¡¡¡…Y yo con estas barbas!!!

Relatos sobre mis experiencias y expectativas como padre novato


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Dos caras distintas de esto de… ir creciendo

La tarde de este martes se me cruzó como uno de esos días en los que intuyes de alguna manera que marcarán una diferencia; ya sabes, uno de esos en que podrías decir, sin temor a meter la pezuña en un charcazo de agua hedionda, eso de: -“Pues fíjate, que el día de hoy hasta podría marcarlo en un calendario, y todo…”- Que podrías pintar una línea en el suelo, y dejar una fecha con una notita al margen, vamos.

Aquí no tengo a mano un calendario colgón de esos, para apuntar cosas… Pero tengo algo mejor: un blog. Así que dejaré constancia escrita aquí, para los restos.

Resulta que hace un par de tardes, se juntaron a la vez, ohhh, azares de la laif, dos mundos, dos fuerzas, dos realidades paralelas y cotidianas con las que nos tocará lidiar, y condenadas a entenderse y convivir, en buena lógica. El martes, en apenas un rato, se urdió un conciliábulo contumaz, en frío, crudo y sin presentaciones previas, en pleno fuero interno de nuestra querida Lechona; y a cuya llamada acudieron dos protagonistas, tan reales como ciertos: las dos caras (y consecuencias) del hecho incontestable de que la niña está creciendo A TODA PASTILLA.

LA CARA

Por un lado, ayer fue un día en que os juro que pensé: -“¿¿Qué narices le habrán echado al agua de esta niña hoy…?? Que esta tarde NO SOLAMENTE NO PARA DE HABLAR, ¡¡sino que además parece haberse sacado de debajo de la chistera del mago, como tropecientas palabras nuevas!!”- ¡¡¡Una cosa flipante…!!! Ayer la noté como pletórica… Como si de repente hubiera avanzado… no sé… de un día para otro, unas cuantas semanas del tirón, en cuanto a expresiones, vocabulario y demás. ¡¡La noté muy viva… Muy despierta…!! Muy MAYOR, en definitiva. Realmente, lo noté MUCHO. Y no dejaba de asombrarme… ¿Pero cómo es posible esto…? ¿Cómo has podido aprender tantas cosas hoy…? Imaginaos… Si me llamó la atención, a mí, su padre, que la veo todos los días, y la escucho, y la observo… Y muchas veces cada día me parece un calco al anterior. Y ayer, no sé a cuento de qué… la noté un cambiazo en ese aspecto. Una cosa muy loca…

LA CRUZ

Pero por otro lado… también sacó a relucir el primer episodio de lo que me imagino que será una de esas series NEGRAS que a todo niño le da por querer dirigir, producir, escribir y protagonizar en algún momento de su primera y tierna infancia: leidisanyentelmans… les presento a… ¡¡las RABIETAS!! Así, con mayúsculas y letra gorda. Una serie cuyos episodios, por supuesto, los pacientes y temerosos padres desearían perderse a toda costa como sea. –“Mira… Yo es que soy más de comedia ligera, ¿sabes? …A mí, esto de los dramones carcelarioooooossss… ¡Como que no es lo que más me tira, chatín…! Así que mejor, nos lo ahorramos todo esto, todos, ¿vale…?”-, que dirán muchos padres en estas situaciones.

Y es que… ayer debió desatarse una buena. Según Churri. Porque yo, me la perdí… Por suerte. Supongo. Pobrecita mía.

Vamos los tres al híper… Yo, llevando el “peso” de la compra; nuestro flamante nuevo carrito de cuatro ruedas en la diestra, y la lista en la siniestra, a mi rollito moreno, y tratando de ir ganando tiempo. Churri, con la amorosa Lechona, más rezagada, llevándola como puede.

(Aquí es cuando elijo gastar el comodín del inciso: quería haber escrito un post entero sobre esto hace ya tiempo, pero en fin… ya sabéis. Resulta que desde que la niña anda —¡¡y cómo anda, ya…!!—, los viajes a la compra con la niña se han vuelto, digámoslo abiertamente… toda una aventura. O todo un marronazo. Ya no la llevamos en la mochila casi nunca, porque quiere andar; y en la sillita, pues… según nos venga el viento, por más de lo mismo. Lo suyo es que ande, que corra… y que se canse un poquillo. Y claro… Es entrar por el primer pasillo, y querer atacar desde el segundo cero, a todo objeto que se le cruce desde las muy atractivas y bien colocadas estanterías. -“¡¡¡A tocarlo todoooooooo… OEEHHHOEHHH… Vengaaaa… Locuróóóóóóónnnn…!!!”-

Así que claro… Hay que estar TODO EL RATO ya con ella, pendiente… Y no nos da la vida -ni las lumbares- para ello. Venga… Fin del inciso).

Al poco aparece Churri… con cara de pocos amigos… y que se pira para casa. Que está muertamatá, y que la niña está cansada igual. Yo… pues que muy bien, pero ya que abulta, que no me va a caber en el carrito, y que solamente es un bulto… -“…Si puedes, llévate tú el papel higiénico, anda, que yo me llevo todo lo demás”-. En fin…

Adiós a mi nuevo carro de la compra.

Y en esas, sigo con la compra un rato más, y llego a casa. Abro la puerta, y veo a mis dos chicas que ya están a la mesa; la niña cenando como si tal cosa, y Churri mirándome con cara de perro apaleao…:

-“Tu hija acaba de tener su PRIMERA RABIETA. ¡Veinte minutos largos he tardado en llegar a casa! No me he metido directamente en la cama cuando he entrado por la puerta… ¡Pues no sé todavía por qué…! Resulta que ha sido salir por la puerta, y la niña ha explotado; se ha puesto a llorar, y no ha parado. Y no paraba, y no paraba… En plan de tirarse al suelo, patalear, y privarse, como hace ella… De quedarse sin respirar. Y y yo allí, con el percal. Y al final he tenido que venir con ella colgando como un fardo de peso muerto, como un saco de patatas, de un brazo, y el paquetorro de papel del culo en el otro, que no sé ni cómo lo he hecho, que no me podía ni mover. ¡¡Muerta estoy…!!”-.  

Y yo, claro… ojiplático, pues es poco. Al final resulta que la niña sí que estaba DEMASIADO cansada… Y la sala de máquinas reventó, al parecer. Yo no lo vi venir, desde luego; no parecía muy diferente a otras veces. Si no, no la hubiera dejado irse sola con la niña y el paquetón, así como así. Pero claro… Siempre hay una primera vez para casi todo. Y ayer, pues tocó una. Y se la comió Churri enterita. Primer plato, segundo plato, y postre.

Pero además, por lo visto, fue llegar a casa las dos, seguir lloriqueando la cría un pelín más… y en un santiamén, ¡volver a su rollito normal, y la niña como si no hubiera pasado nada! Y tan pichi. ¿¿Cómo te lo comes, eso…??

Así que… ayer comprobé en mis carnes cómo puedes pasar de la sonrisa más inesperada, del Orgullo de Padre™ más asombroso, de tener uno de esos momentos que te marcan y en que realmente piensas -“¡¡Es que me la cooomoooo… Aynnnssss!!”-, a la estupefacción más absoluta y el desconcierto más repentino, con bajonazo de campeonato. Así, en un chasquido de dedos. De la azotea más luminosa del más alto rascacielos bajo el más radiante de los cielos, te caes a los sórdidos y lóbregos túneles del metro… y más abajo. Una caída con hostión de órdago, en apenas un parpadeo.

¿No querías emociones fuertes en tu vida…? ¡¡Pues aquí van dos tazas en la misma ronda, jefe!! Joder… con la niña. ¿Pero esto de las rabietas no era más adelante…? ¿Ya…? ¿Tan pronto…?

En fin… Asúmelo, chico. Tu lindo bebé cada día está más lindo… pero cada día tiene menos de BEBÉ. Qué alegría, mira tú… Pero qué pena me da.

 


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Pequeñas victorias cotidianas

A veces… hay cosas que salen bien.

La semana pasada, hubo una noche que no estaba saliendo como las demás. La Lechona, desde que se acostó, venía despertándose a cada rato. A veces pasa… es más: casi siempre, a lo largo de la noche, suele despertarse sola, una o dos veces porque se le cae el chupete, y como se mueve más que los precios de la gasolina, debe ser que en un momento dado lo echa de menos y se despierta. La solución es tan sencilla como eficaz: llegas, le calzas el chupete otra vez, y arreando, que es gerundio.

Hasta ahí, nada raro… Pero esta vez, lo extraño era la repetición: -“esta niña, esta noche no sé qué le pasa, que no concilia bien el sueño…”- Durante esa noche, venía desvelándose a cada rato… media hora… tres cuartos, no sé. Recuerdo que al acostarme, Churri y yo íbamos turnándonos para ir a ponerle el chupete cada vez que se despertaba. Pues venga…

4:15 de la madrugada. Esta vez el Gualkin Ded que se levanta, soy yo: -“¡Gmpñfrr… %@#fhs… Cagüen… Sueñoooo… Mierdachupetefhschgññ…!”- A pesar de las horas y de no haber podido pegar ojo en toda la noche, algún tipo de milagroso chispazo mental se produce en mi sobada azotea. Pese al cacho algodón de azúcar hibernado que tengo por cerebelo, algo hace que me percate de que algo no va bien… -“Esto no es ni medio normal…”-

En lugar de simplemente buscar el chupete entre las tinieblas, enchufárselo y listo, y frente al impulso de encender una barrilla de incienso, sacar un filete de pollo del congelador, cantar unos gorigoris y sacrificarlo a Morfeo para que nos otorgue unas buenas horas de sueño reparador y continuo… opto por la opción B, y hago la cosa más evidente, simple, lógica y estúpida del mundo mundial: toco a la nena para ver cómo se encuentra… Y… ¡¡Ohhh Mai Gooodd…!! ¡¡¡Sorpresa!!! ¡¡¡La Lechona está como una ídem recién salida del horno segoviano de Casa Cándido!!!

Vaaaaaale…  Así que era por eso. Hmmmmmppff… Hago de Mortadelo y en un periquete me pongo el disfraz de padre responsable. Termómetro al canto, y… ¡¡39,3º!! ¡¡Ohú, mi arrrrma…!! ¿¿Pero et-to qué eeehhh…?? Nunca le he visto tanta fiebre a esta niña… -“¡Me han dado el cambiazo! ¡Alguien se ha llevado a nuestro bebé y nos han colao una estufa en su lugar!- (Noooo… no puede ser; eso es absurdo… ¿Por qué necesitaría una estufa llevar pañales…?) ¡Ahhh, cierto…! Pues entonces solo queda que nuestra niña está empezando a desarrollar sus poderes mutantes de “antorcha humana”! (Vale… Eso sí que me suena ya más razonable…)”-
Así que… ¡Arrancando con el protocolo, nene… vamos!

Primero, le quito el pijama y la dejo en pelotinchis… y abro bien la ventana para que entre el fresquíbiri. Busco su Paracetamol, y le endiño el jeringazo… ¡Milagrosamente no me ofrece mucha resistencia, y ni siquiera se ha desvelado todavía! ¡¡Genial!! 😀 Y por último, me cojo sus gasitas multiusos y las remojo en un cuenco con agua, mitad del grifo, mitad de la nevera, para que esté un poco más fresquita. Se las voy poniendo con cuidado por encima, para refrescarla, y al segundo se calientan como la moto de un jipi… Y a cambiarlas, y a cambiarlas.

La niña con fiebre, como si fuera una lechona al horno.

La cosa va bien, porque la gordita enseguida se calma. Una hora después, ya le ha bajado la fiebre casi dos grados y no ha vuelto a despertarse. A las 5:45 -mi hora de “diana” matutina-, ya tiene una temperatura normal y parece que la “crisis” ha remitido. ¡A por el desayuno del guerrero! ¡Doble cucharazo de Nesquik… que me lo he ganao!

Y a pesar del sueño… de no haber dormido un carajo… me siento bien; estoy contento. Ya, de momento..:

…La fiebre ha remitido. Habrá que ver si en las próximas horas vuelve a subir, o si desaparece, o qué rayos pasa… (Precisamente esa misma tarde pasamos por la pediatra y no tenía síntomas…)

…He dejado a Churri que siguiera durmiendo y por lo menos uno de los dos ha podido dormir unas horas del tirón. Le anoto toda la jugada para cuando se levante, contándole la peli, y por si tiene que dar aviso a la escuela infantil para que estén ojo avizor.

…La niña también ha podido por fin dormir un rato más largo, y ha podido descansar algo, más o menos.

…Y respecto a mí… …bueno. Hay una sensación que me recorre el cuerpo. ¡Soy un PADRE! Soy una persona… que cuida de otra. Tengo una personita entre mis brazos, que depende de mí. Para TODO. Tengo que cuidarla… Velarla… Mirar por ella…  ES LO QUE ME TOCA. Y he de decir que estoy encantado con este nuevo rol.

No hace tanto tiempo, que yo era alguien a quién otras personas (mis padres) me tenían que cuidar… (y a su modo, todavía lo hacen). Así que simplemente, continúo y perpetúo la cadena.

Primero… nos cuidan; cuidan de nosotros. Y gracias a eso… a esa constancia… esa dedicación… esa educación… ese amor… hemos podido crecer, desarrollarnos, tomar conciencia de nuestro papel en este mundo… y hemos podido tomar el relevo. Y ahora soy yo el que CUIDA. Cuido de mi casa… de mis plantas… del gato -en lo que me toque-… de mi Churri… y ahora, de una preciosa Lechona.

Me parece una cadena casi mágica… una organización social tan compleja… pero a la vez basada en fundamentos tan sencillos como este. Y así, la rueda sigue girando y girando, generación tras generación. (No es algo sobre lo que a uno le da por reflexionar con 18 años y unas cerves en la mano, de botellón con los colegas, la verdad, creo yo…)

No pegué ojo en toda esa noche… y sin embargo sonreía… porque como decía Aníbal Esmiz en el Equipo A-“¡Me encanta que los “flanes” salgan bien!”-

Fue una pequeña victoria cotidiana. Creo que es algo… un pequeño detalle, de lo que uno debe sentirse… al menos un pelín orgulloso: comprobar que las cosas van saliendo bien. Que eres capaz de enderezar algo. Simplemente eso: descubres una pequeña “crisis” rutinaria… das con la solución, y todo se resuelve satisfactoriamente.

¡Mola!

🙂

¿Y vosotros…? ¿Tenéis en mente cuál podríais considerar que ha sido vuestra última pequeña victoria cotidiana que pueda considerarse como tal?


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De… “cositas” en la boca.

Viñeta 01.
Viñeta 02.
Viñeta 03.
Viñeta 04.
Viñeta 05.
Viñeta 06.
Viñeta 07.
Viñeta 08.
Viñeta 09.

Jejejeje… De coña, ¿no…? Pues la peli ha continuado esta semana, y el final ya os lo relato: que si puede ser… que a veces es frecuente después de tomar antibióticos, que si se quitan los juguetes unos a otros y lo van chupando todo por ahí… que si Patatín, que si Patatán…  Primero, es que desde ese día, compramos un cepillín especial para la boca (que a las mentes malpensantes ni os haría falta deciros que es un chisme que podría colarse perfectamente entre las estanterías de artículos delux de una tienda de productos eroticofestivos… ¡Una cosaaaa… una ingenieríaaa…!), y ahí andamos comiéndonos el tarro para ver cómo co… hacemos para que la niña se deje menear el bujero bucal con el dichoso palito bicarbonatado. En fin…

Luego, la niña está con los dientes estos días, más rabiosa que un Gualquin Ded sin cerebros frescos, con sus picos de fiebre y demás… sus mocuelos… vamos, lo típico. Y durante el finde se andaba tocando la orejilla (-“¿Pero no se te había quitado ya la otitis, cariño…?”-) Así que el martes, ponemos una nota a las chicas de la escuela para que la mire el médico que pasa por allí cada semana, y que así nos la mire con su ojo clínico

…¡¡¡Pues al final…que la niña SÍ TIENE HONGOS EN LA BOCA!!! ¡¡¡TÓCATE LOS PIES, MARI PEPA!!! Y que lo del bicarbonato, es para EVITAR que salgan hongos… no para eliminarnos. Que lo que hay que darle es con un gel…

En fin… que esto me parece un carrusel… que ni el Deportivo de la SER.  ¡¡Muy fuerte, oigan…!! Y yo les pregunto, queridos parroquianos y parroquianas… Desde mi plena ignorancia primeriza…

… esto es normal, ¿VERDAD…? 


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Gritest Jits #2

Los Grandes Momentos de la incipiente vida de mi Lechona.

Repaso expréssssssss… con un par de acontecimientos interesantes, mi pequeña Lechona, de los cuales has tomado parte durante la semana pasada:

# Poco te ha durado la altura intermedia del colchón de la cuna que contaba precisamente en el primer Gritest, mi beiby. Ya hemos tenido que ponértelo en la posición más baja, porque aquí donde te ves, cariño, no veas cómo juegas a ser una juligan escandalosa, cual hincha malota del Niucasel Iunaited, agarrada ahí, a los barrotes con ganas de jarana y alborozo, como una loca: -“¡¡¡Taii Taiii Taiii Taiii Táááááááá…!!!”-

Como vemos que en el momento menos pensado te nos lanzas p’afuera de cabeza, y te veo ejcalabrá perdía… mami y yo hemos decidido que ¡hale, colchón p’abajo, nena… y ahí te quedas p’a los restos…! -O hasta que te cambiemos a una cama, claro- Es lo que hay, y eso te pasa por crecer.

# Y el primer evento chungueras de tu corta vida, pequeño tesoro: primeras fiebres persistentes… Primera visita a urgencias, domingo por la noche, y tu primera otitis. ¡¡Ayssssss…!! ¡Con lo bonita y perfecta que te hemos hecho, cariño…! ¿Quién te manda, ehh…? Espero que de ésta no te nos quedes sorda perdía a la primera, mi amor.  😦

(Para otra ocasión, escribiré sobre cómo dar antibióticos orales a un bebé enfermo QUE NO LOS QUIERE y no morir en el intento… ¿Ehhhh? –Esta te la guardo para cuando seas una adolescente respondona e ingrata … que alguna cana de más seguro que me has costado este finde, rica…, aunque ya le hayamos pillado el truco.–)
Un gran invento: el chupete termómetro.

Y desde aquí, y en tu nombre, aprovecho la ocasión para felicitar a toda la familia SANITARIA -enfermeras, doctores, pediatras, fisios, etc- que siempre están ahí, ocupándose de nuestras miserias, ya lo hagan mejor o peor, tengan un día bueno o regulero… En fin. La salud es lo más importante que tenemos… y ellos cuidan de nosotros. Y de nuestras familias… (incluidos los bebés que no saben contarnos qué les pasa, ¿verdad?).

Miles de abrazos y gratitud eterna para todos ellos.


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En guerra… contra las Pelusas

Pelusas.

Todos y todas las conocéis. Son como el vecino molesto de al lado: un coñazo, pero como llevas conviviendo con él toda la vida, ya te has acostumbrado a que esté por ahí rondando.

Nuestra Morada, es un lugar donde han encontrado refugio, acomodo y esparcimiento. ¡Ja… Qué gran error cuando pensé que al mudarnos a un piso tan alto, encontraría menos que en nuestra morada anterior! ¡Iluso de mí! ¡¡Es una cosa inaudita!!

Las Pelusas de nuestra Morada, provienen de las entrañas de la tierra… sin duda, de un lugar maravilloso excavado en la roca, en la periferia pobre y gris de la ciudad de esas criaturas tan entrañables que se hacen llamar a sí mismos… los Fraggle. Las pelusas son criaturas sensibles, metódicas y completamente simples, cuya única existencia, estoy más que seguro, se fundamenta a su vez, en la consecución de un único y escalofriante fin: su afán por colonizar y dominar el mundo, como previo paso al de extender su vil raza por todo el universo.

Y que nadie, especialmente algún pseudocientífico listillo, os diga lo contrario.

Se cuelan en nuestras casas por los rincones más insospechados: esa rendija minúscula del rodapié… esa grietecilla en la pared… ese quicio de la puerta que no cierra bien… esa ventana mal cerrada. Merodean por todas partes… por todos los rincones. Son como la hidra mitológica de Hércules, a la que cortabas una cabeza y dos más ocupaban su lugar… Son imposibles de erradicar.

Sinceramente, creo que se reproducen por mitosis, o mediante generación espontánea, como los elfos, y solamente podemos tratar de mantenerlas a raya… pero toda resistencia es inútil, porque cuentan con aliados naturales; están conchabados y compinchados con el sr. Pereza, la srta. Vagancia o el Monstruo de Debajo de la Cama.

Se desplazan por los rincones con la ayuda de la brisa, por las zarpas de nuestras mascotas y ocasionalmente por medio de los ombligos guarruzos de ciertos individuos de características un tanto simiescas y velludas.

Tienen el increíble superpoder de acoplarse unas a otras para formar entidades mayores, como si de un Transformer se tratara… En casa, algunas han tomado proporciones tales dependiendo de las circunstancias, que a veces hemos optado por adoptarlas temporalmente como nuevas mascotas, haciendo que compartan el comedero con el Negro del Rabo Largo, e incluso en ocasiones hemos llegado a pensar en ampliar la placa con los nombres del buzón de correos. Y cuando no estamos, se comunican entre ellas en su propia lengua, oscura y arcana, con signos y señales subrepticias y a hurtadillas, como si fueran los juguetes de Toy Story. Y planean… Y conspiran… ¡¡Es que estoy seguro, vamos…!!

No hay lugar adonde huir, donde esconderse, ni aspiradora que pueda definitivamente con ellas. ¡¡No te despistes!! Son rápidas y taimadas… Y si como en nuestro caso, tu lechón o lechona acaba de entrar en plena fase de gateo y no quieres que se conviertan en su nuevo aperitivo involuntario… ¡¡¡deberás enfrentarte seriamente a ellas!!! ¡¡Hay que combatirlas allá donde se encuentren!!

No nos queda otra, ¿verdad…?

(PD: estooooo… ¿Alguna estrategia milagrosa -más allá de la obvia-, para mantener el suelo medianamente limpio? Y… ¿alguien sabe por ahí si las pelusas tienen proteínas, o algo…? Es un por si acaso, vaya…)

Viñeta pelusil. Viñeta pelusil.


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Mounting the chicken…*

*…o lo que es lo mismo: ¡¡Montando el pollo!!

La Lechona es un ser maravilloso… una bendición de niña caída del Cielo, ¿vale…? Empecemos por ahí, y dejemos eso bien clarito, oye.

Es un bebé buenísimo, de estos que parecen hechos a propósito para dar envidia al papá primerizo de al lado, ese que está megaputeado desde el segundo cero, porque de inicio todo se le tuerce con su bebé. Es una niña “trampa” de libro, vaya… de las que piensas: -“Si supiera que me van a salir así de buenas y buenos el resto… ¡encargaba una docena más, ya mismo!”-

Siempre ha dormido muchas horas seguidas… Es tranquila… No se asusta… Es dura… Apenas se ha puesto un par de veces malita en estos seis meses… Es risueña con todo el mundo, se deja coger por cualquiera… y “comía” de maravilla. Viendo el percal de lo que hay por ahí fuera en comparación, esta niña nos ha dado CERO problemas (por lo cual te estaré eternamente agradecido foreveranever, bollito mío…)

Digo “comía”, así, entrecomillao negroso… porque estamos en esta fase raruna, de cambios de todo tipo… la de los seis meses. Y lo del comer bien, ya pertenece al pasado, podría decirse así… o eso me está dando a mí en la napia.

Inciso explicativo para imberbes: para el papá primerizo que no esté puesto (y no haya leído suficientes revistas, artículos o libros…), los seis meses (aprox.), es una fecha importante y curiosa: por estas fechas -semanas arriba o abajo, dependiendo de lo puristas que se pongan algunos/as- ya se le puede dejar de esterilizar chupetes, tetinas y demás… (total, ya se llevan a la boca cualquier cosa que pillan); ya se les puede introducir agua de grifo…; ya se les puede introducir una dieta suplementaria e iniciarse con los sólidos; empiezan a salir los dientes; se les introduce el gluten poco a poco; que si empiezan con la escuela infantil (más o menos…), etecé etecé… Es un salto evolutivo-cualitativo, por así decirlo).–

Y claro… cuando uno tiene un bebé que es un solete… se disfruta infinito, por supuesto, pero también andas siempre un poco con la mosca tras la oreja, expectante a… algo que debe venir… algo chungo, claro. ¡No todo puede salir bien siempre, narices! Y he aquí que entonces ocurre…

¡¡Boummmmmmm!!:

Buscando el traje de paciencia.

El primer zambombazo.

Cualquiera dirá que es una chorrada, que es lo normal, que blablablá… Pero a nosotros nos está pasando ahora. Y NO ANTES. Es decir, que podría decirse que por nuestra parte, es un poco una primera GRAN prueba de fuego. (O yo lo siento como tal, vaya…) Y es que de unos días para acá, la Lechona no nos come nada bien. Básicamente, con los purés de verdura. Sí… la papilla de fruta la come más o menos bien… la de cereales la devora… pero la verdura… ahí le está costando entrar. ¡Y en realidad, suelta, en sólido por separado, parece que la come (prueba/juega, más bien) mejor! (Claro, que en la escuela, no practican el método ACS, así que por ese lado, la cosa se complica…)

Si solamente fuera eso… vale. Es una fase, etecé… Pero parece que pinta como si fuera algo más: antesdeayer, merendando, me montó el pollo del siglo, llorando sin parar. Probé con varias cosas hasta que le enchufé un papillazo de cereales. Y entre cucharada y cucharada, llorando también, a lágrima viva.  –“Será el hambre… la impaciencia… que le duelen las encías por los dientes… Que no le mola el sabor del brócoli… Que está empezando a tomaros la medida…”- Sí, muy bien… seguro; no lo niego… Pero el caso es que ahora monta pollos. Y a Churri le ocurre lo mismo. Y antes NO los montaba. Es como una especie de… regresión.

Y claro… a nosotros al menos, nuestra Lechona, nos la vendieron sin un diccionario “Lechón-castellano”, (ni siquiera un mini “Lechón-francés” de bolsillo, oye, que me apañaría también… ya que la cigüeña venía derechita de París sin paradas, o eso nos aseguraron…), y tampoco viene con libro de instrucciones, así que no sé qué le pasa ahora con la zampa… Sé que mi niña no es un artículo defectuoso, ni mucho menos, así que tampoco es cosa de reclamar ahora la garantía… que además la cigüeña se piró, y no nos dejó el ticket.

Pero la historia es que esto de la alimentación está empezando a pasar al TOP GUÁN, CHÚ y ZRÍ, todo a la vez, del “Ranking de cosas que nos preocupan y que nos comen un poquillo el tarro”. (Será que hemos vivido demasiado bien, estos meses…)

-“Y lo que os queda…”- Ya. Seguro… Vale… Y mañana será la ropa, y pasado las otitis… y al otro serán las pesadillas, y al otro, los celos por el hamster o la tortuga que venga a la Morada como nueva mascota…

¡¡Ayyyssss…!! Demasiao bien iba tó, cachislamar. Pues nada. A gestionarlo con paciencia tocan.


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…¡Y YO CON ESTAS BARBAS!

Tenía en mente haber metido este tema en el post de presentación, pero luego pensé que me saldría un chorizo de texto demasiado amplio, y a su vez, que esta coña me podría dar como mínimo, para un post propio, así que me lo reservé.

¡¡¡Ahhhhhh… la barba!!! Es un tema tan paterno,  tan viril… y tan espinoso, que me venía al pelo para incluso ponerle nombre a este blog.

¡¡Qué dilema, el de la barba…!! Es algo que siempre me ha traído de cabeza… ¡Y ya me jode, ya…!

En mi caso es un ejemplo mayúsculo de la frase típica –“¡Qué mal repartido está el mundo!” – Porque aquí, el Menda, es un tipo bastante peludillo… (no daremos más detalles, que luego, todo se sabe…), y resulta, ohhhh… casualidades del destino… ¡que no tengo yo una barba en condiciones, que me guste… cagüendiez! Sino que cuando crece un poco, tengo lo que viene a ser la típica barba de guarruzo cochambroso.

El Menda en distintas fases barbudas

Sí que tengo mi barba, claro… pero con sus buenas calvas. ¿¿¿¿Por qué demonios no estará mi pelo repartido como estaría mandado, ehhh…???? ¿¿A quién ofendí yo en mi otra vida…?? ¿¿Por qué no puedo tener una barba como la de un guaperas de Jolibud??

El caso es que no solamente es eso lo que me da rabia, sino sobre todo, (y esto es lo importante…), es por el tipo de pelo. Mi barba es la típica de pelo duro, de pelo tipo pincho moruno… de ese pelo que no nace recordando en su genética la Ley de la Gravitación Universal. Mi pelo no cae grácilmente hacia abajo, no… ¡¡mi pelo crece perpendicular a mi cara, como alambre de ferralla!! ¡Y es duro… duro de pelotas! ¡Y sale y crece como le da la gana…! ¡Y encima tengo la piel muy sensible…! ¡Y se me enquistan…! ¡Y a veces me salen pelos que parecen como los del tipo de la peli de La Mosca! ¡Pelacos como un regaliz! ¡¡¡Y MI PELO PINCHA!!! (¡Y ahora me enfado, y no respiro…!)

Y por todos es sabido que los pelos que pinchan, no molan… y por ELLO, la gente que pinchamos, no molamos… especialmente a los niños. No hay nada que dé más por …-piiiiiiiii-… a un niño, que el que le bese un tipo con una barba como papel de lija… como un cactus.

ASí es como deben vernos los niños cuando no nos afeitamos, como un cactus

Y heme aquí yo ahora, recordando tiempos pretéritos de mocoso púber e imberbe, lo poco que me gustaba el que me dieran besos “con barba”, de los que pinchaban. Y aprendí bien la lección, y me tomo por una persona muy cuidadosa y nada besucona cuando de besar con barba -en plan esporádico- se trata. (Eso sí, cuando voy bien barbado… ¡choco esos cincooooo… como nadie!)

Pero aaaaaaayyyyyyy… ¡Ahora tengo una Lechona! Una a la que quiero besuquear y achuchar y hacerle pedorretas en la tripa todo el rato…

Y aquí me veo yo, por tanto… Delante de mi niña toda sonriente… ¡y yo con estas barbas!

(PD: hoy día tampoco me afeito más a menudo, porque me fastidio la piel de la cara y me sigue dando mucha pereza… pero sí que tengo más cuidado en cómo me “rozo” la cara con quién sea, cuando llevo unos días sin afeitarme… Eso sí cuando me afeito, ¡me desquito! )

😉