Y yo con estas barbas

Relatos sobre mis experiencias y expectativas como padre novato


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Felicidades, pequeño mío

Esto no tenía que haber sido así.

No era esto lo que tu padre tenía en mente. Ni mucho menos. Ni en un millón de años, la verdad. No sé por qué se torció todo ni cómo pasó que este trabajado y precioso tinglado se fue finalmente al garete. Porque yo tenía un plan.

Yo creé este blog como respuesta a muchas cosas, hace ya unos años. Cinco harán, concretamente, dentro de unos cuantos pestañeos. Tenía entonces muchas inquietudes; necesidades; ilusión; tenía muchas cosas en la cabeza y necesidad de contar, de compartir y de aprender. Y lo más importante… Tenía una hija. Un bebé. Preciosa. Rolliza. Un auténtico bollito. Tu hermana. La protagonista de mis miedos. De mis sonrisas. De mis suspiros. De mis pensamientos. De mis palabras. Era mi primer bebé y delante de mí todo era campo y verdor primaveral.

Y papá creció. Como persona. Como padre. Como escritor, o como juntaletras, más bien… Y por aquí iba vertiendo palabras y más palabras según soplaran los vientos, ahora más, ahora menos, ahora a tope, ahora desaparezco, mes a mes, año a año. A veces con mayor o menor fortuna, a veces con mayor o menor silencio. Pero la fe siempre intacta. La meta, siempre clara. La ilusión y la certeza, siempre inquebrantables. Porque este siempre sería el regalo para mi niña querida. Un registro de su pasado, para su futuro.

Papá conoció a gente maravillosa por el camino. Vivió experiencias fantásticas. Aprendió. Comprendió. Compartió. Arriesgó. Participó. Intentó. Sufrió. Sí… También sufrió. Pero se recuperó. Y siguió. Y de repente, la barriga de mamá volvió a crecer sin medida.

Y tal día como hoy, hace justo un par de años, viniste a este mundo y nos ofreciste la primera de tus sonrisas. Te cogí entre mis brazos. Con toda la ternura y la calma de la que fui capaz de hacer gala en aquel momento, para que no te pusieras a llorar. ¡Qué remedio, sin tu mamá cerca para haberte ofrecido calor y consuelo! (Estaba ahí liada con los médicos; en fin, eso te lo cuento ya otro día…)

Y entonces, el orden natural de las cosas, que dictaba que A pasara a ser B, resulta que no llegó a cambiar. A siguió siendo A. Es decir, un blog sobre mi vida como padre, sobre mi hija, que debió a pasar a ser por lógica un blog sobre mis hijos, ambos, dos, en plural, siguió tal y como estaba. No sé muy bien el porqué, pero de una u otra forma te resistías a salir por aquí. La grandilocuencia con la que tenía en mente presentarte seguramente llegó a suponer un freno, un lastre… Parece que siempre tenía cualquier otra cosa sobre la que hablar, que me hacía posponer el sentarme y escribir sobre ti, sobre mi pequeño.

No sé en qué estaba pensando… Sigo sin saberlo, a día de hoy. Pareciera como si aquel campo verde primaveral se fuera tornado poco a poco en la cresta de una colina, sobre la que ya no era tan fácil deslizarse, sino que había que ir tirando de riñón para empezar a subir esas cuestas. Cosas tan sencillas en apariencia, como cambiar el diseño para incluirte, mismamente, parecían no ser prioritarias. Simplemente me dediqué a escribir cuando podía, dejando de lado todo lo demás.

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Cuando quise darme cuenta, ya había pasado un año. La bola seguía rodando, creciendo, y mi pequeño bebé seguía siendo el particular fantasma de esta santa morada.

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Pero eso no es lo que más me duele… Porque puedes recopilar cosas. Apuntar. Anotar. Almacenar para un futuro, qué sé yo. Pero en la mayor parte de las ocasiones, también perdí ese tren. Cosas, hechos, fechas, reacciones, sensaciones que con tu hermana sí recogía, anotaba y plasmaba por aquí, que eran, en definitiva, la salsa que aderezaba ese lugar, han pasado por tu lado casi sin pena ni gloria. Quizás sea la maldición de los segundos: cuando ya has vivido algo de primeras, parece que la chispa de la novedad en cierta forma desaparece.

Y esa es la mayor de las injusticias que creo haber cometido contra ti, mi pequeño amor. Tantas fotos que no te he hecho. Tantas anécdotas que no he recogido. Y es que comparar siempre fue un acto asqueroso. Pero parece que contigo se me subió a la chepa también el cansancio. O el hastío, no lo sé. Y este pequeño blog es el que ha terminado pagando el pato, y tú con él.

Esto tenía que haber sido muy diferente. Debería haber escrito para hoy alguna locura brillante. Contarle a mi gente algún proyecto chulo para tu fiesta de cumpleaños o haberme sacado de la chistera alguna cosa genial para recopilar lo que nos han dado de sí nuestros primeros 730 días juntos. Pero no va a poder ser. De hecho, más de uno por aquí quizás se entere a estas alturas que tengo otro hijo, que tal día como hoy hace dos años que nació, y sobre el cual apenas llegué a escribir nada. Una ausencia tan involuntaria como injusta y dolorosa.

De un tiempo a esta parte me siento cansado. Sin energía. Se me fueron las pilas de repente, y el enchufe para cargarlas no apareció. El rato que solía aprovechar para escribir antes, cuando todo el mundo dormía, ahora me lo reclama también mi cabeza para hacer más de lo mismo y sumarse a la fiesta de las sábanas. Y me cuesta. Tanto, que tengo la sensación de que ya no sé qué hacer con estas teclas. ¡Qué humanamente mundano me está sonando todo esto ahora mismo! Qué olorcillo rancio a excusa de rebajas.

Pero algo de experiencia me ha ido dando el roce con vosotros estos últimos años, mis pequeños polluelos, así que ahora también sé que como tantas y tantas cosas, esto es, de nuevo, una fase más. Fase que espero poder superar, como tantas y tantas otras veces.

Porque la ilusión, esa, la de siempre… Esa sigue aquí dentro, guardada, agazapada, pero lista para saltar a las primeras de cambio en cuanto le permita salir de nuevo por alguna rendija. Y hoy, abro de nuevo esa rendija, tras casi un año sin escribir nada.

Tarjeta de felicitación de 2º cumpleaños.

Hoy vuelvo al blog. Porque hoy es tu segundo cumpleaños. Te debo dos años y un embarazo por aquí. No sé si podré devolvértelos. Pero un regalo sí quiero hacerte: quiero que vuelvas. Quiero que vengas. Quiero que estés. Quiero que compartas este sitio, que siempre debió ser tu sitio, tanto como el de tu hermana. Quiero abrir de nuevo las puertas de esta casa, la tuya, para que entres, la veas, la disfrutes… Y te quedes con nosotros de una vez. Quiero regalarte una imagen. Quiero regalarte tus propias líneas. Y cuando me vea capaz, tendrás todo eso, te lo aseguro. Simplemente dame un poco más de tiempo.

FELIZ CUMPLEAÑOS, HIJO MÍO.

Y espero que me perdones todo este tiempo de silencio. Eres la cosa más bonita del universo, y te quiero hasta el infinito… Y más allá.

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Feliz Día del Padre

Porque es algo para toda la vida. Aprovéchalo: disfruta tu paternidad; aprende y participa de ella. Y lo más importante de todo… Aunque hoy está marcado en el calendario oficial, no olvides celebrar tu paternidad cada día del año.

¡¡FELICIDADES, DE PARTE DE PAPÁS BLOGUEROS, A TODOS LOS PADRES DEL UNIVERSO!!


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…¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, CHURRI…!!!

-“Hay días que por algún motivo, son especiales; especiales de verdad, Lechoncilla mía. Y hoy es uno de esos… Un día muy muy especial.”-

-“A TIIIIIIII TIIIIII… TTTA TA Y TIIIIII…”-

-“Sííííí… Hoy es el cumpleaños de mamá, cariño… ¿Lo sabías? De mamááááááááááá…”-

-“…A AAAMMMMÁÁÁÁÁ MAAAAAAMMMMÁÁÁÁ… … …HOLAAAAAA…”-

-“Así que hoy es un día muyyyyyyyyyy especial. Y yo quería usar nuestro pequeño diario para mandarle un besazo muy grande desde aquí, a mamá, y escribirle que la queremos… ¿Me dejas? Que como sé que ella lo lee, así se lo dejamos puesto por escrito. ¿Te parece, amor…? Pues venga, que no tardamos…”-:

 

La verdad es que no sé muy bien cómo empezar… Tenía, como siempre, muchas cosas en la cabeza. Muchos enfoques… escribir esto o aquello; cómo hacerlo… ya sabes.

Pero lo que no quiero es que me pase lo de siempre, y que las excusas me atenacen y me impidan hacer lo que quiero hacer. Hoy no. Por eso, te escribo así, en frío (o en caliente, según se mire…), sin planificar y que salga como salga. Hasta en esto no doy pie, hoy…

Últimamente, parece que todo me sale mal, y sobre todo, tarde. Que las cosas no salgan como aparecen en mi cabeza, ya es un clásico al que feamente me estoy acostumbrando. Como viene siendo esencia en este blog (que nació con meses de retraso), y es marca de la casa, si me plantease hacer alguna entrada espectacular, divertida, con algún dibujillo que realmente molara (que hubiera sido lo suyo), y digna de la ocasión, me temo que la publicaría un mes más tarde… ¿Y qué sentido tendría?

A veces creo que me falta la empatía para darme cuenta de que aunque a mí esto de los cumpleaños no me hace realmente mucho tilín, a los demás no tiene por qué pasarles lo mismo. Sé que te gusta tu cumpleaños. Y sé que últimamente no he estado a la altura. Anoche te dije que tus regalitos no estarían listos para hoy… y me dolió en el alma cuando me dijiste que en el fondo, te lo imaginabas. No sé si me duele más el que tengas razón… o directamente el que lo hubieras pensado. Y me da rabia también… porque lo veía venir.

Todo esto es un poco loco… y a veces se hace difícil y complicado; ya lo sabes. Tenemos una lechoncilla entre manos, que nos quita tiempo hasta para rascarnos la oreja. Tú no sacas ni para ir al peluquero, y por si fuera poco, voy yo y me meto encima en más jaranas, escribiendo blogs y coñas de estas. Y supongo que cuando se me escurren los minutos entre los dedos, las horas, los días… todas las cosas que se me vienen a la cabeza, no son más que una ristra de excusas.

Lo cierto es que han cambiado un montón de cosas desde los once veranos que hace que tus ojazos verdes se me cruzaron por delante y me atraparon. Pero hay unas cuantas, un buen puñado todavía, que no han cambiado tanto… créeme.

Sigo adorando perder mis manos entre tu negra melena… Sigo comiéndote con la mirada cuando asoma un hombro por la camiseta… Se me corta la respiración cuando te rozo y te recorro con mis dedos… y el reloj se detiene cuando sonríes… (¡A pesar del aparato!)

Cuando estás contenta, la casa se ilumina… y cuando sacas ese toque fuenlabreño, ese punto fuerte, decidido, mágico, esa chispa que todavía me emociona… sigo pensando que hay por ahí algo mágico, incomprensible y bendito, al que doy gracias cada día sin saberlo porque hizo que tu destino se cruzara con el mío, y nos haya mantenido juntos al menos hasta hoy.

Pese a los quebraderos de cabeza, a las dificultades, a las decepciones, a las cuestas arriba, a los silencios, a las cicatrices… Pese a todo, el hechizo de tu nariz de brujilla todavía funciona… Sigo aquí, mi amor, y sigo enamorado. Seguramente, más que nunca. Eres la mujer de mi vida, desde hace tiempo, y deseo de todo corazón que lo sigas siendo durante muuuuuuucho tiempo.

No quiero enrollarme más (sabes que lo podría hacer…). Solamente quiero que sepas que… bueno… igual no es gran cosa, pero me he propuesto no dejarte sin regalo hoy. No es algo material (que llegará), pero por lo menos es algo original, que todavía no había hecho hasta ahora: esto es una declaración de amor en toda regla; es una confirmación por escrito de que sigo estando aquí. De que puedes contar conmigo. De que tenemos un milagro de niña que ha llevado nuestra relación a otro nivel, y quiero seguir matando al monstruo de final de pantalla para pasar al nivel siguiente, y recorrer contigo el juego entero hasta el final. Es tu primer cumpleaños como madre, y esto ya no hay quién lo pare…

Y te la envío, y esto es lo original… desde el ciberespaaaaaaaaaacio. ¡¡Cómo mola Internet!!

FELIZ CUMPLEAÑOS, CHURRI. TE QUIERO.

-Y el dibujitoooooo… ya lo añadiré otro día, te lo prometo-.

11 de septiembre de 2014

 

-“…A BRRRRRRRRRR… ZRRRRRRR… GHANNN GHAAAANNNN… TITIIIIIIII…”-

-“Ya estáááá, hiiiiija… ya he terminaaaaaado. Sííííííííí… Ha sido más que un beso para mamá, sí, vale… es verdad… pero es que la ocasión lo merece, créeme. Ya lo entenderás cuando seas un poco más mayor, no pasa nada…

-“…A MAAAAA… AHHMAAA… …¡¡¡AUUU… AUUUU!!!”-

-“Síííí… eso es… a mámá… a mamá. ¡Hala…! ¡Vámonos a jugar…!”-