Y yo con estas barbas

Relatos sobre mis experiencias y expectativas como padre novato


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Nuestra relación con los colores

No tenía intención de sacar este post. Hoy no tocaba. Pero me ha salido de dentro, a raíz del vídeo que sacó ayer el amiguete Carlos, sobre la relación de uno de sus peques con el color rosa.

¿Que nos ha pasado, gente? ¿Qué le pasó al color? ¿En qué punto de este camino que es nuestro día a día, nos lo dejamos olvidado a un lado de la cuneta? Tirado, exiliado, repudiado, abandonado, denostado directamente por muchos y obviado, cuando no aparcado y ninguneado por la gran mayoría de nosotros, la plebe, la masa, las gentes que recorremos e inundamos las calles de nuestros pueblos y ciudades.

Parece que hoy día el color MOLESTA. Que el color… estorba: -“¡Quítame de ahí ese amarillo, por favor, que me DAÑA la vista…!”-

Hay un referente claro en el siglo XX, y es el florecimiento de la industria de LA MODA. Industria, revolucionada entre otros por una figura icónica, un alma inquieta, genial, innovadora, personificada en la figura de esa grandísima pequeña figura, brillante cual estrella, llamada Coco Chanel.

En 1926, Coco revolucionó (una de tantas) el mundo de la moda, transformando el color negro, símbolo hasta entonces inequívoco de luto en occidente, en otra cosa; lo elevó a signo inequívoco de elegancia.

Gracias a sus vestiditos negros, implantó con éxito este color entre la gente, y desde entonces, un siglo después, su legado permanece y este “no color” (que dirían los científicos) no falta en ningún armario de nuestras casas. El negro representa todo aquello de “eliminar lo superfluo del mensaje”, para centrarse en la forma pura. Bien lo saben las agencias de moda y diseño.

¡Imaginaos el cambio: un tono asociado a la pérdida, a la finitud de nuestra existencia, transformado hacia ideales que denotan elegancia, clase y exclusividad! Buen gusto, en definitiva. Un pelotazo, vaya… Eso sí… Siempre, desde un punto de vista adulto, claro. ¿Quién vestiría de negro a un crío o una niña de tres años?

Lo que pasa es que, casi cien años después de aquel pelotazo, ahí nos hemos quedado estancados. Vamos, que hoy en día, lo que impera en nuestra sociedad es aquella idea de base, pero llevada al extremo más… utilitario. Hemos transformado aquel ideal novedoso, en la NORMA más corriente y vulgar, en pos de una sencillez cotidiana derivada de nuestro día a día ajetreado.

¿Qué quiere decir esto? Que el negro, los tonos grises oscuros, son colores PARA TODO. Que precisamente por su versatilidad, por no querer comernos la cabeza, hemos hecho bandera de ellos y dominan nuestro guardarropa como color de cabecera. Y el ejemplo está en la calle, mucho más en estas frías épocas invernales del año, también grises y oscuras. Simplicidad y elegancia, que diría nuestra dama francesa…

Pero hagamos un experimento de campo rápido, si os parece: os invito a fijaros hoy en la gente que pasa por la calle, y observad cómo visten: abrigos, zapatos, botas, trajes, pantalones… Y lo mismo, a vuestros armarios. El negro lo ha invadido todo. Voy por la calle y me da la sensación de que la gente VA DE LUTO. Y os lo digo en serio, a ratos me asombra y me entristece. ¡Hemos perdido taaaaanta alegría visual por el camino…!

¿Qué pensaría una dama del siglo XVIII si de repente se diera un paseo por la Gran Vía madrileña de nuestros tiempos? ¡Querría arrancarse los ojos! (Después de alucinar con el resto de cosas que viera, por supuesto, como coches, edificios, revistas guarrillas colgando de los quioscos, neones, hordas de palomas que parecen buitres, harekrishnas y demás frikifauna urbana, etc…)

Vamos, que creo que tiramos de negro… básicamente, porque queda bien con todo, y queremos dejarnos de tonterías. -“¡Con todo lo que tenemos que hacer en el día, como para liarme a pensar qué me pongo para ir conjuntada/o!”- ¿Verdad? Y es que parece que el negro nos favorece siempre. Y a todos.

Pues esto, en parte, lo hemos trasladado también al mundo infantil. Hemos caído en los estereotipos de la COMODIDAD. Al niño, le hemos adjudicado el AZUL. Y a las niñas, el ROSA. Y esto es así. Cualquiera que sea padre o madre, lo sabe. Mucha gente trata hoy día de lidiar contra eso, pero es como pegarse contra un muro… Id a cualquier tienda convencional, a daros de bruces con la realidad. La industria (moda, juguetería, puericultura, alimentación) lo sigue explotando, y mucha, mucha, mucha gente le sigue la bola.

Mi hija ADORA el rosa. Tiene dos años y medio, y adora ese maldito/bendito color. Y en casa no lo ha aprendido. Os lo juro. ¿Es bueno? ¿Es malo? Ni lo uno ni lo otro, ni todo lo contrario… Ahora está con eso. Aprendiendo colores. Pues vale. Los colores, son colores. Todos buenos. Todos válidos. Todos hermosos. Todos necesarios. A mí me encanta el rosa. ¡¡Pero es que me encantan todos los colores…!!
zapatos morados.

¿Por qué, de adultos, nos negamos lo que de buen grado ofrecemos por otro lado a nuestros críos? ¿Por qué nos negamos al color? Algo bueno tendrán los colores, cuando una de las descripciones gráficas que solemos hacer de la felicidad, es un ARCO IRIS. 

Por favor… Abandona el triste luto de la comodidad. Atrévete a sacar los colores de tu armario. Atrévete a invertir en tu felicidad. Te invito a redescubrir los colores. A amarlos. Y haced que vuestros hijos e hijas los amen. TODOS. Y elegid/que los elijan, en libertad, y no por imposición ajena.

Al fin y al cabo, Coco también dijo: -“El mejor color del mundo es el que te queda bien a ti.”-

Y tú… ¿ves la vida en colorinchis, o eres de la que la ves en tonos de gris?

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