¡¡¡…Y yo con estas barbas!!!

Relatos sobre mis experiencias y expectativas como padre novato

Fronteras que hay que pasar

6 comentarios

El cartel del Charlot de la Escuela Bélgica.

Hoy era un día señalado en el calendario; con una enorme X luminosa y chispeante señalando una frontera.

Hoy, cariño, has ido a tu pequeña escuela infantil, por última vez. Hoy ha sido tu… último día. 

¿Y por qué será que me duele…? ¿Qué es esta congoja que noto? ¿Esta especie de run run en mi cabeza…? Quizás, imagino, son los golpes que me da la certeza de saber que hoy, eres un poco menos mi bebé, y un poco más mi niña. ¡Y digo “un poco“, por no decir “del todo“, ojocuidao! Hoy, dejas atrás uno de esos peldaños tan característicos de esa escalera que se llama CRECER. Que se llama HACERSE MAYOR.

Se me hace raro pensar en términos de “último” precisamente sobre un ser tan joven, tan pequeña como eres todavía… Al menos, a mis ojos. Y es que me siento raro. Porque adoro a mi bebé. Bien es cierto que ya hace mucho tiempo que no te considero un bebé, vale… Pero eso hoy me da igual; hoy vuelves a ser mi bebé, por un momento. Y mi bebé, definitivamente… se me va. Se escapa. Sale corriendo, para convertirse en otra cosa. Alguien mejor, más grande, más desarrollada, más inteligente, más hábil, más… de todo. Pero menos bebé. Nada bebé.

Y es que me has convertido, cariño mío. Me has llevado irremediablemente hacia la fe de tu religión: la religión de los bebés. Yo, que era un antibebé, ahora soy el fan número uno; el Ministro del Interior de la Iglesia del Bebé. Bebéfilo hasta las trancas, el tuétano y donde sea, si es que tal expresión existe.

Y la escuela infantil… pues era frontera. Una línea delimitadora de las que marcarán el hito completo que llegará a ser tu vida. Algo por donde empezar, y que alguna vez habría que superar, para continuar creciendo. Ha sido un segundo hogar. Así de claro. No abriré aquí debates de si escuelas infantiles sí o no (y menos yo, defensor de esta etapa primera del desarrollo infantil): nosotros te llevamos, te dejamos en sus manos, te quedaste al cuidado de estupendas profesionales y has sido tratada con mucho cariño y respeto durante estos años. Y mucho más que eso. Y eso a mí, me vale. Y mucho más que simplemente “me vale”… El caso es que entraste siendo un verdadero bebé, un bebé de verdad… y ahora, te vas.

Allí te han cuidado… Te han acompañado… Te han alimentado… Te han vestido… Te han enseñado un montón de cosas… Allí has hecho tus primeros amigos. Al igual que en casa, es allí donde has mostrado tus primeros enfados, tus primeras alegrías, manifestado tus primeras sorpresas…

El cartel del hall de la Escuela Bélgica.

Y todo eso se acaba hoy. Y no puedo evitar sentirme triste, yo, que fui y sigo siendo el rey del Pueblo-Que-No-Quiere-Crecer; un maldito Peter Pan venido a adulto muy a su pesar.

Yo, tu padre, estuve en una “guardería” hasta los seis años, para entrar directamente a lo que antes se llamaba 1º de EBG. Y tengo maravillosos recuerdos de mi paso por allí, parte fundamental de mi infancia y mi historia. (Bueno, no tantos, no me pasaré de listo, que la memoria no perdona…) Pero sí mantengo muchas sensaciones. Y una de las cosas que más me apena, es que con tus tres añitos todavía sin cumplir, todas estas vivencias las olvidarás, casi seguro. Tu mente adolescente y adulta (y más si sales a mí, con mi memoria de Dory…), no recordará por desgracia nada de esta maravillosa etapa: olvidarás seguramente a los que ahora son tus primeros amigos. A tus maestras; a los juguetes y materiales de los que te rodeas cada día… Los ruidos, los olores, las voces…

Parte de la nueva decoración.

Pero muchas sensaciones, sí que permanecerán, seguro. Y aquí estaremos tus padres para recordártelas. Y ahí quedará también la estupenda labor pedagógica, educativa y vital de todas estas mujeres que se volcaron estos primeros años de tu corta vida para sembrar la semilla de la mujer en que tú te convertirás el día de mañana, mi pequeña lechona. Quedará para siempre, dentro de ti. Y eso es un tesoro de un valor que no puede medirse.

Hoy siento mucha pena, porque mi pequeña bebé cruza una frontera; se me va de las manos del todo, y me tengo que despedir definitivamente de ella. Y cuanto más lo pienso, más vértigo me da y más vueltas me da la cabeza. Hoy pasarás esta frontera invisible de forma alegre, inconsciente en realidad de este pequeño hito de tu corta vida acaba y lo que implica, y ya nada volverá a ser lo mismo.

Alegrarse y entristecerse a la vez es uno de esos raros privilegios de los que hoy admito estoy disfrutando a raudales. En el rostro… En cada poro de mi piel… Pero la realidad manda, mi pequeña lechona… Y el reloj, por mucho que a veces lo desee, no deja de correr. Y sin embargo, soy muy feliz, consciente de la maravillosa personita en que te has convertido; orgulloso hasta explotar de la personita que esta escuela ha contribuido a brotar. De mirar a la niña que ya ERES HOY.

Por eso hoy quiero, hoy me toca, agradecer desde aquí, y recordar para ti con cariño, para el futuro, con infinita gratitud y un alto nivel de humedad ambiente acumulada que amenaza con rebosar de la parte inferior de mis globos oculares, a este grupo de personas que hicieron de la primera infancia de mi hija, una infancia provechosa, alegre, útil, y por encima de todo, FELIZ. Por todo lo que habéis hecho por ella:

Gracias Sandra. Gracias Alba. Gracias Bea. Gracias Beatriz. Gracias Cristina. Gracias Mari Carmen. Gracias Mª Jesús. Ya sois parte eterna de nuestra familia. De todo corazón, GRACIAS.

 

Te quiero y te querré siempre. Pero ya es hora de decirte adiós, mi pequeña bebé.

La puerta de la Escuela Bélgica.

 

PD: Este jueves, día 8, tenemos delante otra frontera entre manos, cariño. Otra, que te prometo será apasionante y maravillosa. ¡Y es que este no se para! Pero bueno, esa será, de nuevo… …otra historia. ¿Vamos a por ella…? 😉

 

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Autor: ¡Y yo con estas barbas!

Ilustrador, diseñador y orgulloso nuevo papá de una lechona linda como la brisa del mar... Ando en constante diálogo con el día a día, persiguiendo a esa esquiva, la plena felicidad.

6 pensamientos en “Fronteras que hay que pasar

  1. ohhhh, creo que mi hija mayor podría ser protagonista de estas lineas. Ella salio con 4 años, pero aun recuerda muchas cosas, sensaciones más que hechos concretos, pero sigue queriendo volver de visita, y eso a uno le deja con el corazon lleno

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    • Jejeje… ¡¡Hola hermosa!! Ya me imagino que muchos y muchas hemos pasado un poco por la misma situación, y con sentimientos parecidos. Yo la sigo teniendo al lado de casa, así que seguro que volveremos por allí de visita de vez en cuando, cuando haya huecos en el horario. Es más, con el nuevo bebé en ciernes, me imagino que la terminaremos llevando allí de nuevo, si no cambia mucho la cosa, así que yo creo que el contacto lo seguiremos manteniendo.

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  2. Ouch!! Creo q tengo algún problema de humedades oculares ahora q t leo! Jejejeje y eso q a mi me queda,un curso entero aún, porque mi pequeña Morlita es de enero. Pero es q ayer ya me puse un poco ñoña y es q fui a hacerle las fotos de carnet para la escoleta y rebusqué las de los años anteriores y pude ver la peazo de evolución q ha hecho la peque, del bebé de 7 meses que entró a la bebecaminoaserniña que es ahora, asi q señor, con este precedente me ha tocado usted la fibra sensible jejejeje. Un abrazo, y así es, a nuestros ojos siempre serán nuestras bebés!! Eso si, bebes q hablan y q cada vez son más personitas q eso mola mil!!!!

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    • ¡¡Ya lo creo que mola mil, Ángela…!! De hecho, lo más hermoso de tener hijos es ver cómo crecen y contemplar cómo se transforman y convierten en adultos íntegros, en ciudadanos y personas útiles, capaces, honestas y felices. Es ver que el proyecto de tu vida se culmina con éxito.

      Pero fuera de eso, hay etapas, hay fases, hay momentos… Y ahora estamos en el primero de todos, en la primera fase, en la casilla de salida… Y ver que ese primer peldaño se supera, da toda la alegría del mundo, claro, pero a la vez, te paras a reflexionar porque compruebas que todos esos momentos maravillosos que has pasado, no volverán. Que el tiempo no se puede detener, y que todo va a mil por hora. Y también es lícito eso: es lícito añorar. Es lícito echar de menos. Es lícito sentir una punzada profunda por dejar paso a lo siguiente que venga…

      Y por otro lado, pues es un alegato a un trabajo educativo bien hecho. Puede haber sido mejor o peor, pero es el que ha tenido, en su primera etapa, y yo estoy contento. Y por eso se lo quiero agradecer. Quiero que quede escrito en algún lado, para que en un futuro estas cosas no se pierdan…

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  3. Te sigo desde hace un tiempecillo, pero no sabía quién eras!!! Soy la mamá de Iris! Qué sopresa descubrir quién eres!! jejejeje
    Da penita que dejen la Escuela Infantil Bélgica. Han pasado tan buenos momentos!! Pero seguro que lo que ahora les llega será otra etapa también maravillosa, en la que seguirán creciendo… Y a pesar de que sigan creciendo, en el fondo, nuestras peques seguirán siendo nuetras “bebés” 😉

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    • ¡¡¡PERO BUENOOOOO…!!!! Jajajajajaja… ¡¡¡¡Qué sorpresón, Mari Carmen!!!! ¡¡Bueno, bueno, bueno…!! Si al final esto del mundillo virtual no está tan alejado del real como parece… ¡¡Qué gracioso!!

      Pues sí… Desde luego, tienes toda la razón, está claro. Es más que nada, la cosilla del momento… Yo, es que tengo muy buenos recuerdos de mi propio paso por la guardería, aunque claro, yo salí de allí bastante más mayor que nuestras niñas, con 6 años ya, y es otra cosa. Y obviamente, lo tengo algo idealizado, claro. Pero un poco de cosica, sí que da, mujer… ¿Verdad? Nosotros la llevamos con cinco meses y medio, y son muchas cosas las que han pasado por ahí, muchas sensaciones… Ya lo sabes, claro. Ahí es donde se han hecho las personitas tan monas que son ahora.

      Y es que parece que a veces las cosas no cambian, que un día es lo mismo que el anterior, y el anterior… Rutina, rutina… Pero llega un día concreto del calendario, y te demuestra a la cara que no, que desde ese día, nada será como antes. Es lo que, efectivamente, tiene CRECER.

      ¡¡Pues encantadísimo de leerte por aquí!! Ya nos veremos por el cole… Lástima que las niñas no compartan clase, pero se seguirán viendo todos los días en el recreo y por el barrio, así que genial…

      ¡¡Un abrazo muy fuerte, Mari Carmen…!! ¡¡Nos vemos en el coleeeee…!!😀😀 (Por cierto, acabo de hacerme seguidor de vuestro blog… ¡¡Está guayyyy!!)

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