Y yo con estas barbas

Relatos sobre mis experiencias y expectativas como padre novato


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16 semanas de permiso de paternidad

Quien tenga por seguros todos sus pensamientos en esta vida, que dé un paso al frente.

No seré yo quien lo haga, desde luego. Y ni mucho menos si hablamos de un tema tan espinoso como la noticia con la que arrancamos este enero: la ampliación a 16 semanas de permiso por paternidad, igualándolas por tanto a las de maternidad.

Espinoso por las reacciones que suscita, digo. En estos años desde que tuve a mi lechona mayor, he ido escuchando diferentes posturas, distintos argumentos, a favor o en contra de la ampliación de permisos de paternidad, y la mayor parte de las veces me encontraba en la posición de: -“Oye, pues tienes razón. Esto me suena razonable…”- Y es que siempre solía encontrarme con buenos argumentos pusiera la oreja donde la pusiera. Todo me parecía razonable en mayor o menor medida. Y con este último empujón de esta ley, eso tampoco ha cambiado.

Y ahí es donde veo la raíz de uno de los problemas que envuelven este tema, (al igual que sobre muchos otros temas, o sobre todos, bien podría decirse…) Que si bien existen las soluciones buenas a un problema, no creo que existan las soluciones perfectas. Desde esta premisa, todo se convierte entonces en un juego de tratar de conseguir la mejor de las soluciones posibles.

Sí, vale. La mejor. Pero… ¿La mejor, para quién? Y además, ya que nos ceñimos al ámbito de las meramente “posibles”, en ese saco siguen cabiendo muchas variantes, opciones, requiebros y vericuetos que inevitablemente dejarán poco o nada satisfechos a una parte de los interesados. Porque si algo tenemos claro en esta vida, es que nunca llueve a gusto de todo el mundo.

Por ejemplo, ¿quién decide aquí qué es lo más importante, lo más necesario, o lo que más urge? Si es una EQUIPARACIÓN, en aras de igualar días de permiso entre padres y madres, y tratar de favorecer así un equilibrio en el ámbito de las relaciones laborales, frente, a por ejemplo, la urgencia de un AUMENTO de las semanas de permiso para las madres, para que estas afronten una recuperación más integral de su físico; para que tengan un poco más de distancia y puedan organizarse e integrar los cuidados y el desarrollo de las primeras etapas de sus bebés, o simplemente para que puedan dar el pecho en condiciones si optan por un modelo basado en la lactancia materna, hasta el MÍNIMO recomendado de 6 meses por la OMS.

Yo, amigos y amigas, sigo sin tenerlo claro. Porque veo lo que hay, hablo con la gente, miro alrededor, y lo ÚNICO que sí que se me viene con cristalina presteza a mi mente es la conciencia de que yo LO QUIERO TODO. De que todo es necesario. Que no es una cuestión de LO UNO O LO OTRO. Si te doy A, te quedas sin B, o al revés. Porque inevitablemente, aquí hay gente que va a salir perdiendo, paradójicamente. Te vas a sentir perdedor, ya seas padre o madre, de un ambiente en el que alguien (Papá Estado) está DANDO. AÑADIENDO.

Pero yo creo que aquí, necesitamos la A, y la B. A la vez. Y ya. Y también la C, la D y la E, ya puestos.

Donde yo veo suma, o añadidos, o elementos que nos hacen avanzar en general como sociedad, pasitos adelante aunque sean pequeños, desde otros ojos se perciben como un atraso. Como pasos hacia atrás. Como agravios. Y seguramente TENGAN RAZÓN. Y no es que yo quiera ser de los que ven el vaso “medio lleno” frente a quienes lo ven “medio vacío”, sino que como digo, oye… ¡Es que yo no me conformo con el vaso a medias, ya sea medio vacío o ya sea medio lleno! ¡Yo quiero mi vaso lleno! Porque creo que puede y debe llenarse.

 

 

Aquí hay unas necesidades que cubrir, amigos y amigas. Innegociablemente. Son las de los nuevos padres, las de las nuevas madres, pero bajo mi punto de vista, y por encima de lo demás, LAS DE LOS NUEVOS SERES PEQUEÑITOS QUE LLEGAN A ESTE MUNDO. Y creo, siempre he creído, que es ahí donde ha de ponerse el foco. Siempre he pensado que los beneficios en forma de permisos, remuneraciones, etc, más que recaer sobre la figura del padre o de la madre, deberían recaer, en esencia, sobre los bebés. Es el bebé el que debería tener el DERECHO garantizado a tener cubiertas una serie de cuestiones determinadas por un tiempo determinado: un cuidador a su cargo 24/7, padre o madre o ambos, una serie X de meses mínimos. Una alimentación asegurada de leche materna a demanda de X meses mínimos, para quien opte por ese modelo. Un entorno físico y a ser posible familiar seguro para su crecimiento y primer desarrollo, de X meses mínimo (mejor si esto último se alarga a toda su vida, obvio…), donde poder empezar a crear esos lazos afectivos, de seguridad y de confianza con sus familiares, ya sean madres, padres, hermanos, etc.

Es decir, en esencia lo que vendría a ser algo tipo prestación universal por hijo/a.

Por eso yo lo pido todo, de corazón. Lo quiero todo. Porque lo veo todo necesario, y todavía escaso, actualmente. ¿Un mínimo de 6 meses de permiso para las madres? ¡CLARO! Pero es que no me entra en la cabeza que esto todavía no sea así. No me creo que todavía estemos en estas.

Y de hecho, si me preguntas, te diría que más tiempo, que 6 meses son pocos. Que por qué no 9 meses o un año si es necesario, haciendo los cambalaches pertinentes. Sabemos que redunda en beneficio de los bebés. ¿Por qué no hacerlo? ¿O por qué no también un mayor número de semanas iniciales y mínimas tras el parto para las madres? ¡POR SUPUESTO! ¿Qué les ocurre a las madres con partos complicados? ¿Con puerperios difíciles? ¿Qué hay de las secuelas físicas y mentales y lo que hace falta para recuperarse y superar todo eso? ¿Por qué no ahondar ahí?

Pero si me dices: -“¡Equiparemos permisos y hagámoslos intransferibles y remunerados al 100%”- Pues te diré de la misma manera: -“¡Venga! ¡Dale! ¡Ya estábamos tardando también con esto…!”- Porque me puedo poner en el lugar de un padre, y también veo cosas muy positivas aquí. Sí, llamadme iluso. Llamadme soñador. Yo juego en el equipo de John Lennon en esto, lo siento. Yo lo siento así. Quizás no sea una realidad a corto plazo, pero creo que a medio o largo plazo, hay un poso, un lastre ideológico machista ahí encerrado, que a la fuerza debe ir cambiando. Creo que va a ser una medida beneficiosa al menos en lo laboral, para todos, hombres y mujeres. Y seguramente en el ámbito doméstico también. Cada uno ganando espacios que ahora mismo no tiene ni de lejos asegurados. ¿Por qué no dar una oportunidad y ver si esto funciona?

 

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Repito: no es lo que yo quiero, per se. Yo creo que lo ideal deberían ser unos derechos otorgados a los bebés concedidos a través de sus padres, y por consiguiente, que estos se organicen, distribuyan y disfruten de manera flexible en función de su situación familiar particular y según necesidades. Me parece que es lo lógico, porque cada familia tiene sus circunstancias.

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Tenéis estos X meses de permiso, más este dinero Y, más estas ayudas Z, y con estos requisitos mínimos: las 12 primeras semanas fijas e intransferibles para ambos. (Por ejemplo, yo qué sé). Y a partir de estos cimientos, vais organizando y construyendo vuestro puzzle familiar, hasta cubrir el primer año entero de la criatura. O los dos primeros años. O los tres. Los que sean. Pero que haya quorum. Que haya facilidades. Que el Estado, la patronal laboral, la comunidad de mi barrio y Perico el de los Palotes, me dejen y me permitan llevar a cabo este nuevo plan de vida. Y que no te encuentres con penalizaciones. Ni laborales. Ni sociales. Ni, por supuesto, individuales.

Que si algo tengo claro también, es que criar es ya de por sí un trabajo MUY DURO, muy complicado, que requiere de atenciones constantes y que demanda plenitud de energías y mil y un recursos. Que requiere de la implicación de toda la sociedad si queremos que haya un saludable recambio generacional. Y que el tan manido axioma de -“Pues no haber tenido hijos”- no me sirve, porque si el tema es no tener niños, entonces, ok, en 50 años todos muertos y dejamos un lindo país entero desierto para que pasten las cabras del vecino en él. Y es un plan, oye. Pero no me parece que sea ese un MEJOR plan que el mío, la verdad. La regeneración poblacional es el motor de cualquier sociedad humana que no se quiera extinguir.

-“¿Y esta bonita orgía de paz y amor que te has montado en la cabeza, entonces, quién la organiza? ¿Quién la paga?”- Me diréis. Pues el Estado, señores y señoras mías, que para eso están y para eso se les paga a ellos, que somos todos y todas. O eso nos han querido contar siempre. Yo quiero un estado fuerte, atrevido y ¡Ohhh…! ¡Locurón! Que vele por los intereses de su pueblo y sus ciudadanos. Que apueste por su futuro. Y no creo pedirle peras a un olmo, porque esto es pedir lo mínimamente lógico a cualquier estado de derecho normal. Y más en un país con un índice de natalidad tan bajo como el nuestro.

Pero aquí es cuando lo lógico se pega de tortas con la realidad, y es cuando te das de bruces con la mierda que hay, con el Estado de 3ª regional que tenemos para muchas cosas. Y es que la rueda nunca ha funcionado como debería. A Papá Estado no le interesan una mierda los bebés. No le han interesado nunca, o desde hace muchos años, al menos, como no le interesa la infancia en general. Un sector que solamente reporta gastos, problemas y preocupaciones, pero no reportan pecunia, porque no pagan impuestos, y encima tampoco aportan votos, porque son gente pequeña. Y esto lo hemos visto hasta la saciedad en este último año de pandemia, cómo los niños y niñas han sido de lejos el sector poblacional más abandonado por los dirigentes, junto a los grandes mayores.

Si Papá Estado no funciona, si no pone el foco en los más pequeños, en fomentar y cuidar la natalidad a todos los niveles (vivimos en el país viejuner en el que vivimos, never forget…), y se rige siempre por el más recalcitrante de los cortoplacismos, el tejido empresarial tampoco se va a quedar a la zaga. Si desde arriba no hay apoyo ni interés real, el Patrón seguirá repitiendo los mismo patrones que hasta ahora: fomentar y aprovecharse de las desigualdades y la precariedad, de los resquicios culturales mohosos heredados, y arrinconando como siempre la labor de los cuidados de los asalariados bajo su manto. Criar, cuidar, maternar, paternar… Estos términos seguirán siendo un lastre para los que manejan y controlan y deciden mayoritariamente sobre nuestra pasta. Seguirán siendo simples piedras en su camino de hacerse cada vez más y más adinerados.

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Y de nuevo, todo seguirá igual. Plus ça change plus c’est la même chose, que dicen nuestros vecinos franceses.

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Urge un cambio de mentalidad INTEGRAL. Urge más educación social. Más educación masculina dirigida en recuperar el valor hacia los cuidados y la intendencia doméstica desde un punto de vista global, y no desde el meramente económico y de proveedor. Urgen cambios de modelos. Y mientras llegan estos cambios, puestos a aparcar el sueño utópico de un Estado perfecto que haga ¡chás! y aparezca a tu lado, y coloque todo en su sitio de la noche a la mañana (lo cual sabemos que no va a ocurrir jamás), hay pequeños o grandes pasos previos que se pueden ir dando en una dirección más o menos acertada, más o menos positiva, y que a día de hoy, seguramente es todo lo más a lo que podemos aspirar. Pasos como esta nueva ley, por ejemplo. Que posibilite llegar a lo otro, un día soñado de estos. ¿Por qué no?

¿Esta nueva ley es lo ideal, o justa? No, no lo es. ¿Es lo prioritario ahora mismo, o debería haberse aumentado el permiso de maternidad? Pues aquí que cada uno decida, porque como digo, yo creo que eso se debería haber resuelto ya hace tiempo. Pero a poco que me aprietes, te diré que aumentar el permiso por maternidad debería haber sido prioritario, sí. ¿Es una ley buena, entonces? Sinceramente, en mi legítima confiada credulidad, sí. Creo que debería ser útil y eficaz para ir consiguiendo nuevos objetivos que deberían ser positivos para el conjunto de la ciudadanía. ¿Se podría haber hecho algo mejor? No me cabe la más mínima duda. ¿Hay que conformarse con esto y ya está? ¿Ya está todo hecho? Ni de puñetera coña.

Que no. Que hay que seguir reivindicando. No vale quedarse aquí.

Hay que conseguir poner el foco en la importancia de los cuidados, insisto. En implementar políticas que desarrollen un fomento de la natalidad real, integradora y con garantías. Devolver el foco a los ciudadanos y sus necesidades, y hacerlo de forma racional. Hay que conseguir implicar a los hombres en las responsabilidades que les corresponden, y comprometerles con el nuevo status que han adquirido implícitamente si estos se transforman luego en padres. Trabajar para lograr que las mujeres tomen de una vez las riendas de sus vidas de forma justa, lícita y activa, en igualdad y bajo unas mismas premisas, sean en el ámbito laboral, doméstico, o cualesquiera que sean. Que ellas reciban de una vez lo que en justicia necesitan y demandan.

Que queda todavía un mundo entero por hacer, por conseguir y por recorrer. Y ya que lo sabemos, pues sigamos caminando hacia él y sobre él, pero con la guardia en alto, con viento ligero, ojo avizor y paso firme. Porque, repito, yo QUIERO MÁS. Estos mínimos son todavía demasiado mínimos en muchas cosas, y sigue habiendo mucho por solucionar y por mejorar.

Lo que sí que os puedo decir, es que creo que esta nueva ley, pese a los errores que traiga ya de nacimiento bajo el brazo, no debería ser un nuevo techo sobre el que arrojar las mismas piedras furibundas de siempre, si se me permite la expresión. No digo que sea un gran techo, o ni siquiera que se haya colocado donde debiera, o cuando debiera, vale… Pero conviene recordar, todos y todas lo sabemos, que todavía hace mucho frío ahí afuera. Y hay mucha lluvia, con sus rayos y truenos y granizos. Y sí creo que este es un techo que puede ofrecer un buen cobijo a mucha gente que lo espera y que lo desea; que puede y debe ser útil, y que ojalá resulte todo lo beneficioso que puede llegar a ser, y que esas piedras que por fuerza hay que seguir arrojando, deberían redirigirse a otros muchos techos que todavía quedan por ahí, muros, paredes y cristales lamentables que todavía existen y que por supuesto, también merecen nuestra atención y nuestra fiera puntería, por injustos, caducos, vergonzosos, marginales y peligrosos.

Pero bueno… Qué sabré yo.

 

Esta entrada forma parte de la iniciativa de Papás Blogueros #12MESES12POSTS


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En la prensa: permiso de paternidad

El arranque de este 2017, nos sorprendió con la implantación de la nueva ley de permisos por paternidad, que actualmente queda establecido en 28 días (4 semanas), en lugar de los 13 días que venían dándose hasta ahora.

Y la casualidad (y el hecho de plantearme cogerlo y disfrutarlo íntegro, cómo no…), ha propiciado algo del tipo “estar en el momento preciso en el lugar apropiado”: he aparecido un par de veces en la prensa nacional, en estos meses, en los que se me ha dado la oportunidad de ofreceros mi opinión y mi punto de vista respecto de esta cuestión, a través de mi propia historia.

Aquí os dejo los dos artículos, -que os ofrecí por la fanpage de Facebook-, pero que hasta ahora no había traído por el blog. Publicados en los diarios El País, en marzo (con firma de Adrián Cordellat) y ABC, la pasada semana (con firma de Laura Peraita). Os invito, si todavía no lo habéis hecho, por supuesto, a leerlos:

http://elpais.com/elpais/2017/03/19/mamas_papas/1489905538_574456.html?id_externo_rsoc=TW_CM
artículo en El País

http://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-fortalecer-figura-padre-cuidador-y-gratificante-201704262300_noticia.html
artículo en ABC

Muchas gracias, Adrián; muchas gracias, Laura. Por poner voz y letra a una cuestión tan importante como es la de la presencia de la figura paterna dentro de los primeros días de vida de un bebé, y de una mujer que estrena maternidad.

Queda mucho recorrido, mucho que hacer, mucho que hablar y mucho que discutir, analizar y valorar, todavía. Pero para eso estamos, ¿verdad?

Y tú, o tu marido/pareja… ¿Sois de disfrutar el permiso íntegro de paternidad?