¡¡¡…Y yo con estas barbas!!!

Relatos sobre mis experiencias y expectativas como padre novato


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Buscando un colegio

Bueno… Pueeeees… Esta entrada ya iba tocando. Los dados… rodando por el tapete: YA ESTÁ ENTREGADA LA INSTANCIA DE PETICIÓN DE COLEGIO.

Han sido un par de meses ciertamente interesantes… Por no decir otra cosa.

Llevo mucho tiempo pensando en escribir sobre el tema de la búsqueda del colegio, pero los días pasan, los acontecimientos pasan, y no se me ocurría la mejor manera de enfocar este asunto, ni encontraba el hueco para hacerlo. Este tema da para para un blog entero, si te pones, así que mejor voy al resumen y a las conclusiones.

Lo básico: espero que a nuestra Lechona le guste el colegio que hemos elegido para ella. No sabemos todavía si nos lo concederán, pero en cualquier caso, caiga donde caiga, nuestro deseo para ella, por encima de lo demás, es que sea feliz.

Deseamos que en el colegio se encuentre a gusto; que aprenda cosas, haga amigos (puede que alguno hasta le dure toda la vida), se desarrolle como personita, y por supuesto, que disfrute y pase allí grandes momentos que atesore para siempre. Tal es el PODER que tiene el colegio en la vida de un niño. Todos lo sabemos. Y no es poca cosa.

Allí conocerá a las personas que serán la máxima referencia en su vida, junto con nosotros. Alguno, de hecho, puede que influya en su vida de manera definitiva: algún maestro o maestra que plante en ella una semilla de inquietud, de curiosidad, de amor y pasión por algún menester concreto, que haga que enfoque su futuro a desarrollarse personal o profesionalmente por un campo determinado… Por poneros un ejemplo.

Han sido dos meses de visitar centros, de jornadas de puertas abiertas y encuentros informativos, en que hemos recorrido los pasillos de al menos cinco centros, del total de 9 colegios que nos pillan en un radio de 10 minutos andando desde casa, y entablado una primera aproximación con parte del personal que dirige y gestiona dichos centros. Recopilando información. Recabando sensaciones… 

Esta búsqueda, me ha llevado a afirmar que no creo en la existencia DEL COLEGIO PERFECTO. A medida que visitaba centros, veía en unos las carencias y virtudes de los otros. Cada uno, cojeando de una pata diferente, por así decirlo…

Al final, la conclusión lógica a la que llegas es que hay una serie de factores, que debes primar en función de tus necesidades y tus circunstancias. Y que al final, dictará sentencia EL PROFESORADO. Por encima de cualquier otra cosa.

Finalmente, nos hemos decantado por un cole público, al que podemos ir andando, aunque no es el que está frente a casa. Y aquí, dictaron sentencia las SENSACIONES POSITIVAS que me transmitió el sitio, y la importancia que le dan en el centro al desarrollo plástico y artístico, junto al desarrollo de la lectura. Confieso que ahí me ganaron por la mano. Además de trabajar por PROYECTOS toda la etapa de infantil.

Debo reconocer que para mí no ha sido tarea fácil, la elección. A diferencia de Churri, que vive aquí desde toda la vida, yo no conocía nada de estos colegios. Y quería informarme bien. Y en esto ha quedado finalmente la cosa: la decisión está tomada. La suerte, está echada. ESTO ES LO QUE HAY.

Esto de buscar colegio es una fiesta

No voy a hacer un post sobre pros y contras; sobre mil y un detalles que implican elegir tal o cual cosa. Quizás escriba sobre estas cosas en un futuro, pero ahora mismo no me apetece.

Hoy simplemente quiero remarcar que toda esta fase, me ha dejado una especie de… agujero. Una inquietud vital que me tiene un tanto desconcertado, por lo que implica y representa.

Pese a todo lo escrito más arriba, una pregunta me ronda por la cabeza como si de una mosca cojonera se tratase: -“¿HABRÉ HECHO LO SUFICIENTE?”-

Me explico: ¿hasta qué punto la búsqueda o elección de un colegio, puede condicionar la vida de la familia? Cuestiones como el trabajo o la vivienda… ¿Están por encima de la educación de los pequeños de la familia?

Uno puede plantearse la cuestión de mudarse por temas de trabajo. Es un ejemplo típico. Porque lo tomamos como algo prioritario. ¿Te plantearías lo mismo, por temas de colegio? ¿Eliges cole simplemente en función de lo que te rodea, de lo que hay en tu barrio, o eres de los que, conociendo el colegio de tus sueños, moverías cielo y tierra, mudando a la familia de ciudad incluso, por elegir ese colegio que quieres? Es decir, priorizar la educación de los hijos por encima de todo lo demás…

Hoy me siento… ¿Cómo decirlo? -“No tengo tiempo. No tengo recursos. Igual el cole que está frente a casa está bien…”- ¿Utilizas estos argumentos para evitar preguntarte, si no merece la pena que inviertas más tiempo y esfuerzos a informarte sobre cuál puede ser la mejor opción respecto a la educación de tus hijos?

Reconozco que a mí esto del interés de los colegios me ha pillado a destiempo. Soy así de pavo. Sabiendo hace uno o dos años las cosas que sé ahora, igual hubiera tomado un rumbo diferente. (Quizás sí me hubiera planteado comprar un coche, por el tema de ampliar radio de búsqueda, o modificado de otra manera mi horario de reducción de jornada laboral, para poder llevarlo o traerlo en condiciones…) No lo sé.

Hay gente que cambia de piso. De barrio. Puede que de ciudad. Que cambia sus trabajos. Que renuncia a cosas importantes, con tal de conseguir el colegio que consideran fundamental para sus hijos. Yo no he hecho nada de eso. Y esa es la incertidumbre. El no saber si HE HECHO LO SUFICIENTE. Si hubiéramos podido ampliar el radio de búsqueda. Ya sabéis… Dudas absurdas de padre-mártir. Lo de siempre, vamos. Echarse tonterías encima, como si no tuviéramos ya suficientes cosas, carajo…

En fin. Sea como sea, la decisión ya está tomada. Ahora, a esperar y cruzar los dedos. Esperemos haber acertado. Yo creo que el cole está bien. Aunque solamente el tiempo lo dirá…

Y para todo lo demás, YA ESTAREMOS NOSOTROS, que es lo importante. 

(Este post viene a colación a mi respuesta mental a dos publicaciones concretas: este genial post de Pau Almuní, de Niños emprendedores y una reflexión que lanzaba Melisa Tuya, de Madre reciente, vía Twitter, en la que preguntaba: ¿Qué colegio quieres tú para tu hijo? ¿Qué buscabas? ¿Qué no querías? ¿Estás contento con el que conseguiste?)

Así que desde aquí, hago mías de nuevo sus cuestiones, y te pregunto:

¿Qué colegio quieres tú para tu hijo? ¿Qué buscabas? ¿Qué no querías? ¿Estás contento con tu elección?

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¿Segundos hijos…? ¡Un mar de dudas!

Hay una cuestión a la que he venido dándole vueltas cada cierto tiempo durante todo este año. (Y he de decir que este de hoy es un post al que igualmente llevo queriendo darle salida desde hace bastantes meses).

Tienes una maravillosa Lechona que este año ya cumple sus 2 primaveras. Todo va aparentemente bien por la Morada (al menos, todo va dentro de sus parámetros lógicos…), y el calendario mantiene su particular idilio con el otoño, sus hojas cayendo una tras otra, como a golpe implacable de metrónomo.

Y de repente, ¡¡tacháááánnn!! Tu viejo colega, el Reloj Biológico, llama otra vez a la puerta: -“Hey man… ¡¡He vuelto!! (“Guiño guiño” con el ojo, “chicck chicck” con el dedito…)”- y te aplaude la cara de nuevo con un manotazo retador. Y la pregunta, que hasta ahora se había estado manteniendo a distancia, danzante en el aire como una mariposa más o menos cojonera, cae a plomo sobre la mesa con el mismo ruido ensordecedor que haría una biblia medieval de catedral, de esas de 500 kilos, de las gordacas que te cagas

…-“¿Y AHORA QUÉ…? EL SEGUNDOOOO… ¿PARA CUÁNDO…?”-

Y es aquí, a lo loco, mano en la frente y ceño fruncido, cuando uno retoma aquel viejo juego que creía ya guardado: el CUIZZ de las BIG CUESTIONS.

El otro gran valor de otorgamos a esto de los blogs y el mundillo 2.0, aparte de contar la experiencia propia, es precisamente el de recabar información de los demás usuarios de la red, nuestros queridos vecinos virtuales en esto de las miserias y alegrías comunes y cotidianas.

Pues bien. Vaya por delante que seguro que es por mi escasa dedicación lectora, dentro de la gran abundancia de bitácoras de temática familiar que hay hoy en día… Vale. Pero dentro de todo lo que leo, me ha parecido encontrar un serio déficit de contenido respecto a este momento concreto: el momento en que una pareja se plantea ir a por el segundo lechón. (Y aquí me voy a permitir el lujo de incluir tercero, cuarto y de ahí en adelante, para gente amante de las grandes camadas…)

Sí que se leen cosas del proceso, con el embarazo, o de cuando ya lo tienes encima, arropado entre tus brazos; de lo duro que es, de lo maravilloso o dramático que resulta, según el caso… De lo que implica, de cómo lo llevan unos y otros; unas y otras. Y así un largo etcétera. Pero lo que es realmente sobre la FASE PREVIA, leer… leo poco.

Y no entiendo muy bien por qué. Porque a mí, a nosotros como pareja, llegados a esta fase en la que diría alguno …que se nos va a pasar el arroz, se me vienen a la mente MIL MOVIDAS. MIL DUDAS. MIL PREGUNTAS. MIL TEMORES. MIL PUÑALES A REPARTIR A PARTES IGUALES ENTRE LA CABEZA Y EL CORAZÓN, PARA LO QUE VA A SER LA GRAN REYERTA A CARA DE PERRO ENTRE LOS DOS. 

¿Todo el mundo asume tan fácilmente lo que puede implicar tener otro crío…? ¿Nadie airea sus “pegas”, sus dudas, sobre la decisión en sí misma? Igual es que yo le doy muchas vueltas al coco, ya no lo sé… Pero es que a mí me martillean de cuando en cuando como una colleja de esas con efecto que repartían los profes rancios del viejo régimen, para devolverme a mi sitio.

Yo, ahogado por las dudas sobre tener más hijos.

Quieres otro crío, vale… Pero… ¿Realmente estaremos haciendo bien teniendo otro? ¿Es lo más adecuado? ¿Estamos haciendo lo correcto? Para nosotros, como pareja… Para el mundo. ¿Es este nuevo acto de amor una acción verdaderamente responsable? Se me podrían ocurrir 1000 razones para tenerlo, pero creo que igualmente se me podrían ocurrir otras tantas excusas para no tener más.  ¿Simplemente vale CON QUERERLO ambos, y ya está? ¿No hay más que hablar…? ¿Así funciona la cosa…? ¿Arriesgamos nuestra más-o-menos estable felicidad actual y presumiblemente futura, por una apuesta de riesgo imprevisto? ¿Y SI LA CAGAMOS? ¿Y SI ESTAMOS COMETIENDO UN ERROR TENIENDO MÁS CRÍOS?

Un ejemplo: ya has tenido tu primer lechón biológico; Perfecto. Ya has perpetuado tus genes, asegurado la continuidad de tu linaje, el desarrollo de una descendencia y la pervivencia de  tu apellido; tu crío es monísimo, clavadito a ti y todas estas chorradas medievales, bla bla bla. La saga familiar continúa (como con Star Wars), y los suegros sacan pecho, vale… Ya tienes tu medallita. Pero además, quieres otro. Tal y como está el percal en el mundo… ¿No sería el momento perfecto PARA ADOPTAR…? Por ejemplo, digo yo…

Luego están las profundas cuestiones relativas a la pareja: ¿estaré, sin saberlo, con un segundo encargo, dando la puntilla a mi relación? Si solamente ya con uno, es duro y complejo, con sus conflictos y gaitas… ¿No sería otro lechón más, un suicidio de pareja? ¿Un clavo en la tapa del ataúd de la relación marital? Creo que la mayoría (realista) ya asumimos que 1+1, en este caso suele ser más que 2. Vale, igual estoy siendo un poco exagerado o radical. Pero, ¿no podría ser, al menos, una duda razonable...? ¿No es tan descabellado pensar que es una prueba más dura, una montaña todavía más grande y complicada de escalar que la que escalas con el primer hijo? No tengo estadísticas delante, ni tengo a un Marty McFly de dentro de 10 o 15 años que venga en un flamante DeLorean, y me avise y me asegure que todo sigue viento en popa en el hogar familiar.

¿Y qué hay del sexo? Por aquello de escribir sobre algo un poco caliente, digo, y elevar mis paupérrimos índices de audiencia… Mi experiencia con nuestra peque me ha escaldado un tanto… (Algún día quizás saque el tema…) Y solamente pensar en otra situación similar (que puede volver a darse, O NO; está claro…), pues no me hace la mayor de las ilusiones, ciertamente. Temo que, llegado el momento, tenga que hacerme un calendario de bolsillo con una foto de mi Churri en tanga picantón, para llevar en la cartera y en el bolsillo del pantalón, como único roce real a largo plazo. (Ya sabéis, lo de ingresar forzosamente en la Hermandad de Onanistas Solitarios Recalcitrantes como miembro honorífico, cuota pagada para los próximos cinco años, y toda esa mandanga…) Bueno, ya no hablo de sexo; hablo de simple roce humano mínimamente íntimo. Eso, pues me preocupa, oye.

¿Y el asunto económico? ¿Qué hay de la logística? ¿Cómo nos apañaremos con los gastos? ¿Habrá que cambiar de casa? ¿Nos tendremos que comprar un coche a la fuerza? (Con sinceridad… ¿Cuántos padres de dos, conocéis, que no tengan coche…?) ¿Cómo y dónde almacenaremos todo lo que necesitarán 2 niños durante años…? ¿Y cómo será vivir AGOTADO física y mentalmente durante años? Si ya con uno vas aprobando, raspado, raspado… (Y ojocuidao, que esta niña es de las buenas…) ¿Cómo aguantar el tipo así, sin querer tirarte por una ventana, o decir en casa aquello de -“…Churri, oye… Que me bajo un segundo al estanco a por tabaco…”- y que años después todavía te estén esperando?

¿Qué hay de otras posibles complicaciones…? De nuevo, jugamos contra las estadísticas; que, vale, tenemos las de ganar, pero… Ahí están. Y acojonan. A veces, las cosas chungas no solamente les pasan a otros. ¿Qué hay de posibles discapacidades, o enfermedades…? ¿Seremos capaces de afrontar un puerto de montaña de categoría especial como algo de eso? Los riesgos inherentes a un embarazo entrados en los 40, y todo eso. O sin hilar tan fino… Simplemente, que el primer crío te ha salido un bendito, un niño-trampa. Te flipas, y el segundo es el porculero de verdad. El que te aprieta hasta ahogarte. El que desata los infiernos. Vamos, el gran clásico. (Eso, o que te vengan cuatrillizos, también, claro…)

No lo sé… No lo sé… Podría seguir así hasta que el teclado echara fuego, y mi cerebro seguiría licuando preguntas en morado. Parece claro que la genética (y el corazón) nos predisponen, me temo (y usando un símil balompédico), a colárnosla de libre directo y por toda la escuadra, pasando el balón siempre por encima de la barrera y por muchos jugadores que pongamos en ella para cubrir esa falta. Por muchas preguntas que me haga; por mucho que me acojonen las posibilidades más oscuras; aunque no tenga jodida idea de qué narices me va a deparar el futuro… Si llegado el momento nos pica el gusanillo, …no habrá chorradas ni barreras que frenen ese balón. Ya lo sé. Y oye… Que lo asumo.

Sin embargo, y he aquí la cosa… Aunque uno asuma todo esto, me llama la atención lo poco visibles que veo estas incertidumbres en los demás, en el resto de bitácoras del mundillo 2.0 (y de paso, en el mundo de la calle…) Sé que no solamente es cosa mía y que seguramente me equivoco, como decía al principio… Pero sería al menos un pequeño consuelo agradable el saber que no soy el único chalado de amor fou de este planeta, con una mente ciertamente acojonada ante el vértigo de recoger el guante de ese maldito reto.

 

¿Y a ti también te asaltaron, o te asaltan, las dudas? ¿Fuiste capaz de sacarlas fuera…?

 


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El adiós al chupete… (Round #2)

Retomo hoy el hilo de un post reciente, el del chupete, al que prometí dar continuación, así que aquí estamos de vuelta con el tema del sueño. No sé si segundas partes nunca fueron buenas, como en el cine (aunque ahí está El padrino II para demostrar lo contrario…), pero está claro que a veces son necesarias, aunque solamente sea para poder contar aquello de… -“Luke… ¡Yo soy tu padre…!”-, y dejarnos a todos lóquimers, quedándote más a gusto que un arbusto.

Empecé a escribirlo a la semana de publicar el anterior, pero como aquí somos como somos, en lugar de sacarlo a su debido tiempo… pues lo suelto mes y medio después. Ya me vais conociendo; me mola hacerme de rogar.

Tenía el hilo muy cogido, de lo poco que escribí anteriormente, pero el tiempo ha ido pasando, y ha ido ocurriendo un poco de todo, así que correré un tupido velo e intentaré resumir más o menos lo que hemos ido notando en casa respecto a cómo hemos ido llevando todos el tema del adiós al chupete.

Lo primero, es una reflexión personal: sigo teniendo mis reservas a la decisión que tomamos, de si realmente hicimos bien o no. Ahora bien, una vez tomada, apoyo total a tirar para adelante. Siempre se puede recular… De hecho, es lo lógico si realmente percibes que no se ha tomado una decisión correcta. Pero al igual que las monedas siempre tienen dos caras, con las decisiones pasa lo mismo, que una vez tomada una, careces de la información de qué hubiera pasado si no hubieras tomado esa decisión (a corto, medio o largo plazo), y hubieras optado por lo contrario. Es un arma de doble filo, por tanto. A toro pasado, siempre se ven las cosas de otra manera… (y no descubro Roma con esta frase).

Bueno… Apuntado esto, he de decir que el cambio principal que venimos notando, en general, es un cambio de rutinas de sueño, principalmente. La rutina de irse a la cama, ha cambiado por completo. Y en cierto sentido, he de decir que me gusta más. Aunque es bastante más coñazo. Más que de rutina de irse a la cama, debería decir, rutina de acostarse, o dormirse. Y no puedo evitar la sensación de pensar que parte de ese cambio, chupete culpable o no, viene dado también por el hecho, como decía en el último post, de que la peque está creciendo a toda máquina.

He aquí algunos resultados de todo este proceso:

# Ahora, lo normal es que participemos los dos, tanto Churri como yo, en el proceso de acostar a la Lechona, todos, o casi todos los días. Primero empieza uno de los dos, está un rato con ella aguantando los últimos zascandileos de actividad frenética repentina previa al coma profundo… Y acto seguido, el otro le da el relevo, y termina de darle la puntilla, aguantando hasta que la peque cae rendida por KO absoluto. (Tampoco es algo exagerado; hablamos de entre 5 o 10 minutos, si se da bien, o más tirando a 20 si se da reguleramente… Por ahí anda la cosa).

Aquí, entran ya todas las técnicas a nuestra disposición, para lograr el objetivo: cuentos, canciones, juegos, apagar luces, montar fiestas con muñecos, tirar de dinosaurios y demás artilugios musicales, arrumacos y caricias y besos varios… Y esta es una de las grandes diferencias: el chupete, como bien sabéis, es como un Kill Paff, que lo enchufas, y te olvidas. Pero ahora no; ahora, hay que currárselo un poco más. Si está cansada, cae pronto… Pero si no, la cosa puede llevar más tiempo y paciencia. Pero oye… Que caer, cae. Y decía que me gustaba más, porque me gusta esta rutina; me acerca un poco más a ella. Es más coñazo… pero tiene su puntillo. Y he de decir que se me da mejor a mí que a Churri. (He desarrollado toda una batería de técnicas jedi para dejarla frita… En el caso de Churri, es mi pobre la que se queda friter antes que la niña, si se descuida…) Mi morena… que es así.

# He redescubierto y rescatado del ostracismo a un poderoso aliado, regalo de una amiga: ¡el osito Tummy Sleep!

Este curioso invento nos lo regalaron con la mejor de las intenciones, hace más de un año, y terminó siendo desde el primer día, un bulto recogepolvo más, en una esquina de la cuna. Porque nunca hubo necesidad real de usarlo para lo que está realmente concebido. Pero es ahora cuando estamos aprovechando TODO SU POTENCIAL, y sacándole verdadero partido. (Aunque directamente hemos sacado el aparatejo de las tripas del oso, y lo tenemos suelto, colgando de los barrotes de la cuna). ¡¡Rockanrrollin’!!

Entre las melodías que trae, (capaces de sobar por aburrimiento a un bakala hiperactivo hasta las cejas de anfetas), los ruidos blancos, sonidos ambientales varios y la opción de grabarte (cantando tus propias versiones redux de Los Pitufos del Padre Abraham a una revolución y media, o simplemente hablándole cositas…), el invento se nos ha mostrado como la mar de útil, en este punto. Principalmente, porque se activa él solito cuando suena algún ruidito cerca (cuando la peque se menea y espabila un poco); y muchas veces basta simplemente un mínimo de musiquilla para que la nena se vuelva a quedar frita ella sola, sin tener que levantarnos.

Saca el cantante que llevas dentro con el oso Tummy Sleep.

Eso sí… O lo amas, o lo odias. Si eres de oreja sensible como yo, es posible que aparte de dormir a la peque, el run run te despierte a ti, y te entren ganas de tirarlo por la ventana, o destrozarlo a martillazos. Pero no dejemos que llegue la sangre al río… Que se apaga y punto. (Y he de decir que yo, hasta le he pillado la gracia a la musiquilla… ¡Jate tú!)

# Al hilo de esto último, los momentos de despertarse por la noche de la Lechona, no han cambiado. Se sigue despertando varias veces; entre una y… varias. Dependiendo de la noche y las circunstancias. (Seguimos descubriendo factores de riesgo: muy abrigada, poco abrigada, que haya cenado más o menos, que estuviera más o menos cansada, que si con el saco normal, que si con el saco con piernas…)

Lo que ha cambiado, es la respuesta: de nuevo, antes, volvías, le ponías el chupete (que se le habría caído), y fuera; en un segundo, estabas de vuelta en la cama. Ahora la cosa es más compleja: como no hay interruptor Kill Paff, la cosa puede tardar un poco más. Y de nuevo, creo que tengo más mano que Churri… Eso, o que la peque le tiene cogida la medida a ella, y cuando va ella, se espabila más y corremos el peligro de empezar a montar una fiesta, que acabe, tras un rato de llantos, con los tres colechando en amor, compañía y fatigas, en la cama… (Lo que se traduce en, al final, las dos roncando, la nena en todo el medio, y yo, arrinconado, con los ojos como platos y destrozado de los nervios).

Como curiosidad: ahora se menea y despierta como una hora, hora y media después de dormirse. Siempre o casi siempre. Ni idea de por qué. Pero, un traguito de agua, un susurro, una caricia… y a seguir sobando.

*Briconsejo NÚMERO UNO: no te pires de la habitación de la niña sin dejar a mano su vasito de agua BIEEEEEEEEN LLENO. Debe haber dromedarios sedientos en Mauritania que beban menos que esta niña a lo largo de la noche.

# Otra cosa: es muy gracioso ver como la Lechoncilla ha evolucionado. Sigue sin tenerle mucho aprecio (por decir algo) a que la arropes o la pongas el saco, porque es un espíritu libre que gusta de moverse y recorrer cada centímetro cuadrado de la cuna, en todas las posturas posibles, pero ha empezado a desarrollar claramente el gusto por jugar con lo que pueda dentro de la cuna. Estos últimos días andamos con las fiestas de muñecos, por ejemplo. (Es decir, quiere en la cuna todo peluche o similar que pilles, y se monta una escena como la de E.T. camuflado en el armario de Elliot; y los arropa, y los menea, y les cuenta cosas… ¡Un espectáculo!)

# Que, en general, es más duro. El chupete, no podemos negarlo… es muy cómodo. Y el no tenerlo a mano, hace que todo sea más pesado. A veces reconozco que hemos estado a punto de sucumbir (al menos yo).  Al empezar con esto, nuestra Lechona estuvo pidiendo el TUH-TUH durante muchos días… O haciendo el gesto. Más de lo que esperábamos. Pero se terminó olvidando… Aparentemente. Y curiosamente, tras semanas sin hacer mucho caso, estas dos últimas noches de repente se descuelga con que quiere el chupete. WTF…?? Así que… NO SE LE OLVIDA TAN RÁPIDAMENTE.

# Que… se puede hacer. Que, por lo mismo, los chupetes son algo muy útil, pero no imprescindibles. ¿Que lo ha echado de menos? Sí. ¿Qué nos facilita la vida a todos? Sí. ¿Qué es útil? Sí. ¿Que de esta le va a quedar un trauma? Pues no. No lo creo. Todo es cuestión de buscar recursos y metros de paciencia.

Está claro que… quitarle el chupete a nuestros críos, algún día habrá que quitárselos. Ahora bien… Lo lógico es dejar hacer a cada familia, a cada caso; que nadie mejor que vosotros sabe cómo es vuestro bebé, cuál es la necesidad que hay en casa, y cuándo llega el mejor momento para hacerlo.

Aunque en el fondo… NO TENGAMOS NI IDEA.


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Adiós, chupete, adiós…

Demasiado tiempo iba haciendo ya que no me ponía a teclear.

La verdad es que, en cuestiones blogueras, lamentablemente no es que haya empezado el año, digámoslo, a todo tren… Y no solamente en cantidad: muchas cosas en la cabeza, pero no terminan de cuajar en la pantalla, y lo poco que saco, no es ni lo que pretendía, ni como lo pretendía: si me descuido, enero se me escurre entre los dedos hablando apenas básicamente sobre violencia irracional e integrismo absurdo. ¡¡Yupiiii…!!

Y hoy me encuentro un poco en una tesitura similar… Siento que tengo que contar esto, pero quería que fuera distinto, de otra manera, ¿sabéis?; quería recuperar el tono divertido, fresco, desenfadado que he intentado plasmar en otras ocasiones, pero de nuevo me veo en las mismas, y no sé muy bien si al final me voy a salir por peteneras…

Este finde pasado nos hemos metido en el jaleaco del chupete. Porque sí… ¡porque nosotros lo valemos! ¿Vale…? Este ha resultado ser EL FINDE. ¡Sí, sí…! ESE finde: el finde en que decidimos mandar a tomar por culo jubilar… el chupete de nuestra amada Lechona.  (Si tuviera pasta para una orquesta, ahora sonaría un redoble de fanfarria de fondo…)

Y el caso es queeeeee… hmmmssssqqqgrrrrr… aññaagggghhh…chffffssscrrgggg... –sonidos guturales y rechineo de dientes– Que aunque haya sido pensado y “programado”, como siempre, me ha pillado un poco a contrapié. Soy así de desastre… o de lerdo; algunos ya me vais pillando el rollo, seguro. Vamos, que pese a que lo teníamos planeado y demás, no me lo tenía yo… estudiado ni preparado el tema del todo en condiciones.

No sé… Churri, que es más echápalante, lo tenía muy clarito (más que yo), y sobre el papel, parece que la cosa estaba bastante cristalina. Veréis:

#1- La niña… usa chupete. Hasta aquí, vamos bien, ¿no…? Porque… veamos, que hay críos que no lo usan; no es tan raro, ¿no? Mi propia sobrina E, por ejemplo. Y sobra decir que, evidentemente, es algo así como milagroso: chupetazo al canto, y ya no hay niña. Es como un chute instantáneo de morfina para bebés.

#2- El chupete… lo usa, digamos que poco. Para lo que viene siendo un chupete, vaya. Desde que nació, entendimos y decidimos que lo usaríamos lo mínimo; en casos puntuales y demás. Y la verdad es que más o menos la cosa ha sido siempre así, todo hay que decirlo. Al final, simplemente lo usa para dormir. Durante el día no lo ha usado nunca, en general -salvo para las siestas-. No lo necesita para calmarse, ni nada de eso. Ea. Seguimos avanzando…

#3- Resulta que en la escuela… se lo quitaron para la siesta… ¡hace meses! ¡¡Y no pasó absolutamente nada!! (Buen precedente, yo diría… ¿no?)

#4- La gordita está creciendo a todo tren. Ya es muy consciente de muchas cosas… ¡¡Y también de su chupete!! No es tonta, aquí, mi niña: hace ya unas cuantas semanas que lo pide… y sabe pedirlo: es su “TU TU…” Te lo habla… y te lo signa, por si igual eres cortito y no lo pillas a la primera.

#5- Más cositas… Llamadnos absurdos, pero por ejemplo: no tenemos chichoneras ni faldones ni nada de eso en la cuna (que hagan de barrera), por un lado, y por otro, tampoco atamos el chupete con una cadenita al pijama de la nena. Igual nos dio un poco de yuyu en su día, siendo más pequeña, yo qué sé… da igual. ¿Resultado? El obvio… Lo normal es que nos toca levantarnos varias veces durante la noche, porque lo pierde, y se le cae, o simplemente no lo encuentra, y se pone a llorar o a dar el coñazo. Y no es de los que palpan hasta encontrarlo, en cualquier caso, si quedara en el colchón. No es TAN lista… o igual es que simplemente pasa de buscarlo; ya están los tolis de mamá y papá. Total, te acostumbras; es un segundo, pero es un coñazo supino. (Nadie se me ha perdido todavía, ¿no…? Bueeeeeno…)

#6- Decía, que cada vez es más consciente del chupete. Si está por la habitación, el salón, o donde sea, y hay un chupete a la vista, si puede, lo trinca. (Hmmm… igual te está empezando a molar demasiado, ¿no, pequeñaja…?) No tiene problemas en devolvértelo si se lo pides, pero cada vez le mola menos deshacerse de él. Vamos, que cada vez la veo más… yonki, de la tetina, en lugar de menos, a medida que crece. Y no termina de molarnos.

#7- Y ya termino de atufar con tanto numerito… El paso lógico a dar parecía claro: por un lado, parece que se está volviendo más dependiente, y consciente de que lo necesita, o de que le gusta. Por otro, si en la escuela ya no lo usa y no pasó nada, y tienen como objetivo que terminen el curso sin chupete… Pues oye, como que podríamos intentar ir pensando en quitárselo ya, y no esperar más… que cuanto más lo retrasemos, peor. ¿No…?

Ese era nuestro razonamiento. Como digo, Churri estaba más convencida… Yo, como siempre voy retrasado en todo, no sé… Igual pienso a veces que es muy pronto, pero le doy la razón de todas maneras. Es posible que esté pensando que hoy es el chupete… y que mañana me va a pedir pasta para salir a una fiesta de pijamas con las amigas, en casa de Choni… (Sí… ya os he dicho por aquí varias veces que soy un blándimer de la vida…)

Total… Que este finde ha sido el definitivo, y el viernes pasado… el chupete, murió. Ya está hecho. Nada de… “se lo han llevado los Reyes y a cambio te han dejado este bonito puzzle de Peppa Pig” (Oye… a mi amigo Edu le funcionó con su primogénita… –¡Un saludo, tron…!) Más bien, la cosa fue del palo: -“¡Se ha roto, cariño…! (Claro, claro… con un tijeretazo trapero, malsano, cruel y a traición, pero eso no se lo dices a la niña…) Como ya tienes dientes, se ha roto de morderlo…”- Vamos, algo más o menos en una línea un poco más lógica (si se puede aplicar la lógica con una niña de 16 meses) Y claro, se lo das roto… la niña lo ve… se lo mete en la boca igualmente… la cosa ya no funciona como antes… y se queda con cara de pócker.

Se nos acabó la fase del chupete.

Bueno… pues a partir de ahí, un rosario de… actuaciones diversas, erráticas, caóticas y sin patrón aparente, cada noche: ¡¡Lo pide con insistencia antes de dormir!! ¡¡Parece que se despierta menos durante la noche!! Ahhh… pues no. ¡¡Se despierta… y tarda más en dormirse!! ¡¡Vaya, solamente se ha despertado una vez en toda la noche!! Y mientras… sigue pidiéndolo cada noche… ¡¡No se le olvida!! Igual si su muñeca no tuviera uno y no tratara de ponérselo ella…

Pero el colmo del vaso llegó anoche: tras casi conseguir dormirla… va, la pobre, y de un brinco tonto en la cuna, se me da un golpe en la cabecita con la barra (náááááá… una tontuna... para lo que es ella), pero se desató LA MUNDIAL. ¡¡¡Fliiiiiiiiiiiipa…!!! Bueno bueno bueno… No había manera de consolarla. 16 meses de niña… y anoche tocó el rato que más tiempo la recuerdo llorando. Y claro… si no hay chupete, pues no hay chupete. ¿Tres cuartos de hora llorando…? Yo que sé. Algunos ya os estáis partiendo de mí, lo sé, pobre pardillo afortunado… pero para el padre agobiado de una niña que no llora nunca de normal, más de tres segundos… creedme, es UNA ETERNIDAD. Uno de esos récords que no tienes ninguna prisa por que se batan.

Y aquí es cuando y donde me asaltan todas las dudas del mundo. ¿REALMENTE LO ESTAMOS HACIENDO BIEN? ¿Hay necesidad? ¿Hay tanta prisa? ¿Lo estamos haciendo correctamente…? Sinceramente y sin coñas… estoy un poco desconcertado ahora mismo. Me siento un poco Estivill pero sin pretenderlo. ¿Hubo necesidad anoche de que llorara tanto… a pesar de estar en los brazos amorosos de sus padres? No es que la dejáramos ahí… no, es que quería su chupete, y de tanto sueño y fatiga que tenía, pues ya entró en bucle, en modo lo veo todo rojo. Porque con el chupete se habría acabado todo en un segundo. Y sin embargo, mira… ¡¡luego durmió el resto de la noche del tirón, sin despertarse ni una sola vez!!

Estoy un poco perdido en este tema, lo reconozco. Creo que me faltan referencias. Como digo, soy un poco lento… y no he leído o investigado quizás lo suficiente. Hoy, más que nunca, me siento muy NOVATO; muy PRIMERIZO; muy… que no tengo ni p… idea de si lo que estamos haciendo bien y que hay que ser constantes y no flojear a la mínima, y si solamente hay que esperar unos días más a que se le pase el “mono” y se olvide de su fiel chupete, compañero de fatigas y de sueños.

Estoy a una con Churri, pero a la vez no puedo evitar pensar: -“¡Qué carajo! Que se quede con el chupete el tiempo que quiera, y ya está… que cuando vaya a la mili, ya se lo quitará ella sola. ¡Qué necesidad!”- Y anoche lo pasé mal, la verdad. Y encima me puse en plan poli malo, llamando al orden y amenazando cada dos por tres: -“¡Oye… si pegas a mamá (la niña, dando manotazos de frustación, rabia, cansancio o lo que sea…), te cojo yo, ¿ehhhh…? Y no mamá…”- Y ahí me teníais. Y claro, eso tampoco me ayudaba mucho. Casi como una patada en los huevos… más o menos.

Resumiendo… que me lío. En esas estamos ahora: que le estamos quitando el chupete, vaya. Creo que la cosa va bien, en general… pero Churri misma se sorprende de que todavía lo pida, casi una semana después. (Yo no me sorprendo… ¿seré más cínico o más realista? No sé si aquí mi morena pensaba que de un día para otro se le quitaría la tontería… Obviamente, no.)

Vosotros, buenas y sabias gentes… ¿Cómo habéis llevado aquí, el tema este…?

No es el post que querría haber hecho. Con chistes, coñas, chascarrillos… Pero a veces, las cosas salen así. Y si no, que se lo digan al pobre chupete… que decapitado deambula cadáver todavía por la casa.

Descansa en paz, amigo. TE LO HAS GANADO.