tienen una mascota; una mascota de clase. Hasta ahí, todo normal, ¿verdad? Pero esta no es una mascota cualquiera, y es por eso que hay dos cosas que me encantan flipan de esta mascota en particular:

  • Lo primero: la mascota… ¡¡Es un dinosaurio!! Como no podía ser de otra manera. Y no uno cualquiera… ¡¡¡Un auténtico Tyrannosaurus-Rex!!! ¿No es grandioso? Podría ser un divertido y anodino Triceratops herbívoro, o un complaciente y aburrido Apatosaurus cuellilargo… ¡Pero no! En un auténtico, feroz y formidable T-Rex. Y lo mejor de todo, es que el amigo se llama… ¡¡Felipe!! ¡Sí, sí… en serio! Felipe, como el Borbón. Todo cobra sentido. Es un rey, el rey de los dinosaurios. Así que el nombre le queda que ni pintado.
  • Y lo segundo…: su tamaño. ¡Es un bicharraco bieeeen grande. ¡En serio! Es la mitad de mi hija, por lo menos… Y pesa. Algunos diréis: -“Qué coñazo para los niños, ¿no…?”- Pues sí, quizás sí, ese pequeño punto no lo negaré, voto a tal. Pero ya que te traes un bicho a casa… ¡¡Por Crom, qué menos que sea algo más grande que las pelusas que merodean por debajo del sofá…!! ¿No…? Digo yo… Y si es un Tyrano, qué menos que imponga un poco… Para un titán carnívoro, un voraz depredador, el tamaño SÍ debería importar…

Un T-Rex es la mascota de la clase

El caso es que la niña salió el viernes del cole con su mascota bajo el brazo y en pleno subidón. Y es que, como digo, este tipo de acciones, generan todo un torrente de hype (que dicen ahora los modernillos) entre la chiquillería, ya que cada semana es un compañero el que se lleva al bicho a casa, para cuidarle, mimarle y achucharle mucho durante tooooodo un largo finde. Y este finde, por fin, tras unas cuantas largas semanas de espera, ¡nos ha tocado llevarnos a Felipín a casa!

Y aquí es donde entra el papel de los padres. ¿Qué se hace con esto? ¿Qué hacemos? Pues nosotros, lo hemos pasado muy bien. Hemos arañado, hemos corrido, hemos acosado a indefensas presas, hemos mordido, hemos salido a tomar el aire y a conocer al resto de la familia, hemos peleado con el gato por la supremacía del sofá… Quizás para otros padres, el tener que cargar con semejante bicho durante un finde entero, maldita la gracia que les haga. Lo sé, y me hago cargo. Me consta, de hecho. Pero como todo en esta vida, las cosas hay que tomárselas dependiendo del punto de vista con que las miremos. Puede resultar un trasto… O puedes tratar de sacarle partido… ¿Verdad? Porque para algo, tu hija lleva muchas semanas esperando ESTE momento. Y solamente por eso, ya merece que le hagamos un poco de caso al bicho.

Para mí, ha sido todo un auténtico puntazo poder disfrutar de este pedazo de muñeco, de Felipe. He hecho mía la ilusión de la niña por tenerlo, y a lo mejor, gracias a eso, el bueno de Felipe no ha quedado aparcado en un rincón de casa, olvidado durante dos días tras el subidón inicial. Tal podría haber sido el caso, pero no… Un poco de humor y una pizca de interés, sigue siendo un cóctel que hace milagros. 

Y he aquí que gracias a lo fotogénico que es, hemos sacado un buen partido de aquí mi nuevo amigo escamoso, y me he tirado mayormente el domingo, espameando de lo lindo con él a través del tuiter. Y ha sido muyyyy divertido. ¡Gracias mil a todos y cada uno que de alguna forma, habéis hecho un guiño prehistórico por aquí…! Estas, si las queréis repasar, son las huellas que esta bestia jurásica ha ido dejando como rastro, a lo largo de este finde…

Te echaremos de menos en casa, oh, Felipe, Rex de reyes. Mañana será otra semana, y partirás de nuevo hacia otros hogares. Pero espero que recuerdes la experiencia de este fin de semana. O quizás no… Estas cosas mundanas seguramente estén más allá del interés de un regio ilustre como tú. En cualquier caso, ha sido un placer disfrutar de tu compañía, y sabes que nuestro territorio siempre será tu territorio. Fuiste una genial mascota por un par de días, y siempre te recordaremos.

Gracias a la profe, por tener una mascota tan genial. Mi querida Lechona te lo agradece. Y nosotros, sus padres, también.

Nunca cambies, Felipe. Te queremos.

Y sigue disfrutando, poderoso. Tal es tu destino… 


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Cómo te recibieron los cielos

Te has hecho esperar, ¿eh, sobrina…?

Solamente ya por lo que ha tardado tu padre en encontrar a su pareja ideal; por lo que han tardado los astros en alinearse en conjunción cósmica para arrancar y llegar a ese punto de madurez exacto que uno necesita para cosechar ese paso… ¡Y aunque llegas con días de adelanto, también te has hecho muuuuucho de rogar a la hora de querer salir! ¡¡Vaya vaya, contigo…!!

Bueno, pues aquí está ya tu futuro tío favorito haciéndote un primer regalo, que tras una primera vez, ya pinta casi para tradición. Y es que, aquí tu tío, se pasa la mitad del día en las nubes; en los cielos, como los pájarillos. Y por tanto, he vuelto a pensar, qué mejor que regalarte unas primeras instantáneas de cómo ha recibido tu llegada nuestro mundo, que ahora ya es también, por derecho de nacimiento, desde hoy y para siempre, TU MUNDO.

Son un detalle. Apenas una imagen. Un instante fugaz. Pero capturados para siempre, para la posteridad. Y PARA TI. Son la secuencia de cómo te recibieron los cielos, mi querida niña… La noche, el amanecer y la primera puesta de sol del día que naciste, de tus primeros instantes de existencia. Déjame que te lo cuente. Déjame que te lo enseñe…

 

En la noche del día en que naciste, la luna asomaba clara, pero perfilada. Delgadita. Finita y delicada, como puedes apreciarla precisamente en esos únicos días del mes en que justo por eso, por estar así, nos ofrece la mejor de sus sonrisas; esas que van de oreja a oreja. Como queriendo anunciar de esta manera que algo hermoso estaba a punto de llegar a este mundo…

Noche cerrada y luna de fondo

La mañana salió clara, de típico día que promete soleado y totalmente despejado. El sol, asomando alegre, con todo su calorcito y toda su energía, fuerza y esplendor, ofreciéndonos sus primeros rayos. Luz nueva, para estrenar un día en que te estrenarás como personita. El inmenso azul teñido de los primeros naranjas del alba, toooooooodo para ti.

No se me ocurre una mañana más bonita para venir a presentarte a este mundo. Y remontando la jornada, fue sobre el mediodía, cuando el sol estaba bien arriba, cuando decidiste, después de día y medio, por fin, salir a probar el sabor de tu primera bocanada de aire fresco.

El amanecer de tu primer día

Agotada, agotados tú y tus padres, terminando la jornada, el cielo de tu primer día con nosotros, del día en que naciste, se dignó a ofrecerte, rindiéndote pleitesía, un primer homenaje en forma de una preciosa puesta de sol. 

Tu primer atardecer

Así fue como lucieron los cielos en el día en que llegaste, querida M. Un día, simplemente perfecto. Maravilloso. Un precioso día de otoño. Un precioso 28 de septiembre para el recuerdo. No se puede pedir más.

Este es mi primer regalo que te ofrezco, mi pequeña sobrina: el día que naciste, capturado para siempre. PARA TI.

Todavía no te he visto, y ya te quiero un montón, pequeña…

¡¡BIENVENIDA!!