¡¡¡…Y yo con estas barbas!!!

Relatos sobre mis experiencias y expectativas como padre novato


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Adiós, chupete, adiós…

Demasiado tiempo iba haciendo ya que no me ponía a teclear.

La verdad es que, en cuestiones blogueras, lamentablemente no es que haya empezado el año, digámoslo, a todo tren… Y no solamente en cantidad: muchas cosas en la cabeza, pero no terminan de cuajar en la pantalla, y lo poco que saco, no es ni lo que pretendía, ni como lo pretendía: si me descuido, enero se me escurre entre los dedos hablando apenas básicamente sobre violencia irracional e integrismo absurdo. ¡¡Yupiiii…!!

Y hoy me encuentro un poco en una tesitura similar… Siento que tengo que contar esto, pero quería que fuera distinto, de otra manera, ¿sabéis?; quería recuperar el tono divertido, fresco, desenfadado que he intentado plasmar en otras ocasiones, pero de nuevo me veo en las mismas, y no sé muy bien si al final me voy a salir por peteneras…

Este finde pasado nos hemos metido en el jaleaco del chupete. Porque sí… ¡porque nosotros lo valemos! ¿Vale…? Este ha resultado ser EL FINDE. ¡Sí, sí…! ESE finde: el finde en que decidimos mandar a tomar por culo jubilar… el chupete de nuestra amada Lechona.  (Si tuviera pasta para una orquesta, ahora sonaría un redoble de fanfarria de fondo…)

Y el caso es queeeeee… hmmmssssqqqgrrrrr… aññaagggghhh…chffffssscrrgggg... –sonidos guturales y rechineo de dientes– Que aunque haya sido pensado y “programado”, como siempre, me ha pillado un poco a contrapié. Soy así de desastre… o de lerdo; algunos ya me vais pillando el rollo, seguro. Vamos, que pese a que lo teníamos planeado y demás, no me lo tenía yo… estudiado ni preparado el tema del todo en condiciones.

No sé… Churri, que es más echápalante, lo tenía muy clarito (más que yo), y sobre el papel, parece que la cosa estaba bastante cristalina. Veréis:

#1- La niña… usa chupete. Hasta aquí, vamos bien, ¿no…? Porque… veamos, que hay críos que no lo usan; no es tan raro, ¿no? Mi propia sobrina E, por ejemplo. Y sobra decir que, evidentemente, es algo así como milagroso: chupetazo al canto, y ya no hay niña. Es como un chute instantáneo de morfina para bebés.

#2- El chupete… lo usa, digamos que poco. Para lo que viene siendo un chupete, vaya. Desde que nació, entendimos y decidimos que lo usaríamos lo mínimo; en casos puntuales y demás. Y la verdad es que más o menos la cosa ha sido siempre así, todo hay que decirlo. Al final, simplemente lo usa para dormir. Durante el día no lo ha usado nunca, en general -salvo para las siestas-. No lo necesita para calmarse, ni nada de eso. Ea. Seguimos avanzando…

#3- Resulta que en la escuela… se lo quitaron para la siesta… ¡hace meses! ¡¡Y no pasó absolutamente nada!! (Buen precedente, yo diría… ¿no?)

#4- La gordita está creciendo a todo tren. Ya es muy consciente de muchas cosas… ¡¡Y también de su chupete!! No es tonta, aquí, mi niña: hace ya unas cuantas semanas que lo pide… y sabe pedirlo: es su “TU TU…” Te lo habla… y te lo signa, por si igual eres cortito y no lo pillas a la primera.

#5- Más cositas… Llamadnos absurdos, pero por ejemplo: no tenemos chichoneras ni faldones ni nada de eso en la cuna (que hagan de barrera), por un lado, y por otro, tampoco atamos el chupete con una cadenita al pijama de la nena. Igual nos dio un poco de yuyu en su día, siendo más pequeña, yo qué sé… da igual. ¿Resultado? El obvio… Lo normal es que nos toca levantarnos varias veces durante la noche, porque lo pierde, y se le cae, o simplemente no lo encuentra, y se pone a llorar o a dar el coñazo. Y no es de los que palpan hasta encontrarlo, en cualquier caso, si quedara en el colchón. No es TAN lista… o igual es que simplemente pasa de buscarlo; ya están los tolis de mamá y papá. Total, te acostumbras; es un segundo, pero es un coñazo supino. (Nadie se me ha perdido todavía, ¿no…? Bueeeeeno…)

#6- Decía, que cada vez es más consciente del chupete. Si está por la habitación, el salón, o donde sea, y hay un chupete a la vista, si puede, lo trinca. (Hmmm… igual te está empezando a molar demasiado, ¿no, pequeñaja…?) No tiene problemas en devolvértelo si se lo pides, pero cada vez le mola menos deshacerse de él. Vamos, que cada vez la veo más… yonki, de la tetina, en lugar de menos, a medida que crece. Y no termina de molarnos.

#7- Y ya termino de atufar con tanto numerito… El paso lógico a dar parecía claro: por un lado, parece que se está volviendo más dependiente, y consciente de que lo necesita, o de que le gusta. Por otro, si en la escuela ya no lo usa y no pasó nada, y tienen como objetivo que terminen el curso sin chupete… Pues oye, como que podríamos intentar ir pensando en quitárselo ya, y no esperar más… que cuanto más lo retrasemos, peor. ¿No…?

Ese era nuestro razonamiento. Como digo, Churri estaba más convencida… Yo, como siempre voy retrasado en todo, no sé… Igual pienso a veces que es muy pronto, pero le doy la razón de todas maneras. Es posible que esté pensando que hoy es el chupete… y que mañana me va a pedir pasta para salir a una fiesta de pijamas con las amigas, en casa de Choni… (Sí… ya os he dicho por aquí varias veces que soy un blándimer de la vida…)

Total… Que este finde ha sido el definitivo, y el viernes pasado… el chupete, murió. Ya está hecho. Nada de… “se lo han llevado los Reyes y a cambio te han dejado este bonito puzzle de Peppa Pig” (Oye… a mi amigo Edu le funcionó con su primogénita… –¡Un saludo, tron…!) Más bien, la cosa fue del palo: -“¡Se ha roto, cariño…! (Claro, claro… con un tijeretazo trapero, malsano, cruel y a traición, pero eso no se lo dices a la niña…) Como ya tienes dientes, se ha roto de morderlo…”- Vamos, algo más o menos en una línea un poco más lógica (si se puede aplicar la lógica con una niña de 16 meses) Y claro, se lo das roto… la niña lo ve… se lo mete en la boca igualmente… la cosa ya no funciona como antes… y se queda con cara de pócker.

Se nos acabó la fase del chupete.

Bueno… pues a partir de ahí, un rosario de… actuaciones diversas, erráticas, caóticas y sin patrón aparente, cada noche: ¡¡Lo pide con insistencia antes de dormir!! ¡¡Parece que se despierta menos durante la noche!! Ahhh… pues no. ¡¡Se despierta… y tarda más en dormirse!! ¡¡Vaya, solamente se ha despertado una vez en toda la noche!! Y mientras… sigue pidiéndolo cada noche… ¡¡No se le olvida!! Igual si su muñeca no tuviera uno y no tratara de ponérselo ella…

Pero el colmo del vaso llegó anoche: tras casi conseguir dormirla… va, la pobre, y de un brinco tonto en la cuna, se me da un golpe en la cabecita con la barra (náááááá… una tontuna... para lo que es ella), pero se desató LA MUNDIAL. ¡¡¡Fliiiiiiiiiiiipa…!!! Bueno bueno bueno… No había manera de consolarla. 16 meses de niña… y anoche tocó el rato que más tiempo la recuerdo llorando. Y claro… si no hay chupete, pues no hay chupete. ¿Tres cuartos de hora llorando…? Yo que sé. Algunos ya os estáis partiendo de mí, lo sé, pobre pardillo afortunado… pero para el padre agobiado de una niña que no llora nunca de normal, más de tres segundos… creedme, es UNA ETERNIDAD. Uno de esos récords que no tienes ninguna prisa por que se batan.

Y aquí es cuando y donde me asaltan todas las dudas del mundo. ¿REALMENTE LO ESTAMOS HACIENDO BIEN? ¿Hay necesidad? ¿Hay tanta prisa? ¿Lo estamos haciendo correctamente…? Sinceramente y sin coñas… estoy un poco desconcertado ahora mismo. Me siento un poco Estivill pero sin pretenderlo. ¿Hubo necesidad anoche de que llorara tanto… a pesar de estar en los brazos amorosos de sus padres? No es que la dejáramos ahí… no, es que quería su chupete, y de tanto sueño y fatiga que tenía, pues ya entró en bucle, en modo lo veo todo rojo. Porque con el chupete se habría acabado todo en un segundo. Y sin embargo, mira… ¡¡luego durmió el resto de la noche del tirón, sin despertarse ni una sola vez!!

Estoy un poco perdido en este tema, lo reconozco. Creo que me faltan referencias. Como digo, soy un poco lento… y no he leído o investigado quizás lo suficiente. Hoy, más que nunca, me siento muy NOVATO; muy PRIMERIZO; muy… que no tengo ni p… idea de si lo que estamos haciendo bien y que hay que ser constantes y no flojear a la mínima, y si solamente hay que esperar unos días más a que se le pase el “mono” y se olvide de su fiel chupete, compañero de fatigas y de sueños.

Estoy a una con Churri, pero a la vez no puedo evitar pensar: -“¡Qué carajo! Que se quede con el chupete el tiempo que quiera, y ya está… que cuando vaya a la mili, ya se lo quitará ella sola. ¡Qué necesidad!”- Y anoche lo pasé mal, la verdad. Y encima me puse en plan poli malo, llamando al orden y amenazando cada dos por tres: -“¡Oye… si pegas a mamá (la niña, dando manotazos de frustación, rabia, cansancio o lo que sea…), te cojo yo, ¿ehhhh…? Y no mamá…”- Y ahí me teníais. Y claro, eso tampoco me ayudaba mucho. Casi como una patada en los huevos… más o menos.

Resumiendo… que me lío. En esas estamos ahora: que le estamos quitando el chupete, vaya. Creo que la cosa va bien, en general… pero Churri misma se sorprende de que todavía lo pida, casi una semana después. (Yo no me sorprendo… ¿seré más cínico o más realista? No sé si aquí mi morena pensaba que de un día para otro se le quitaría la tontería… Obviamente, no.)

Vosotros, buenas y sabias gentes… ¿Cómo habéis llevado aquí, el tema este…?

No es el post que querría haber hecho. Con chistes, coñas, chascarrillos… Pero a veces, las cosas salen así. Y si no, que se lo digan al pobre chupete… que decapitado deambula cadáver todavía por la casa.

Descansa en paz, amigo. TE LO HAS GANADO.


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Pequeñas victorias cotidianas

A veces… hay cosas que salen bien.

La semana pasada, hubo una noche que no estaba saliendo como las demás. La Lechona, desde que se acostó, venía despertándose a cada rato. A veces pasa… es más: casi siempre, a lo largo de la noche, suele despertarse sola, una o dos veces porque se le cae el chupete, y como se mueve más que los precios de la gasolina, debe ser que en un momento dado lo echa de menos y se despierta. La solución es tan sencilla como eficaz: llegas, le calzas el chupete otra vez, y arreando, que es gerundio.

Hasta ahí, nada raro… Pero esta vez, lo extraño era la repetición: -“esta niña, esta noche no sé qué le pasa, que no concilia bien el sueño…”- Durante esa noche, venía desvelándose a cada rato… media hora… tres cuartos, no sé. Recuerdo que al acostarme, Churri y yo íbamos turnándonos para ir a ponerle el chupete cada vez que se despertaba. Pues venga…

4:15 de la madrugada. Esta vez el Gualkin Ded que se levanta, soy yo: -“¡Gmpñfrr… %@#fhs… Cagüen… Sueñoooo… Mierdachupetefhschgññ…!”- A pesar de las horas y de no haber podido pegar ojo en toda la noche, algún tipo de milagroso chispazo mental se produce en mi sobada azotea. Pese al cacho algodón de azúcar hibernado que tengo por cerebelo, algo hace que me percate de que algo no va bien… -“Esto no es ni medio normal…”-

En lugar de simplemente buscar el chupete entre las tinieblas, enchufárselo y listo, y frente al impulso de encender una barrilla de incienso, sacar un filete de pollo del congelador, cantar unos gorigoris y sacrificarlo a Morfeo para que nos otorgue unas buenas horas de sueño reparador y continuo… opto por la opción B, y hago la cosa más evidente, simple, lógica y estúpida del mundo mundial: toco a la nena para ver cómo se encuentra… Y… ¡¡Ohhh Mai Gooodd…!! ¡¡¡Sorpresa!!! ¡¡¡La Lechona está como una ídem recién salida del horno segoviano de Casa Cándido!!!

Vaaaaaale…  Así que era por eso. Hmmmmmppff… Hago de Mortadelo y en un periquete me pongo el disfraz de padre responsable. Termómetro al canto, y… ¡¡39,3º!! ¡¡Ohú, mi arrrrma…!! ¿¿Pero et-to qué eeehhh…?? Nunca le he visto tanta fiebre a esta niña… -“¡Me han dado el cambiazo! ¡Alguien se ha llevado a nuestro bebé y nos han colao una estufa en su lugar!- (Noooo… no puede ser; eso es absurdo… ¿Por qué necesitaría una estufa llevar pañales…?) ¡Ahhh, cierto…! Pues entonces solo queda que nuestra niña está empezando a desarrollar sus poderes mutantes de “antorcha humana”! (Vale… Eso sí que me suena ya más razonable…)”-
Así que… ¡Arrancando con el protocolo, nene… vamos!

Primero, le quito el pijama y la dejo en pelotinchis… y abro bien la ventana para que entre el fresquíbiri. Busco su Paracetamol, y le endiño el jeringazo… ¡Milagrosamente no me ofrece mucha resistencia, y ni siquiera se ha desvelado todavía! ¡¡Genial!! 😀 Y por último, me cojo sus gasitas multiusos y las remojo en un cuenco con agua, mitad del grifo, mitad de la nevera, para que esté un poco más fresquita. Se las voy poniendo con cuidado por encima, para refrescarla, y al segundo se calientan como la moto de un jipi… Y a cambiarlas, y a cambiarlas.

La niña con fiebre, como si fuera una lechona al horno.

La cosa va bien, porque la gordita enseguida se calma. Una hora después, ya le ha bajado la fiebre casi dos grados y no ha vuelto a despertarse. A las 5:45 -mi hora de “diana” matutina-, ya tiene una temperatura normal y parece que la “crisis” ha remitido. ¡A por el desayuno del guerrero! ¡Doble cucharazo de Nesquik… que me lo he ganao!

Y a pesar del sueño… de no haber dormido un carajo… me siento bien; estoy contento. Ya, de momento..:

…La fiebre ha remitido. Habrá que ver si en las próximas horas vuelve a subir, o si desaparece, o qué rayos pasa… (Precisamente esa misma tarde pasamos por la pediatra y no tenía síntomas…)

…He dejado a Churri que siguiera durmiendo y por lo menos uno de los dos ha podido dormir unas horas del tirón. Le anoto toda la jugada para cuando se levante, contándole la peli, y por si tiene que dar aviso a la escuela infantil para que estén ojo avizor.

…La niña también ha podido por fin dormir un rato más largo, y ha podido descansar algo, más o menos.

…Y respecto a mí… …bueno. Hay una sensación que me recorre el cuerpo. ¡Soy un PADRE! Soy una persona… que cuida de otra. Tengo una personita entre mis brazos, que depende de mí. Para TODO. Tengo que cuidarla… Velarla… Mirar por ella…  ES LO QUE ME TOCA. Y he de decir que estoy encantado con este nuevo rol.

No hace tanto tiempo, que yo era alguien a quién otras personas (mis padres) me tenían que cuidar… (y a su modo, todavía lo hacen). Así que simplemente, continúo y perpetúo la cadena.

Primero… nos cuidan; cuidan de nosotros. Y gracias a eso… a esa constancia… esa dedicación… esa educación… ese amor… hemos podido crecer, desarrollarnos, tomar conciencia de nuestro papel en este mundo… y hemos podido tomar el relevo. Y ahora soy yo el que CUIDA. Cuido de mi casa… de mis plantas… del gato -en lo que me toque-… de mi Churri… y ahora, de una preciosa Lechona.

Me parece una cadena casi mágica… una organización social tan compleja… pero a la vez basada en fundamentos tan sencillos como este. Y así, la rueda sigue girando y girando, generación tras generación. (No es algo sobre lo que a uno le da por reflexionar con 18 años y unas cerves en la mano, de botellón con los colegas, la verdad, creo yo…)

No pegué ojo en toda esa noche… y sin embargo sonreía… porque como decía Aníbal Esmiz en el Equipo A-“¡Me encanta que los “flanes” salgan bien!”-

Fue una pequeña victoria cotidiana. Creo que es algo… un pequeño detalle, de lo que uno debe sentirse… al menos un pelín orgulloso: comprobar que las cosas van saliendo bien. Que eres capaz de enderezar algo. Simplemente eso: descubres una pequeña “crisis” rutinaria… das con la solución, y todo se resuelve satisfactoriamente.

¡Mola!

🙂

¿Y vosotros…? ¿Tenéis en mente cuál podríais considerar que ha sido vuestra última pequeña victoria cotidiana que pueda considerarse como tal?


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Mirando a los bebés… con otros ojos.

Ya me ha vuelto a pasar.

Ya venía reflexionando sobre esto, pero así como a collejadas muy casuales… De uvas a peras… Muy de ciento en viento, vamos. Puede sonar a perogrullada, pero mi visión personal sobre los bebés HA CAMBIADO RADICALMENTE desde que nació nuestra Lechoncilla.

Creo que alguna vez ya he insinuado por aquí, -y si no, ya lo avanzo…- que antes de nacer esta niña… a mí me gustaban mucho los críos, pero los ya… lustrosos… los que ya te permiten cierta interacción con ellos, por así decirlo, vaya; y por contra era CERO fan de los bebés: no hacen nada (aparte de las obvias biológicas de supervivencia: dormir, comer, cagar…) Menudo coñazo, ¿no…? Y encima son frágiles, y blandos… y si los dejas diez minutos sin vigilar en plena sabana africana, son como un Bollycao para las hienas, que a esas alturas ya se habrán dado un festín con sus canillas y sus mofletes, porque ni corren ni se defienden ni tienen garras venenosas molonas (cacas malolientes, como mucho, y ni eso, porque las cacas de los bebés por lo normal, no huelen…), ni ná de ná.

Y desde que nació la nena… ¡¡pluff!! El lógico cambiazo mental.

¿¿¿Cómo no me podían gustar los bebés, POR-FA-VORRRR…!!! Obviamente, la mía, es LA MÍA. Pero la cosa ya va mucho más allá… De alguna manera, ya se ha producido el cambio de chip mental.

Ahora, los bebés son OTRA COSA… ¡¡Ahora MOLAN!! Y también descubres que en realidad, hacen muuuchas más cosas. Cuando la niña cumplió dos, tres, cuatro meses… (cada cumplemés lo pienso, vaya…), pensaba: -“¡Pero qué bonita es…! ¡Yo la quiero asíííííííííí… parasiemprejamás forevaaneva! ¡Que no crezca máááááásss…!”- Pero bueno… (Luego pasas de mí, ¿verdad, cariño? Y sigues creciendo ahí, a tu rollo moreno… ¡Hale! ¡Venga a tirar centímetros! ¡Venga a tragar tallas! Y sigues cada día más bonita…)

Y el caso es ese… que te cambia la cabeza… la chola… el boniato… la pinza. Ya no ves las cosas igual.

La semana pasada, iba yo leyendo tan pichi en la RENFE, camino al curro: pillo mi siiiiitio… saco la revistilla de la mochiiiiiila… me pongo ahí pim pam, tó concentrao en lo mío… y de repente… ¡¡un llanto de bebé en la otra punta del vagón!!

Alarma interna de bebés.

En lo que antaño hubiera sido como un molesto zumbido de mosquito cojonero en la oreja, fugaz y transitoriamente intrascendente, esta vez ¡¡¡CHÁÁÁÁNNN!!! …se transformó de inmediato en una alarma atronadora de “Instinto de P-A-D-R-E preocupado”, que martilleó mi colodrillo de manera visceral y sin piedad: “¡¡AUUUHHGAAA… AUUUHHGAAA…!!”

¡¡Ostias, tú…!! ¡Y que además no era un llanto cualquiera…! ¡¡¡Era el mismo llanto que tenía mi niña hace unos meses!!! Así que ahí me tenéis, aparcando mi placentero y banal pasatiempo distractor, ¡¡para atender el llanto de microbio de un miniser totalmente ajeno a mí!! -“¡¡Ay pobre… qué pasará…!!”- Y yo allí, con cara de tonto compungido, hasta que no paró, un buen rato después…

Y es que no solamente el cambio radica ahí… en lo que antes no hubiera hecho y en ese momento estaba haciendo; es más: ¡¡por el llanto, fui capaz de distinguir que se trataba de una niña!! ¡¡¡Qué fuerte!!! No lo verifiqué, vale… ¡¡¡pero estoy seguro!!! Apostaría mi pulmón derecho, medio páncreas y mi colección del “Príncipe Valiente” a que llevo razón.

Y es que he notado muchos más cambios: me paso el día mirando a los carritos de bebés con los que me cruzo por la calle… Si veo un bebé…, ¡LE HAGO CARANTOÑAS!… Comparo unos con otros (y ya de paso, con la mía, claro)… Me encuentro pensando en cosas para ellos… ¡Me paro y me paseo de motu propio por la sección de bebés del súper! o_O

No sé, muchas cosas…

Ayyyyyyysss… ¿Cómo he podido llegar a esta situación…? Me temo que estoy irremediablemente emponzoñado por el bendito virus de la PATERNIDAD PRIMERIZA.

Y es que ya nada volverá a ser lo mismo…

(Y ahora me vais a venir diciendo que no os ha pasado a ninguno, ¿¿¿verdad…???)


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Presentación… de un RETRASADO

¿Cómo empezar este embrollo…?

Pues así, a bote pronto… supongo que lo mejor es con una rápida declaración DE INTENCIONES. (Sí, venga, vaaaa…)

Aquí, el Menda Lerenda que escribe y se presenta ante el mundo virtual (o sea, cualquiera que leáis estas líneas…), lo primero que debe empezar a hacer, si quiere agarrar este toro por sus cuernos, es dejar constancia relatada de que es un RETRASADO. Así, con todas sus letricas, oye… Tal cual suena.

No lo soy en todos los aspectos de la vida, claro está… -tampoco vamos a liarnos ahora con la fusta así como así-, pero sí que lo soy en muchos detalles. Y muy crudamente, en el aspecto que nos ocupa: el tecnológico. Parece mentira y no se explica muy bien, la verdad… que a año 2014 en que estamos, a mis treintaylargos añacos que me calzo (y siendo ilustrador digital/infografista para echar más sal a la herida…) quedemos todavía dinosaurios tecnológicos como yo, vagando por el mundo.

Aquí me veis, sin coche propio… sin Pleyesteision… sin esmarteuve… sin esmartfon… sin Espotifai… sin Aipod… sin Aipad… sin Feisbuc ni zarandajas sociales… Con mi Güindous XP tan contento (que me lo van a dejar tirado, ahora… ¡¡mamones!!), mi Fotosop CS añejo… y sí… el mayor pecado 2.0 de hoy en día: ¡¡¡sin GUASAP!!! –(poner sonido de truenos demoniacos de fondo para ambientar tamaño esperpento vital…)–

yo, con pinta de troglodita frente a un IPhone..

Para mí, la NUBE todavía es eso esponjoso con forma de delfín que surca los cielos… y sobre la que viaja SonGoku, si me apuras; jamás he comprado nada por Internet; toda la vida he llevado relojes CASIO (no como los modernillos de ahora, que se apuntan a la moda vintasch…); sigo leyendo mis tebeos pasando las hojas de papel; apunto todavía la lista de la compra en posits de propaganda con un boli Bic y reconozco que uno de mis sueños húmedos más frecuentes es liarme a la cabeza y tirarme al monte a ponerme un huerto, a tener cuatro gallinas y a dejar que los grillos sean mi despertador… y a tomar por culo todo. Reconozco que me pone mucho más ese plan que el de comprarme el último modelo de Guguel Glass, o tirarme las horas muertas jugando al Col of Diuti de turno, pegando tiros en red con los colegas. ¡Qué se le va a hacer!

Algunas veces pienso que quizás he nacido varias décadas tarde… que este mundo va demasiado rápido para mí. Que me lo paren, que yo me bajo en la siguiente, vaya…

Pero lo bueno, es que tampoco dejo que tales pensamientos ominosos nublen demasiado mi juicio… y por eso hoy estoy aquí. Con toda mi buena voluntad, intentando dar este salto al vacío virtual para no quedarme descolgado de esta sociedad hipertecnificada. Varias voces amigas me han persuadido de que ya es momento de hacer algo con todas esas cositas que me rondan por el coco, ahora que… sí, puedo decirlo (por mucho que aún siga sonándome raro): soy padre.

Y esta es la razón de ser de este blog… (cuando hace diez años que los blogs se pusieron de moda, ¡manda cuyons…!) El experimento de intentar crear un pequeño registro digital, contenedor de palabrería mental, que sirva para verter en él todas estas cositas que estoy viviendo en esta nueva etapa de mi vida. Y compartirlo con la gente: los que vais a pasar por esto, los que estáis como yo, y los que ya habéis pasado por esta loca y maravillosa experiencia. Para aprender todo lo que pueda.

Quiero que cuando mi Lechona crezca, pueda rebuscar, navegar y bucear en su pasado, a través de las paranoias mentales del, a día de hoy, retrasado tecnológico de su padre. (Eso, y que siendo realistas, no me va a molar nada que dentro de tres años, los niñitos de su clase me den siete vueltas con estas cosas, y que vean al papá de su amiguita como a un pardillo paleto venido del planeta Endor. Bueno… eso por un lado. Por el lado vanidoso, el que este blog sirva también como ayuda inestimable a los futuros biógrafos de mi Lechona, para que tengan buen material sobre el que escribir cuando ella gane su primer premio Nobel… por supuesto). Por todo eso… ¡y por muchas otras cosas más… qué cojones gaitas!

El Menda a lo TRON, por el cyberespacio.

Aunque este blog ya nace con retraso (debería haber empezado hace un año, con el embarazo… Tampoco arrancó para cuando intenté tenerlo listo hace unos días, cuando tú, mi Lechoncita, cumpliste 6 meses…, e incluso la idea final de haber publicado algo el Día del Padre, también se fue al carajo…) al final… mira… se hace lo que se puede… y cuando se puede. Hoy, por fin, rompo mi lanza, y puedo escribir en caja alta y renegría, QUE ME ILUSIONA TODO LO QUE ESTÁ POR LLEGAR.

Porque más vale tarde que nunca… Porque mejor ser un retrasado con ínfulas de redención, que seguir en el ostracismo del silencio perpetuo… Porque mi Lechona lo vale. ¡Por alguna parte hay que empezar! (¿No creéis…?)

Bienvenidos todos a mi personal 2.0. Pasen y vean, que la fiesta acaba de empezar.

¡¡¡Música, maestro…!!!