Y yo con estas barbas

Relatos sobre mis experiencias y expectativas como padre novato

La chica del parque

38 comentarios

parque infantil

-“¿…Qué edad tiene, ella…?”-

Esas fueron las primeras palabras que me lanzaste. Típico arranque de conversación de parque. De hecho, no conozco soplete encendido más sencillo y eficaz para derretir ese estúpido disfraz de hielo con que nos embutimos a veces los adultos en sociedad. Dos niñas que se juntan, y por tanto, dos padres (progenitores de albero, de los que pisan la arena, y no de graderío, de los que calientan banco comiendo pipas…) destinados a la inevitable interacción.

-“Pues cuatro años, acaba de hacer hace poco…”- Te respondí.

-“Anda… Igual que la mía. Pero esta tiene tres…”- Me respondiste tú.

Apenas una frase… Ya está. Hielo roto. Y suena la campana del primer asalto. A partir de ahí te empezaste a abrir cuando entraste con el juego de pies, esa ágil danza que solamente saben bailar los más finos púgiles y con la que te hipnotizan, a la vez que empiezan a marcarte con directos al rostro y al hígado sin verlos venir. No es algo a lo que esté muy acostumbrado, así que me pillaste con la guardia claramente baja…

-“¿Y cuándo se pasa esto…?”- Me preguntas. Y yo no acierto a reaccionar de primeras. Igual mi cara de extrañeza de falso actor me delata, y me lo aclaras… -“Lo de no hacerte caso, y eso… ¿Les dura mucho? Porque yo no puedo con ella… Ya no sé qué hacer. Estoy desesperada…”-

¡Vaya…! Esta no me la esperaba. No es lo primero que uno espera oír al entablar una conversación con un desconocido, la verdad. Pero, ¡hey…! Estando entre críos he aprendido que todo es posible. Intento quitarle hierro al asunto, bromeando con lo típico de que “…depende, pero que según mi opinión, me temo que a muchos les dura toda la vida, jajaja…” Y que “…la mía hace un rato no quería salir de casa, y últimamente tiene el NO por bandera.” 

Pero no hay atisbo de risa en tu rostro; mi estúpido comentario se precipita pues, en picado hacia el fango. Una mirada un poco más atenta, me revela una cara seria… Franca, directa. Compungida. ¿Qué está pasando aquí? ¿Qué me estoy perdiendo…? Cuando el siguiente directo vuela de nuevo hacia mi mandíbula desnuda, dándome dos tazones de caldo: -“Es muy duro… Estoy divorciada. Y es que sola es muy difícil… No me hace caso; me ignora todo el rato…”-

¡Woooooooww…! Esto sí que es un panorama inédito frente a mí. Una situación frente a la que me encuentro francamente desarmado y desubicado, y en la que pese a todo, me sorprendo no tratando de hacer el avestruz, cayendo a la lona a las primeras de cambio para besar el suelo, como si estuviera pidiéndole la hora al árbitro para salir por piernas de allí cuanto antes. Porque en tanta sinceridad por segundo, sin embargo, no percibo un intento de oscura encerrona de telepredicador vendebiblias, sino más bien, el deseo sincero de quien necesita un asidero, un amarre, un flotador salvavidas al que agarrarse, efectivamente, casi con desesperación… El anhelo que ves asomar en todo aquel que no tiene nada que perder, y que por tanto por intentarlo que no sea.

Me vas contando, y te voy respondiendo, saliendo más o menos como puedo de la esquina en que metafóricamente me he colocado, y descubriendo la película… Divorciada. ¿Sin curro?, pero pendiente de uno en ciernes al que quieres aferrarte, en turno de noche, que suena a gloria y sobre el que proyectas, ahora sí, cierta ilusión… No está el horno para bollos.

Te pregunto cosas, intentando siempre ir cauto por la orilla máxima del respeto, porque no te conozco de nada, y a lo mejor no lo parece, pero me voy cargando de plomo poco a poco las zapatillas. Apenas un par de amigas te quedan después de que el duro proceso haya arrasado con todo, y un único sostén en tu vida: tu madre; tu verdadero salvavidas, que hace lo que puede y más, pese a los dos trabajos que lleva encima para poder salir con todo adelante. En una ciudad nueva para ti, por lo que me pareció entender. Especialistas y situaciones por las que has ido pasando: psicólogos, terapia infantil… Nada parece funcionar. Y no te haces con la niña. Y la cuesta que cada vez es más y más empinada.

Y yo miro a tu hija, y veo a una niña normal… Con un nombre precioso, por cierto. Y te miro, miro tus ojos, y ¡guau…! ¡Es cierto…! Eres una chica joven, atractiva… Pero noto tu rostro apagado. Estás de parques con tu hija en un mediodía soleado y en tu mirada entrecerrada se percibe de todo menos alegría. -“…O quizás te hundes más…”– Me replicaste a algún intento de acercar algún tipo de lado positivo a todo el tema. Como si hasta tu voz se fuera apagando poco a poco, palideciendo ligeramente a lo largo de la conversación desde que me lanzaste la primera frase.

Me das las gracias, y tratas de hacer que tu pequeña te siga, que ya es hora de marcharse. Veo que sí, que lo tuyo te cuesta. Y yo me quedo frío. Frío de cojones… Como un pasmarote. No sé qué ha pasado, realmente. Y aunque no sé definir lo que he visto (agotamiento, desaliento, angustia, ¿depresión quizás?), es descorazonador saber que alguien anda por esos caminos. Pero sí sé lo que siento, y siento que a lo mejor podía haber hecho más. Ahí se marcha, una chica, una mujer, una madre, con su pesada mochila de problemas a cuestas.

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“Y de repente, no noto el alivio del que se libra de una molestia; más bien es todo lo contrario…”

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Siento más bien la desazón del que como alma gemela (y los que somos padres somos en cierta forma, almas gemelas, porque a todos nos une ese pequeño cordón vital que son nuestros hijos), comprende lo que te pasa, y siente la necesidad de hacer algo, siquiera un mínimo intento o amago, de aliviar una pizca del pesar de esa persona de alguna manera. Empatía, creo que lo llaman en mi barrio a eso.

Corro al carrito de mi bebé, saco de mi bolso una de las tarjetas del blog, que tengo (pura casualidad, lo juro…), y me lanzo detrás tuya, antes de que te me pierdas a lo lejos. No sé si me estoy pasando tres pueblos, o metiéndome donde no me llaman, pero aplico tu misma filosofía… “No pierdo nada intentándolo”. Te la ofrezco, y te cuento mi historia. Que escribo en un blog, sobre paternidad. Y no sé si te informas o no habitualmente por Internet, pero te digo que conozco alguna gente, algunos sitios por los que, no sé cómo, pero si te quieres asomar, tal vez, quizás tal vez, puedan servirte de ayuda… Que conozco algunos videoblogs y canales de YouTube fantásticos, como el de Alberto Soler. Como el de Miriam Tirado. Que hablan de estos problemas: sobre rabietas, sobre fases y etapas de desarrollo, sobre gestión de problemas en la crianza…

Me hubiera gustado hablarte de la maravillosa comunidad que es Madresfera, la comunidad de blogs más grande e importante sobre temática de crianza y familia en castellano, repleta de información útil, y que es una puerta abierta que podría llevarte a un millón de puertas más. Y de su fantástico podcast, en el que comparten mil y una situaciones cotidianas en las que a lo mejor puedes llegar a verte reflejada en un momento dado, y nos dan a conocer ya sean tanto sitios increíbles, como Edurespeta, o profesionales, como las chicas de Bliss. Me hubiera encantado contarte sobre la gente de Asociación Española de Madres Separadas, en la que pongo la mano en el fuego, podrías encontrar una tribu digital que te ayudara en cierta manera a no sentirte quizás con ese peso del mundo tan asfixiante sobre tu cabeza. Y sobre tantas y tantas cosas que ahora mismo ni se me vienen a la cabeza…

Te ofrecí mi correo, para hablar, si querías. Te ofrecí mi pequeño sitio para que te asomaras por él cuando quisieras.

-“Muchas gracias, ¿eh…? De verdad… Por cierto, me llamo…”- Y después de todo, parece que tu voz vuelve a resonar un poco más alta y confiada. Buena manera de irse ya cada uno por su lado.

Quizás todo aquello fue un error. Quizás las buenas intenciones ya no te sirvan. Quizás simplemente buscabas un rato de desahogo frente a un desconocido; sentirte escuchada, y nada más; tratar de conectar con alguien, por poco tiempo que fuera. Quizás necesitabas respuestas, o un remedio mágico que no supe recetarte. Me diste las gracias, pero no sé si por quedar bien o porque realmente aquello sirvió de algo. Y desearía que fuera esto último. Pero los padres debemos ayudarnos entre nosotros. ¡La gente, qué carajo…! Debemos ayudarnos entre nosotros. En lo que podamos y sepamos. Es un precepto de ética básica que querría aplicar en la educación de mis hijos, y no conozco nada mejor que predicar con el ejemplo.

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“Si ves a alguien con problemas, intenta no pasar de largo. Quizás un simple detalle ya merezca la pena.”

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Y en un instante llegué a la conclusión de que nada sobre lo que he estado escribiendo o haciendo por aquí durante estos años desde que me uní a este mundo blogger de la paternidad, tendría sentido si no hubiera sido capaz al menos de hacer este simple gesto por ti; que no es ni más ni menos que lo poquito que está en mi mano, dadas las circunstancias.

No sé qué será de esta historia, finalmente. Seguramente se quede anclada en estas pocas letras, y nada más. No sé si tiraste la tarjeta del tonto este en la primera papelera que encontraste al doblar la esquina, o si por el contrario te animarás, cogerás esa tarjeta del fondo del bolsillo y te asomarás por aquí el día menos pensado. No sé si en algún momento llegarás a leer esto y harás clic sobre alguno de esos nombres que acabo de escribirte. No sé si seguramente fui pretencioso, o si volveré a saber de ti. Pero cualquiera de estas cosas estaría bien, si con ello encuentras el sendero que te lleve a recobrar el ánimo y la felicidad que a todos nos corresponde y que todos nos merecemos.

Cuídate mucho, chica del parque. Remontarás. No lo dudes.

Nos vemos por ahí.

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Autor: ¡Y yo con estas barbas!

Ilustrador, diseñador y orgulloso nuevo papá de una lechona linda como la brisa del mar... Ando en constante diálogo con el día a día, persiguiendo a esa esquiva, la plena felicidad.

38 pensamientos en “La chica del parque

  1. Pingback: Las nuevas redes de apoyo de la maternidad - O Mundo ao Revés

  2. Hola. Nosotros vivimos al otro lado de la M30, y al lado del metro Barrio de la Concepción se reúne el grupo Mamamás los viernes por la mañana. Es un grupo pequeño muy de barrio, pero a mamá y a mí nos gusta. Si te animas, este es su perfil en Facebook: https://www.facebook.com/groups/619148658269750/. Y queda en mi respuesta mi Twitter, por si quieres investigar un poco más con alguna pregunta. ¡Ánimo!

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  3. Pues si gracias a este post, consigues el empujoncito necesario para lograr montar o encontrar el grupo de ayuda que andas buscando, me harías sentir a mí en concreto, el tipo más feliz de universo. De verdad. Ojalá encuentres lo que necesitas para sentirte más acompañada en tu vida y con tu crianza. Porque todos lo necesitamos. Esperemos que esta petición rule mucho y tengas éxito. ¡Y que yo lo vea y lea por aquí!
    De hecho, te lanzo un cable, y si me permites, comparto tu comentario en mi fanpage de Facebook, por si así logramos darle un pelín más de difusión y logramos pescar algo, ¿te parece? https://www.facebook.com/yyoconestasbarbas/posts/1835095249857818
    Además, ya me comentan que busques por la página https://www.facebook.com/MasolaOrg/ que es un grupo de monoparentales, donde organizan más grupos y reuniones, por si te sirve.
    También lo he lanzado por twitter: https://twitter.com/estasbarbas/status/955911755112370176
    😀

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  4. Cómo me siento identificada. Soy madre soltera, tengo otra nena mayor, con la que tengo custodia compartida con el papa. Pero la nueva retoña es mía sola. Mi familia vive lejos, soy periodista autónoma (con lo mal que está mi sector) y no tengo vida desde que la he tenido (14 meses tiene la enana). Es difícil a veces no desfallecer, y de hecho me gustaría montar un grupo de auto ayuda o algo similar, si no existiese, que creo que no, por mi zona. Vivo en Ventas, si alguien se anima, que responda a esta invitación. Gracias

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  5. ¡Muchas gracias a ti, por leerla! Ayudar a los demás debería ser un básico cultural, pero no sé qué pasa con este modelo de cultura en que estamos metidos, que prima la individualidad y la competencia por encima de todo lo demás, y nos infunde temores, odios y prejuicios a mansalva, que nos hacen perder el norte en tantas y tantas ocasiones. No se trata de convertirnos en la nueva Teresa de Calcuta, sino de estar un poco menos pendiente de uno mismo para poner el foco un poco más en los demás. Simplemente eso.

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  6. ¡¡Hola David!! Lo primero y ante todo, quería felicitarte yo a ti por el comentario, de verdad. Porque tu lenguaje directo es de agradecer; te explicas perfectamente, y sinceramente te tengo que dar la razón en todo. Lo veo, y es que es así.
    Cuando decía que “tenemos margen para mejorar” lo decía en serio y en todos los ámbitos: comentarios como el tuyo los valoro muchísimo, porque me ayudan a mejorar y a seguir reflexionando, como bien dices. Me ayudan a centrarme más y mejor en lo que quiero contar y en cómo escribirlo.
    Por un lado, iba en serio también cuando decía que esa expresión no era para “atacar” a un modelo de “padre” emitiendo un juicio de valor, sino que en el fondo intentaba ser bastante descriptivo. Creo recordar que estaba con mi bebé, -o igual era la niña en ese momento, no recuerdo…- y literalmente, es que son demasiado pequeños en estas edades como para quedarme fuera del parque sentado: tengo que estar con ellos dentro, encima de ellos (de él, sobre todo), a pie de arenero. ¿Entiendes? Y por eso decía al lector anterior que me imagino que dentro de un tiempo, cuando sean más mayores, podré tomármelo si quiero de otra forma porque no necesitaré estar tan encima. Me veo chupando banco, como todos, antes o después, seguro.
    Pero por otro lado, leo la expresión, y no puedo negar que sí que va implícito un cierto juicio de valor, y bueno, toca entonar el “mea culpa” por si alguien se siente ofendido, porque tanmbién es cierto que no he hecho nada por variar o quitar esa frase. Así que lo asumo. Sí que es cierto que, en este caso, y como bien apuntas, ese “modelo de acompañamiento” es desde luego es el que aplico en mi vida y en mi forma de criar. Y como dices, es lícito hacerlo y expresarlo. Y seguramente por eso lo escribí, claro. Pero eso no quita que cualquier otra forma sea igualmente lícita, aunque yo la comparta más o menos. Al final, cada uno hacemos las cosas -criamos- como queremos y buenamente podemos, y mientras eso no haga daño a nadie, así es como debe ser. De hecho, en realidad soy poco amigo de las equitetas y de generalizar.
    Lo creas o no, aunque escribo y te agradezco el “piropo” estilístico, como “redactor” amateur (que no deja de ser lo que esta bitácora es…) sigo encontrándome con infinidad de dudas, errores e inseguridades, así que te agradezco por un lado el piropo, y por otro el ánimo de seguir haciéndomelo mirar para seguir avanzando en la línea buena (o la que yo considere, vaya…)
    Dale las gracias a tu amiga de mi parte y de nuevo darte las gracias a ti, porque sois lectores como vosotros los que realmente me dan la vidilla para continuar. En este caso, intentarlo ha tenido recompensa para ti. Y para mí. Así que… ¡Bien hecho por tu parte! (De hecho, te invito yo a leer lo que tengo preparado para este lunes de la semana que viene, porque va mucho sobre eso mismo: intentar ciertas cosas, porque uno normalmente tiene menos que perder que lo que puede ganar…) 😉
    ¡Un saludo enorme!

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  7. Vaya. Una amiga a compartido tu entrada y yo sí me la he leído entera. Al igual que “el de la grada” he intuido el juicio de valor implícito que con tu respuesta me has confirmado, a pesar de tus intentos de disimularlo. No quisiera que mi lenguaje directo se interprete mal.
    Tu mismo escribiste…”Supongo que todos tenemos margen para mejorar.” y yo matizo la critica de tu lector, al igual que indago, con dicho objetivo.
    He visto que tienes recursos estilísticos sobrados y seguro que si quieres “no enjuiciar” encontraras metáforas menos estigmatizadas… No sé si me explico.
    Por contra, si lo que quieres es tomar partido ante un modelo de acompañamiento, has encontrado un modo sutil de expresarlo. Absolutamente lícito. Faltaría más…
    Si es contrario a tu voluntad te invito a reflexionarlo.
    No nos conocemos y yo también dudo de si esto es adecuado. Pero por intentarlo que no quede…
    Felicidades igualmente por el texto.
    Un sincero saludo

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  8. Gracias por compartir la historia. Me ha emocionado. Cada vez estamos más aislados y como dices, deberíamos ayudarnos más.

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  9. Me temo que no entiendo del todo tu comentario. Infieres por mi escrito que hay dos maneras de hacer las cosas: una buena -arena- y otra mala -banquillo-. Y en absoluto. No sé cuál es tu contexto, amigo, ni por qué infieres que ser un “padre de graderío” le convierte a uno automáticamente en un “mal padre”. Porque no es así. Solamente estaba poniendo un contexto. Aunque admitiré que la redacción puede dar lugar a ese malentendido.
    Yo no entiendo de “categorías” en lo que a paternidad se refiere. Desde luego, mi texto no va en absoluto de eso, y dudo mucho que encuentres referencias al término “mal padre” en todo mi blog. Más bien me inclinaría, a bote pronto, a pensar justo lo contrario, si de una u otra maneras has llegado hasta mi blog y has empezado (aunque te quedaras en esa primera línea; cada uno es soberano sobre el uso de su tiempo) a leerlo.
    Si eres tú, por contra, el que te consideras a ti mismo “mal padre”, por algún tipo de actitud, o lo que sea, pues ahí ya… Supongo que todos tenemos margen para mejorar.
    En cualquier caso, espero que simplemente haya sido un error de interpretación. Seguramente cuando mis hijos tengan edad suficiente y no me requieran, yo mismo pase a ser también otro de esos padres “comepipas de graderío”. O no.. ¿Quién sabe?
    ¡Un saludo!

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  10. Me he quedado fuera en el primer párrafo. Yo soy un padre de graderío, de segunda. Un mal padre.

    Ahí te quedas, os espero cuando los niños sean mayores.

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  11. ¡¡Guau, Johanna!! ¡Muchísimas gracias por el comentario! Yo realmente también opino lo mismo, y conozco muchos ejemplos similares al tuyo. Por eso quería contarle virtualmente todas estas cosas a esta mujer, porque yo pienso y he visto lo mismo: gente que ayuda y gente que sale de sitios oscuros y difíciles gracias a esta bonita tribu virtual.
    ¡Un abrazo enorme! 😉

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  12. Entrar en el mundo de los blogs de maternidad y paternidad fue uno de mis salvavidas para afrontar todo lo que llegó cuando me convertí en madre. Leer otras experiencias, escribir yo las mías y saber que a alguien estoy ayudando de alguna manera, me rescata de no caer en el pozo de la autocompasión. Es difícil ser padres, no hay manual de instrucciones y no se puede abandonar pero, es el trabajo para el que ponemos mayor empeño y ganas, aunque no siempre lo hagamos bien. Suerte saber que no estamos solos.
    Espero que esa chica venga por aquí a leerte y que descubra todo lo que encierra esta maravillosa red de blogs. Si lo hace, mucho de su peso se aliviará.
    Me encantó leerte
    Saludos
    Johanna

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  13. ¡¡¡Guau…!!! ¡Me pongo a tus pies por este pedazo comentario, señorita Stradivarius! Eso sí, de pequeña, nada, ya sabes… Cada uno tenemos nuestra vocecita interior, y cada uno de nosotros somos grandes por nosotros mismos. Y aquí aprendemos todos, de todo el mundo. ¡Todo el mundo aporta, o debería aportar! Porque todos tenemos cosas interesantes que contar. De todas maneras, si te consuela… ¡¡Este sábado te daré un megaachuchón que verás como te estira rápido!!

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  14. ¡¡Gracias, bichejo!! La verdad es que molaría mucho que la anécdota saliera de su propia burbuja, y se convirtiera en otra cosa más útil, como dices, ¿verdad…?

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  15. Holaaaaaa… Ya sabes: lo bueno de los blogs es que están ahí para cuando haya tiempo de pasarse a echar un ojo… 😉
    ¡¡Un beso enormeeeee!!

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  16. Cuanto agradezco a la vida el haberos conocido. Que pequeña me siento a vuestro lado y cuanto me enseñáis cada día. Gracias, de su parte seguro, y de la mía.

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  17. Una pasada de entrada!!! Que grande eres 😍 espero que ella lo lea algún día, y seguro que este post puede ayudar a muchas más personas.

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  18. Hola Sem. Hace tiempo que no te leo aunque me encanta, pero borre mi cuenta y ahora entro como anónimo. Eres un Ser Maravilloso Oleee…Oleeee por Ti, por lo Grande que Eres, un relato precioso, ojalá vuelvas a verla y así decirle que le has dedicado un Post que entre para leerte. Un beso grande.

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  19. Jajajaja… ¡¡Dime que te ha tocado la lotería y que nos invitas a una mariscada en Ibiza…!! ¡Que eso no me lo ha dicho nadie todavía…! Jajajaja
    Espero pasarme a verte prontito, muxaxo… Pero mantente entero hasta que vaya, ¿vale…? 😉 ¡¡Abrazote!!

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  20. ¡¡Hola chaval! Pues todo un halago por parte de un paladín de la palabra escrita como vos, caballero… Me alegro mucho, y veo que algo habré hecho bien, entonces. ¿Te veo por los Madriles al final, el finde que viene, o qué…?

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  21. ¡Guau, Lidia! Qué bonito eso que me escribes… Al final las utopías se terminan logrando, o aproximándonos a ellas, cuando entre todos vamos juntando un granito de arena cada uno, y cada día… No podemos hacer mucho más, pero tampoco nos va la vida en ello por hacerlo, así que yo creo que merece la pena… No sé si apoyo 2.0 es lo que necesita, pero algo que he aprendido en estos años desde que abrí el blog, es que el salto del mundo virtual al real, es mucho más cercano, posible y rápido del que podría imaginarme, así que sí que podría ser un buen punto de partida, si es que lo necesitara. 😉
    ¡Gracias por pasarte y comentar! Me molan muchísimo todas las aportaciones que hacéis.

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  22. Sem, qué te voy a decir que no te hayan dicho ya…
    Creo que con este comentario ya me he delatado como tu espía “secreto”.
    Un abrazo.
    Antonio.

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  23. Qué maravilloso Sem! Me ha encantado! Abrazotes muchacho

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  24. Me da esperanza leer tu post, me hace seguir creyendo en la humanidad, y en esa utopía de crear un mundo mejor para nuestros hijos. Yo lo pasé muy mal cuando me separé del padre de mi hija mayor, así que me pongo en el lugar de esa chica y estoy segura de que le has ayudado más de lo que te imaginas. Ojalá llegue a leer este post, porque se dará cuenta de que no está tan sola como cree, que en el mundo 2.0 puede encontrar el apoyo que necesita.

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  25. ¡Bueno, bueno, mujer…! ¡Que me abrumas…! Jajaja. Pues oye, yo creo que es posible que vuelva a pillarla, porque no es un parque que me pille muy lejos. Lo único malo es que el “…winter is comming” y no se quedan ya las tardes para mucho parque, con el frío que se nos viene. Pero vaya, que todo es posible. 😉 ¡¡Muacks!!

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  26. Si me encanta cómo lo hablas, más me encanta cómo lo escribes. Qué suerte tuvo de lanzarse a preguntarte a ti. Qué suerte tuviste de poder tocar su realidad, de conocerla. Ojalá te lea y tus consejos le ayuden… Aunque lo primero que ayuda es quitarles de encima esa soledad. ¡Ojalá vuelvas a verla en el parque!

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  27. ¡¡Wow, Sera!! Muchas gracias, mocetón… Me vais a sacar los colores entre todos, tío, al final… Mira el comentario anterior, y verás que hay gente todavía mucho más pro… Jajaja. Sé que por aquí muchos habríais hecho lo mismo, o más… ¡Que os conozcoooooo…! 😉

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  28. ¡¡Qué bueno, Nuria!! Jajaja… Yo a tanto no llegué, y normalmente estas cosas no me suelen pasar, pero oye, como digo, porque la cosa no se extendió más, que si no, vete a saber. De todas maneras, forma de contactarme ya tiene, así que… Es una bonita demostración de que una amistad puede encontrarse a la vuelta misma de la esquina. Esa locura, mola.
    ¡Gracias por tu comentario! 🙂

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  29. Joder Sem, pedazo de post te has marcado. Más gente como tú es lo que necesitamos para que el mundo mejore.

    Enhorabuena tío.

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  30. Ooohhh, me encanta y es que yo también hago estas cosas. Como vea a alguna madre de fuera o a alguien solillo le doy mi teléfono jajajs. Y ya he hecho un par de amigas así.
    Mira, ya me siento menos loca hoy.

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  31. ¡¡Hola primooooo…!! ¡Qué gran reflexión! Y más razón que un santo… Pero como todo, imagino que es algo que debe pasar por sus fases, supongo. Y es que parece que en un parque el prota siempre es el crío, cuando ellos no tienen mayor problema en juntarse y relacionarse con unos y otros al segundo, y los adultos hemos aprendido a poner esa distancia de seguridad, que si bien es necesaria, a veces impide tener esa frescura que hace falta para arrimarte a alguien que, quizás con un detalle, puede hacer que tu vida tome un giro más feliz y hermoso. Es difícil, pero los mayores deberíamos aprender a relajarnos más, y confraternizar un poco más… En el buen sentido, siempre, claro. ¡¡Besazo enorme para todos!!!

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  32. ¡¡Gracias, Diana…!! 😀 😀 Yo creo que hay gente buena a espuertas… Pero en este mundo por desgracia nos sorprende más ver una colleja que un abrazo.

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  33. ¡¡¡Buahhhh Rober…!!! No te me hagas de menos, man. El grueso (confío ciegamente en eso…) de la gente que tienen hijos, lo hacéis/hacemos mucho mejor de lo que pensamos. No es una cuestión de ser “pasota”, o “activo”, o lo que sea… A cada uno le mueve lo que sea que le mueva, y cada uno tenemos nuestras circunstancias, y eso no nos hace ni de menos ni de más. De hecho, cuando hablo sobre temas de paternidad, por las redes o donde sea, siempre explico que la gente que conozco que es padre, vosotros, mis amigos de toda la vida, yo percibo que hacéis o criáis más o menos de la misma forma que yo; amor, apego, sentido común… ¡Y llegando y haciendo hasta donde se puede! Lo único que nos diferencia es que a mí me ha dado además, por lo que sea, por “hablar” de ello en público. 😉

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  34. Me sentí identificado con esta mamá tras mi divorcio y eso que acostumbraba a ir al parque con mis niños, pero decidí ir a parques grandes lejos de habituales de mí localidad y conozco sensación de soledad con mis peques aún estando lleno de gente. Nada de calentar valla, a destrozar pantalones e impregnarlos de césped, sin miedo a hacer el ridi y jugar con todos los niños hasta conseguir que te hagan corrillo y todos quieran participar en tus juegos. Así se supera está transición, tanto por parte del “pamá” como la de ellos!
    Gran post y gran abrazo a GRAN Sem

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  35. Qué bonito, Sem. Ojalá encontrar más personas como tú en los parques. Y en todos lados. Gracias.

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  36. ¡Grande Sem!.
    Estas cosas son las que os diferencias a los “buenos-activos” de nosotros los “buenos-pasivos o pasotas”.
    Me alegra saber que todavía hay esperanza…un abrazo de amigo.

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  37. ¡Muchas gracias, Lucy, de verdad! De hecho, como digo, creo que fui bastante comedido, porque en el fondo y como suele decirse “nadie me había dado vela en ese entierro…”, pero sí es cierto que no fue la típica conversación de parque que mantengo muchas otras veces, mucho más banales y de estar por casa, y me hubiera gustado haber seguido conversando con ella más rato… Haber tenido tiempo de recomendarle y buscarle todas estas referencias (que a lo mejor ya conoce, o a lo mejor no busca, o a lo mejor no le interesan, repito…) allí mismo, in situ, y no dejarlo al azar a la espera de saber qué hizo o hará con la tarjeta que le dejé…
    Lo veo a la vez como algo que hice bien, y como una oportunidad perdida de haber aportado algo mucho más útil. Pero bueno… Es lo que hay.

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  38. No puedo saber cómo se sintió esa chica. Pero poniéndome en su piel, con mis sentimientos… si me abriera a un papá en el parque y reaccionara como tu sería todo un alivio. Asi que de “su parte” te doy las gracias.

    No sé si fue lo correcto o no, si dijiste cosas “bien o mal” si quizás soltaste alguna “buenripollez” xDD… nunca sabemos como recibe el otro lo que le envíamos. Pero me encantaría encontrarme con un padre como tú.

    Gracias ❤

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