Y yo con estas barbas

Relatos sobre mis experiencias y expectativas como padre novato


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Una semana realmente amarga…

¡Qué caprichosa es esta vida! La vida en general…

Regreso a esta humilde ventana virtual, tras un mes entre tinieblas, y desde luego no lo hago en la forma en que yo había planeado hacerlo. Quién me lo diría… Y cómo cambia el cuento. Por eso este post está estructurado en… dos partes.

Veréis. Hace poco más de un mes, andaba yo de buenas, planeando, teniendo en mente mis cosillas sobre qué hacer y cómo hacer, respecto a la celebración del primer aniversario, de esta, mi pequeña página personal… Vuestra página, la de todos aquellos que milagrosamente asomáis vuestros ojillos inquietos por aquí alguna vez… La página de mi querida niña, en definitiva: mi querida Lechona.

¡Un año, ya! Todavía me parece una pasada, para alguien tan (y un año después sigo igual…) tecnolerdo, y a la vez tan inquieto como inconsistente como yo, haber sido capaz de aguantar con este experimento tan personal, durante tanto tiempo. Y la verdad es que ha sido una pasada; algo increíble. ¡En serio! Me sigue pareciendo un pequeño milagro… Y el caso es ese… Que tenía planesIdeas. Puede que algún sorteo, hacer alguna entrada con algunas ilustraciones molonas, y muchas otras cosas que siguen en el tintero… Muchas cosas. Venía de un mes más o menos bueno, de publicar de nuevo con una cierta regularidad de al menos un post a la semana… Estaba un poco on faier, por así decirlo.  Sabéis de lo que hablo.

Y, de repente… Llega la semana en cuestión, y soy yo el que no llego. Líos… No me viene bien… No encuentro huecos… Lo de siempre. Llego a fin de marzo, y el día del aniversario del blog, sigo mudo. -“Bueno… No pasa nada… Que no panda el cúnico. Al fin y al cabo, hacer las cosas con retraso es la Marca Registrada ® de este sitio… No vayamos a ponernos exquisitos y empezar ahora a hacer las cosas bien, ¡por favor…!”-.

Pero luego la Santísima Semana llega llamando a grito pelao a la puerta. Y ya en ello, ando corroborando que las vacaciones no le sientan nada bien a este blog… Y los días pasan. Y de repente, me doy cuenta de que, en el cuerpo a cuerpo nocturno del remanso en que se convierte nuestra Morada, poco a poco la cama va ganádole la batalla a los puntos al teclado, por las noches. Sin darme cuenta, parece que me he hecho un poco más viejo, y como que necesito dormir más. Y de repente, quedarme hasta las mil delante de la pantalla ya no me parece tan planazo, que mañana es día de escuela. -“Bueno… A lo mejor mañana, si no me dejo atrapar por el sofá y lo cuadro bien…”- Pero los mañanas siguen pasando, y el calendario me avisa que hay un agujero enorme, lleno de un inmenso vacío. Un vacío que al verlo me eriza el pelo y me pone sobre alerta, porque comienza a asustar. Y aquí sigo, y no alcanzo todavía a adivinar de dónde vienen las hostias y por qué de repente al bonito globo le da por pincharse así por las buenas, y cuando al señorito le viene bien desinflarse.

Así que aquí estoy… Si no quiero que la cosa se me vaya de madre, tengo que agarrarme los machos, plantar el culo en la silla y volver al pequeño asidero de buen rollito, que normalmente significa esta pequeña pantalla llena de letras, monigotes y sentimientos. Al fin y al cabo, aunque hoy no lo haga por mí, lo hago por mi peque, y ella sí que lo vale. Y eso me ayuda.

Yo debería haber contado aquí con ínfulas, petardos, algarabías, fuegos de artificio y confetis varios lanzados por todo lo alto, un maravilloso resumen de lo que este blog ha dado de sí a lo lago del año: más de 11.000 visitas… Cruzando la barrera justo de los 100 seguidores (y todos ellos ganados a pulso vía blog casi en exclusiva, ya que al no tener todavía, no comparto nunca nada en redes sociales -verdadera vía principal de captación de clientes de un blog-, lo cual creo que le da cierto mérito al asunto para lo irregular que soy publicando)… Gentes que nos visitan desde muchas partes del globo… Quería agradecer a todos y cada uno de los que alguna vez pasaron por aquí y vieron algo de interés en ello… Juraros además amor y gratitud eternas al buen puñado de buenísimas gentes que además, vuelven, y repiten, post tras post… ¡¡Y ya encima, a los que me comentan, verdadera alma de este sitio… ni os imagináis!! Sois como una lotería premiada en forma de frases. Bueno… Todas estas cosas.

Y quizás lo haga y os las cuente en bonito otro día… O puede que a lo mejor, no. Al fin y al cabo, hay cosas que, a toro pasado, ni siquiera tiene gracia aun cuando las cuentas tarde.

Y así me veo ahora… Escribiendo esta noche, obligado en parte, porque ni siquiera es de esto de lo que tenía pensado ponerme a escribir. Es una vuelta obligada, en cierto modo, como digo… Y amarga. Muy… muy amarga. Lo que debería haber sido un post de celebración, se torna por circunstancias, un post de reflexión, como tantos otros antes. Un post de recuerdo.

El miércoles, me entero de que una tía mía, está muy grave; en casa, pero muy grave.

Ayer, ya se nos fue. Y no me he podido despedir de ella. Hacía demasiado tiempo que no la veía, es cierto. Pero era mi tía. Y no he podido ni acudir a su entierro. No he podido ver a mi tío. No he podido ver a mis primas.

Esta mañana, por una de estas cosas del purísimo azar… Descubro con horror, ya que yo no me había enterado, gracias a una compañera del trabajo, que un amigo lejano en el tiempo, un chaval al que conocí, con el que compartí experiencias, un viaje increíble, un tío majísimo, de los de verdad… que nos lo han matado a tiros en Brasil una pareja de jovenzuelos descerebrados, de la más absurda de las formas. Nos lo han matado, a su familia; a sus amigos, a mí… A ti. A todo el mundo. Porque este chico era un auténtico Patrimonio de la Humanidad. Las condolencias y muestras de cariño que me comentan han ido llegando desde los rincones más insospechados de todo el mundo así me lo demuestran. Hugo Calavia. Le exprimiste el jugo a la vida como pocos. Descansa en paz, amigo.

Con este panorama, hoy me ha dado por pensar: ¡qué caprichosa es esta vida! Un día piensas que estás en la cima, que tienes cosas que celebrar (un aniversario de blog), y al día siguiente estás en el pozo. Así, sin comerlo ni beberlo. Te viene el bajón. No te apetece escribir. Y de repente, te encuentras un mes después amarrado a las teclas y escribiendo un post como este, desde las entrañas.

¿Cómo vivir con la certeza de que no tienes el control de tu vida? De que hagas lo que hagas, por mucho que planifiques, por mucho que te lo propongas, el destino puede arrojar sobre ti en cualquier momento, una maceta perdida sobre tu cabeza… Y no solamente es tu vida… Es la de tus hijos. La de la gente a la que quieres y de la que te rodeas. ¿Cómo protegerlos? ¿Qué hacer contra eso?

-“Haces lo que puedes…”-, te dices. Te autojustificas. Y supongo que así debe ser… cuando a uno le da por pensar en estas cosas. Te desvives por ofrecer lo mejor, y un día, sin venir a cuento, el destino se presenta en tu casa, sin llamar antes, sin invitación, calzando chanclas raídas, para contarte que estabas en medio de una partida, y que… ¡¡¡ohhhh… vaya!!!, resulta que estabas jugando con las cartas perdedoras. Y tu vida cambia para siempre de un plumazo. Puede ser un cáncer… Puede ser un navajazo… Puede ser un imprudente despistado cabalgando por ese paso de peatones con el semáforo cerrado al que no estabas atendiendo… Puede ser esa judía mal cocida que se te atraviesa en la tráquea o esa cuerda que se rompe cuando vas escalando aquel saliente. Puede ser esa estufa mal apagada… Puede ser un malnacido con un bidón de gasolina y una colilla… o con un fusil de asalto. O puede ser una maceta perdida. Simplemente puedes estar en el momento inadecuado en el sitio inoportuno.

Sin duda uno quiere siempre lo mejor. Pero a veces con eso no basta. Es duro asimilar algo, ¿sabes…? Saber que por mucho que lo intentes, no lo vas a conseguir. Hay cosas que no puedes controlar. No existe lo mejor… Simplemente, porque lo mejor, en términos absolutos, no está en tu mano. No está en la mano de nadie. En todo caso… será un lo mejor… dentro de lo que hay. Por mucho dinero que tengas… Por muy sonoro que sea tu apellido… El destino, si tus cartas están marcadas, nos puede pillar a todos por igual. Y eso es una certeza, a veces dura y terrible de asimilar. Por eso pensamos poco en ello, porque en ello nos puede ir hasta la propia cordura. Desgracias hay todos los días y en todas partes, pero apenas somos conscientes de verdad nada más cuando nos salpican de cerca.

¿Qué puede hacer uno para evitar el infortunio? ¿Cómo protegernos? ¿Cómo protegerles? ¡Es tan desesperante pensar en que toda una vida de esfuerzos, en todo ese gasto y tesón que empeñamos, que ofrecemos, que vertemos a nuestro paso… pueda venirse al traste y hundirse en la miseria en apenas un parpadeo! ¡¡Taaaannnn desesperante…!! ¿¿¿Qué hacer, por Dios…???

Pues seguramente… nada. Intentar vivir la vida como quieres vivirla; como si cada día pudiera ser el último, supongo. Y darle un abrazo enorme a mi bebé en su cuna esta noche, y decirle y escribirle que su padre la quiere con locura.

Me vais a perdonar, pero hoy no me apetece dibujar.

Descansa en paz, tía.

Descansa en paz, Hugo.


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#papiconcilia… en el Día del Padre

Pasamos el ecuador de este mes de marzo, y nos asomamos viento en popa y a toda vela al primer aniversario de este blog. ¡Quién me lo hubiera dicho, que casi un año después, este experimento tan personal todavía seguiría vivito y coleando! Y como aperitivo a tan magno, fantabuloso y milagroso evento, vengo con un post de esos de los que uno debe sentirse especialmente orgulloso: un post importante para asomarnos a una fecha importante.

Acaba de salir esta misma semana, apenas hace un par de días, la SEGUNDA EDICIÓN, con nuevos testimonios, DEL LIBRO #PAPICONCILIA. Y, por uno de esos misteriosos azares del destino… ¡¡Tengo presencia en él!! OUH MAIIIIII GODDD! ¡¡Un testimonio del MENDA…!!

Para quién no lo conozca todavía, #papiconcilia es parte de un movimiento social, coordinado con esfuerzo e ilusión por la periodista Usúe Madinaveitia, impulsora a su vez del anterior y original #mamiconcilia, en el que se recopilan las experiencias de madres (y padres) en relación a lo que se conoce como conciliación laboral. Cito:

“El libro #papiconcilia incluye historias de padres que quieren ser actores y no espectadores, padres que piensan y sobre todo sienten que a los hijos hay que dedicarles tiempo y darles amor, padres que se implican de forma corresponsable tanto en la crianza de los hijos como en las tareas del hogar. #papiconcilia es un libro que no te dejará indiferente.”

Pues ahí lo tenéis. Realmente, este sí que me parece un bonito acontecimiento que celebrar, ¿no creéis? Al menos yo sí lo veo así. En lo personal, precisamente mi pequeño testimonio en este libro, podría decirse que ha supuesto un ligero cambio de rumbo en mi vida. Un cambio… espero que para mejor, claro. Gracias a la existencia de esta modesta pero muy ambiciosa iniciativa, he encontrado la motivación, la inspiración y el impulso para intentar arañarle un par de horas más al día. Horas destinadas a poder pasar más tiempo con mi pequeña y preciosa Lechona.

Porque el modelo paterno actual ya no contempla el simplemente ser una figura que se dedique en exclusiva a “proveer y proteger”, obviando todo lo demás. Porque los padres del siglo XXI, buscamos nuestro propio hueco, y nos sentimos parte necesaria y activa, más que nunca, de la realidad cotidiana que supone la crianza de nuestros hijos. Porque queremos ser padres 24/7, y no solamente padres de viernes a domingo. Porque ser padres hoy día debería ir mucho, mucho más allá de… engendrar y soltar pasta en un sobre a principios de cada mes.

Por eso es tan importante este post. Estos días la blogosfera bulle de post-homenajes a la figura de los padres, y me parece genial. Está muy bien eso de tener nuestros minutitos de gloria, al menos una vez al año. Llevo una eternidad sin celebrar para nada un evento como el Día del Padre, pero desde el año pasado, sigo viéndolo con los mismos ojos… pero oye, como que hay otro puntillo en el aire.

Y el caso es que hoy, con esta entrada también quiero reivindicarme un poco; reivindicar a los padres; de ayer, de siempre, pero sobretodo, de hoy; reivindicarme como padre y sacar a pasear mi lado más ególatra con ello.

Y precisamente por eso, yo no voy hoy aquí a cantaros mis comeduras de tarro, ni mis meteduras de pata, ni mis inseguridades, ni mis miserias al respecto. Para eso, ya voy dejando pinceladas suficientes por esta santa casa cada vez que tengo un rato para darle a la tecla, y vosotros, sufridos y amables lectores, sacáis un hueco para leerlas o descifrarlas. Y además, ¿para qué? ¿De qué me serviría autoflagelarme un día como hoy? ¡Si de sobra sabemos que no existe la figura del padre perfecto! ¿Qué me aporta el ahondar en los mil y un fallos con los que me visto cada día, desde los pies hasta el gorro? ¿Qué sacaría en claro en restregaros que no sé ni qué vacuna le han puesto hoy a mi niña? Que no le he hecho ni puñetero caso jamás al menú equilibrado de cenas que nos propone la escuela infantil… Que me puedo tirar semanas sin leer el cuaderno de notas de la escuela, ni saber qué han hecho en la clase a lo largo de toda la semana… ¡Pero si tenía un proyecto de escribir la vida de mi bebé desde el principio (este blog), y ya arrancó más de seis meses tarde, por favor…!

No, no, no… Todo eso ya lo dejo para el resto del año. Hoy es nuestro día. Hoy quiero hacer otra cosa; quiero intentar algo diferente. Quiero hacer justamente todo lo contrario. Hoy quiero reivindicarme. Quiero… necesito, echarme algunas flores y romper una lanza ensalzando la labor que con mucho esfuerzo venimos haciendo muchos padres en estos últimos años. Quiero decirme a mi querida niña que su padre será todo lo zote y lo petardo y lo gañán y lo parado que sea…; pero que, por contra, se lo está currando. O lo está intentando, al menos. Y el ejemplo de #papiconcilia con el que empezaba, es una muestra perfecta de ello.

 

Segunda edición de #papiconcilia

 

Si analizamos el paradigma de lo que era, significaba e implicaba ser padre hasta hace bien pocas décadas, parece que la cosa ha cambiado un mundo. (Igual no ha cambiado tanto, y es mi percepción, vale); pero cambiar, es innegable que algo ha cambiado. Las cosas ya no son como antes, y eso es fácil apreciarlo. ¿En qué me diferencio, de un padre… digamos… del siglo XIX? O de mitad del siglo XX, por avanzar un poco más… Pues en que, poniendo varios ejemplos rapidos:

# Yo le compro ROPA a mi bebé. (De vez en cuando… vale)

# Acudo a reuniones de la escuela infantil para temas TAN FASCINANTES como… ¡Empezar a mear en un orinal!

# La peino y repeino cada vez que la saco después del baño. Con su secador, como está mandado. Y a veces, hasta le pongo horquillitas o kikis. Por cierto…

# …La baño. Obviamente.

# Por supuesto, el #1 del padre moderno: limpio culos, cambio pañales y lavo a mano sus bodis, toallas y demás ropa llena de cagarros radiactivos vomitivos, con jabón Lagarto. ¡Y a veces, hasta logro dejarlo blanco! Eso, y lo que haga falta.

# Canto nanas (por llamarlo de alguna manera) y cuento cuentos. Y no solamente antes de dormir.

# La llevo a la biblioteca del barrio para que descubra nuevos mundos. (Por si tuviera poco con el suyo…). Y también al médico.

# ¡La enseño cosas maravillosas! A moverse… A hablar… A comer… A silbar como los mirlos…

# Juego con ella. En todas partes: en casa, en el parque… Donde sea y cuando sea.

# Me desvelo para atenderla cada madrugada. Cada vez que se menea, ahí estoy yo de un brinco…

# He hecho cosas como apuntarme a talleres de primeros auxilios, sobre infecciones respiratorias infantiles, o sobre cocina, para sentirme más preparado.

# He leído sobre crianza: libros, revistas, artículos. No paro de mirar cosas en cuanto puedo.

# Aunque tarde, como apuntaba antes… ¡Pero estoy, y sigo, registrando su vida, en un blog, para poder atesorar aquí todos estos maravillosos recuerdos y anécdotas que van conformando su día a día! Y que de no ser así, se perderían irremediablemente, como lágrimas en la lluvia. Para siempre.

# Y que, gracias a que he dado un paso al frente en esa dirección, voy a poder pasar más tiempo a diario con ella, previa renuncia a parte de mi sueldo, mediante reducción de jornada en el trabajo, con los inconvenientes y las pérdidas de tantas cosas que eso supone.

Y podría seguir. Hace tiempo escribí sobre las cosas que no había hecho durante mi primer año como padre. Pues bien, este podría ser la contrapartida: todas esas cosas de arriba son cosas QUE HE HECHO COMO PADRE, en el año y medio que llevo siendo tal. En este punto, me imagino que el 100% de las mamás que estaréis leyendo esto (y la mayoría de las no mamás también), estaréis a la vez exclamando: -“¡Pero bueno…! ¡Soberana gilipollez, el tío este…! Suelta estas cosas como si fuera una especie de hito, como comenzar la Transpirenaica con una bici pinchada… ¡¡Si eso es lo que venimos haciendo nosotras todos los días, y no nos ponemos ninguna medallita…!! ¡Si es que eso es nuestro pan de cada día!”-

¡¡Pues precisamente por eso…!! Que de siempre, todas estas cosas han recaído (y recaen todavía) sobre los hombros de las sufridas mamás. El hecho completo de la CRIANZA, ha caído toda la vida sobre la figura femenina… Desde que el homínido ancestral trepaba por los árboles, la madre se ha ocupado de criar a la camada, a la prole. (Además del propio vínculo especial que tenéis las mamás ya desde el punto de partida, que también hace lo suyo). Y el hombre, el padre… estaba, para otra cosa. ¿Cómo NO ser un padre imperfecto, pues? ¡¡Si nos lleváis toda la historia de la humanidad, de ventaja, en este tema!! Por eso hoy lo que trato es de sacar a relucir nuestros valores. Porque los defectos en este campo los traemos ya de serie… Pero en eso estamos, en ir aprendiendo. Seguimos haciéndolo como el culo en taaaaantas cosas… Pero lo que pretendía hoy es remarcar todas esas otras cosas en que vamos avanzando, en las que nos vamos poniendo las pilas. Nos cuesta… Unos vamos con las baratuchas de oferta y otros en cambio se han puesto ya las alcalinas del conejo. Pero ahí estamos, me gustaría decir que casi todos. O al menos, muchos. ¿Cuántos de los padres que acaban de leer estos puntos de arriba se han sentido identificados?

En fin… Todo esto último, desde luego, NO pretende ser una competición con vosotras, las madres, para ver quién es ahora quien lo hace mejor; se trata simplemente de encontrar NUESTRO PROPIO ESPACIO, el hueco que reivindicamos como nuestro en esa entidad que tratamos de crear todos juntos, llamada FAMILIA.  Y creo que nuestra generación trata, sin duda, de ir mucho más allá en el ámbito de la crianza de los hijos, de lo que llegaron a ir nuestros padres, en su mayoría.

Cada generación lidia con las circunstancias que les toca vivir en ese momento concreto de la historia en que viven. Seguramente, tanto en el siglo III como en el XVIII, los padres de aquellas épocas pensaban que lo hacían estupendamente. Pues vale. Yo, de momento, me siento bastante orgulloso y afortunado de vivir en la época en que me ha tocado vivir. Y por eso, desde aquí, hoy, víspera del Día del Padre, quiero reivindicarme como tal. Nuestro debería ser el derecho a poder equivocarnos, en interés siempre de evolucionar como padres y de mejorar en la crianza de nuestros hijos. La base de todo aprendizaje ha sido siempre el ensayo y el error. Nuestra es ya también y de igual manera, y no se atisba vuelta atrás en ello, la obligación y el deber de evolucionar, de tratar de ser mejores padres. Y con ello, mejores personas.

Y hoy quiero decir que muchos lo estamos intentando, como sabemos y como podemos. Y ahí estamos… Subiendo los peldaños que nos permitan ponernos algún día a vuestra altura en esta aparentemente infinita escalera, chicas.

Por eso es importante este post. Por eso es importante que disfrutes, difundas y compartas #papiconcilia y #mamiconcilia como puedas. Nos lo debemos… Todos.

¡Ahhh, por cierto! Y si eres padre… ¡FELICIDADES, CAMPEÓN! SEGURAMENTE LO ESTÁS HACIENDO COJONUDO.

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Para descargar GRATIS #papiconcilia: http://bit.ly/papiconcilia


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El adiós al chupete… (Round #2)

Retomo hoy el hilo de un post reciente, el del chupete, al que prometí dar continuación, así que aquí estamos de vuelta con el tema del sueño. No sé si segundas partes nunca fueron buenas, como en el cine (aunque ahí está El padrino II para demostrar lo contrario…), pero está claro que a veces son necesarias, aunque solamente sea para poder contar aquello de… -“Luke… ¡Yo soy tu padre…!”-, y dejarnos a todos lóquimers, quedándote más a gusto que un arbusto.

Empecé a escribirlo a la semana de publicar el anterior, pero como aquí somos como somos, en lugar de sacarlo a su debido tiempo… pues lo suelto mes y medio después. Ya me vais conociendo; me mola hacerme de rogar.

Tenía el hilo muy cogido, de lo poco que escribí anteriormente, pero el tiempo ha ido pasando, y ha ido ocurriendo un poco de todo, así que correré un tupido velo e intentaré resumir más o menos lo que hemos ido notando en casa respecto a cómo hemos ido llevando todos el tema del adiós al chupete.

Lo primero, es una reflexión personal: sigo teniendo mis reservas a la decisión que tomamos, de si realmente hicimos bien o no. Ahora bien, una vez tomada, apoyo total a tirar para adelante. Siempre se puede recular… De hecho, es lo lógico si realmente percibes que no se ha tomado una decisión correcta. Pero al igual que las monedas siempre tienen dos caras, con las decisiones pasa lo mismo, que una vez tomada una, careces de la información de qué hubiera pasado si no hubieras tomado esa decisión (a corto, medio o largo plazo), y hubieras optado por lo contrario. Es un arma de doble filo, por tanto. A toro pasado, siempre se ven las cosas de otra manera… (y no descubro Roma con esta frase).

Bueno… Apuntado esto, he de decir que el cambio principal que venimos notando, en general, es un cambio de rutinas de sueño, principalmente. La rutina de irse a la cama, ha cambiado por completo. Y en cierto sentido, he de decir que me gusta más. Aunque es bastante más coñazo. Más que de rutina de irse a la cama, debería decir, rutina de acostarse, o dormirse. Y no puedo evitar la sensación de pensar que parte de ese cambio, chupete culpable o no, viene dado también por el hecho, como decía en el último post, de que la peque está creciendo a toda máquina.

He aquí algunos resultados de todo este proceso:

# Ahora, lo normal es que participemos los dos, tanto Churri como yo, en el proceso de acostar a la Lechona, todos, o casi todos los días. Primero empieza uno de los dos, está un rato con ella aguantando los últimos zascandileos de actividad frenética repentina previa al coma profundo… Y acto seguido, el otro le da el relevo, y termina de darle la puntilla, aguantando hasta que la peque cae rendida por KO absoluto. (Tampoco es algo exagerado; hablamos de entre 5 o 10 minutos, si se da bien, o más tirando a 20 si se da reguleramente… Por ahí anda la cosa).

Aquí, entran ya todas las técnicas a nuestra disposición, para lograr el objetivo: cuentos, canciones, juegos, apagar luces, montar fiestas con muñecos, tirar de dinosaurios y demás artilugios musicales, arrumacos y caricias y besos varios… Y esta es una de las grandes diferencias: el chupete, como bien sabéis, es como un Kill Paff, que lo enchufas, y te olvidas. Pero ahora no; ahora, hay que currárselo un poco más. Si está cansada, cae pronto… Pero si no, la cosa puede llevar más tiempo y paciencia. Pero oye… Que caer, cae. Y decía que me gustaba más, porque me gusta esta rutina; me acerca un poco más a ella. Es más coñazo… pero tiene su puntillo. Y he de decir que se me da mejor a mí que a Churri. (He desarrollado toda una batería de técnicas jedi para dejarla frita… En el caso de Churri, es mi pobre la que se queda friter antes que la niña, si se descuida…) Mi morena… que es así.

# He redescubierto y rescatado del ostracismo a un poderoso aliado, regalo de una amiga: ¡el osito Tummy Sleep!

Este curioso invento nos lo regalaron con la mejor de las intenciones, hace más de un año, y terminó siendo desde el primer día, un bulto recogepolvo más, en una esquina de la cuna. Porque nunca hubo necesidad real de usarlo para lo que está realmente concebido. Pero es ahora cuando estamos aprovechando TODO SU POTENCIAL, y sacándole verdadero partido. (Aunque directamente hemos sacado el aparatejo de las tripas del oso, y lo tenemos suelto, colgando de los barrotes de la cuna). ¡¡Rockanrrollin’!!

Entre las melodías que trae, (capaces de sobar por aburrimiento a un bakala hiperactivo hasta las cejas de anfetas), los ruidos blancos, sonidos ambientales varios y la opción de grabarte (cantando tus propias versiones redux de Los Pitufos del Padre Abraham a una revolución y media, o simplemente hablándole cositas…), el invento se nos ha mostrado como la mar de útil, en este punto. Principalmente, porque se activa él solito cuando suena algún ruidito cerca (cuando la peque se menea y espabila un poco); y muchas veces basta simplemente un mínimo de musiquilla para que la nena se vuelva a quedar frita ella sola, sin tener que levantarnos.

Saca el cantante que llevas dentro con el oso Tummy Sleep.

Eso sí… O lo amas, o lo odias. Si eres de oreja sensible como yo, es posible que aparte de dormir a la peque, el run run te despierte a ti, y te entren ganas de tirarlo por la ventana, o destrozarlo a martillazos. Pero no dejemos que llegue la sangre al río… Que se apaga y punto. (Y he de decir que yo, hasta le he pillado la gracia a la musiquilla… ¡Jate tú!)

# Al hilo de esto último, los momentos de despertarse por la noche de la Lechona, no han cambiado. Se sigue despertando varias veces; entre una y… varias. Dependiendo de la noche y las circunstancias. (Seguimos descubriendo factores de riesgo: muy abrigada, poco abrigada, que haya cenado más o menos, que estuviera más o menos cansada, que si con el saco normal, que si con el saco con piernas…)

Lo que ha cambiado, es la respuesta: de nuevo, antes, volvías, le ponías el chupete (que se le habría caído), y fuera; en un segundo, estabas de vuelta en la cama. Ahora la cosa es más compleja: como no hay interruptor Kill Paff, la cosa puede tardar un poco más. Y de nuevo, creo que tengo más mano que Churri… Eso, o que la peque le tiene cogida la medida a ella, y cuando va ella, se espabila más y corremos el peligro de empezar a montar una fiesta, que acabe, tras un rato de llantos, con los tres colechando en amor, compañía y fatigas, en la cama… (Lo que se traduce en, al final, las dos roncando, la nena en todo el medio, y yo, arrinconado, con los ojos como platos y destrozado de los nervios).

Como curiosidad: ahora se menea y despierta como una hora, hora y media después de dormirse. Siempre o casi siempre. Ni idea de por qué. Pero, un traguito de agua, un susurro, una caricia… y a seguir sobando.

*Briconsejo NÚMERO UNO: no te pires de la habitación de la niña sin dejar a mano su vasito de agua BIEEEEEEEEN LLENO. Debe haber dromedarios sedientos en Mauritania que beban menos que esta niña a lo largo de la noche.

# Otra cosa: es muy gracioso ver como la Lechoncilla ha evolucionado. Sigue sin tenerle mucho aprecio (por decir algo) a que la arropes o la pongas el saco, porque es un espíritu libre que gusta de moverse y recorrer cada centímetro cuadrado de la cuna, en todas las posturas posibles, pero ha empezado a desarrollar claramente el gusto por jugar con lo que pueda dentro de la cuna. Estos últimos días andamos con las fiestas de muñecos, por ejemplo. (Es decir, quiere en la cuna todo peluche o similar que pilles, y se monta una escena como la de E.T. camuflado en el armario de Elliot; y los arropa, y los menea, y les cuenta cosas… ¡Un espectáculo!)

# Que, en general, es más duro. El chupete, no podemos negarlo… es muy cómodo. Y el no tenerlo a mano, hace que todo sea más pesado. A veces reconozco que hemos estado a punto de sucumbir (al menos yo).  Al empezar con esto, nuestra Lechona estuvo pidiendo el TUH-TUH durante muchos días… O haciendo el gesto. Más de lo que esperábamos. Pero se terminó olvidando… Aparentemente. Y curiosamente, tras semanas sin hacer mucho caso, estas dos últimas noches de repente se descuelga con que quiere el chupete. WTF…?? Así que… NO SE LE OLVIDA TAN RÁPIDAMENTE.

# Que… se puede hacer. Que, por lo mismo, los chupetes son algo muy útil, pero no imprescindibles. ¿Que lo ha echado de menos? Sí. ¿Qué nos facilita la vida a todos? Sí. ¿Qué es útil? Sí. ¿Que de esta le va a quedar un trauma? Pues no. No lo creo. Todo es cuestión de buscar recursos y metros de paciencia.

Está claro que… quitarle el chupete a nuestros críos, algún día habrá que quitárselos. Ahora bien… Lo lógico es dejar hacer a cada familia, a cada caso; que nadie mejor que vosotros sabe cómo es vuestro bebé, cuál es la necesidad que hay en casa, y cuándo llega el mejor momento para hacerlo.

Aunque en el fondo… NO TENGAMOS NI IDEA.


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Je Suis Charlie

No tenía yo la idea en la cabeza de que mi primer post del año fuera este… Pero las cosas vienen así. Y si no… que se lo digan a la gente de la redacción de CHARLIE HEBDO.

Hoy la fría realidad me devuelve el pensamiento de que, como padre, tendré que hacer que mi pequeña crezca y aprenda a vivir en un mundo en que pasan cosas tan espantosas. No sé cómo se enseña esto a un chaval, a una crío o una cría, porque ni yo mismo me lo explico del todo.

El lápiz… La pluma… El rotulador… El pincel… son el abrigo bajo el cual se cobija el alma de mucha gente en este mundo cuando esta sale a expresarse al cielo abierto y la intemperie fría y cruda de la realidad cotidiana. Son nuestros principales instrumentos para comunicarnos y expresarnos.

Ayer, en París, resonaron las balas en la mañana y ese abrigo quedó trágicamente teñido de dolor y lleno de agujeros.

Quiero pensar que todavía hay lápices suficientes en el mundo para que podamos remendarlo.

Por eso, más que nunca…

¡¡¡TODOS A LOS LÁPICES!!!

Yo también soy Charlie Hebdo.

De todo corazón, mis condolencias con las víctimas y los familiares.


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Cosas que NO he hecho durante mi primer año como padre.

Joder… Hoy vengo con el renglón torcido. Pero creo que si no lo escribo, reviento. Hoy es un día de esos…

Últimamente estoy mucho más obsesionado por la falta de tiempo. En concreto, por mi falta de tiempo para hacer toda una serie de cosas, más necesarias unas y menos necesarias otras. Son las horas para el TENGO que, las horas para el DEBO y sobretodo, las horas para el ME GUSTARÍA.

Esta es una de esas tantas cosas de las que misteriosamente nadie te habla, antes de ser padre. Uno comienza realmente con toda la ilusión del mundo durante el embarazo, creyendo que te vas a comer el mundo; que vas a ser la polla. Levantas la chola, miras a las nubes con esos ojillos de prepapá que tú sabes, y piensas en voz alta: -“¡Hey…! Verás la cantidad de cosas guapísimas que vamos a hacer juntos, pequeñaja… ¡Voy a montarte cada una que lo vas a flipar!”- Y luego la niña nace, las semanas van cayendo como elefantes en estampida por un acantilado, y es la mierda del día a día lo que al final lo marca todo. Como si no lo supieras.

Vale… Ni siquiera tiene que ser forzosamente mierda. Y sí… vale… También la gente TE HABLA de estas cosas durante el embarazo. De acuerdo. ¡Pero no en este sentido, vaya…! Al menos, no te terminas de hacer una idea real. Sabes que tu vida va a cambiar, claro… pero en el fondo, hasta que no pasas por ello… no sabes EN QUÉ FORMAS lo va a hacer.

Es esa rutina tonta de la que cuesta tanto escapar, el día a día, y muchas otras cosas más. Por ejemplo, simplemente, el no poder separar; no poder hacer un paréntesis o un reset, y así no dejar que las pequeñas miserias cotidianas, que nada tienen que ver con tu niña, con tu querido, precioso, maravilloso y tierno bebé, enturbien tu día. ¡Tu bebé no tiene la culpa de tu mal rollo de hoy! ¡No lo pagues con ella y dedícale el tiempo de calidad que merece, caramba! Pero lo dicho… no eres una máquina, y las cosas del interior no se desenchufan así como así. Deberían, pero no. O no es mi caso.

Digo todo esto, porque en noches como hoy, me entra cierto sentimiento de culpa. No sé muy bien por qué me ha dado por ponerme a pensar en ello, porque ni siquiera ha sido un mal día, pero como digo, cada vez pienso más en el tiempo. Supongo que esto de los cumpleaños me lleva a pensar más de la cuenta… Y de ahí, el título del post. Echo la vista atrás… hago repaso mental de este primer año con mi hija… y veo una serie de agujerazos gordos como catedrales. A lo mejor no son tan gordos… A lo mejor son solamente gilipolleces. Pero desde luego, son cosas que, hace un año, o año y medio, no me habría planteado que resultaran así.

Son, a bote pronto, cosas que pensaba en ellas como importantes -o chorras-, y que no he podido o sabido cumplir; una pequeña lista rápida de detalles tontos que pensaba serían así, y en los que, por H o por B, mirando hacia atrás, NO HE ESTADO A LA ALTURA:

# Leerle cuentos por la noche, cuando la metemos en la cuna.
Leerle más cuentos por la noche.

# Ponerle música a saco.
Ponerle más música

# Darle un beso de buenos días cada vez que salgo de casa para ir al curre.
Besitos de buenos días

# Llevarla al campo de excursión, mochila en ristre. Que vea naturaleza. Hojas. Plantas. Bichos. Que respire aire DE VERDAD.
Dar paseos por el campito

# Echarnos siestas juntos. Dormir con ella. Piel con piel… (Más abrazos… o más contacto, vaya. Simplemente).
Echarnos la siesta

# Hacerle retratos… Hacerle más fotos… Hacerla más vídeos… Capturar más recuerdos… Hacerle más cositas, simplemente… (Manualidades y cosas así).
Hacerle retratos, fotos, vídeos, etc

# Cocinar más variado y mejor para ella. Bueno… Simplemente COCINAR más allá de las tres tonterías de siempre, ya estaría bien. Tratar de que se alimente mejor, y buscar soluciones más variadas.
Cocinar más y mejor

# Joder… esta me duele: prepararle SU HABITACIÓN. Esta era un reto personal. Y sigue vacía.
Decorar la habitación

# Otra que tal… Montarle un SUPERFIESTÓN POR SU PRIMER CUMPLEAÑOS. Por circunstancias… Porque soy un seta… Por lo que sea. Ni siquiera tenía que ser superfiestón; o simplemente fiestón. Con una simple fiesta habría bastado. Aunque fuera realmente mínima. (Joder… ¡¡Dos putas botellas de mierda de cava que compro, para brindar, y me las olvido en casa!!) Pero ni eso…
Montarle la fiesta de cumpleaños

Bueno… Bahhh… para qué seguir.

Pero… ¿¿me entendéis?? Joder, ¿tanto cuesta ponerme diez minutos con la niña y contarle cualquier cuento chorra por la noche? ¿¿En serio?? ¡Ni siquiera necesito un libro en la mano! ¡Podría hablarle sobre ovnis que beben leche de pino azul mientras pinto peras sobre un caníbal rebotón que trota cuernos por la falda de una hormiga tricitrícola trufasiana! ¡¡¡Si no me va a entender!!! Solamente hay que estar ahí, hablarle un poco y hacerle compañía mientras se ríe y se va quedando frita… ¡Y ya está! ¿¿Tanto cuesta?? Pues debe ser… Porque… ¡No lo hago! ¡Una de cada mil noches!

¡Iba a hacer tantas cosas…! ¡De verdad…!

Y luego mira… ¿A que parecen tonterías? Cosillas sencillas… sencillísimas, de hecho. El tiempo me come. El tiempo ME PUEDE. Y cuando me veo con un rato libre… ¡Qué sé yo! Procrastino… veo la tele… miro Internet… ¡¡Cosas absolutamente chorras!! Tengo una lista que llega hasta el suelo de tareas más interesantes o útiles que podría hacer… y que sigo dejando de lado. Es como una especie de tortura absurda que me autoinflijo; un estúpido pseudojuego del quiero-y-no-puedo… Pienso en ello, me reboto… pero no hago nada al respecto… Y vuelta la burra al trigo.

Y en noches como hoy, pienso DEMASIADO. Mi cabeza, VUELA… y me pregunto COSAS. En plan… GLOBAL. Leo en blogs como el de Adrián, de Un papá en prácticas, que por -o pese a- su situación actual de desempleado, ahora puede dedicarse plenamente a su niña. Lo leo… y en cierta forma, pese al marrón que es hoy en día quedarte sin curro… me da cierta envidia. Y me da por pensar… ¿Yo estoy haciendo bien, haciendo lo que hago…? Es muy frustrante. ¿Cómo saber que estoy haciendo realmente lo correcto? ¿Me pesará en un futuro? O directamente… ¿Estoy haciendo TODO lo que puedo, con mi tiempo? ¿Estoy aprovechándolo lo mejor posible? O poniendo otro ejemplo sencillo: leyendo las cosas flipantes que hace el amigo Carlos “Lord Vader” Escudero, con sus críos: ¡Esto que monta por lo del anillo de Linterna Verde es la bomba!

Ahora, con mi mente atocinada y borrascosa, hasta me llego a preguntar tonterías del tipo… -“¿Me beneficia leer blogs? ¿Me quita tiempo de hacer otras cosas más importantes? ¿De dormir, simplemente -que buena falta me hace-? ¿Me lleva a sufrir a lo tonto, leyendo cómo son las vidas de los demás? Donde lees todas esas cosas que tú NO haces… (Pues sí… Así de paranoico ando a estas horas…) Y vale… sé la respuesta: no, no me perjudica leer blogs. Sé que quiero escribir, desde luego… Y tan importante en esta blogocomunidad como escribir, o más si cabe, es leer y aprender de las experiencias que contáis los demás, supongo. (Además, es muy tarde; voy con el chip en automático ya, y esto va saliendo solo, así como así, en plan visceral y sin planificar).

Pero entonces… ¿De dónde me viene esa idea tan romántica del padre perfecto? ¿Del padre que llega a todo? Vosotras, las madres, tenéis hasta un pequeño Club en el que refugiaros¿¿Qué tenemos los papás?? (Que nadie me diga… “Abrir la nevera…”, o “Poner el Plus…”, porfa…)

Mira… No lo sé. Paso. Soy afortunado, Muchas cosas nos han ido genial con esta niña, que es un sol: es una niña sana, buena, cero problemática… Y pese a todo, ya no recuerdo qué pensaba hace año y medio sobre esta etapa, (si es que alguna vez me dediqué a pensar en eso, que ya lo pongo en duda), pero ahora tengo claro que quizás me arrojé unas expectativas, quizás demasiado elevadas, como padre. No quiero pensar si la cosa se hubiera torcido mucho más con cosas más serias (historias chungas de salud, comportamiento, adaptación, económicas, etc), la de cosas que todavía habría hecho DE MENOS.

Supongo que ser un padre novato consiste en parte en darse cuenta de estas cosas. Y si me parase a pensarlo bien, el balance de este primer año creo que sería bastante aceptable, me imagino. Lo bueno es que mira… este primer año ya ha pasado, y no puedo cambiarlo… Pero prometo intentar mejorar para este segundo año que acabamos de empezar.

Eso sí te lo aseguro, mi niña. ¡¡Muacksss…!!: ¡¡Por ésta!!

¡Ea! Me voy a dormir.


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…¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, MI PEQUEÑA…!!!

Bueeeeeeeeeeno… Llegamos, -con permiso de tu querida madre…-, al GRAN día de este mes. ¡¡¡HOY CUMPLES TU PRIMER AÑITO DE VIDA!!! Tal día como hoy, hace un año, saliste a este mundo obligada, porque decidiste que en la tripa de mamá estabas estupendamente, y no tenías ninguna prisa por arrimarte a este rincón de fríos, vientos, luces y ruidos penetrantes.

Así que, saltamos de un cumpleaños a otro, y me temo que entre tu madre y tú, me vais a gastar la vida cada segunda semana de septiembre, de aquí hasta los restos, con estas celebraciones tan arrejuntaicas que me traéis.

¿Cómo describir lo que ha dado de sí este año? ¿Cómo contarte lo que nos has cambiado… lo que ha supuesto para nosotros el invitarte a venir a este mundo? La verdad es que lo pienso, y no sabría muy bien cómo empezar. Definitivamente, tengo un problema… y es que, al igual que me pasó el otro día escribiéndole a tu madre por su cumpleaños, son tantas las formas que se me ocurren de enfocar este escrito de hoy, que al final me he decidido a contarte alguna cosa más de lo que NO SE HABÍA escrito ni contado por aquí hasta ahora… Cosas que te han pasado, o que nos han pasado a tus padres, a lo largo de estos 365 últimos días. Así podrás hacerte una nueva idea, una un pelín más concreta, de cómo viviste el primer año de tu vida. Este es mi regalo (y me mis queridos lectores me perdonen por hoy, este pequeño “ladrillo”):

•¿Sabías que naciste un domingo, a las 11:20 de la noche, mientras tenías a toda la familia y compañeros de papá y mamá, pendientes de los sms que les iba escribiendo mientras podía? (Sí, tu padre ni tenía, ni tiene GUASAP -que para cuando tú seas adolescente y lleve diez años obsoleto, reemplazado y olvidado, y no te suene de nada, es un rollito de mandar mensajes por el teléfono móvil, pero en gratis, tipo conversación, y que sirve para mandar vídeos y memes de gatos-).

•¿Sabías que no quisimos saber si eras niño o niña hasta que nacieras, para llevarnos la sorpresa en ese momento? ¿Y que yo tenía asumido que ibas a ser niño? Cuando naciste, fue uno de los momentos más intensos de mi vida… o el que más. ¡¡ERAS UNA NIÑA!!

•¿Sabías que de llegar a nacer niño, nos hubieras metido en un lío, porque no nos aclarábamos con el nombre? Llegó ese día y todavía no estábamos de acuerdo en cómo llamarte; (pero te diré que Aarón estaba en todas las quinielas).

•¿Sabías que llegué a mirarme en la página web del Instituto Nacional de Estadística, TODOS los nombres de la página del registro del censo nacional, en el caso de los nombres de mujer? Hay cerca de 24.000. Y me hice una primera selección de 150, y así hasta llegar a un top 10. Y todo, para que tu nombre no saliera de ahí. Ya nos gustaba de antes. Y por cierto, para chicos creo que al llegar a 17.000, lo dejé… Que sepas que todavía conservo las listas. Y por supuesto, a tu madre no le gustaban los nombres que elegía.

•¿Sabías que en el trabajo de papá, hicieron una porra entre los compañeros, para ver cuándo nacías, y si serías niño o niña, y casualmente no ganó nadie? ¡Y eso que se hizo una segunda ronda! ¡¡Naciste el único hueco que quedaba libre!! Pero claro, cuando llegas con 12 días de retraso, esas cosas pueden pasar. Por cierto, que sepas que al final, al no haber ganador, lo recaudado fue todo para ti.

•¿Sabías que mediste 53 cms y pesaste 3.716 kg al nacer, y que en un año prácticamente has triplicado tu peso? ¿¿¿Te haces una idea de CÓMO has cambiado en un solo año???

•¿Sabías que el primer paseo de tu vida, lo hicimos tú y yo solos? Fue el camino del hospital a casa, cuando saliste, al tercer día. Fue en ese momento -grabado con mi teléfono viejuno-, cuando ya empecé a describirte cómo era el mundo en el exterior… cómo es este mundo que estabas estrenando y en el que te ha tocado vivir: el cielo, las nubes, los pájaros, los árboles, la gente, las calles, el barrio…

•¿Sabías que al principio, a tu padre se le saltaban las lágrimas simplemente con mirarte? Me emocionabas mucho, cariño. (Y todavía me pasa, un año después, aunque ya me controlo más).

•¿Sabías que durante las primeras semanas de tu vida, no te gustaba NADA que te bañáramos? Bueno… creo que en general, no te gustaba que te meneáramos mucho, simplemente.

•¿Sabías que, en relación con el baño, cuando al terminar te secaba el pelito -o el cuerpo- con el secador, SIEMPRE te hacías pis inmediatamente? Se nota que el chorrillo del aire hacía que se te aflojara el muelle… (¿Nos pasará este invierno de nuevo, cariño…?)

•¿Sabías que el moisés donde dormiste tus primeros meses, era de mimbre, y tiene un porrón de años? Allí también se criaron los primos de mamá, así que es una reliquia familiar, que además nos vino de perlas. Por cierto, que cuando nazca tu prima en un par de meses, será la siguiente en usarlo… Y además. antes de dormir en tu moisés, ya lo estrenó el gato en un descuido nuestro. ¡Cómo no…!

•¿Sabías que en tu primer mes, nos echaste encima una supercaca proyectada a chorro, que salpicó por el armario y las paredes de tu cuarto, que nos dejó impactados a tu madre y a mí? Pues casi un año después, todavía pueden verse aquellas manchas.

•¿Sabías que tus primeras zapatillas eran del nº 17? Y que las guardaré para siempre, porque son como un llaverito; de hecho, siempre he pensado hacerle un llavero con ellas. ¿Y sabes además que has estado poniéndote un montón de ropa, durante todo el año, de tu prima E.? (Y por supuesto, estabas tan guapísima como ella). Es lo que tiene tener una prima un año justo mayor que tú, mi vida. (Me parece a mí que vas a heredar ropaaaa… durante muuuuchos años).

•¿Sabías que mientras fuiste lactante, apenas probaste un biberón? No te gustaba ese formato. Pero sin embargo ahora, en estos últimos meses, parece que te los tomas doblaos, hija mía. ¿Sencillez de manejo… o qué…?

•¿Sabías que tu mamá y yo quisimos estampar las huellitas de tus pies con pintura de dedos, cada cumplemés, durante todo tu primer año? Al final, ni siquiera algo tan sencillo hemos sido capaces de hacerlo bien; apenas lo hemos podido hacer cuatro o cinco meses a lo largo del año. (Los meses impares íbamos bien, la verdad…)

•¿Sabías que durante tu primer invierno, yo soñaba con que llegara la primavera para poder llevarte a los parques y poder tumbarnos al sol y jugar en la hierba? Pues al final, la primavera y el buen tiempo terminaron llegando.

•¿Sabías que tu primer diente te salió con cinco meses y medio? Es bastante pronto, por lo que dicen. Ahora ya tienes el octavo prácticamente asomando.

•¿Sabías que también con cinco meses y medio fue cuando empezaste a ir a la escuela infantil? Era mediados de febrero, y eras la más pequeñita de tu clase. Y sin embargo, te adaptaste tan rápido, que parecía que llevabas allí desde siempre. Y las chicas, encantadas contigo. Además, a las pocas semanas, ya tenías pretendientes, por supuesto. Las mamás se te han rifado todo el año para sus hijos, preciosa.

•¿Sabías que en Carnavales, papá y mamá se disfrazaron de soldados de la Alianza Rebelde (decir Luke y Leia igual ya es mucho…) con ponchos de camuflaje de los del asalto a la luna de Endor, y que tú eras una preciosa ewok de traje peludo, que se curró mamá? Star Wars es muy socorrido.

•¿Sabías que cuando tenías poco más de medio año, te caíste del cambiador cuando tu padre te estaba poniendo un pijama? Estabas pringosa de crema, y te tenía mal cogida, y parecías una anguila impregnada de aceite, y no parabas de moverte, y yo tenía la mano buena ocupada, y… En fin. Te caíste, menos mal que con gracia, como una ninja funambulista, con la fortuna de rebotar sobre la papelera, haciendo un doble mortal y medio invertido carpado, y con la suerte de que no te pasó absolutamente nada. Eso sí… no veas tú mi disgusto, nena.  Por favor, no lo vuelvas a repetir, que con una vez ya aprendí la lección. ¡P’aberte matao, mi niña! Tengo varias canas más en la barba, recuerdo de ese momentazo. (Y si llego yo a saber antes que te ibas a  caer, al menos te habría preparado una marmita de poción mágica para ponértela debajo, como le pasó también de pequeño a cierto galo irreductible bajo de vientre y fan de los menhires, que todo el mundo conocemos…)

•¿Sabías que, hablando de barbas, no te gustaban ni un pelo? Te has tirado tres cuartas partes de tu primer año, poniéndote a llorar nada más ver a tu tío H. Y a mi tío M. también… ahora que lo pienso. Y a más de uno por ahí, que tuviera barba y se te cruzara por delante… ¿Qué tendrán las barbas? Aunque no solamente es cuestión de barbas: también te ponías a llorar con tu tío J, y eso que él no lleva barba. (Que sepas que te lo echarán en cara cuando crezcas, y se lo irán contando a tus futuros novios, y te lo recordarán toda tu vida, fijo…)

•¿Sabías que tu papá quería componerte nanas y tocártelas con la guitarra o el ukelele? ¿Y que se volvió a apuntar a clases de guitarra durante este año, para recordar y practicar? Pues bien… la dura realidad paternal le devolvió a su sitio, y ninguno de estos planes cuajó. Pero no desisto. Algún día lo lograré. Y si no, te escribiré cuentos. O te los dibujaré.

•¿Sabías que dentro de cinco minutos, hará un año que naciste?

•¿Sabías que tuviste que llegar tú para que tu papá se abriera por fin al mundo tecnológico e inaugurara un blog? Es tu blog, en realidad…

•¿Sabías que eres una niña tremendamente fuerte, dura y espabilada? Prácticamente, no lloras nunca. O mejor dicho, no lloras cuando deberías llorar. Parece como si los golpes no te hicieran daño, y jamás has caído de cabeza; siempre te las apañas para poner las manos o caer con el culete. Los pinchazos de las vacunas tampoco parecen apenas ir contigo… A veces, me asustas, hija. Estoy alerta, sí… pero ya me confío demasiado.

•¿Sabías que siempre tendré la espinita clavada secreta de no haber podido pintarte un retrato durante el primer añito de tu vida? O varios. O una serie de apuntes rápidos del natural, o algo…

•¿Sabías que otra espinita que tengo clavada es no haberme currado ni tenido lista la decoración de tu habitación desde el primer día? Y así seguimos, un año después…

•¿Sabías que justo ahora, hace un año que naciste? ¿Que hace un año me ofreciste el mejor momento de mi vida? Y sonará triste, pero es curioso que muchos detalles de nuestra primera noche juntos, se me han ido borrando. ¿El cansancio de aquella jornada? ¿Que en realidad estuvimos intentando dormir, y realmente no pasó gran cosa…? No lo sé. ¿A nadie le ha pasado?

•¿Sabías que tuviste que nacer tú para que mi Atleti volviera a ganar una liga, dieciocho años después del doblete del 96?

•¿Sabías que, cada vez que duermes, lo primero que haces nada más despertarte, es echarnos los bracitos, sonreir, y señalar LO QUE SEA que estés viendo, con el dedito? ¿Y sabes que me parece genial?

•¿Sabías que el primer viaje largo de tu vida ha sido este pasado mes de agosto, a la playa, a Alcocéber, en Castellón? ¿Y que viajar contigo ha sido una bendición?

•¿Sabías que, en cierta forma, estoy deseando que duermas ya en una cama normal, sin barrotes de jaula que nos separen -una de las cosas que envidio a los colechadores– , para poder darte un beso de buenos días en condiciones, cada mañana cuando salgo de casa para irme a trabajar? (Es más… ¿¿¿Sabes lo difícil que es darte un beso, simplemente, a oscuras, cuando estás tumbada dentro de la cuna??? ¡¡Lo flipas, maja!!)

•¿Sabías que tu padre, un año después de haber nacido tú, sigue siendo el blando de la casa y un pardillo sentimental? ¿Que, de hecho, anoche, es decir, la noche antes del día de tu primer cumpleaños, a tu padre, mientras repasaba mentalmente este post tumbado en la cama, pensando en todas estas cosas, le vinieron de nuevo las lagrimillas…, así, al tun tun, y se levantó, y fue a tu habitación para tratar de darte un beso? Pues que sepas que no lo logré; que casi la lío y por poco te despierto. ¡Menos mal que con sueño, caes rápido, mi vida! ¡Y encima voy, y me desvelo! (-Si es que ya me valeeee…-)

•¿Sabías que ha sido un año de lo más intenso, y lleno de emociones? Pues que sepas que, a partir de mañana, te esperan todavía muchas más.

¿SABÍAS QUE, POR ENCIMA DE TODO, TE QUIERO MUCHÍSIMO, Y ME HAS HECHO MUY FELIZ? 

ME ENCANTAS, MI NIÑA. ¿LO SABÍAS? Y TE DESEO LO MEJOR, POR TU PRIMER CUMPLEAÑOS.

QUE LO SEPAS, MI LECHONA. MI BEBÉ.

(Y, de nuevo, prometo dibujines para cuando pueda…)

 

 

 


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…¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, CHURRI…!!!

-“Hay días que por algún motivo, son especiales; especiales de verdad, Lechoncilla mía. Y hoy es uno de esos… Un día muy muy especial.”-

-“A TIIIIIIII TIIIIII… TTTA TA Y TIIIIII…”-

-“Sííííí… Hoy es el cumpleaños de mamá, cariño… ¿Lo sabías? De mamááááááááááá…”-

-“…A AAAMMMMÁÁÁÁÁ MAAAAAAMMMMÁÁÁÁ… … …HOLAAAAAA…”-

-“Así que hoy es un día muyyyyyyyyyy especial. Y yo quería usar nuestro pequeño diario para mandarle un besazo muy grande desde aquí, a mamá, y escribirle que la queremos… ¿Me dejas? Que como sé que ella lo lee, así se lo dejamos puesto por escrito. ¿Te parece, amor…? Pues venga, que no tardamos…”-:

 

La verdad es que no sé muy bien cómo empezar… Tenía, como siempre, muchas cosas en la cabeza. Muchos enfoques… escribir esto o aquello; cómo hacerlo… ya sabes.

Pero lo que no quiero es que me pase lo de siempre, y que las excusas me atenacen y me impidan hacer lo que quiero hacer. Hoy no. Por eso, te escribo así, en frío (o en caliente, según se mire…), sin planificar y que salga como salga. Hasta en esto no doy pie, hoy…

Últimamente, parece que todo me sale mal, y sobre todo, tarde. Que las cosas no salgan como aparecen en mi cabeza, ya es un clásico al que feamente me estoy acostumbrando. Como viene siendo esencia en este blog (que nació con meses de retraso), y es marca de la casa, si me plantease hacer alguna entrada espectacular, divertida, con algún dibujillo que realmente molara (que hubiera sido lo suyo), y digna de la ocasión, me temo que la publicaría un mes más tarde… ¿Y qué sentido tendría?

A veces creo que me falta la empatía para darme cuenta de que aunque a mí esto de los cumpleaños no me hace realmente mucho tilín, a los demás no tiene por qué pasarles lo mismo. Sé que te gusta tu cumpleaños. Y sé que últimamente no he estado a la altura. Anoche te dije que tus regalitos no estarían listos para hoy… y me dolió en el alma cuando me dijiste que en el fondo, te lo imaginabas. No sé si me duele más el que tengas razón… o directamente el que lo hubieras pensado. Y me da rabia también… porque lo veía venir.

Todo esto es un poco loco… y a veces se hace difícil y complicado; ya lo sabes. Tenemos una lechoncilla entre manos, que nos quita tiempo hasta para rascarnos la oreja. Tú no sacas ni para ir al peluquero, y por si fuera poco, voy yo y me meto encima en más jaranas, escribiendo blogs y coñas de estas. Y supongo que cuando se me escurren los minutos entre los dedos, las horas, los días… todas las cosas que se me vienen a la cabeza, no son más que una ristra de excusas.

Lo cierto es que han cambiado un montón de cosas desde los once veranos que hace que tus ojazos verdes se me cruzaron por delante y me atraparon. Pero hay unas cuantas, un buen puñado todavía, que no han cambiado tanto… créeme.

Sigo adorando perder mis manos entre tu negra melena… Sigo comiéndote con la mirada cuando asoma un hombro por la camiseta… Se me corta la respiración cuando te rozo y te recorro con mis dedos… y el reloj se detiene cuando sonríes… (¡A pesar del aparato!)

Cuando estás contenta, la casa se ilumina… y cuando sacas ese toque fuenlabreño, ese punto fuerte, decidido, mágico, esa chispa que todavía me emociona… sigo pensando que hay por ahí algo mágico, incomprensible y bendito, al que doy gracias cada día sin saberlo porque hizo que tu destino se cruzara con el mío, y nos haya mantenido juntos al menos hasta hoy.

Pese a los quebraderos de cabeza, a las dificultades, a las decepciones, a las cuestas arriba, a los silencios, a las cicatrices… Pese a todo, el hechizo de tu nariz de brujilla todavía funciona… Sigo aquí, mi amor, y sigo enamorado. Seguramente, más que nunca. Eres la mujer de mi vida, desde hace tiempo, y deseo de todo corazón que lo sigas siendo durante muuuuuuucho tiempo.

No quiero enrollarme más (sabes que lo podría hacer…). Solamente quiero que sepas que… bueno… igual no es gran cosa, pero me he propuesto no dejarte sin regalo hoy. No es algo material (que llegará), pero por lo menos es algo original, que todavía no había hecho hasta ahora: esto es una declaración de amor en toda regla; es una confirmación por escrito de que sigo estando aquí. De que puedes contar conmigo. De que tenemos un milagro de niña que ha llevado nuestra relación a otro nivel, y quiero seguir matando al monstruo de final de pantalla para pasar al nivel siguiente, y recorrer contigo el juego entero hasta el final. Es tu primer cumpleaños como madre, y esto ya no hay quién lo pare…

Y te la envío, y esto es lo original… desde el ciberespaaaaaaaaaacio. ¡¡Cómo mola Internet!!

FELIZ CUMPLEAÑOS, CHURRI. TE QUIERO.

-Y el dibujitoooooo… ya lo añadiré otro día, te lo prometo-.

11 de septiembre de 2014

 

-“…A BRRRRRRRRRR… ZRRRRRRR… GHANNN GHAAAANNNN… TITIIIIIIII…”-

-“Ya estáááá, hiiiiija… ya he terminaaaaaado. Sííííííííí… Ha sido más que un beso para mamá, sí, vale… es verdad… pero es que la ocasión lo merece, créeme. Ya lo entenderás cuando seas un poco más mayor, no pasa nada…

-“…A MAAAAA… AHHMAAA… …¡¡¡AUUU… AUUUU!!!”-

-“Síííí… eso es… a mámá… a mamá. ¡Hala…! ¡Vámonos a jugar…!”-


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Pequeños dramas cotidianos

En este blog nos va la marcha, y nos ponen los contrastes… Nos gusta pasar del blanco al negro… del Yin al Yang… del folk irlandés al heavy metal… del vino a la cerveza sin alcohol con limón… de Game of ThronesCharly y la Fábrica de pasteles. De una pequeña victoria cotidiana… a un excepcional momento de angustia.

Apenas unos días atrás os contaba el que bajo mi humilde opinión, hay que tratar de saborear las pequeñas victorias caserillas del día a día… el saber que vences a una adversidad. Y sí, vale… está muy bien. Pero hoy pienso que igual es un mensaje un poco frívolo. O al menos, si no cuentas toda la verdad; si no cuentas también el otro lado del pastel, vaya…

¿Y cuál es ese lado? Pues el “durante”… Ese rato o ese momento en el que estás con el agua al cuello… en el fango… en el charco… Con todo el marronaco encima. Ese momento… bueno, no hace falta que os diga que puede ser bastante infernal.

Dejando las fiebres de nuestra retoña un poco atrás, ahora lo que predominan, estos días, son los mocarros deluxe, y las FLEMAS. Las flemas nocturnas. Esas que hacen que tu bebé respire como un zombi de 85 años traqueotomizado. Vaya una mierda, las flemas. Para un bebé… que no sabe expulsarlas; que no sabe escupir; que no sabe ni puede hacer prácticamente NADA, salvo llorar. Y toser hasta atragantarse.

Hace un par de noches, he visto llorar de pura angustia a nuestro bebé, como no la veía desde que salió del vientre de su madre. Y seguramente esta vez haya sido bastante peor. Es más… igual me estoy volviendo un poco Dory, como la de Buscando a Nemo, y la memoria me va fallando… pero no recuerdo, en los diez meses que tiene la niña, un momento “llanto” como el de esta vez.

Yo, enntrando en fase Dory, como en Buscando a Nemo.

Esta vez, se levantó Churri. Llantos. Llantos que no paran… -“¡Qué raro!”- Llantos que se transforman en toses… en ¿son arcadas, eso…? Llantos que se mezclan con una llamada de ayuda de Churri, ya dentro del lavabo. Y lo que veo es a Churri con la nena sostenida en bazos sobre el lavabo, vómitos por todo el pijama, y la Lechona colorada como un tomate de ramillete.

Y aquí, el minuto largo de angustia, con la secuencia repetida hasta tres o cuatro veces: la niña llorando desconsolada perdida, hasta que rompe a toser; tosiendo, hasta que la flema le atasca, y vomita… Babas colganderas, espesas, que hay que extraer de su boca con la mano como podemos, mientras parece que la niña se ahoga. Y para. Y la niña berrea de nuevo, con su llanto silencioso; cuando se priva -que deja de respirar por si misma, vaya, como aguantando las respiración hasta que arranca de nuevo el berrido…-

Y así, de nuevo el ciclo… Llorando, con la cara hinchada como si fuera una boxeadora ucraniana. Por dos veces… por tres veces… Por cuatro veces. No sé…

Yo… haciendo lo que podía, que ya no sé ni lo que era; poco más que aguantar el tirón. Y Churri… mi valiente, mi Wonder Woman, la FUERTE de la casa, la Cherif del lugar… aparentemente estoica y serena, ayudando a la pobrecitamía a respirar… a que aquello se moviera, con sus masajillos torácicos.

Y la cosa cesó… se relajó. Nos la llevamos a la cama, y tendida sobre Churri, a base de repetirle ella los masajes torácicos, moviendo las flemas, con paciencia y calma, se quedó dormida al poco rato. Y yo no podía apartar la mirada de las dos, con mi cara de tonto… hasta que de nuevo Morfeo entró en escena y cada uno rescató como pudo su parcela de la cama, un buen rato después.

Ahora es cuando os diría… -“¡¡Qué guapo!! ¡¡Cómo mola y qué bien sienta solucionar una pequeña crisis cotidiana!!”- Sí, muy bien. Pero ese minuto de angustia que te pilla desprevenido… ese mal rato… ese susto inesperado que se te queda en el cuerpo, no se lo deseo yo a nadie.

Ahora sí, claro… Luego vas a la pediatra, y te dice que es algo de lo más normal; que no pasa nada. Que es algo un poquito escatológico, vale… desagradable. Pero que es de lo más común y que no tiene ningún misterio. Que la niña está bien, y que del pecho está estupenda.

Yo la creo, y ahora, a toro pasado, ya sé que me lo tomaré de otra forma. Peroooo… ¡qué mal voy yo a llevar esto de los disgustos desprevenidos! ¡Aysss…!

(Miedito tengo de preguntaros por algún momento de estos que os haya ocurrido…)

 


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…¡Y YO CON ESTAS BARBAS!

Tenía en mente haber metido este tema en el post de presentación, pero luego pensé que me saldría un chorizo de texto demasiado amplio, y a su vez, que esta coña me podría dar como mínimo, para un post propio, así que me lo reservé.

¡¡¡Ahhhhhh… la barba!!! Es un tema tan paterno,  tan viril… y tan espinoso, que me venía al pelo para incluso ponerle nombre a este blog.

¡¡Qué dilema, el de la barba…!! Es algo que siempre me ha traído de cabeza… ¡Y ya me jode, ya…!

En mi caso es un ejemplo mayúsculo de la frase típica –“¡Qué mal repartido está el mundo!” – Porque aquí, el Menda, es un tipo bastante peludillo… (no daremos más detalles, que luego, todo se sabe…), y resulta, ohhhh… casualidades del destino… ¡que no tengo yo una barba en condiciones, que me guste… cagüendiez! Sino que cuando crece un poco, tengo lo que viene a ser la típica barba de guarruzo cochambroso.

El Menda en distintas fases barbudas

Sí que tengo mi barba, claro… pero con sus buenas calvas. ¿¿¿¿Por qué demonios no estará mi pelo repartido como estaría mandado, ehhh…???? ¿¿A quién ofendí yo en mi otra vida…?? ¿¿Por qué no puedo tener una barba como la de un guaperas de Jolibud??

El caso es que no solamente es eso lo que me da rabia, sino sobre todo, (y esto es lo importante…), es por el tipo de pelo. Mi barba es la típica de pelo duro, de pelo tipo pincho moruno… de ese pelo que no nace recordando en su genética la Ley de la Gravitación Universal. Mi pelo no cae grácilmente hacia abajo, no… ¡¡mi pelo crece perpendicular a mi cara, como alambre de ferralla!! ¡Y es duro… duro de pelotas! ¡Y sale y crece como le da la gana…! ¡Y encima tengo la piel muy sensible…! ¡Y se me enquistan…! ¡Y a veces me salen pelos que parecen como los del tipo de la peli de La Mosca! ¡Pelacos como un regaliz! ¡¡¡Y MI PELO PINCHA!!! (¡Y ahora me enfado, y no respiro…!)

Y por todos es sabido que los pelos que pinchan, no molan… y por ELLO, la gente que pinchamos, no molamos… especialmente a los niños. No hay nada que dé más por …-piiiiiiiii-… a un niño, que el que le bese un tipo con una barba como papel de lija… como un cactus.

ASí es como deben vernos los niños cuando no nos afeitamos, como un cactus

Y heme aquí yo ahora, recordando tiempos pretéritos de mocoso púber e imberbe, lo poco que me gustaba el que me dieran besos “con barba”, de los que pinchaban. Y aprendí bien la lección, y me tomo por una persona muy cuidadosa y nada besucona cuando de besar con barba -en plan esporádico- se trata. (Eso sí, cuando voy bien barbado… ¡choco esos cincooooo… como nadie!)

Pero aaaaaaayyyyyyy… ¡Ahora tengo una Lechona! Una a la que quiero besuquear y achuchar y hacerle pedorretas en la tripa todo el rato…

Y aquí me veo yo, por tanto… Delante de mi niña toda sonriente… ¡y yo con estas barbas!

(PD: hoy día tampoco me afeito más a menudo, porque me fastidio la piel de la cara y me sigue dando mucha pereza… pero sí que tengo más cuidado en cómo me “rozo” la cara con quién sea, cuando llevo unos días sin afeitarme… Eso sí cuando me afeito, ¡me desquito! )

😉


7 comentarios

De sentimientos enfrentados

Me gusta CONAN.

Sí, sí… el cachas de la melena al viento y el mandoble XXXXL. Siempre me ha gustado ese personaje. De hecho, la peli original, la del Suarzeneitor de John Milius, (de cuando Arnie todavía era bueno), es una de las pelis que más veces he visto en la vida. Siempre que la ponen en la tele, TENGO que verla irremediablemente… ¡Es una cosaaaa…!

El caso es que hay un pasaje de esa peli, que tengo clavado en la cabeza, y muy asociado a situaciones que ahora mismo estoy sufriendo en plenas carnes: es un momento en que Conan adulto, va deambulando preguntando por un amuleto, un símbolo de una secta -de la misma gente que arrasó su aldea cuando era un Jorge Sanz lechón– que consistía en un sol negro y una luna negra… -“con dos serpientes… ¡¡ENFRENTADAS!!”– (decía el bueno de Arnie, mostrando sus grandes puños, uno frente a otro, haciendo así: ¡¡FUASSHHHHKA!!).

Sentimientos enfrentados.

Y es asímismito, oye, que me vengo sintiendo muchas veces, últimamente, respecto a la Lechona. Ahora mismo está en plena fase pre-gateo, y se tira el día sentada, como si tuviera complejo de mecedora, arrimándose p’alante como si quisiera arrancarse a andar ahí mismo… que parece que se va a caer al abismo, de lo que se inclina, la gordita. Y como no ve el peligro, bollito mío, pueeesss…

Ya os imagináis la situación, ¿verdad…? Allí nos vemos su madre y yo, con el ojo encima y el corazón en un puño, el santo rato… pendientes del bollito. Que si se inclina demasiado, allá que vamos rápidamente… ¡¡¡CHIÚÚÚÚÚNN…!!! Pero nooooo… no se cae, la tía. Y así el día entero… que parece una ciclista del Tour amagando con el demarraje subiendo un puerto de 1ª: ahora te ataco, ahora no… en esta curva te ataco, en esta otra no. Y cuando te descuidas un segundo… ¡Zasca! La niña por ahí toda desparramada por los suelos, como si fuera una bayeta con patas…

Y es que le veo la cabecita (o el melonazo que está echando ya, vaya…), y me imagino un golpe contra el suelo, o con los dientecillos que ya le están asomando… y se me ponen los pelacos como escarpias. Eso, y tirar zumbando para el hospital para que me la escaneen dearribabajo, todo uno. Pero claaaaro… hay que dejarles espacio y que prueben, que así es como aprenden… y que lo que uno debe hacer es estar ahí para recogerlos y consolarlos cuando se caen.

Trompazo de bebé: ¿Educativo y necesario, o cruel e innecesario?

Claro, claro… Sí, sí… Hasta ahí, la teoríaaaaa… dabuti. Pero eso tampoco lo te explica nadie muy bien, cuando uno está soltero, o emparejado sin preocupaciones, y salen las conversaciones sobre niños y bebés.  No estás con la guardia subida, en plan: –“¡Qué bueno, esto que cuentas! Esta me la apunto en la libreta, en la columna de los “CONTRAS”, cuando tengamos LA conversación, aquí la menda y yo…”-

Y el caso es que soy, definitivamente, el eslabón más débil de la cadena familiar de la Morada. La semana pasada la Lechona se cayó para adelante en la escuela infantil, en una de estas lechonadas de las suyas de ahora, y se dio un golpetazo en la nariz, con profusión de fluido sanguinolento. Y claro… Churri me lo contó al llegar a casa, intentando suavizar un poco la movida (es el primer GRAN porrazo de la Lechona, ¿vale…?), y… obviamente, me entró un nosequé… que quéseyó… por dentro. ¡¡¡Ayyyyyyyynnnsssss….!!! ¡¡Cagontó!!

Bueno… son las cosas del crecer. Vale… Pero son las que NO molan. (¡Y las que nos quedan…!) ¡¡BRRRRRRR…!!