¡¡¡…Y yo con estas barbas!!!

Relatos sobre mis experiencias y expectativas como padre novato


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Adiós, amiga fiel

Llegaste a nuestras vidas casi por azar, tras un tiempo olvidada en algún oscuro rincón.

Otros rozaron antes tus suaves pieles, y como premio cruel a tu brillante dedicación, sufriste la desgracia y el dolor del verte apartada, quizás injusta y prematuramente, de lo que más amabas; de aquello a lo que tu existencia daba sentido.

Sin embargo, es destino te tenía reservada una nueva oportunidad. Aquel destierro no era tal, ya que aquellos a quienes serviste tan fielmente seguían teniéndote en su agradecida memoria.

Y te viniste a casa. Con nosotros. Con mi pequeña…

Y volviste a brillar de nuevo. Fuerte. Decidida. Noble. Valiente te alzaste para sortear todo tipo de caminos y dificultades.

Nos acompañaste siempre a donde fuera que necesitáramos. Siempre has estado ahí. Velando. Agazapada. Al a espera, aguardando paciente tu momento.

Tú nos lo has dado todo. Nos has dado tu propia vida. Te has sacrificado por mi hija hasta la extenuación. A eso llamo yo un amor fiel y sin condiciones. Sufriste empujones, desgarros, golpes… La humillación de la servidumbre, tantas veces machacada, pisoteada y manchada. Y seguías ahí… Estoica y firme. Cada día dispuesta. Cada día preparada y lista para enfrentarte a lo que el mundo te dispusiera.

Te acogimos y cuidamos, pero el tirano calendario dicta su cruel sentencia y a todos nos termina llegando la hora. Al final, y de manera inevitable, tu ya frágil cuerpo se quebró sin remedio, más allá de quirófanos. -“Hasta aquí hemos llegado…”-, nos dijiste. Ha sido un “basta”, desde lo profundo y con todo el dolor de tu ser.

En el fondo, soy un mezquino, y no te ocultaré que siempre llevaré clavada la espina de saber que fuiste tú, de entre todos los que deambulamos por este mundo, quién por más tiempo sostuvo y abrazó a mi pequeño tesoro. Quién más tiempo la ha llevado protegida y sentada en su regazo.

Nos lo diste todo, y por eso te llevas allá donde vayas ahora, mi admiración, mi respeto, mi cariño, y lo que quizás es más importante: nuestra gratitud eterna, y el derecho a recordarte para siempre.

Adiós a la sillita de la niña

Ya formas parte de la historia de mi familia. 

Descansa en paz, querida amiga. Te lo has ganado.


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Adiós, mi corazón…

Hasta aquí ha llegado este breve, hermoso y doloroso episodio de nuestras vidas.

Íbamos a tener un precioso bebé… Y ya no. Hoy nos hemos despedido… ¡Y es algo tan increíble el modo en que te fuiste…! No sé qué decirte, mi pequeño amor sin rostro. No sé qué decirte…

Solamente, que jamás te olvidaré.

Y ya está… Eso es todo.

Mañana toca madrugar.

Adiós a mi bebé