¡¡¡…Y yo con estas barbas!!!

Relatos sobre mis experiencias y expectativas como padre novato


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Barbudos… NO, GRACIAS.

Hoy abordo un tema absurdo a la par que espinoso, para quitar un poco de hierro al post más seriote del otro día…

Como se acerca Jalogüin, época especial en lo que a sustos se refiere, hoy volvemos al tema piloso facial, tan característico de este blog, pero bajo otra perspectiva… Otra problemática que encierra esta idiosincrasia tan típicamente masculina, perpetua marca viril de nuestro género (y también el de las mujeres de circo…) Este post está dedicado a los sufridos e incomprendidos barbudos y barbados del mundo mundial.

El finde pasado se acercaron de visita mis tíos, por casa de mis padres. Y allí que aparece mi tío, con una hermosa y reluciente barba cana. Y de nuevo salió a relucir un tema que ha estado presente, desde el principio, en el subconsciente de mi queridísima Lechona. En concreto, y desde que nació, aquel era un marrón que le caía y convertía, casi en exclusiva, en pobre y abatida víctima a mi también entonces barbudo hermano mayor… El tío de la Lechona… El Tito H.

Hoy, en ¡¡¡…Y yo con estas barbas!!!: LA BARBA, COMO SÍNTOMA DE RECHAZO VISCERAL PARA LOS BEBÉS. (O: “tu barbuza de troll es un repelente para bebés, ¡so jipi perroflauta!”)

Venga, vaaaa… Al turrón: ¿en serio que ninguno de vuestros bebés ha sentido nunca rechazo por una barba…? ¿¿Nuuuuunca…?? Hablo visualmente, claro… (del otro rechazo, del de las barbas que pinchan al roce, ya comenté casi al inicio de los tiempos en este otro post…) Sí que es igualmente cierto que algunas barbas, o ciertos bigotes, tiene un aura, un atractivo que hipnotiza y divierte a la vez… Que invita al manoseo y al toqueteo de ese bebé que ronda por ahí. Vale. Ahora, obviemos ese pequeño detalle.

Nuestra Lechona, en varias ocasiones, siendo bebé, se ponía a llorar cuando un tío con barba se le ponía por delante. Se quedaba seria, miraba y remiraba con desconcierto sin que aquello le cuadrase del todo y… ¡zasca! Se ponía a llorar. ¿¿Pero qué demonios tienen las barbas, que asustan… que inquietan… que molestan… que acobardan… que angustian… que descolocan… que atemorizan… que amenazan?? ¡¡Pero si son de lo más monérrimas…!! Analicemos pues.

Desde luego, no es el pelo EN SÍ MISMO, eso está clarinete. No se asustan por nuestros peinados (normalmente, a no ser que seas la mascota secreta de Marilyn Manson), y están todo el santo día viendo pelánganos por todas partes: en CABEZAS, en BIGOTES, en CEJAS, en BRAZOS, en PIERNAS, en SOBACAZOS, en BERRUGAS DE ABUELA, en sus PELUCHES… (que por algo se llaman así, y son sus objetos fetiche…) ¡¡El pelo les rodea!! O sea, que tiene que ser otra cosa… Tiene que haber algo más. Algo que solamente una mente infantil, provista de un subconsciente primario, atávico, instintivo… puede percibir. ¡¡Y es que se me escapa, tú…!!

Barbas para asustar a niños.

Mi hermano, el Tito H,  es un tío de lo más majo. Un encanto, la mar de salao… Y se enrolla bien con los críos, normalmente. Pues mirad… La mayoría de las veces, bastaba un primer vistazo de nuestra Lechona, cuando él venía a verla, siendo bebé… ¡¡Y era echarse a llorar al momento, oye!! -“La maaaaaaadre que te fabricó, nena… Quién sería. ¿¿Pero esto qué eeeeeesss…?? ¡¡¡Pero si es el Tiiiiitoooo H… Que viene a verteeeee…!!!”- Pues nada, tú… ¡¡Un dramón!! Mi niña se meaba en las obras de Sexpir, en comparación de dramones, vamos… ¡La pobre! Igual se le pasaba al momento, o igual se tiraba media hora, esto era así. ¡Y mi hermano, el otro pobre, igual…! Ahí, aguantando el chaparrón. Que a veces tenía que desaparecer hasta que a la otra se le pasaba el mosqueo… Y el hombre ahí, con su resignación y su paciencia infinita. Una visita… Y otra visita… Y otra visita… Y otra visita. ¡Ten sobrinas para esto!

Y es que la barba tiene algo que da mal rollito… No sé… Pero es evidente. Yo me imagino un alma desalmada… Alguien sin corazón, que quiera dedicarse a hacer el mal por las calles y a asustar a nuestras pobres criaturillas… Y es que es tan fácil como dejarse barba y dedicarse a echar miradas. Nada más. Con eso simplemente, ya eres como Shrek, pero en chungo de verás. Y es que para los barbudos …debe ser la hostia de frustrante. Imagínate que eres como un oso amoroso… ¡Pues da iguaaaaal, nene! A ojos de un bebé, tu barba puede convertirte en un berraco neanderthal con cara de malas pulgas, y dejarte con la moral por las alcantarillas. De repente, y solamente por llevar barba, te presentas ante un bebé, y sin comerlo ni beberlo, te pones a jugar en la misma liga que gente tan chunga como NerónRasputín, Bin Laden, Tywin Lannister -con su barbita rala de una semana- o… ¡o el Tío Scar! ¡Esa gente seguro que se dio a la maldad porque les rechazaron sus sobrinillas y su débil corazón se emponzoñó de inquina y odio feroz!

Vale que también hay otros famosos barbudos que son iconos del buenrrollismo más pastelón: Papá Noel, Los Reyes Magos, Rubeus Hagrid, el Capitán Pescanova (-“¡¡Santa, viejo zorro… Desembucha!! ¡¡Cuál es tu secreto para caerle bien a los chavales!! ¿¿Es porque les tienes sobornados con tus paganas cuchufletas navideñas y tu bozarrón campechano a lo -“¡Hooww Howww Hoooooowww…!”-, ehhh, ladrón…?? ¡¡Pásame tu truco, que se lo chive a mi hermano y a todas las pobres víctimas barbadas de este mundo mundial…!!-) Pero bahhh… ¡Al carajo! Todos sabemos que esta gente son la excepción que confirma la regla.

Y la regla se sigue confirmando, al menos, en el seno de mi familia. El finde pasado, decía, mi tío se acercó a la niña, y la pobre, muy digna, eso sí, hizo un eleganteeee… (llámalo Michael Jackson, llámalo la cobra…), porque aquello de las barbas… Como que le sigue sin convencer del todo, oye. Por lo que se ve. (Igual de mayor se le pasa y se echa de noviete un leñador. O un hipster…) 

Aunque al abuelo no le has dicho nunca nada, jodía, ahora que lo pienso… (Y es que los abuelos… son los abuelos, tú…)

¿Y vuestras lechonas o lechones? ¿Son también susceptibles al asunto capilar…? ¿Alguna otra cosa que les origine un especial rechazo…?


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Gritest Jits #3

Los Grandes Momentos de la incipiente vida de mi Lechona.

No quería yo explayarme demasiado con los Gritest, cariño… pero es que si no los apunto con relativa frecuencia, no tendrían mucho sentido.

Estaba pensando en la posibilidad de que a partir de ahora solamente los publique al final de cada mes, por ejemplo… pero no sé si me termina de convencer este giro de acontecimientos. Esta “sección” estaba concebida inicialmente más bien al revés: pequeñas píldoras breves sin ninguna introducción, que pudiera colar en cualquier momento, para que queden marcadas lo más cerca posible en el tiempo de las referencias sobre las que tratan, y de hecho, sin incluir imagen alguna: si hoy te ocurre algo más o menos trascendental… pues en esta semana a más tardar, lo dejo por escrito en una frase. (¡Cáspita! ¡Aquí sí que me vendría bien tener un tuiter!)

Pero como siempre, la cosa se me va de las manos… ¡Aynnnsss…!

Vamos con tus últimos momentazos…

# Vale que vas rapidilla con los dientes, hija… y que estás de nuevo con el tema desde finales de mayo… ¿Pero tres a la vez, cariño…? ¿Treeessss..? ¿Pero qué necesidad haaaaayyy, alma de cántaro…? ¿Es que de dos en dos como todo el mundo, no te va bien…? Los dos de abajo, con cinco meses y medio… Tres arriba, con ocho… ¡Déjate alguna cosica para otro rato, alhaja mía…! (¿O no será que te está molando a ti demasiado menear el bigotillo, desde que has probado el jamoncete, ehhh…? Ya te veo yo a ti, ya…)

# Y hablando de querer correr… Para que quede para los restos (¡¡lo bien que me va a venir esta sección para evitarme discusiones con tu madre cuando seamos viejitos y tengamos nuestras batallitas diarias por el tema de cuándo hiciste qué cosa…!!), el 25 de mayo te pusiste de pie por ti misma por primera vez. ¡¡¡OLE MI NIÑA…!!! Así que… ¡Hale! Ya has demostrado que puedes… muy bien. Estupendo todo… Ahora, vuélvete a tu estado semi larval, y quédate así… digamos… unos tres o cuatro años más para que disfrutemos un poco… que eso de crecer rápido está muy sobrevalorado, créeme.

# También hay que señalar que en estas semanas pasadas, has recibido tu primer corte de pelo… ¡y en peluquería! Visto el resultado y los trasquilonacos, la próxima vez igual pruebo yo mismo, amor, ¡¡porque vaya telaaaa…!! (O te llevo al becario manco con parkinson del centro de intregración social para ex yonquis de la esquina, que para el caso…). No, vaaaaa… que exagero y no fue tan abrumadoramente aterrador. Y además dice Churri que te portaste medio bien, dadas las circunstancias, aunque no parabas de moverte, como siempre. (¿Sabes que se te quedó más cara de niño…?)

Tu primer corte de pelo

# También has conocido a tus primeros famosos. Que sepas que a mi con tu edad jamás me llevaron a una sesión de firmas y dedicatorias con Paco Roca y el gran Neil Gaiman, en la Feria del Libro. Ya los disfrutarás cuando crezcas y aprendas a leer. ¡¡Haremos de ti una gran lectora, ya verás!!

# ¿Y qué pasó un lunes, 2 de junio, a primera hora de la mañana…? Pues que nuestro querido Tío JuanCar, va, y nos dice que abdica… Que se pira, vamos… Que se pasa el cetro por el forro. Que se larga a cazar elefantes con la Tía Corina, o con su colega el jeque de turno, y que pasa de todo, que está hasta el moño de ser rey, y que lo que le presta ahora es vivir la vida loca sin que le toquen más los borbones, que ya ha hecho suficiente… Ahora sí que podrá vivir a cuerpo de ex, y dedicarse a disertar sobre las cosas interesantes de la vida –que todo buen rey debe conocer–, como por ejemplo… las golondrinas africanas.

¿Y qué estabas haciendo tú, mientras, cariño, en tal histórico momentazo…? Pues en la escuela infantil jugando a chocar dos tapaderas de lata, seguramente…
Tan ricamente.

—Añadido a posteriori (a 13 de junio)—: 

-“¡Jefe Rojo a Bravo Charli…! ¡Jefe Rojo a Bravo Charli…! Bravo Charli… ¡responda!”-

-“Aquí Bravo Charli, Jefe Rojo… Le escuchamos…”-

-“Según el último reconocimiento visual, la Lechona ya tiene otro diente fuera… Repito: la Lechona ya tiene un cuarto diente arriba… El que amagaba por salir junto a los otros. Ya son seis dientes, y poco a poco va pareciéndose al gato de Cheshire, de Alicia en el País de las Maravillas…”-

-“¡Roger Roger, Jefe Rojo…! ¡Recibido! ¡Cambio y cierro!”-


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…¡Y YO CON ESTAS BARBAS!

Tenía en mente haber metido este tema en el post de presentación, pero luego pensé que me saldría un chorizo de texto demasiado amplio, y a su vez, que esta coña me podría dar como mínimo, para un post propio, así que me lo reservé.

¡¡¡Ahhhhhh… la barba!!! Es un tema tan paterno,  tan viril… y tan espinoso, que me venía al pelo para incluso ponerle nombre a este blog.

¡¡Qué dilema, el de la barba…!! Es algo que siempre me ha traído de cabeza… ¡Y ya me jode, ya…!

En mi caso es un ejemplo mayúsculo de la frase típica –“¡Qué mal repartido está el mundo!” – Porque aquí, el Menda, es un tipo bastante peludillo… (no daremos más detalles, que luego, todo se sabe…), y resulta, ohhhh… casualidades del destino… ¡que no tengo yo una barba en condiciones, que me guste… cagüendiez! Sino que cuando crece un poco, tengo lo que viene a ser la típica barba de guarruzo cochambroso.

El Menda en distintas fases barbudas

Sí que tengo mi barba, claro… pero con sus buenas calvas. ¿¿¿¿Por qué demonios no estará mi pelo repartido como estaría mandado, ehhh…???? ¿¿A quién ofendí yo en mi otra vida…?? ¿¿Por qué no puedo tener una barba como la de un guaperas de Jolibud??

El caso es que no solamente es eso lo que me da rabia, sino sobre todo, (y esto es lo importante…), es por el tipo de pelo. Mi barba es la típica de pelo duro, de pelo tipo pincho moruno… de ese pelo que no nace recordando en su genética la Ley de la Gravitación Universal. Mi pelo no cae grácilmente hacia abajo, no… ¡¡mi pelo crece perpendicular a mi cara, como alambre de ferralla!! ¡Y es duro… duro de pelotas! ¡Y sale y crece como le da la gana…! ¡Y encima tengo la piel muy sensible…! ¡Y se me enquistan…! ¡Y a veces me salen pelos que parecen como los del tipo de la peli de La Mosca! ¡Pelacos como un regaliz! ¡¡¡Y MI PELO PINCHA!!! (¡Y ahora me enfado, y no respiro…!)

Y por todos es sabido que los pelos que pinchan, no molan… y por ELLO, la gente que pinchamos, no molamos… especialmente a los niños. No hay nada que dé más por …-piiiiiiiii-… a un niño, que el que le bese un tipo con una barba como papel de lija… como un cactus.

ASí es como deben vernos los niños cuando no nos afeitamos, como un cactus

Y heme aquí yo ahora, recordando tiempos pretéritos de mocoso púber e imberbe, lo poco que me gustaba el que me dieran besos “con barba”, de los que pinchaban. Y aprendí bien la lección, y me tomo por una persona muy cuidadosa y nada besucona cuando de besar con barba -en plan esporádico- se trata. (Eso sí, cuando voy bien barbado… ¡choco esos cincooooo… como nadie!)

Pero aaaaaaayyyyyyy… ¡Ahora tengo una Lechona! Una a la que quiero besuquear y achuchar y hacerle pedorretas en la tripa todo el rato…

Y aquí me veo yo, por tanto… Delante de mi niña toda sonriente… ¡y yo con estas barbas!

(PD: hoy día tampoco me afeito más a menudo, porque me fastidio la piel de la cara y me sigue dando mucha pereza… pero sí que tengo más cuidado en cómo me “rozo” la cara con quién sea, cuando llevo unos días sin afeitarme… Eso sí cuando me afeito, ¡me desquito! )

😉