¡¡¡…Y yo con estas barbas!!!

Relatos sobre mis experiencias y expectativas como padre novato


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¡Feliz cumpletrés!

TRES. Ya… TRES.

Tres. Uno de los números y símbolos más importantes y venerados en la historia de la civilización humana por sus múltiples significados, atributos y aplicaciones. Es el segundo número primo y el primer número primo impar. Además, el 3 es el primer número primo de Fermat. Vamos… una cosa muy loca. Como tu cabecita.

Tres. Como la línea que trazaste sin querer en nuestra vida. El pasado, antes de que llegaras. Nuestro presente. El ahora. Contigo. Y el futuro. Todo lo que nos espera.

Tres. Como esa famosa regla aritmética a la que todo el mundo acude cuando tienes que solucionar un problema y buscas la manera más sencilla de apañarlo. Bendita regla de tres.

Tres. Como las veces que pienso cada día, cada vez que entro a tu cuarto, eso de -“Tengo que ponerte las estanterías en la pared, pero ya mismo…”-

Tres. Como las palabras que césar pronunció: VINI. VIDI. VINCI. Y es lo que hiciste de tu llegada a nuestra vida: un triunfo.

Tres. Como la tríada de cosas importantes de la vida: salud, dinero y amor. A mí, dame salud, que lo del dinero, con ir tirando ya me vale… Y amor… Amor, es lo que tengo en casa, correteando, chillando, jugando, abrazando, exasperando y creciendo. Sobre todo… creciendo.

Tres. Como los estados en que puedes transformarme a tu antojo, cuando menos me lo espero: me derrites, me evaporas y me petrificas. O me conviertes en un animal, gritón y enfadica; en un vegetal, fundido y rendido en la cama cada noche, o en un mineral, duro como la roca, cuando toca ponerme firme frente a tus pucheros sibilinos. Tú solita te bastas para todo eso.

Tres. Como los sitios por donde prometo ir a buscarte, cada vez que me necesites y me pidas auxilio en esta y en cualquier otra vida: por tierra, mar y cielo. Allí estaré.

Tres. Como los puntos que da ese famoso tiro exterior que, entrando en la canasta contraria sobre la bocina tras la cuenta atrás, todos hemos lanzado en nuestras cabezas alguna vez, para darnos alegría y gloria eternas. Aunque luego la eternidad durara lo que se tarda en abrir los ojos.

Tres. Como los cerditos del cuento, los famosos mosqueteros de Alejandro Dumas o los corsarios de Emilio Salgari. Productos de fantasía, tan necesaria e inspiradora como el aire con que llenamos nuestros pulmones a cada bocanada.

Tres. Como los colores primarios de la luz, rojo, verde y azul, que son la base para construir esa mirada de millones de colores que tanto nos hace falta para transformar cada mañana este mundo duro y gris que nos rodea. Los ojos con que me haces mirarte. Con que me haces mirarlo todo.

Tres. Como los deseos del genio de la lámpara. Ojalá encuentres tú una, mi niña, y tengas la cabecita amueblada para pedirlos con buen criterio.

Tres. Como aquellos ideales revolucionarios: libertad, igualdad y fraternidad, con que se trató de dibujar un nuevo mundo, mejor y más justo para todos. Creo que nos quedamos en algún punto del boceto, y me temo que tocará seguir empuñando el pincel y el lapicero. No queda otra.

Tres. Como las medallas de la victoria. Eres mi oro, mi plata y mi bronce. La mayor de mis proezas. El mayor de mis logros.

Tres. Como los Reyes que vinieron de oriente y te llenan los zapatos de regalos cada mañana del 6 de enero.

Tres. Como los abrazos y los besos que te daré esta tarde cuando llegue a casa. Como también, las veces que he tenido que pellizcarme esta mañana, al ver tu carita dormida, tierna, risueña, estirada toda tú en nuestra cama como si de un chicle se tratara, para comprobar que sí, que es cierto, que mi pequeña se hace mayor…

Que hoy, porque todavía me parece como un sueño, mi niña…

…ya cumples TRES.

FELIZ CUMPLEAÑOS, MI PEQUEÑA LECHONA.

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Fronteras que hay que pasar

El cartel del Charlot de la Escuela Bélgica.

Hoy era un día señalado en el calendario; con una enorme X luminosa y chispeante señalando una frontera.

Hoy, cariño, has ido a tu pequeña escuela infantil, por última vez. Hoy ha sido tu… último día. 

¿Y por qué será que me duele…? ¿Qué es esta congoja que noto? ¿Esta especie de run run en mi cabeza…? Quizás, imagino, son los golpes que me da la certeza de saber que hoy, eres un poco menos mi bebé, y un poco más mi niña. ¡Y digo “un poco“, por no decir “del todo“, ojocuidao! Hoy, dejas atrás uno de esos peldaños tan característicos de esa escalera que se llama CRECER. Que se llama HACERSE MAYOR.

Se me hace raro pensar en términos de “último” precisamente sobre un ser tan joven, tan pequeña como eres todavía… Al menos, a mis ojos. Y es que me siento raro. Porque adoro a mi bebé. Bien es cierto que ya hace mucho tiempo que no te considero un bebé, vale… Pero eso hoy me da igual; hoy vuelves a ser mi bebé, por un momento. Y mi bebé, definitivamente… se me va. Se escapa. Sale corriendo, para convertirse en otra cosa. Alguien mejor, más grande, más desarrollada, más inteligente, más hábil, más… de todo. Pero menos bebé. Nada bebé.

Y es que me has convertido, cariño mío. Me has llevado irremediablemente hacia la fe de tu religión: la religión de los bebés. Yo, que era un antibebé, ahora soy el fan número uno; el Ministro del Interior de la Iglesia del Bebé. Bebéfilo hasta las trancas, el tuétano y donde sea, si es que tal expresión existe.

Y la escuela infantil… pues era frontera. Una línea delimitadora de las que marcarán el hito completo que llegará a ser tu vida. Algo por donde empezar, y que alguna vez habría que superar, para continuar creciendo. Ha sido un segundo hogar. Así de claro. No abriré aquí debates de si escuelas infantiles sí o no (y menos yo, defensor de esta etapa primera del desarrollo infantil): nosotros te llevamos, te dejamos en sus manos, te quedaste al cuidado de estupendas profesionales y has sido tratada con mucho cariño y respeto durante estos años. Y mucho más que eso. Y eso a mí, me vale. Y mucho más que simplemente “me vale”… El caso es que entraste siendo un verdadero bebé, un bebé de verdad… y ahora, te vas.

Allí te han cuidado… Te han acompañado… Te han alimentado… Te han vestido… Te han enseñado un montón de cosas… Allí has hecho tus primeros amigos. Al igual que en casa, es allí donde has mostrado tus primeros enfados, tus primeras alegrías, manifestado tus primeras sorpresas…

El cartel del hall de la Escuela Bélgica.

Y todo eso se acaba hoy. Y no puedo evitar sentirme triste, yo, que fui y sigo siendo el rey del Pueblo-Que-No-Quiere-Crecer; un maldito Peter Pan venido a adulto muy a su pesar.

Yo, tu padre, estuve en una “guardería” hasta los seis años, para entrar directamente a lo que antes se llamaba 1º de EBG. Y tengo maravillosos recuerdos de mi paso por allí, parte fundamental de mi infancia y mi historia. (Bueno, no tantos, no me pasaré de listo, que la memoria no perdona…) Pero sí mantengo muchas sensaciones. Y una de las cosas que más me apena, es que con tus tres añitos todavía sin cumplir, todas estas vivencias las olvidarás, casi seguro. Tu mente adolescente y adulta (y más si sales a mí, con mi memoria de Dory…), no recordará por desgracia nada de esta maravillosa etapa: olvidarás seguramente a los que ahora son tus primeros amigos. A tus maestras; a los juguetes y materiales de los que te rodeas cada día… Los ruidos, los olores, las voces…

Parte de la nueva decoración.

Pero muchas sensaciones, sí que permanecerán, seguro. Y aquí estaremos tus padres para recordártelas. Y ahí quedará también la estupenda labor pedagógica, educativa y vital de todas estas mujeres que se volcaron estos primeros años de tu corta vida para sembrar la semilla de la mujer en que tú te convertirás el día de mañana, mi pequeña lechona. Quedará para siempre, dentro de ti. Y eso es un tesoro de un valor que no puede medirse.

Hoy siento mucha pena, porque mi pequeña bebé cruza una frontera; se me va de las manos del todo, y me tengo que despedir definitivamente de ella. Y cuanto más lo pienso, más vértigo me da y más vueltas me da la cabeza. Hoy pasarás esta frontera invisible de forma alegre, inconsciente en realidad de este pequeño hito de tu corta vida acaba y lo que implica, y ya nada volverá a ser lo mismo.

Alegrarse y entristecerse a la vez es uno de esos raros privilegios de los que hoy admito estoy disfrutando a raudales. En el rostro… En cada poro de mi piel… Pero la realidad manda, mi pequeña lechona… Y el reloj, por mucho que a veces lo desee, no deja de correr. Y sin embargo, soy muy feliz, consciente de la maravillosa personita en que te has convertido; orgulloso hasta explotar de la personita que esta escuela ha contribuido a brotar. De mirar a la niña que ya ERES HOY.

Por eso hoy quiero, hoy me toca, agradecer desde aquí, y recordar para ti con cariño, para el futuro, con infinita gratitud y un alto nivel de humedad ambiente acumulada que amenaza con rebosar de la parte inferior de mis globos oculares, a este grupo de personas que hicieron de la primera infancia de mi hija, una infancia provechosa, alegre, útil, y por encima de todo, FELIZ. Por todo lo que habéis hecho por ella:

Gracias Sandra. Gracias Alba. Gracias Bea. Gracias Beatriz. Gracias Cristina. Gracias Mari Carmen. Gracias Mª Jesús. Ya sois parte eterna de nuestra familia. De todo corazón, GRACIAS.

 

Te quiero y te querré siempre. Pero ya es hora de decirte adiós, mi pequeña bebé.

La puerta de la Escuela Bélgica.

 

PD: Este jueves, día 8, tenemos delante otra frontera entre manos, cariño. Otra, que te prometo será apasionante y maravillosa. ¡Y es que este no se para! Pero bueno, esa será, de nuevo… …otra historia. ¿Vamos a por ella…? 😉

 


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Gritest Jits #8

Los Grandes Momentos de la incipiente vida de mi Lechona.

¡Ay, mi querida niña! Hace tanto (¿¿¿un aaaaaaaaño yaaaaa….???? ¡¡OU MAI GAAADDD…!!), mi pequeña Lechona, que no asomo un post de tus Grites Mouments, que ya casi ni recuerdo cómo iba esto… Y eso que hubo un tiempo en este blog, (lejano, ya lo sé, ya lo sé… No hace falta que me lo restriegues, ¿vale…?), en que creí que esta sección, pilar fundamental de este blog, sería la gran protagonista…

Son muchos meses sin asomar por aquí, cariño, pero papi ha estado liado; ha estado a otras cosas… No es excusa, pero mientras tanto, cuando se acordaba, le ha dado tiempo, en estos meses, a seguir anotando y recopilando alguna que ooooootra de esas joyitas curiosas que quedarán grabadas para siempre en los anales de tu biografía personal.

Qué dices… ¿Nos asomamos de nuevo juntos y de la mano, por lo que han sido algunos de esos grandes momentos tuyos de los últimos tiempos, ehhh...? ¡¡Hay cosas guapas guapas que contar, mi amor…!!

# Remonándonos al… ¿verano pasado? (¡Cielos…! Estoy dándole un nuevo significado al término “dejar las cosas para mañana…” -glups-), en agosto, nos fuimos por primera vez de camping… ¡¡Y dormiste por primera vez en una tienda de campaña!! ¡¡En Gredos!! Fue de lo más molón, y no faltó de nada: cortapichas en la tienda, tormentones nocturnos de verano (¡el mismísimo Thor ofició aquella noche, por Tutatis, y creo que se picó con el gran Zeus para ver quién era el más machito del corral y quién dejaba caer más rayitos por metro cuadrado!), un frío que pela… ¡¡Grandioso!! 🙂

# Esta es buena: el 21 de septiembre comenzaste a sacarle partido a esa percepción visual tuya tan aguda: ¡te encontraste tu primera moneda por la calle! ¡Una hermosa y brillante moneda de 2 céntimos! ¡Maravilloso! Esperamos Mami y yo, que sea la primera de muchas. Y cuando aprendas que lo que mola de verdad es encontrarse billetes y no monedas… ¡¡Lo vas a flipar, créeme!! Eso sí, aquí tenemos controversia a la vista: Mami afirma que no fue esa la primera vez; pero yo no oficié de fedatario de aquel momento, así que por aquí, lo dejaremos registrado como está ahora… Así que esta es la buena, ¿estamos…? ¡Ea!

# Mismas fechas: septiembre. Operación Pañal. Orquestada desde la Escuela… pero he de decir que, respetando tiempos. La vieron preparada, y a lo largo de aquel mes, se fue solucionando de una forma sencilla y bastante rápida. Es uno de tantos post que se me quedaron colgando para explicarlo de manera más desarrollada… ¡Todo un clásico dentro de los blogs de maternidad/paternidad! Pero no me extenderé. Todo fue bien y quedamos muy contentos. Abandonar el pañal con apenas dos añitos justos, fue todo un logro, mi cielo… ¡Y créenos, que no es algo que Mami y yo echemos de menos!

# Saltamos a un fatídico 4 de diciembre y… ¡¡Tus primeros visitantes capilares!! ¡¡¡AGGHHSS…!!! ¡¡¡BRRRRRR…!!! Es pensar en aquellos pequeños mamoncetes chupasangres indeseables y sus pu..s impertinentes Huevecillos-Pegajosos-Del-Demonio y volver a picarme la cabeza… ¡¡AGGGRRRZZRRFFRR…!! -rasca, rasca-.

Piojos, uno de los grandes enemigos de los niños

# ¿Abril, ya…? Igual esto es un poco… escatológico, vale, pero es que eres mu apañá, mi niña, y es que nada más arrancar el mes, te veo por primera vez que ya te limpias la rajita tú sola… Porque como bien dices, ya eres una niña pequeña-mayor… ¡¡Aysssss…!!

# Y a vueltas con el pañal… El 18 del mismo mes, decides regalarme por mi cumple, otro momentazo: como ya eres directamente una niña mayooooorrr… ¡¡Decides que ya NO QUIERES el pañal de por la noche!! ¡¡Toma ya!! Esa sí que fue toda una declaración de intenciones. ¡¡¡YEAAHHHH…!!! 

# El 24 de junio, celebramos… ¡¡Tu primera graduación!! ¡Ya has terminado la guarde, y te vas al cole de mayores! Antes, en mi época, no había esta invasión de modas yankis que ahora todo lo invaden. Son una chorrada gigantesta, pero oye… Que verlos todo así con el disfraz de la toga, y el birrete de cartulina, y la bandita azul y tal… ¡¡Te da una cosica verlos…!! ¡¡Taaaaaaan monos, oyoyoyoy por favoooooorrrr por el amor de Diooorrrrrr…!! Te entra un tal así por dentro, que se me caían los lagrimoides a puñarajos… Yo, que no tuve ceremonia de esas ni cuando me gradué en la universidad, y tú, una microbio de dos años y nueve meses, ya con celebraciones y diplomas y jaranas de esas… Ay, esta vida loca, ¿qué te parece…?

# Y apenas un par de días después, seguimos con las celebraciones y diplomas: ¡tu primera medalla! En este caso, matronatación. Por haber acabado bien el curso y cerrar ciclo, igualmente. Pero oye, ¡una chapa es una chapa! Ya eres diplomada en… ¿¿Delfines?? ¡Jur jur jur…!

# Y terminamos este extenso repaso a algunos de tus Gritest, cielo, con algo de… ¡Ayer mismo! 19 de julio. Y es que, por desgracia, -que todo hay que decirlo…-, ayer te llevé y te cogí de la manita en tu… primera radiografía. Fiebres recurrentes que no se van ni tras tratamiento antibiótico, de origen desconocido, nos llevaron a ti y a mí, a asomarnos a un sitio con máquinas, en que una chica (bastante dulce, por cierto) te colocó una faldita de plomo y te sacó una foto. Una de las que, en el fondo, a ningún padre le apetece que le saquen a su hija o a su hijo. Pero bueno, por cuestiones del azar y que no vienen a cuento, te diré que tuve la ¿suerte? de poder apoderarme de ese pequeño tesoro interior tuyo, en una época en la que todo eso ya no está tan fácilmente al alcance de nuestras manos, ya que todo fluye por el cybespacio, y no por una placa de plástico oscura dentro de una bolsa: ¡¡¡Tengo tu radiografía…!!!

La primera radiografía de mi Lechona.

De todas maneras… tú, al igual que yo, sabemos que, aunque es una foto de tus hermosos huesos y tus órganos… lo más maravilloso que hay dentro de ti es otra cosa: es esa magia, es ese amor, es ese misterio e imaginación, es ese potencial y ese corazón que te hace ser tan especial y tan increíble. Eso, no hay foto que lo capte… Y, pensándolo bien… Ni falta que hace, ¿verdad? 😉

 

¿¿¿Cómo… Yaaaa…??? ¿¿¿Un año entero para solamente haber recopilado estas… estas… estas…??? … …

… Sí. Vale. Estás indignada. Lo sé. Prometo que este año estaré más al loro y lo haré mejor. Palabrita.

…Pero SABES QUE TE QUIERO UN MOGOLLÓN DE MOGOLLONES DE TRILLONES, ¿¿VERDAD…?? ¿Eso cuenta…?


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Un nuevo bebé en la familia

Nos encantan los bebés. 

Definitivamente… en esta casa, nos encantan los bebés.

Los bebés tienen algo… Un nosequé un tanto atávico, primario, ancestral, que entronca con todo lo que nos hace ser mamíferos. Con un bebé entre tus manos, te das cuenta de que Darwin, igual no estaba muy errado, el pájaro... Que venir, lo que se dice veniiiiirrr… de un hongo, no venimos los humanos, precisamente. De un primate o lo que sea, pues vale… Eso ya nos cuadra más.

Somos mamíferos, y no podemos evitar eso. No podemos evitar emocionarnos ante la sensación de tener una nueva vida delante nuestro. -“¡Qué digo…!”- Ante la sensación de plantearnos que igual tendremos una vida nueva y reciente, delante nuestro, algún día… Con eso, simplemente. Eso te lo remueve todo. ¡De arriba a abajo! ¡Brrrrrrrrrrr…! Ese escalofresqui de un milisegundo…; ese pelo erizado como escarpias de la espalda… (Vale, las chicas y los metrosex, igual eso no…) Y el que diga que no le remueve, miente. Aquí no hay bandos que valgan, porque pensar en esto no deja indiferente a nadie: o te encoge, o te marea, o te saca la mayor sonrisa de tu vida, o te da una taquicardia después de haber salido ziscando a mil por hora… O antes, incluso. Risas, llantos, diarreas exprés… Alguna reacción suscita. Lo que sea.

Pero nadie se queda pensando en sus tuits de antes de ayer cuando te colocan a un recién nacido delante de las narices. Por muy nariz nivel Berto Romero que uno tenga… Esto es así. Y es que todos hemos sido bebés alguna vez. Y claro… Hemos pasado por eso. Aunque no lo recordemos. Pero algo queda…

Y cuando uno encima ya es padre, y es algo que has planificado tú, eso se magnifica hasta niveles tamaño Estrella de la Muerte. Porque ya has pasado por eso mismo… Recordad esa sensación taaaaaaaaaan poderosa (si no fue de penalty, ojocuidao...), que es la de pensar: -“Oye… Quiero tener un bebé… Quiero sostener de nuevo una vida reciente entre mis manos… Quiero FABRICARLA; CREARLA…”- Y decidirte, y hacerlo. Hablarlo claramente con tu pareja en esta faena. ¡Y ponerte a la labor, así de claro…!

Porque lo de la labor, esa es otra… No me diréis que no mola, ¿ehhhh…? ¡Que no es divertida, la cosa…! Toda la parafernalia… Primero esto, ahora lo otro… ¿Verdad? El acto de plantar la semillita, claro… Que es lo importante, por supuesto. Una… ¡O dos! ¡O tres…! ¡Hala… A lo loco! Y que salga luego lo que salga, mi reina… Porque si no… ¿De qué…? Bueno, está claro que uno, por ponerse ahí a lo loco, también disfruta… Que negarlo es tontería, y a todos nos gusta meter mano por meter, y liarnos ahí, tal y cual… Pero bueno, que eso es otro tema.

Después de un otoño duro, como sabéis, yo tenía ganas de… volver a sentir esa sensación. La sensación de ver brotar una nueva vida; de sentir que algo crece de nuevo en esta casa, en nuestra pequeña Morada. Y en este mes pasado se nos ha abierto una nueva posibilidad. Y en cierta medida, es en parte gracias a la escuela de la niña, que ha ocurrido de nuevo todo esto. Nos hemos liado la manta a la cabeza, mi chica y yo, y hemos ido de cabeza a por ello. Sin pensarlo mucho… Dicho y hecho. (-“Que salga lo que salga, ¿vale…? Y si no sale, pues ya veremos; lo volvemos a intentar…”-) Nos pusimos en faena, a plantar se ha dicho, y mira…

Y ha salido. Ya lo creo que ha salido. Una nueva vida, bien hermosa. Nuestro nuevo bebé…

 

 

Brote de una judía.

 

Tanto mi pequeña Lechona, que me ayudó a plantarlo, como yo, estamos muy emocionados. ¡Una judía pinta! Desde que no iba al colegio, que no hacía yo estas cosas… No sabemos qué durará, porque el perejil, vino y se fue, como tantas otras de nuestras amadas y malogradas plantitas… Pero la experiencia, mola. Y a la peque le encanta mirar su judía. Su más nuevo y reciente bebé.

 

plantas parlanchinas


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Los DOS añitos de mi Lechona…

Esta semana pasada, nuestra querida Lechona ha entrado directamente en el Club de los 2 años.

Tengo la idea de hacer una crónica de lo que ha dado de sí esta semana cumpleañera, con un post especial, dividido en cuatro (sí, sí… habéis leído bien… ¡Cuatro!) episodios, o partes… Pero esta de hoy… Esta va aparte. Esta entrada es una introducción, más bien.

Hoy vengo a reflejar el estado de cosas actual; una entrada para dejar constancia de cómo está y cómo es, nuestra hermosa niña, con sus dos recién estrenados añitos. ¡Allá vamosssss…!

Viñeta 1, lechona con 2 años.
Viñeta 2, lechona con 2 años.
Viñeta 3, lechona con 2 años.
Viñeta 4, lechona con 2 años.

*–Copiruaight de las fotos lechoneras, de sus autores (usadas sin ánimo alevósico de lucro, palabrita…)–

Pues nada, cielo… Lo dicho, que estás más linda que… …¡que yo qué sé! Pero que también vas sacando tu aquel, eso es cierto… Pero ¿sabes…? ¡Nos molas mogollón! Todavía no me creo que ya tengas dos añitos…

¡Aynssss…!


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Gritest Jits #7

Los Grandes Momentos de la incipiente vida de mi Lechona.

¡¡Hola, mi amor!!

¡¡¡Aynnnnssss…!!! La verdad es que no ha entrado con muy bien pie este blog en su segundo año de vida; que hace tres meses que no nos asomamos por aquí, es prueba más que evidente. ¡Ya le vale a tu querido padre! ¿No crees…? Pero bueno, que las cosas vienen como vienen; ni estaba muerto…, ni estaba de parranda. Y no hay mucho más que añadir.

Simplemente, aquí me tienes de nuevo, tratando de no rendirme con este proyecto; de no dejar que se hunda para siempre en los lodos del olvido y el silencio. De momento, ya es como un pequeño milagro que siga todavía por aquí, a pico y pala desde las trincheras. ¡Ya vendrán tiempos mejores! …Y tú, mereces verlos (y leerlos).

Si todavía te rondo por aquí, morena…, es por intentar ser fiel a la esencia de este sitio, mi niña: tratar de dejar por escrito todas estas cosas que nos van pasando juntos. Aunque las fuerzas flaqueen, sigo enamorado hasta las trancas de ese planteamiento.

Y qué mejor manera de retomar el rumbo de la nave, que con algo que hace ya demasiado tiempo que no asoma por aquí: ¡tus maravillosos grandes momentos! Registro puro de tus máximos logros cotidianos, que son el reflejo fiel de cómo vas creciendo y cómo vas descubriendo tu mundo… De cómo nos vas cambiando a todos, y cómo vas cambiando tú.

Hace más de medio año que no te contaba sobre tus cositas, y evidentemente, tanto tiempo sin escribir nada, da para mucho. Así que intentaré hacer una selección ultrafast ayva ayvááááá… y contarte algunos detallines curiosos, ¿vale…?

La última vez te contaba lo mucho que estabas cambiando. Medio año más tarde son tan asombrosos los cambios, que ya no insistiré más sobre ese tema (de momento, óyemepues; me reservo el derecho a cambiar mañana mismo de opinión, y volver a brasearte sobre lo mismo… Porque soy así de máster pláster, qué le vamos a hacer si te ha tocado lo que te ha tocado, chica…)

Pues venga, vamos con los pequeños hitos de tu crecimiento, en esta primera mitad del año. ¡Agárrate, cariño… que vienen curvas!:

Las sombras... molan

# Empezando por el primer día del año, te pillé en la primera impresión REAL de que estabas soñando. Hablabas en sueños: -“¡Mamá…! ¡Agua…! ¡Pan…!”- así, en plan convicta encarcelada. Pero con chupete puesto y todo.  Y después, llorando… ¡Y lo mismo!

# Tal día como un 9 de enero, un día como cualquier otro… fue tu primer baño en piscina cubierta: ¡tu primera clase de matronatación! Con mami en la piscina, y papá mirando desde fuera como un tonto, flipando un poco con todo, la verdad. Críos mucho más pequeños que tú, auténticos bebés, y ya meneándose como renacuajos en su charca. Esta es otra de esas comparaciones odiosas del paso de los tiempos: yo, la primera vez que fui a una clase de natación (por primera y última vez en la vida, vaya… –hasta el pasado mes de octubre, que he vuelto al remojón, cual bolsita de infusión… ¡Lo que son las cosas!-), debió ser a los… ¿8 o 9 años? O algo así. Ahora, si no llevas a tu bebé a la piscina desde bien enano, parece que estés ganándote una nominación al “Premio al Peor Padre del Mundo”.

# Del tema dientes, ya no voy a hablarte más. En febrero te salieron los colmillos de abajo, ya tienes más muelas que un molino, y bueno… Ya tienes más dientes que un tiburón, así que nada. ¡¡Genial para devorar presas!!, ¿Verdad…? ¡¡GRUARRRRR…!! ¡Como los leones…! (con ese movimiento como de zarpazo tan gracioso que haces…) Tienes los dientes muy separados, en general, lo cual le da un aire muy gracioso a tu sonrisa… Y dicen que eso no tiene nada que ver con cómo saldrán luego los buenos, los de verdad.

# Otro momento de esos de provocarle alguna cana de más a tu santo padre (por susto gordo, claro…), es cuando en el mismo día de San Valentín, te sorprendo in fraganti, tratando de bajarte de la cuna… ¡Saltándote la barrera lateral! (Que estaba bajada, vale… Y te agarré por el bigote de una gamba, que ya estabas medio fuera). Que te dé un buen día por querer bajarte tú sola y lanzarte de cabeza en busca de tu libertad… ¡Me da un miedo que-te-cagas! Solamente por imaginarme el posible escachimorrazo que te vas a pegar, hija mía. (Está claro que en breve tocará cambio de cama. Y bajita. Rollito Montessori a ser posible: colchón al suelo… y arreando).

# Otra del mismo día… ¡Tu primer ojo morado! Ganado a pulso por un golpetazo con una silla, fruto de una inercia mal gestionada. Y eso que al principio no parecía nada del otro mundo… ¡Espero no volver a ver en la vida más moratones en los ojos! -¡Glub…!-  

# Apenas un día después… realizas un descubrimiento maravilloso: ¡¡¡Descubres la existencia de tu propia sombra!!! ¡¡Fue algo genial!! 🙂 🙂 🙂 (Ya puedo leerte sobre Peter Pan sin que te suene todo tan bizarro). Tener el privilegio de haber podido presenciar esta maravilla cotidiana, me pareció un momentazo SUBLIME, cariño.

# El 8 de marzo… ¡Tu primera noche fuera de casa… sin papá y sin mamá! En casa de los abuelos maternos; y tus padres, en su primer finde-relax desde que apareciste por nuestro barrio. Ha tardado, esto… ¡Y hay que repetirlo más!

# El 17 de marzo, entró en casa un orinal por 1ª vez. ¡¡Y hubo un primer pis en él!! (Y también fuera de él, claro…)

# El 2 de abril pisaste, viste, sentiste y jugaste con la nieve, también por 1ª vez. En Navacerrada, con un tiempo estupendísimo de la muerte. Hicimos una buena ronda de fotos con tu bebé, en plan como el gnomo viajero de jardín de la peli de Amelie, pero entre los pinos y la nieve.

Bebés salvajes en la nieve

Bebés salvajes en la nieve

Bebés salvajes en la nieve

# El 5 de mayo ya pasas a ser una fichada más por la autoridad competente: ¡¡ya tienes DNI y pasaporte!! Esto daría para un post entero, así que igual me lo reservo… (Pero de nuevo aludo a lo dicho antes con lo de la natación; creo que yo me hice el DNI por 1ª vez… ¿a los 14 años? ¿Por qué ahora es todo tan rápido…?)

# Y con esta acabo… que es buena: este pasado 10 de mayo… ¡Aprendiste a escupir! Jajaja… Vale que es para aprender a lavarte los dientes un poco más en condiciones, pero… ¡¡Es que una chica de pro, debe saber escupir comme il faut!! ¡Y jurar en arameo cuando tercie la ocasión! (Lo de eructar y silbar con los dedos lo dejaremos para un poco más adelante, que todo llegará…)

¡Eres todo un personaje, cariño… Que lo sepas!

Te quiere… el zumbado de tu padre.


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El adiós al chupete… (Round #2)

Retomo hoy el hilo de un post reciente, el del chupete, al que prometí dar continuación, así que aquí estamos de vuelta con el tema del sueño. No sé si segundas partes nunca fueron buenas, como en el cine (aunque ahí está El padrino II para demostrar lo contrario…), pero está claro que a veces son necesarias, aunque solamente sea para poder contar aquello de… -“Luke… ¡Yo soy tu padre…!”-, y dejarnos a todos lóquimers, quedándote más a gusto que un arbusto.

Empecé a escribirlo a la semana de publicar el anterior, pero como aquí somos como somos, en lugar de sacarlo a su debido tiempo… pues lo suelto mes y medio después. Ya me vais conociendo; me mola hacerme de rogar.

Tenía el hilo muy cogido, de lo poco que escribí anteriormente, pero el tiempo ha ido pasando, y ha ido ocurriendo un poco de todo, así que correré un tupido velo e intentaré resumir más o menos lo que hemos ido notando en casa respecto a cómo hemos ido llevando todos el tema del adiós al chupete.

Lo primero, es una reflexión personal: sigo teniendo mis reservas a la decisión que tomamos, de si realmente hicimos bien o no. Ahora bien, una vez tomada, apoyo total a tirar para adelante. Siempre se puede recular… De hecho, es lo lógico si realmente percibes que no se ha tomado una decisión correcta. Pero al igual que las monedas siempre tienen dos caras, con las decisiones pasa lo mismo, que una vez tomada una, careces de la información de qué hubiera pasado si no hubieras tomado esa decisión (a corto, medio o largo plazo), y hubieras optado por lo contrario. Es un arma de doble filo, por tanto. A toro pasado, siempre se ven las cosas de otra manera… (y no descubro Roma con esta frase).

Bueno… Apuntado esto, he de decir que el cambio principal que venimos notando, en general, es un cambio de rutinas de sueño, principalmente. La rutina de irse a la cama, ha cambiado por completo. Y en cierto sentido, he de decir que me gusta más. Aunque es bastante más coñazo. Más que de rutina de irse a la cama, debería decir, rutina de acostarse, o dormirse. Y no puedo evitar la sensación de pensar que parte de ese cambio, chupete culpable o no, viene dado también por el hecho, como decía en el último post, de que la peque está creciendo a toda máquina.

He aquí algunos resultados de todo este proceso:

# Ahora, lo normal es que participemos los dos, tanto Churri como yo, en el proceso de acostar a la Lechona, todos, o casi todos los días. Primero empieza uno de los dos, está un rato con ella aguantando los últimos zascandileos de actividad frenética repentina previa al coma profundo… Y acto seguido, el otro le da el relevo, y termina de darle la puntilla, aguantando hasta que la peque cae rendida por KO absoluto. (Tampoco es algo exagerado; hablamos de entre 5 o 10 minutos, si se da bien, o más tirando a 20 si se da reguleramente… Por ahí anda la cosa).

Aquí, entran ya todas las técnicas a nuestra disposición, para lograr el objetivo: cuentos, canciones, juegos, apagar luces, montar fiestas con muñecos, tirar de dinosaurios y demás artilugios musicales, arrumacos y caricias y besos varios… Y esta es una de las grandes diferencias: el chupete, como bien sabéis, es como un Kill Paff, que lo enchufas, y te olvidas. Pero ahora no; ahora, hay que currárselo un poco más. Si está cansada, cae pronto… Pero si no, la cosa puede llevar más tiempo y paciencia. Pero oye… Que caer, cae. Y decía que me gustaba más, porque me gusta esta rutina; me acerca un poco más a ella. Es más coñazo… pero tiene su puntillo. Y he de decir que se me da mejor a mí que a Churri. (He desarrollado toda una batería de técnicas jedi para dejarla frita… En el caso de Churri, es mi pobre la que se queda friter antes que la niña, si se descuida…) Mi morena… que es así.

# He redescubierto y rescatado del ostracismo a un poderoso aliado, regalo de una amiga: ¡el osito Tummy Sleep!

Este curioso invento nos lo regalaron con la mejor de las intenciones, hace más de un año, y terminó siendo desde el primer día, un bulto recogepolvo más, en una esquina de la cuna. Porque nunca hubo necesidad real de usarlo para lo que está realmente concebido. Pero es ahora cuando estamos aprovechando TODO SU POTENCIAL, y sacándole verdadero partido. (Aunque directamente hemos sacado el aparatejo de las tripas del oso, y lo tenemos suelto, colgando de los barrotes de la cuna). ¡¡Rockanrrollin’!!

Entre las melodías que trae, (capaces de sobar por aburrimiento a un bakala hiperactivo hasta las cejas de anfetas), los ruidos blancos, sonidos ambientales varios y la opción de grabarte (cantando tus propias versiones redux de Los Pitufos del Padre Abraham a una revolución y media, o simplemente hablándole cositas…), el invento se nos ha mostrado como la mar de útil, en este punto. Principalmente, porque se activa él solito cuando suena algún ruidito cerca (cuando la peque se menea y espabila un poco); y muchas veces basta simplemente un mínimo de musiquilla para que la nena se vuelva a quedar frita ella sola, sin tener que levantarnos.

Saca el cantante que llevas dentro con el oso Tummy Sleep.

Eso sí… O lo amas, o lo odias. Si eres de oreja sensible como yo, es posible que aparte de dormir a la peque, el run run te despierte a ti, y te entren ganas de tirarlo por la ventana, o destrozarlo a martillazos. Pero no dejemos que llegue la sangre al río… Que se apaga y punto. (Y he de decir que yo, hasta le he pillado la gracia a la musiquilla… ¡Jate tú!)

# Al hilo de esto último, los momentos de despertarse por la noche de la Lechona, no han cambiado. Se sigue despertando varias veces; entre una y… varias. Dependiendo de la noche y las circunstancias. (Seguimos descubriendo factores de riesgo: muy abrigada, poco abrigada, que haya cenado más o menos, que estuviera más o menos cansada, que si con el saco normal, que si con el saco con piernas…)

Lo que ha cambiado, es la respuesta: de nuevo, antes, volvías, le ponías el chupete (que se le habría caído), y fuera; en un segundo, estabas de vuelta en la cama. Ahora la cosa es más compleja: como no hay interruptor Kill Paff, la cosa puede tardar un poco más. Y de nuevo, creo que tengo más mano que Churri… Eso, o que la peque le tiene cogida la medida a ella, y cuando va ella, se espabila más y corremos el peligro de empezar a montar una fiesta, que acabe, tras un rato de llantos, con los tres colechando en amor, compañía y fatigas, en la cama… (Lo que se traduce en, al final, las dos roncando, la nena en todo el medio, y yo, arrinconado, con los ojos como platos y destrozado de los nervios).

Como curiosidad: ahora se menea y despierta como una hora, hora y media después de dormirse. Siempre o casi siempre. Ni idea de por qué. Pero, un traguito de agua, un susurro, una caricia… y a seguir sobando.

*Briconsejo NÚMERO UNO: no te pires de la habitación de la niña sin dejar a mano su vasito de agua BIEEEEEEEEN LLENO. Debe haber dromedarios sedientos en Mauritania que beban menos que esta niña a lo largo de la noche.

# Otra cosa: es muy gracioso ver como la Lechoncilla ha evolucionado. Sigue sin tenerle mucho aprecio (por decir algo) a que la arropes o la pongas el saco, porque es un espíritu libre que gusta de moverse y recorrer cada centímetro cuadrado de la cuna, en todas las posturas posibles, pero ha empezado a desarrollar claramente el gusto por jugar con lo que pueda dentro de la cuna. Estos últimos días andamos con las fiestas de muñecos, por ejemplo. (Es decir, quiere en la cuna todo peluche o similar que pilles, y se monta una escena como la de E.T. camuflado en el armario de Elliot; y los arropa, y los menea, y les cuenta cosas… ¡Un espectáculo!)

# Que, en general, es más duro. El chupete, no podemos negarlo… es muy cómodo. Y el no tenerlo a mano, hace que todo sea más pesado. A veces reconozco que hemos estado a punto de sucumbir (al menos yo).  Al empezar con esto, nuestra Lechona estuvo pidiendo el TUH-TUH durante muchos días… O haciendo el gesto. Más de lo que esperábamos. Pero se terminó olvidando… Aparentemente. Y curiosamente, tras semanas sin hacer mucho caso, estas dos últimas noches de repente se descuelga con que quiere el chupete. WTF…?? Así que… NO SE LE OLVIDA TAN RÁPIDAMENTE.

# Que… se puede hacer. Que, por lo mismo, los chupetes son algo muy útil, pero no imprescindibles. ¿Que lo ha echado de menos? Sí. ¿Qué nos facilita la vida a todos? Sí. ¿Qué es útil? Sí. ¿Que de esta le va a quedar un trauma? Pues no. No lo creo. Todo es cuestión de buscar recursos y metros de paciencia.

Está claro que… quitarle el chupete a nuestros críos, algún día habrá que quitárselos. Ahora bien… Lo lógico es dejar hacer a cada familia, a cada caso; que nadie mejor que vosotros sabe cómo es vuestro bebé, cuál es la necesidad que hay en casa, y cuándo llega el mejor momento para hacerlo.

Aunque en el fondo… NO TENGAMOS NI IDEA.


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Dos caras distintas de esto de… ir creciendo

La tarde de este martes se me cruzó como uno de esos días en los que intuyes de alguna manera que marcarán una diferencia; ya sabes, uno de esos en que podrías decir, sin temor a meter la pezuña en un charcazo de agua hedionda, eso de: -“Pues fíjate, que el día de hoy hasta podría marcarlo en un calendario, y todo…”- Que podrías pintar una línea en el suelo, y dejar una fecha con una notita al margen, vamos.

Aquí no tengo a mano un calendario colgón de esos, para apuntar cosas… Pero tengo algo mejor: un blog. Así que dejaré constancia escrita aquí, para los restos.

Resulta que hace un par de tardes, se juntaron a la vez, ohhh, azares de la laif, dos mundos, dos fuerzas, dos realidades paralelas y cotidianas con las que nos tocará lidiar, y condenadas a entenderse y convivir, en buena lógica. El martes, en apenas un rato, se urdió un conciliábulo contumaz, en frío, crudo y sin presentaciones previas, en pleno fuero interno de nuestra querida Lechona; y a cuya llamada acudieron dos protagonistas, tan reales como ciertos: las dos caras (y consecuencias) del hecho incontestable de que la niña está creciendo A TODA PASTILLA.

LA CARA

Por un lado, ayer fue un día en que os juro que pensé: -“¿¿Qué narices le habrán echado al agua de esta niña hoy…?? Que esta tarde NO SOLAMENTE NO PARA DE HABLAR, ¡¡sino que además parece haberse sacado de debajo de la chistera del mago, como tropecientas palabras nuevas!!”- ¡¡¡Una cosa flipante…!!! Ayer la noté como pletórica… Como si de repente hubiera avanzado… no sé… de un día para otro, unas cuantas semanas del tirón, en cuanto a expresiones, vocabulario y demás. ¡¡La noté muy viva… Muy despierta…!! Muy MAYOR, en definitiva. Realmente, lo noté MUCHO. Y no dejaba de asombrarme… ¿Pero cómo es posible esto…? ¿Cómo has podido aprender tantas cosas hoy…? Imaginaos… Si me llamó la atención, a mí, su padre, que la veo todos los días, y la escucho, y la observo… Y muchas veces cada día me parece un calco al anterior. Y ayer, no sé a cuento de qué… la noté un cambiazo en ese aspecto. Una cosa muy loca…

LA CRUZ

Pero por otro lado… también sacó a relucir el primer episodio de lo que me imagino que será una de esas series NEGRAS que a todo niño le da por querer dirigir, producir, escribir y protagonizar en algún momento de su primera y tierna infancia: leidisanyentelmans… les presento a… ¡¡las RABIETAS!! Así, con mayúsculas y letra gorda. Una serie cuyos episodios, por supuesto, los pacientes y temerosos padres desearían perderse a toda costa como sea. –“Mira… Yo es que soy más de comedia ligera, ¿sabes? …A mí, esto de los dramones carcelarioooooossss… ¡Como que no es lo que más me tira, chatín…! Así que mejor, nos lo ahorramos todo esto, todos, ¿vale…?”-, que dirán muchos padres en estas situaciones.

Y es que… ayer debió desatarse una buena. Según Churri. Porque yo, me la perdí… Por suerte. Supongo. Pobrecita mía.

Vamos los tres al híper… Yo, llevando el “peso” de la compra; nuestro flamante nuevo carrito de cuatro ruedas en la diestra, y la lista en la siniestra, a mi rollito moreno, y tratando de ir ganando tiempo. Churri, con la amorosa Lechona, más rezagada, llevándola como puede.

(Aquí es cuando elijo gastar el comodín del inciso: quería haber escrito un post entero sobre esto hace ya tiempo, pero en fin… ya sabéis. Resulta que desde que la niña anda —¡¡y cómo anda, ya…!!—, los viajes a la compra con la niña se han vuelto, digámoslo abiertamente… toda una aventura. O todo un marronazo. Ya no la llevamos en la mochila casi nunca, porque quiere andar; y en la sillita, pues… según nos venga el viento, por más de lo mismo. Lo suyo es que ande, que corra… y que se canse un poquillo. Y claro… Es entrar por el primer pasillo, y querer atacar desde el segundo cero, a todo objeto que se le cruce desde las muy atractivas y bien colocadas estanterías. -“¡¡¡A tocarlo todoooooooo… OEEHHHOEHHH… Vengaaaa… Locuróóóóóóónnnn…!!!”-

Así que claro… Hay que estar TODO EL RATO ya con ella, pendiente… Y no nos da la vida -ni las lumbares- para ello. Venga… Fin del inciso).

Al poco aparece Churri… con cara de pocos amigos… y que se pira para casa. Que está muertamatá, y que la niña está cansada igual. Yo… pues que muy bien, pero ya que abulta, que no me va a caber en el carrito, y que solamente es un bulto… -“…Si puedes, llévate tú el papel higiénico, anda, que yo me llevo todo lo demás”-. En fin…

Adiós a mi nuevo carro de la compra.

Y en esas, sigo con la compra un rato más, y llego a casa. Abro la puerta, y veo a mis dos chicas que ya están a la mesa; la niña cenando como si tal cosa, y Churri mirándome con cara de perro apaleao…:

-“Tu hija acaba de tener su PRIMERA RABIETA. ¡Veinte minutos largos he tardado en llegar a casa! No me he metido directamente en la cama cuando he entrado por la puerta… ¡Pues no sé todavía por qué…! Resulta que ha sido salir por la puerta, y la niña ha explotado; se ha puesto a llorar, y no ha parado. Y no paraba, y no paraba… En plan de tirarse al suelo, patalear, y privarse, como hace ella… De quedarse sin respirar. Y y yo allí, con el percal. Y al final he tenido que venir con ella colgando como un fardo de peso muerto, como un saco de patatas, de un brazo, y el paquetorro de papel del culo en el otro, que no sé ni cómo lo he hecho, que no me podía ni mover. ¡¡Muerta estoy…!!”-.  

Y yo, claro… ojiplático, pues es poco. Al final resulta que la niña sí que estaba DEMASIADO cansada… Y la sala de máquinas reventó, al parecer. Yo no lo vi venir, desde luego; no parecía muy diferente a otras veces. Si no, no la hubiera dejado irse sola con la niña y el paquetón, así como así. Pero claro… Siempre hay una primera vez para casi todo. Y ayer, pues tocó una. Y se la comió Churri enterita. Primer plato, segundo plato, y postre.

Pero además, por lo visto, fue llegar a casa las dos, seguir lloriqueando la cría un pelín más… y en un santiamén, ¡volver a su rollito normal, y la niña como si no hubiera pasado nada! Y tan pichi. ¿¿Cómo te lo comes, eso…??

Así que… ayer comprobé en mis carnes cómo puedes pasar de la sonrisa más inesperada, del Orgullo de Padre™ más asombroso, de tener uno de esos momentos que te marcan y en que realmente piensas -“¡¡Es que me la cooomoooo… Aynnnssss!!”-, a la estupefacción más absoluta y el desconcierto más repentino, con bajonazo de campeonato. Así, en un chasquido de dedos. De la azotea más luminosa del más alto rascacielos bajo el más radiante de los cielos, te caes a los sórdidos y lóbregos túneles del metro… y más abajo. Una caída con hostión de órdago, en apenas un parpadeo.

¿No querías emociones fuertes en tu vida…? ¡¡Pues aquí van dos tazas en la misma ronda, jefe!! Joder… con la niña. ¿Pero esto de las rabietas no era más adelante…? ¿Ya…? ¿Tan pronto…?

En fin… Asúmelo, chico. Tu lindo bebé cada día está más lindo… pero cada día tiene menos de BEBÉ. Qué alegría, mira tú… Pero qué pena me da.

 


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Adiós, chupete, adiós…

Demasiado tiempo iba haciendo ya que no me ponía a teclear.

La verdad es que, en cuestiones blogueras, lamentablemente no es que haya empezado el año, digámoslo, a todo tren… Y no solamente en cantidad: muchas cosas en la cabeza, pero no terminan de cuajar en la pantalla, y lo poco que saco, no es ni lo que pretendía, ni como lo pretendía: si me descuido, enero se me escurre entre los dedos hablando apenas básicamente sobre violencia irracional e integrismo absurdo. ¡¡Yupiiii…!!

Y hoy me encuentro un poco en una tesitura similar… Siento que tengo que contar esto, pero quería que fuera distinto, de otra manera, ¿sabéis?; quería recuperar el tono divertido, fresco, desenfadado que he intentado plasmar en otras ocasiones, pero de nuevo me veo en las mismas, y no sé muy bien si al final me voy a salir por peteneras…

Este finde pasado nos hemos metido en el jaleaco del chupete. Porque sí… ¡porque nosotros lo valemos! ¿Vale…? Este ha resultado ser EL FINDE. ¡Sí, sí…! ESE finde: el finde en que decidimos mandar a tomar por culo jubilar… el chupete de nuestra amada Lechona.  (Si tuviera pasta para una orquesta, ahora sonaría un redoble de fanfarria de fondo…)

Y el caso es queeeeee… hmmmssssqqqgrrrrr… aññaagggghhh…chffffssscrrgggg... –sonidos guturales y rechineo de dientes– Que aunque haya sido pensado y “programado”, como siempre, me ha pillado un poco a contrapié. Soy así de desastre… o de lerdo; algunos ya me vais pillando el rollo, seguro. Vamos, que pese a que lo teníamos planeado y demás, no me lo tenía yo… estudiado ni preparado el tema del todo en condiciones.

No sé… Churri, que es más echápalante, lo tenía muy clarito (más que yo), y sobre el papel, parece que la cosa estaba bastante cristalina. Veréis:

#1- La niña… usa chupete. Hasta aquí, vamos bien, ¿no…? Porque… veamos, que hay críos que no lo usan; no es tan raro, ¿no? Mi propia sobrina E, por ejemplo. Y sobra decir que, evidentemente, es algo así como milagroso: chupetazo al canto, y ya no hay niña. Es como un chute instantáneo de morfina para bebés.

#2- El chupete… lo usa, digamos que poco. Para lo que viene siendo un chupete, vaya. Desde que nació, entendimos y decidimos que lo usaríamos lo mínimo; en casos puntuales y demás. Y la verdad es que más o menos la cosa ha sido siempre así, todo hay que decirlo. Al final, simplemente lo usa para dormir. Durante el día no lo ha usado nunca, en general -salvo para las siestas-. No lo necesita para calmarse, ni nada de eso. Ea. Seguimos avanzando…

#3- Resulta que en la escuela… se lo quitaron para la siesta… ¡hace meses! ¡¡Y no pasó absolutamente nada!! (Buen precedente, yo diría… ¿no?)

#4- La gordita está creciendo a todo tren. Ya es muy consciente de muchas cosas… ¡¡Y también de su chupete!! No es tonta, aquí, mi niña: hace ya unas cuantas semanas que lo pide… y sabe pedirlo: es su “TU TU…” Te lo habla… y te lo signa, por si igual eres cortito y no lo pillas a la primera.

#5- Más cositas… Llamadnos absurdos, pero por ejemplo: no tenemos chichoneras ni faldones ni nada de eso en la cuna (que hagan de barrera), por un lado, y por otro, tampoco atamos el chupete con una cadenita al pijama de la nena. Igual nos dio un poco de yuyu en su día, siendo más pequeña, yo qué sé… da igual. ¿Resultado? El obvio… Lo normal es que nos toca levantarnos varias veces durante la noche, porque lo pierde, y se le cae, o simplemente no lo encuentra, y se pone a llorar o a dar el coñazo. Y no es de los que palpan hasta encontrarlo, en cualquier caso, si quedara en el colchón. No es TAN lista… o igual es que simplemente pasa de buscarlo; ya están los tolis de mamá y papá. Total, te acostumbras; es un segundo, pero es un coñazo supino. (Nadie se me ha perdido todavía, ¿no…? Bueeeeeno…)

#6- Decía, que cada vez es más consciente del chupete. Si está por la habitación, el salón, o donde sea, y hay un chupete a la vista, si puede, lo trinca. (Hmmm… igual te está empezando a molar demasiado, ¿no, pequeñaja…?) No tiene problemas en devolvértelo si se lo pides, pero cada vez le mola menos deshacerse de él. Vamos, que cada vez la veo más… yonki, de la tetina, en lugar de menos, a medida que crece. Y no termina de molarnos.

#7- Y ya termino de atufar con tanto numerito… El paso lógico a dar parecía claro: por un lado, parece que se está volviendo más dependiente, y consciente de que lo necesita, o de que le gusta. Por otro, si en la escuela ya no lo usa y no pasó nada, y tienen como objetivo que terminen el curso sin chupete… Pues oye, como que podríamos intentar ir pensando en quitárselo ya, y no esperar más… que cuanto más lo retrasemos, peor. ¿No…?

Ese era nuestro razonamiento. Como digo, Churri estaba más convencida… Yo, como siempre voy retrasado en todo, no sé… Igual pienso a veces que es muy pronto, pero le doy la razón de todas maneras. Es posible que esté pensando que hoy es el chupete… y que mañana me va a pedir pasta para salir a una fiesta de pijamas con las amigas, en casa de Choni… (Sí… ya os he dicho por aquí varias veces que soy un blándimer de la vida…)

Total… Que este finde ha sido el definitivo, y el viernes pasado… el chupete, murió. Ya está hecho. Nada de… “se lo han llevado los Reyes y a cambio te han dejado este bonito puzzle de Peppa Pig” (Oye… a mi amigo Edu le funcionó con su primogénita… –¡Un saludo, tron…!) Más bien, la cosa fue del palo: -“¡Se ha roto, cariño…! (Claro, claro… con un tijeretazo trapero, malsano, cruel y a traición, pero eso no se lo dices a la niña…) Como ya tienes dientes, se ha roto de morderlo…”- Vamos, algo más o menos en una línea un poco más lógica (si se puede aplicar la lógica con una niña de 16 meses) Y claro, se lo das roto… la niña lo ve… se lo mete en la boca igualmente… la cosa ya no funciona como antes… y se queda con cara de pócker.

Se nos acabó la fase del chupete.

Bueno… pues a partir de ahí, un rosario de… actuaciones diversas, erráticas, caóticas y sin patrón aparente, cada noche: ¡¡Lo pide con insistencia antes de dormir!! ¡¡Parece que se despierta menos durante la noche!! Ahhh… pues no. ¡¡Se despierta… y tarda más en dormirse!! ¡¡Vaya, solamente se ha despertado una vez en toda la noche!! Y mientras… sigue pidiéndolo cada noche… ¡¡No se le olvida!! Igual si su muñeca no tuviera uno y no tratara de ponérselo ella…

Pero el colmo del vaso llegó anoche: tras casi conseguir dormirla… va, la pobre, y de un brinco tonto en la cuna, se me da un golpe en la cabecita con la barra (náááááá… una tontuna... para lo que es ella), pero se desató LA MUNDIAL. ¡¡¡Fliiiiiiiiiiiipa…!!! Bueno bueno bueno… No había manera de consolarla. 16 meses de niña… y anoche tocó el rato que más tiempo la recuerdo llorando. Y claro… si no hay chupete, pues no hay chupete. ¿Tres cuartos de hora llorando…? Yo que sé. Algunos ya os estáis partiendo de mí, lo sé, pobre pardillo afortunado… pero para el padre agobiado de una niña que no llora nunca de normal, más de tres segundos… creedme, es UNA ETERNIDAD. Uno de esos récords que no tienes ninguna prisa por que se batan.

Y aquí es cuando y donde me asaltan todas las dudas del mundo. ¿REALMENTE LO ESTAMOS HACIENDO BIEN? ¿Hay necesidad? ¿Hay tanta prisa? ¿Lo estamos haciendo correctamente…? Sinceramente y sin coñas… estoy un poco desconcertado ahora mismo. Me siento un poco Estivill pero sin pretenderlo. ¿Hubo necesidad anoche de que llorara tanto… a pesar de estar en los brazos amorosos de sus padres? No es que la dejáramos ahí… no, es que quería su chupete, y de tanto sueño y fatiga que tenía, pues ya entró en bucle, en modo lo veo todo rojo. Porque con el chupete se habría acabado todo en un segundo. Y sin embargo, mira… ¡¡luego durmió el resto de la noche del tirón, sin despertarse ni una sola vez!!

Estoy un poco perdido en este tema, lo reconozco. Creo que me faltan referencias. Como digo, soy un poco lento… y no he leído o investigado quizás lo suficiente. Hoy, más que nunca, me siento muy NOVATO; muy PRIMERIZO; muy… que no tengo ni p… idea de si lo que estamos haciendo bien y que hay que ser constantes y no flojear a la mínima, y si solamente hay que esperar unos días más a que se le pase el “mono” y se olvide de su fiel chupete, compañero de fatigas y de sueños.

Estoy a una con Churri, pero a la vez no puedo evitar pensar: -“¡Qué carajo! Que se quede con el chupete el tiempo que quiera, y ya está… que cuando vaya a la mili, ya se lo quitará ella sola. ¡Qué necesidad!”- Y anoche lo pasé mal, la verdad. Y encima me puse en plan poli malo, llamando al orden y amenazando cada dos por tres: -“¡Oye… si pegas a mamá (la niña, dando manotazos de frustación, rabia, cansancio o lo que sea…), te cojo yo, ¿ehhhh…? Y no mamá…”- Y ahí me teníais. Y claro, eso tampoco me ayudaba mucho. Casi como una patada en los huevos… más o menos.

Resumiendo… que me lío. En esas estamos ahora: que le estamos quitando el chupete, vaya. Creo que la cosa va bien, en general… pero Churri misma se sorprende de que todavía lo pida, casi una semana después. (Yo no me sorprendo… ¿seré más cínico o más realista? No sé si aquí mi morena pensaba que de un día para otro se le quitaría la tontería… Obviamente, no.)

Vosotros, buenas y sabias gentes… ¿Cómo habéis llevado aquí, el tema este…?

No es el post que querría haber hecho. Con chistes, coñas, chascarrillos… Pero a veces, las cosas salen así. Y si no, que se lo digan al pobre chupete… que decapitado deambula cadáver todavía por la casa.

Descansa en paz, amigo. TE LO HAS GANADO.


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Gritest Jits #6… (o “La Lechona va pillándole el ritmillo a la vida”)

Los Grandes Momentos de la incipiente vida de mi Lechona.

¡¡Hola Gordi…!!

Hoy nos volvemos a asomar, mi vida, por esta especie de balcón tan nuestro en que se ha convertido esta pequeña sección del blog, dedicada exclusivamente a reflejar esos pequeños avances tan chorras pero significativos a ojos del friki de tu padre, usease, aquí el Menda, y que teníamos un poco abandonada.

Y esta sexta edición, es un poquitoooo… especial. Distinta. Mucho hace desde la última vez, y esta vez me temo que no he sido tan constante en eso de anotar momentos y fechas concretos… Porque de lo que principalmente quiero escribirte hoy, cielo, es más bien… del conjunto. Del cambiazo que he notado en ti en estos últimos dos o tres meses. Vamos, desde que cumpliste el añito hasta el día de hoy. Que así, a vistazo limpio, cada día me viene pareciendo un Gritest en sí mismo. Hoy vengo a contarte cómo le estás pillando el ritmillo (en plan viento en popa y a toda vela, mi capitán, no me vaya usted a darle un descansito ahora a la sala de máquinas, que le estoy viendo venir, ahora que esta nave se está animando…), a esto de… la vida humana, por así decirlo.

Siempre me habían dicho.. siempre he escuchado, que durante el primer año de vida los lechones cambian una barbaridad. Y así es, desde luego. Todo el que haya tenido una camada lo sabe. Pero lo que me está dejando bastante sorprendido, en tu caso, cariño, es lo mucho que estás evolucionando desde que has cumplido el año. Me parece una pasada… ¡Una cosa bárbara, por Crom!. Yo, al menos, no lo he notado tanto en los meses previos.

Empezando por el hecho de empezar a caminar por ti misma, que eso ya lo tenías bastante controlado antes de cumplir el año… pero que se puede ver como una especie de… arranque de lo que está viniendo desde entonces. En tu actitud, en tu comportamiento, en tus gestos, en tus relaciones, en tu día a día. De hecho, el físico es lo de menos, donde menos se notan estos cambios. (Bueno, vale… en el pelazo de reinona locatis que se te está poniendo, vaaaaale… que no hay quien te lo seque, ya… ¡¡Qué va a ser de ti cuando cumplas los 15, por Tutatis!!)

El caso es que SE NOTA que no paras de aprender cosas nuevas todo el rato. Cómo estás aprendiendo a, por ejemplo, controlar e identificar distintos tipos de expresiones faciales, y lo que ello te conlleva respecto a, por seguir con más ejemplos, recibir más o menos atención extra. ¡¡¡Eres una comedianta nata, chata!!! ¡¡Eres tan gansa como tu padre…!! (Está claro al menos ahí, que sabemos de qué palo ha salido esta astilla…) Por otro lado, aunque sigues siendo un animalillo tremendamente tierno y sociable, noto que creces por momentos en cosas como que… ya no te vas tan fácilmente con cualquiera, como antes. Ahora miras, remiras… y te sueles mantener en una cierta y prudencial distancia de seguridad, analizando el jepeto del que tienes delante, y con la mirada no del todo desabrida pero sí particularmente analítica del que anda pensando.. -“Hey… ¡Un momento, chatungo! Túúú… ¿De qué palo vas? ¿A ti te conozco yo de algo o no…?”- Y no pocas veces has pasado del susodicho o susodicha, y haciendo mutis por el forro, te refugias entre nuestras piernas. ¡¡¡Es la famosa táctica “Vergüenza del Guerrero Consciente”, técnica de supervivencia hija de la famosa Diosa NOOOOOO!!! -“¡¡¡Jaiiiiiiiiiiii…!!!”- ¡¡Qué lista eres!! Que ya no te va a secuestrar cualquiera…

Porque ya te has hecho una ferviente acólita y seguidora de la Diosa NOOOOOO…, por supuesto. De repente, sin que te des cuenta, puedo olfatear tus miedos y tus dudas, y me encuentro con que recitas el mantra de la diosa, tan perfecto, tan prístino y tan clarinete, que parece que lleves afiliada a la Secta de la Negación, toda tu vida, chica… -“¡NO…! ¡NO…! ¡NO…! ¡NO…”- Vas diciendo por ahí, tú sola… Que te veooooo… ¡¡Y te cierras de braaaazooosss…!! Y te quedas tan pancha. ¡¡Ahhhhhh… vil perfidia!! ¿¿Por qué al Dios SÍÍÍÍÍÍ solamente lo gesticulas, pero a la Diosa NOOOOOO además ya la recitas y pronuncias?? –“Pero… ¿Cómo…? ¿Miedo, dices…? ¿Dudas…? ¡Al contrario, buen progenitor… Es mi reafirmación, lo que sostengo!”-, parecen decir tus gestos. Y a fe mía que bien lo parece, desde luego…

El SI y el NO, el nuevo descubrimiento de la Lechona.

Y es que son muchas cosas, hija… Las cosas que manipulas, el interés que sigues demostrando por todo lo nuevo que tienes delante… Cómo te mueves… Cómo te enmadras cada vez más… Todo el vocabulario (¡¡es una pasada…!!) que vas pillando ya y que vas pronunciando a tu manera… Y principalmente, tu capacidad de comprensión; lo mucho que nos vamos entendiendo y que vas comprendiendo. El cómo eres capaz de entender perfectamente muchísimas de las órdenes o frases que te vamos soltando, y todo lo que eres capaz de hacer ya tú sola y por ti misma: el manejo con los cubiertos, el que coloques tú sola tus zapatos en el zapatero, lo que nos vacilas cuando quieres vacilarnos… o el ritmillo que le vas pillando a la vida, como decía en el título. Me flipa cómo te pones a bailar aunque sea escuchando un silbato, y cómo aporreas con lo primero que pillas, como si ya fueras una pequeña pro de la percusión. No sé… ¡son tantas, que se me acabaría el tóner digital este! ¡Muñones, en lugar de dedos, se me quedarían de aporrear tanta tecla para escribirlo todo!

Te veo TAAAAAAN mayor ahora, cariño… que no sé muy bien si es la leche (de la que de momento no eres demasiado fan, por cierto…), el aire que respiras o es que te meten hormonas de crecimiento en los bocatas de la escuela, hija. Yo lo único que sé ahora mismo es que me tienes loquito, bollo.

En fin… y para terminar, siguiendo con la tradición del Gritest, algunos muy breves apuntes chorras de tus momentazos vitales (que sí he recogido…), de estos últimos meses:

# ¡¡El 7 de octubre pronunciaste claramente tu nombre por 1ª vez, cuando te recogía de la escuela!! Y también te pusiste a decir -“Papááááá… Papááááá…”- como un loro. ¡¡Qué ilusión!! Me puse a dar brincos contigo y a repetirlo todo a voces en plena calle, jajaja… ¡¡Cagaba lovin’ por las orejas!!

# El 1 de noviembre saliste a campear, en una tregua que dio el tiempo (a la sierra, por el puerto de Canencia), por 1ª vez. Sí, sé que hemos tardado mucho, pero qué le vamos a hacer. Fue una salida setera con tus papis y con los titos embarazados. ¡Papi cogió setas y tú recogiste 2 piñas y tres palitos! Así que cada uno con sus tesorillos para casa. -“¡¡Bien por mi chica!!”-

# Ya tienes un par de muelas, abajo, por cierto. Así que pegas unos bocaos de aúpa, nena. Normal que te flipe tanto el “pá”, como dices tú… ¡Porque le enciscas unos ñascos a los bocatas, cosa mala! Creo que estoy perdiendo ya la cantidad de dientes que tienes.

(Añadido editado a posteriori): y otra más arriba que no había visto… ¡Esto es un no parar! ¡¡Halaaaaaa…!!

# Por cierto, que con los avances culinarios no me lío más, que ya has visto que algo de eso he comentado en el post anterior, que me daba para uno entero en sí mismo. Ahí lo vas llevando, niña.

# La semana pasada te di por primera vez… ¡un Chupa-Chups! No estoy muy orgulloso, la verdad. No tenía intención (ni mamá ni yo somos fans de darte chuches tan pronto… ¡que ya tendrás tiempo!) pero la jefa de la escuela te lo ofreció como cambalache y maniobra de distracción para que soltaras un juguete y que nos pudiéramos ir, y me pilló a contrapié… Y ya no había forma de que lo soltases para poder guardarlo; y no solamente eso, sino que te pusiste a roerlo a saco, cual ratoncillo golosón, con el plástico y todo, y claro… pues ya puestos, con el mal hecho, preferí que al menos no te comieras el plástico. Y tu carita al ir chupando aquello fue un poema, cariño… ¡Lástima de dejarme el móvil en casa para haberte hecho un bonito vídeo! Te lo quité en cuanto pude… pero aquello ya estaba en las raspas… y en las babas esparcidas por el abrigo, claro. (Y voy yo, luego, y me entero que aquí, tu santa madre, ya te había dado una piruleta semanas antes…)

En fin… No sé qué nos depararás en este segundo trimestre de tu segundo año de vida, pero seguro que será igualmente FLIPANTE.

Te quiero, loca.