¡¡¡…Y yo con estas barbas!!!

Relatos sobre mis experiencias y expectativas como padre novato


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El adiós al chupete… (Round #2)

Retomo hoy el hilo de un post reciente, el del chupete, al que prometí dar continuación, así que aquí estamos de vuelta con el tema del sueño. No sé si segundas partes nunca fueron buenas, como en el cine (aunque ahí está El padrino II para demostrar lo contrario…), pero está claro que a veces son necesarias, aunque solamente sea para poder contar aquello de… -“Luke… ¡Yo soy tu padre…!”-, y dejarnos a todos lóquimers, quedándote más a gusto que un arbusto.

Empecé a escribirlo a la semana de publicar el anterior, pero como aquí somos como somos, en lugar de sacarlo a su debido tiempo… pues lo suelto mes y medio después. Ya me vais conociendo; me mola hacerme de rogar.

Tenía el hilo muy cogido, de lo poco que escribí anteriormente, pero el tiempo ha ido pasando, y ha ido ocurriendo un poco de todo, así que correré un tupido velo e intentaré resumir más o menos lo que hemos ido notando en casa respecto a cómo hemos ido llevando todos el tema del adiós al chupete.

Lo primero, es una reflexión personal: sigo teniendo mis reservas a la decisión que tomamos, de si realmente hicimos bien o no. Ahora bien, una vez tomada, apoyo total a tirar para adelante. Siempre se puede recular… De hecho, es lo lógico si realmente percibes que no se ha tomado una decisión correcta. Pero al igual que las monedas siempre tienen dos caras, con las decisiones pasa lo mismo, que una vez tomada una, careces de la información de qué hubiera pasado si no hubieras tomado esa decisión (a corto, medio o largo plazo), y hubieras optado por lo contrario. Es un arma de doble filo, por tanto. A toro pasado, siempre se ven las cosas de otra manera… (y no descubro Roma con esta frase).

Bueno… Apuntado esto, he de decir que el cambio principal que venimos notando, en general, es un cambio de rutinas de sueño, principalmente. La rutina de irse a la cama, ha cambiado por completo. Y en cierto sentido, he de decir que me gusta más. Aunque es bastante más coñazo. Más que de rutina de irse a la cama, debería decir, rutina de acostarse, o dormirse. Y no puedo evitar la sensación de pensar que parte de ese cambio, chupete culpable o no, viene dado también por el hecho, como decía en el último post, de que la peque está creciendo a toda máquina.

He aquí algunos resultados de todo este proceso:

# Ahora, lo normal es que participemos los dos, tanto Churri como yo, en el proceso de acostar a la Lechona, todos, o casi todos los días. Primero empieza uno de los dos, está un rato con ella aguantando los últimos zascandileos de actividad frenética repentina previa al coma profundo… Y acto seguido, el otro le da el relevo, y termina de darle la puntilla, aguantando hasta que la peque cae rendida por KO absoluto. (Tampoco es algo exagerado; hablamos de entre 5 o 10 minutos, si se da bien, o más tirando a 20 si se da reguleramente… Por ahí anda la cosa).

Aquí, entran ya todas las técnicas a nuestra disposición, para lograr el objetivo: cuentos, canciones, juegos, apagar luces, montar fiestas con muñecos, tirar de dinosaurios y demás artilugios musicales, arrumacos y caricias y besos varios… Y esta es una de las grandes diferencias: el chupete, como bien sabéis, es como un Kill Paff, que lo enchufas, y te olvidas. Pero ahora no; ahora, hay que currárselo un poco más. Si está cansada, cae pronto… Pero si no, la cosa puede llevar más tiempo y paciencia. Pero oye… Que caer, cae. Y decía que me gustaba más, porque me gusta esta rutina; me acerca un poco más a ella. Es más coñazo… pero tiene su puntillo. Y he de decir que se me da mejor a mí que a Churri. (He desarrollado toda una batería de técnicas jedi para dejarla frita… En el caso de Churri, es mi pobre la que se queda friter antes que la niña, si se descuida…) Mi morena… que es así.

# He redescubierto y rescatado del ostracismo a un poderoso aliado, regalo de una amiga: ¡el osito Tummy Sleep!

Este curioso invento nos lo regalaron con la mejor de las intenciones, hace más de un año, y terminó siendo desde el primer día, un bulto recogepolvo más, en una esquina de la cuna. Porque nunca hubo necesidad real de usarlo para lo que está realmente concebido. Pero es ahora cuando estamos aprovechando TODO SU POTENCIAL, y sacándole verdadero partido. (Aunque directamente hemos sacado el aparatejo de las tripas del oso, y lo tenemos suelto, colgando de los barrotes de la cuna). ¡¡Rockanrrollin’!!

Entre las melodías que trae, (capaces de sobar por aburrimiento a un bakala hiperactivo hasta las cejas de anfetas), los ruidos blancos, sonidos ambientales varios y la opción de grabarte (cantando tus propias versiones redux de Los Pitufos del Padre Abraham a una revolución y media, o simplemente hablándole cositas…), el invento se nos ha mostrado como la mar de útil, en este punto. Principalmente, porque se activa él solito cuando suena algún ruidito cerca (cuando la peque se menea y espabila un poco); y muchas veces basta simplemente un mínimo de musiquilla para que la nena se vuelva a quedar frita ella sola, sin tener que levantarnos.

Saca el cantante que llevas dentro con el oso Tummy Sleep.

Eso sí… O lo amas, o lo odias. Si eres de oreja sensible como yo, es posible que aparte de dormir a la peque, el run run te despierte a ti, y te entren ganas de tirarlo por la ventana, o destrozarlo a martillazos. Pero no dejemos que llegue la sangre al río… Que se apaga y punto. (Y he de decir que yo, hasta le he pillado la gracia a la musiquilla… ¡Jate tú!)

# Al hilo de esto último, los momentos de despertarse por la noche de la Lechona, no han cambiado. Se sigue despertando varias veces; entre una y… varias. Dependiendo de la noche y las circunstancias. (Seguimos descubriendo factores de riesgo: muy abrigada, poco abrigada, que haya cenado más o menos, que estuviera más o menos cansada, que si con el saco normal, que si con el saco con piernas…)

Lo que ha cambiado, es la respuesta: de nuevo, antes, volvías, le ponías el chupete (que se le habría caído), y fuera; en un segundo, estabas de vuelta en la cama. Ahora la cosa es más compleja: como no hay interruptor Kill Paff, la cosa puede tardar un poco más. Y de nuevo, creo que tengo más mano que Churri… Eso, o que la peque le tiene cogida la medida a ella, y cuando va ella, se espabila más y corremos el peligro de empezar a montar una fiesta, que acabe, tras un rato de llantos, con los tres colechando en amor, compañía y fatigas, en la cama… (Lo que se traduce en, al final, las dos roncando, la nena en todo el medio, y yo, arrinconado, con los ojos como platos y destrozado de los nervios).

Como curiosidad: ahora se menea y despierta como una hora, hora y media después de dormirse. Siempre o casi siempre. Ni idea de por qué. Pero, un traguito de agua, un susurro, una caricia… y a seguir sobando.

*Briconsejo NÚMERO UNO: no te pires de la habitación de la niña sin dejar a mano su vasito de agua BIEEEEEEEEN LLENO. Debe haber dromedarios sedientos en Mauritania que beban menos que esta niña a lo largo de la noche.

# Otra cosa: es muy gracioso ver como la Lechoncilla ha evolucionado. Sigue sin tenerle mucho aprecio (por decir algo) a que la arropes o la pongas el saco, porque es un espíritu libre que gusta de moverse y recorrer cada centímetro cuadrado de la cuna, en todas las posturas posibles, pero ha empezado a desarrollar claramente el gusto por jugar con lo que pueda dentro de la cuna. Estos últimos días andamos con las fiestas de muñecos, por ejemplo. (Es decir, quiere en la cuna todo peluche o similar que pilles, y se monta una escena como la de E.T. camuflado en el armario de Elliot; y los arropa, y los menea, y les cuenta cosas… ¡Un espectáculo!)

# Que, en general, es más duro. El chupete, no podemos negarlo… es muy cómodo. Y el no tenerlo a mano, hace que todo sea más pesado. A veces reconozco que hemos estado a punto de sucumbir (al menos yo).  Al empezar con esto, nuestra Lechona estuvo pidiendo el TUH-TUH durante muchos días… O haciendo el gesto. Más de lo que esperábamos. Pero se terminó olvidando… Aparentemente. Y curiosamente, tras semanas sin hacer mucho caso, estas dos últimas noches de repente se descuelga con que quiere el chupete. WTF…?? Así que… NO SE LE OLVIDA TAN RÁPIDAMENTE.

# Que… se puede hacer. Que, por lo mismo, los chupetes son algo muy útil, pero no imprescindibles. ¿Que lo ha echado de menos? Sí. ¿Qué nos facilita la vida a todos? Sí. ¿Qué es útil? Sí. ¿Que de esta le va a quedar un trauma? Pues no. No lo creo. Todo es cuestión de buscar recursos y metros de paciencia.

Está claro que… quitarle el chupete a nuestros críos, algún día habrá que quitárselos. Ahora bien… Lo lógico es dejar hacer a cada familia, a cada caso; que nadie mejor que vosotros sabe cómo es vuestro bebé, cuál es la necesidad que hay en casa, y cuándo llega el mejor momento para hacerlo.

Aunque en el fondo… NO TENGAMOS NI IDEA.

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Dos caras distintas de esto de… ir creciendo

La tarde de este martes se me cruzó como uno de esos días en los que intuyes de alguna manera que marcarán una diferencia; ya sabes, uno de esos en que podrías decir, sin temor a meter la pezuña en un charcazo de agua hedionda, eso de: -“Pues fíjate, que el día de hoy hasta podría marcarlo en un calendario, y todo…”- Que podrías pintar una línea en el suelo, y dejar una fecha con una notita al margen, vamos.

Aquí no tengo a mano un calendario colgón de esos, para apuntar cosas… Pero tengo algo mejor: un blog. Así que dejaré constancia escrita aquí, para los restos.

Resulta que hace un par de tardes, se juntaron a la vez, ohhh, azares de la laif, dos mundos, dos fuerzas, dos realidades paralelas y cotidianas con las que nos tocará lidiar, y condenadas a entenderse y convivir, en buena lógica. El martes, en apenas un rato, se urdió un conciliábulo contumaz, en frío, crudo y sin presentaciones previas, en pleno fuero interno de nuestra querida Lechona; y a cuya llamada acudieron dos protagonistas, tan reales como ciertos: las dos caras (y consecuencias) del hecho incontestable de que la niña está creciendo A TODA PASTILLA.

LA CARA

Por un lado, ayer fue un día en que os juro que pensé: -“¿¿Qué narices le habrán echado al agua de esta niña hoy…?? Que esta tarde NO SOLAMENTE NO PARA DE HABLAR, ¡¡sino que además parece haberse sacado de debajo de la chistera del mago, como tropecientas palabras nuevas!!”- ¡¡¡Una cosa flipante…!!! Ayer la noté como pletórica… Como si de repente hubiera avanzado… no sé… de un día para otro, unas cuantas semanas del tirón, en cuanto a expresiones, vocabulario y demás. ¡¡La noté muy viva… Muy despierta…!! Muy MAYOR, en definitiva. Realmente, lo noté MUCHO. Y no dejaba de asombrarme… ¿Pero cómo es posible esto…? ¿Cómo has podido aprender tantas cosas hoy…? Imaginaos… Si me llamó la atención, a mí, su padre, que la veo todos los días, y la escucho, y la observo… Y muchas veces cada día me parece un calco al anterior. Y ayer, no sé a cuento de qué… la noté un cambiazo en ese aspecto. Una cosa muy loca…

LA CRUZ

Pero por otro lado… también sacó a relucir el primer episodio de lo que me imagino que será una de esas series NEGRAS que a todo niño le da por querer dirigir, producir, escribir y protagonizar en algún momento de su primera y tierna infancia: leidisanyentelmans… les presento a… ¡¡las RABIETAS!! Así, con mayúsculas y letra gorda. Una serie cuyos episodios, por supuesto, los pacientes y temerosos padres desearían perderse a toda costa como sea. –“Mira… Yo es que soy más de comedia ligera, ¿sabes? …A mí, esto de los dramones carcelarioooooossss… ¡Como que no es lo que más me tira, chatín…! Así que mejor, nos lo ahorramos todo esto, todos, ¿vale…?”-, que dirán muchos padres en estas situaciones.

Y es que… ayer debió desatarse una buena. Según Churri. Porque yo, me la perdí… Por suerte. Supongo. Pobrecita mía.

Vamos los tres al híper… Yo, llevando el “peso” de la compra; nuestro flamante nuevo carrito de cuatro ruedas en la diestra, y la lista en la siniestra, a mi rollito moreno, y tratando de ir ganando tiempo. Churri, con la amorosa Lechona, más rezagada, llevándola como puede.

(Aquí es cuando elijo gastar el comodín del inciso: quería haber escrito un post entero sobre esto hace ya tiempo, pero en fin… ya sabéis. Resulta que desde que la niña anda —¡¡y cómo anda, ya…!!—, los viajes a la compra con la niña se han vuelto, digámoslo abiertamente… toda una aventura. O todo un marronazo. Ya no la llevamos en la mochila casi nunca, porque quiere andar; y en la sillita, pues… según nos venga el viento, por más de lo mismo. Lo suyo es que ande, que corra… y que se canse un poquillo. Y claro… Es entrar por el primer pasillo, y querer atacar desde el segundo cero, a todo objeto que se le cruce desde las muy atractivas y bien colocadas estanterías. -“¡¡¡A tocarlo todoooooooo… OEEHHHOEHHH… Vengaaaa… Locuróóóóóóónnnn…!!!”-

Así que claro… Hay que estar TODO EL RATO ya con ella, pendiente… Y no nos da la vida -ni las lumbares- para ello. Venga… Fin del inciso).

Al poco aparece Churri… con cara de pocos amigos… y que se pira para casa. Que está muertamatá, y que la niña está cansada igual. Yo… pues que muy bien, pero ya que abulta, que no me va a caber en el carrito, y que solamente es un bulto… -“…Si puedes, llévate tú el papel higiénico, anda, que yo me llevo todo lo demás”-. En fin…

Adiós a mi nuevo carro de la compra.

Y en esas, sigo con la compra un rato más, y llego a casa. Abro la puerta, y veo a mis dos chicas que ya están a la mesa; la niña cenando como si tal cosa, y Churri mirándome con cara de perro apaleao…:

-“Tu hija acaba de tener su PRIMERA RABIETA. ¡Veinte minutos largos he tardado en llegar a casa! No me he metido directamente en la cama cuando he entrado por la puerta… ¡Pues no sé todavía por qué…! Resulta que ha sido salir por la puerta, y la niña ha explotado; se ha puesto a llorar, y no ha parado. Y no paraba, y no paraba… En plan de tirarse al suelo, patalear, y privarse, como hace ella… De quedarse sin respirar. Y y yo allí, con el percal. Y al final he tenido que venir con ella colgando como un fardo de peso muerto, como un saco de patatas, de un brazo, y el paquetorro de papel del culo en el otro, que no sé ni cómo lo he hecho, que no me podía ni mover. ¡¡Muerta estoy…!!”-.  

Y yo, claro… ojiplático, pues es poco. Al final resulta que la niña sí que estaba DEMASIADO cansada… Y la sala de máquinas reventó, al parecer. Yo no lo vi venir, desde luego; no parecía muy diferente a otras veces. Si no, no la hubiera dejado irse sola con la niña y el paquetón, así como así. Pero claro… Siempre hay una primera vez para casi todo. Y ayer, pues tocó una. Y se la comió Churri enterita. Primer plato, segundo plato, y postre.

Pero además, por lo visto, fue llegar a casa las dos, seguir lloriqueando la cría un pelín más… y en un santiamén, ¡volver a su rollito normal, y la niña como si no hubiera pasado nada! Y tan pichi. ¿¿Cómo te lo comes, eso…??

Así que… ayer comprobé en mis carnes cómo puedes pasar de la sonrisa más inesperada, del Orgullo de Padre™ más asombroso, de tener uno de esos momentos que te marcan y en que realmente piensas -“¡¡Es que me la cooomoooo… Aynnnssss!!”-, a la estupefacción más absoluta y el desconcierto más repentino, con bajonazo de campeonato. Así, en un chasquido de dedos. De la azotea más luminosa del más alto rascacielos bajo el más radiante de los cielos, te caes a los sórdidos y lóbregos túneles del metro… y más abajo. Una caída con hostión de órdago, en apenas un parpadeo.

¿No querías emociones fuertes en tu vida…? ¡¡Pues aquí van dos tazas en la misma ronda, jefe!! Joder… con la niña. ¿Pero esto de las rabietas no era más adelante…? ¿Ya…? ¿Tan pronto…?

En fin… Asúmelo, chico. Tu lindo bebé cada día está más lindo… pero cada día tiene menos de BEBÉ. Qué alegría, mira tú… Pero qué pena me da.

 


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Adiós, chupete, adiós…

Demasiado tiempo iba haciendo ya que no me ponía a teclear.

La verdad es que, en cuestiones blogueras, lamentablemente no es que haya empezado el año, digámoslo, a todo tren… Y no solamente en cantidad: muchas cosas en la cabeza, pero no terminan de cuajar en la pantalla, y lo poco que saco, no es ni lo que pretendía, ni como lo pretendía: si me descuido, enero se me escurre entre los dedos hablando apenas básicamente sobre violencia irracional e integrismo absurdo. ¡¡Yupiiii…!!

Y hoy me encuentro un poco en una tesitura similar… Siento que tengo que contar esto, pero quería que fuera distinto, de otra manera, ¿sabéis?; quería recuperar el tono divertido, fresco, desenfadado que he intentado plasmar en otras ocasiones, pero de nuevo me veo en las mismas, y no sé muy bien si al final me voy a salir por peteneras…

Este finde pasado nos hemos metido en el jaleaco del chupete. Porque sí… ¡porque nosotros lo valemos! ¿Vale…? Este ha resultado ser EL FINDE. ¡Sí, sí…! ESE finde: el finde en que decidimos mandar a tomar por culo jubilar… el chupete de nuestra amada Lechona.  (Si tuviera pasta para una orquesta, ahora sonaría un redoble de fanfarria de fondo…)

Y el caso es queeeeee… hmmmssssqqqgrrrrr… aññaagggghhh…chffffssscrrgggg... –sonidos guturales y rechineo de dientes– Que aunque haya sido pensado y “programado”, como siempre, me ha pillado un poco a contrapié. Soy así de desastre… o de lerdo; algunos ya me vais pillando el rollo, seguro. Vamos, que pese a que lo teníamos planeado y demás, no me lo tenía yo… estudiado ni preparado el tema del todo en condiciones.

No sé… Churri, que es más echápalante, lo tenía muy clarito (más que yo), y sobre el papel, parece que la cosa estaba bastante cristalina. Veréis:

#1- La niña… usa chupete. Hasta aquí, vamos bien, ¿no…? Porque… veamos, que hay críos que no lo usan; no es tan raro, ¿no? Mi propia sobrina E, por ejemplo. Y sobra decir que, evidentemente, es algo así como milagroso: chupetazo al canto, y ya no hay niña. Es como un chute instantáneo de morfina para bebés.

#2- El chupete… lo usa, digamos que poco. Para lo que viene siendo un chupete, vaya. Desde que nació, entendimos y decidimos que lo usaríamos lo mínimo; en casos puntuales y demás. Y la verdad es que más o menos la cosa ha sido siempre así, todo hay que decirlo. Al final, simplemente lo usa para dormir. Durante el día no lo ha usado nunca, en general -salvo para las siestas-. No lo necesita para calmarse, ni nada de eso. Ea. Seguimos avanzando…

#3- Resulta que en la escuela… se lo quitaron para la siesta… ¡hace meses! ¡¡Y no pasó absolutamente nada!! (Buen precedente, yo diría… ¿no?)

#4- La gordita está creciendo a todo tren. Ya es muy consciente de muchas cosas… ¡¡Y también de su chupete!! No es tonta, aquí, mi niña: hace ya unas cuantas semanas que lo pide… y sabe pedirlo: es su “TU TU…” Te lo habla… y te lo signa, por si igual eres cortito y no lo pillas a la primera.

#5- Más cositas… Llamadnos absurdos, pero por ejemplo: no tenemos chichoneras ni faldones ni nada de eso en la cuna (que hagan de barrera), por un lado, y por otro, tampoco atamos el chupete con una cadenita al pijama de la nena. Igual nos dio un poco de yuyu en su día, siendo más pequeña, yo qué sé… da igual. ¿Resultado? El obvio… Lo normal es que nos toca levantarnos varias veces durante la noche, porque lo pierde, y se le cae, o simplemente no lo encuentra, y se pone a llorar o a dar el coñazo. Y no es de los que palpan hasta encontrarlo, en cualquier caso, si quedara en el colchón. No es TAN lista… o igual es que simplemente pasa de buscarlo; ya están los tolis de mamá y papá. Total, te acostumbras; es un segundo, pero es un coñazo supino. (Nadie se me ha perdido todavía, ¿no…? Bueeeeeno…)

#6- Decía, que cada vez es más consciente del chupete. Si está por la habitación, el salón, o donde sea, y hay un chupete a la vista, si puede, lo trinca. (Hmmm… igual te está empezando a molar demasiado, ¿no, pequeñaja…?) No tiene problemas en devolvértelo si se lo pides, pero cada vez le mola menos deshacerse de él. Vamos, que cada vez la veo más… yonki, de la tetina, en lugar de menos, a medida que crece. Y no termina de molarnos.

#7- Y ya termino de atufar con tanto numerito… El paso lógico a dar parecía claro: por un lado, parece que se está volviendo más dependiente, y consciente de que lo necesita, o de que le gusta. Por otro, si en la escuela ya no lo usa y no pasó nada, y tienen como objetivo que terminen el curso sin chupete… Pues oye, como que podríamos intentar ir pensando en quitárselo ya, y no esperar más… que cuanto más lo retrasemos, peor. ¿No…?

Ese era nuestro razonamiento. Como digo, Churri estaba más convencida… Yo, como siempre voy retrasado en todo, no sé… Igual pienso a veces que es muy pronto, pero le doy la razón de todas maneras. Es posible que esté pensando que hoy es el chupete… y que mañana me va a pedir pasta para salir a una fiesta de pijamas con las amigas, en casa de Choni… (Sí… ya os he dicho por aquí varias veces que soy un blándimer de la vida…)

Total… Que este finde ha sido el definitivo, y el viernes pasado… el chupete, murió. Ya está hecho. Nada de… “se lo han llevado los Reyes y a cambio te han dejado este bonito puzzle de Peppa Pig” (Oye… a mi amigo Edu le funcionó con su primogénita… –¡Un saludo, tron…!) Más bien, la cosa fue del palo: -“¡Se ha roto, cariño…! (Claro, claro… con un tijeretazo trapero, malsano, cruel y a traición, pero eso no se lo dices a la niña…) Como ya tienes dientes, se ha roto de morderlo…”- Vamos, algo más o menos en una línea un poco más lógica (si se puede aplicar la lógica con una niña de 16 meses) Y claro, se lo das roto… la niña lo ve… se lo mete en la boca igualmente… la cosa ya no funciona como antes… y se queda con cara de pócker.

Se nos acabó la fase del chupete.

Bueno… pues a partir de ahí, un rosario de… actuaciones diversas, erráticas, caóticas y sin patrón aparente, cada noche: ¡¡Lo pide con insistencia antes de dormir!! ¡¡Parece que se despierta menos durante la noche!! Ahhh… pues no. ¡¡Se despierta… y tarda más en dormirse!! ¡¡Vaya, solamente se ha despertado una vez en toda la noche!! Y mientras… sigue pidiéndolo cada noche… ¡¡No se le olvida!! Igual si su muñeca no tuviera uno y no tratara de ponérselo ella…

Pero el colmo del vaso llegó anoche: tras casi conseguir dormirla… va, la pobre, y de un brinco tonto en la cuna, se me da un golpe en la cabecita con la barra (náááááá… una tontuna... para lo que es ella), pero se desató LA MUNDIAL. ¡¡¡Fliiiiiiiiiiiipa…!!! Bueno bueno bueno… No había manera de consolarla. 16 meses de niña… y anoche tocó el rato que más tiempo la recuerdo llorando. Y claro… si no hay chupete, pues no hay chupete. ¿Tres cuartos de hora llorando…? Yo que sé. Algunos ya os estáis partiendo de mí, lo sé, pobre pardillo afortunado… pero para el padre agobiado de una niña que no llora nunca de normal, más de tres segundos… creedme, es UNA ETERNIDAD. Uno de esos récords que no tienes ninguna prisa por que se batan.

Y aquí es cuando y donde me asaltan todas las dudas del mundo. ¿REALMENTE LO ESTAMOS HACIENDO BIEN? ¿Hay necesidad? ¿Hay tanta prisa? ¿Lo estamos haciendo correctamente…? Sinceramente y sin coñas… estoy un poco desconcertado ahora mismo. Me siento un poco Estivill pero sin pretenderlo. ¿Hubo necesidad anoche de que llorara tanto… a pesar de estar en los brazos amorosos de sus padres? No es que la dejáramos ahí… no, es que quería su chupete, y de tanto sueño y fatiga que tenía, pues ya entró en bucle, en modo lo veo todo rojo. Porque con el chupete se habría acabado todo en un segundo. Y sin embargo, mira… ¡¡luego durmió el resto de la noche del tirón, sin despertarse ni una sola vez!!

Estoy un poco perdido en este tema, lo reconozco. Creo que me faltan referencias. Como digo, soy un poco lento… y no he leído o investigado quizás lo suficiente. Hoy, más que nunca, me siento muy NOVATO; muy PRIMERIZO; muy… que no tengo ni p… idea de si lo que estamos haciendo bien y que hay que ser constantes y no flojear a la mínima, y si solamente hay que esperar unos días más a que se le pase el “mono” y se olvide de su fiel chupete, compañero de fatigas y de sueños.

Estoy a una con Churri, pero a la vez no puedo evitar pensar: -“¡Qué carajo! Que se quede con el chupete el tiempo que quiera, y ya está… que cuando vaya a la mili, ya se lo quitará ella sola. ¡Qué necesidad!”- Y anoche lo pasé mal, la verdad. Y encima me puse en plan poli malo, llamando al orden y amenazando cada dos por tres: -“¡Oye… si pegas a mamá (la niña, dando manotazos de frustación, rabia, cansancio o lo que sea…), te cojo yo, ¿ehhhh…? Y no mamá…”- Y ahí me teníais. Y claro, eso tampoco me ayudaba mucho. Casi como una patada en los huevos… más o menos.

Resumiendo… que me lío. En esas estamos ahora: que le estamos quitando el chupete, vaya. Creo que la cosa va bien, en general… pero Churri misma se sorprende de que todavía lo pida, casi una semana después. (Yo no me sorprendo… ¿seré más cínico o más realista? No sé si aquí mi morena pensaba que de un día para otro se le quitaría la tontería… Obviamente, no.)

Vosotros, buenas y sabias gentes… ¿Cómo habéis llevado aquí, el tema este…?

No es el post que querría haber hecho. Con chistes, coñas, chascarrillos… Pero a veces, las cosas salen así. Y si no, que se lo digan al pobre chupete… que decapitado deambula cadáver todavía por la casa.

Descansa en paz, amigo. TE LO HAS GANADO.


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Mounting the chicken…*

*…o lo que es lo mismo: ¡¡Montando el pollo!!

La Lechona es un ser maravilloso… una bendición de niña caída del Cielo, ¿vale…? Empecemos por ahí, y dejemos eso bien clarito, oye.

Es un bebé buenísimo, de estos que parecen hechos a propósito para dar envidia al papá primerizo de al lado, ese que está megaputeado desde el segundo cero, porque de inicio todo se le tuerce con su bebé. Es una niña “trampa” de libro, vaya… de las que piensas: -“Si supiera que me van a salir así de buenas y buenos el resto… ¡encargaba una docena más, ya mismo!”-

Siempre ha dormido muchas horas seguidas… Es tranquila… No se asusta… Es dura… Apenas se ha puesto un par de veces malita en estos seis meses… Es risueña con todo el mundo, se deja coger por cualquiera… y “comía” de maravilla. Viendo el percal de lo que hay por ahí fuera en comparación, esta niña nos ha dado CERO problemas (por lo cual te estaré eternamente agradecido foreveranever, bollito mío…)

Digo “comía”, así, entrecomillao negroso… porque estamos en esta fase raruna, de cambios de todo tipo… la de los seis meses. Y lo del comer bien, ya pertenece al pasado, podría decirse así… o eso me está dando a mí en la napia.

Inciso explicativo para imberbes: para el papá primerizo que no esté puesto (y no haya leído suficientes revistas, artículos o libros…), los seis meses (aprox.), es una fecha importante y curiosa: por estas fechas -semanas arriba o abajo, dependiendo de lo puristas que se pongan algunos/as- ya se le puede dejar de esterilizar chupetes, tetinas y demás… (total, ya se llevan a la boca cualquier cosa que pillan); ya se les puede introducir agua de grifo…; ya se les puede introducir una dieta suplementaria e iniciarse con los sólidos; empiezan a salir los dientes; se les introduce el gluten poco a poco; que si empiezan con la escuela infantil (más o menos…), etecé etecé… Es un salto evolutivo-cualitativo, por así decirlo).–

Y claro… cuando uno tiene un bebé que es un solete… se disfruta infinito, por supuesto, pero también andas siempre un poco con la mosca tras la oreja, expectante a… algo que debe venir… algo chungo, claro. ¡No todo puede salir bien siempre, narices! Y he aquí que entonces ocurre…

¡¡Boummmmmmm!!:

Buscando el traje de paciencia.

El primer zambombazo.

Cualquiera dirá que es una chorrada, que es lo normal, que blablablá… Pero a nosotros nos está pasando ahora. Y NO ANTES. Es decir, que podría decirse que por nuestra parte, es un poco una primera GRAN prueba de fuego. (O yo lo siento como tal, vaya…) Y es que de unos días para acá, la Lechona no nos come nada bien. Básicamente, con los purés de verdura. Sí… la papilla de fruta la come más o menos bien… la de cereales la devora… pero la verdura… ahí le está costando entrar. ¡Y en realidad, suelta, en sólido por separado, parece que la come (prueba/juega, más bien) mejor! (Claro, que en la escuela, no practican el método ACS, así que por ese lado, la cosa se complica…)

Si solamente fuera eso… vale. Es una fase, etecé… Pero parece que pinta como si fuera algo más: antesdeayer, merendando, me montó el pollo del siglo, llorando sin parar. Probé con varias cosas hasta que le enchufé un papillazo de cereales. Y entre cucharada y cucharada, llorando también, a lágrima viva.  –“Será el hambre… la impaciencia… que le duelen las encías por los dientes… Que no le mola el sabor del brócoli… Que está empezando a tomaros la medida…”- Sí, muy bien… seguro; no lo niego… Pero el caso es que ahora monta pollos. Y a Churri le ocurre lo mismo. Y antes NO los montaba. Es como una especie de… regresión.

Y claro… a nosotros al menos, nuestra Lechona, nos la vendieron sin un diccionario “Lechón-castellano”, (ni siquiera un mini “Lechón-francés” de bolsillo, oye, que me apañaría también… ya que la cigüeña venía derechita de París sin paradas, o eso nos aseguraron…), y tampoco viene con libro de instrucciones, así que no sé qué le pasa ahora con la zampa… Sé que mi niña no es un artículo defectuoso, ni mucho menos, así que tampoco es cosa de reclamar ahora la garantía… que además la cigüeña se piró, y no nos dejó el ticket.

Pero la historia es que esto de la alimentación está empezando a pasar al TOP GUÁN, CHÚ y ZRÍ, todo a la vez, del “Ranking de cosas que nos preocupan y que nos comen un poquillo el tarro”. (Será que hemos vivido demasiado bien, estos meses…)

-“Y lo que os queda…”- Ya. Seguro… Vale… Y mañana será la ropa, y pasado las otitis… y al otro serán las pesadillas, y al otro, los celos por el hamster o la tortuga que venga a la Morada como nueva mascota…

¡¡Ayyyssss…!! Demasiao bien iba tó, cachislamar. Pues nada. A gestionarlo con paciencia tocan.