¡¡¡…Y yo con estas barbas!!!

Relatos sobre mis experiencias y expectativas como padre novato

Barbudos… NO, GRACIAS.

12 comentarios

Hoy abordo un tema absurdo a la par que espinoso, para quitar un poco de hierro al post más seriote del otro día…

Como se acerca Jalogüin, época especial en lo que a sustos se refiere, hoy volvemos al tema piloso facial, tan característico de este blog, pero bajo otra perspectiva… Otra problemática que encierra esta idiosincrasia tan típicamente masculina, perpetua marca viril de nuestro género (y también el de las mujeres de circo…) Este post está dedicado a los sufridos e incomprendidos barbudos y barbados del mundo mundial.

El finde pasado se acercaron de visita mis tíos, por casa de mis padres. Y allí que aparece mi tío, con una hermosa y reluciente barba cana. Y de nuevo salió a relucir un tema que ha estado presente, desde el principio, en el subconsciente de mi queridísima Lechona. En concreto, y desde que nació, aquel era un marrón que le caía y convertía, casi en exclusiva, en pobre y abatida víctima a mi también entonces barbudo hermano mayor… El tío de la Lechona… El Tito H.

Hoy, en ¡¡¡…Y yo con estas barbas!!!: LA BARBA, COMO SÍNTOMA DE RECHAZO VISCERAL PARA LOS BEBÉS. (O: “tu barbuza de troll es un repelente para bebés, ¡so jipi perroflauta!”)

Venga, vaaaa… Al turrón: ¿en serio que ninguno de vuestros bebés ha sentido nunca rechazo por una barba…? ¿¿Nuuuuunca…?? Hablo visualmente, claro… (del otro rechazo, del de las barbas que pinchan al roce, ya comenté casi al inicio de los tiempos en este otro post…) Sí que es igualmente cierto que algunas barbas, o ciertos bigotes, tiene un aura, un atractivo que hipnotiza y divierte a la vez… Que invita al manoseo y al toqueteo de ese bebé que ronda por ahí. Vale. Ahora, obviemos ese pequeño detalle.

Nuestra Lechona, en varias ocasiones, siendo bebé, se ponía a llorar cuando un tío con barba se le ponía por delante. Se quedaba seria, miraba y remiraba con desconcierto sin que aquello le cuadrase del todo y… ¡zasca! Se ponía a llorar. ¿¿Pero qué demonios tienen las barbas, que asustan… que inquietan… que molestan… que acobardan… que angustian… que descolocan… que atemorizan… que amenazan?? ¡¡Pero si son de lo más monérrimas…!! Analicemos pues.

Desde luego, no es el pelo EN SÍ MISMO, eso está clarinete. No se asustan por nuestros peinados (normalmente, a no ser que seas la mascota secreta de Marilyn Manson), y están todo el santo día viendo pelánganos por todas partes: en CABEZAS, en BIGOTES, en CEJAS, en BRAZOS, en PIERNAS, en SOBACAZOS, en BERRUGAS DE ABUELA, en sus PELUCHES… (que por algo se llaman así, y son sus objetos fetiche…) ¡¡El pelo les rodea!! O sea, que tiene que ser otra cosa… Tiene que haber algo más. Algo que solamente una mente infantil, provista de un subconsciente primario, atávico, instintivo… puede percibir. ¡¡Y es que se me escapa, tú…!!

Barbas para asustar a niños.

Mi hermano, el Tito H,  es un tío de lo más majo. Un encanto, la mar de salao… Y se enrolla bien con los críos, normalmente. Pues mirad… La mayoría de las veces, bastaba un primer vistazo de nuestra Lechona, cuando él venía a verla, siendo bebé… ¡¡Y era echarse a llorar al momento, oye!! -“La maaaaaaadre que te fabricó, nena… Quién sería. ¿¿Pero esto qué eeeeeesss…?? ¡¡¡Pero si es el Tiiiiitoooo H… Que viene a verteeeee…!!!”- Pues nada, tú… ¡¡Un dramón!! Mi niña se meaba en las obras de Sexpir, en comparación de dramones, vamos… ¡La pobre! Igual se le pasaba al momento, o igual se tiraba media hora, esto era así. ¡Y mi hermano, el otro pobre, igual…! Ahí, aguantando el chaparrón. Que a veces tenía que desaparecer hasta que a la otra se le pasaba el mosqueo… Y el hombre ahí, con su resignación y su paciencia infinita. Una visita… Y otra visita… Y otra visita… Y otra visita. ¡Ten sobrinas para esto!

Y es que la barba tiene algo que da mal rollito… No sé… Pero es evidente. Yo me imagino un alma desalmada… Alguien sin corazón, que quiera dedicarse a hacer el mal por las calles y a asustar a nuestras pobres criaturillas… Y es que es tan fácil como dejarse barba y dedicarse a echar miradas. Nada más. Con eso simplemente, ya eres como Shrek, pero en chungo de verás. Y es que para los barbudos …debe ser la hostia de frustrante. Imagínate que eres como un oso amoroso… ¡Pues da iguaaaaal, nene! A ojos de un bebé, tu barba puede convertirte en un berraco neanderthal con cara de malas pulgas, y dejarte con la moral por las alcantarillas. De repente, y solamente por llevar barba, te presentas ante un bebé, y sin comerlo ni beberlo, te pones a jugar en la misma liga que gente tan chunga como NerónRasputín, Bin Laden, Tywin Lannister -con su barbita rala de una semana- o… ¡o el Tío Scar! ¡Esa gente seguro que se dio a la maldad porque les rechazaron sus sobrinillas y su débil corazón se emponzoñó de inquina y odio feroz!

Vale que también hay otros famosos barbudos que son iconos del buenrrollismo más pastelón: Papá Noel, Los Reyes Magos, Rubeus Hagrid, el Capitán Pescanova (-“¡¡Santa, viejo zorro… Desembucha!! ¡¡Cuál es tu secreto para caerle bien a los chavales!! ¿¿Es porque les tienes sobornados con tus paganas cuchufletas navideñas y tu bozarrón campechano a lo -“¡Hooww Howww Hoooooowww…!”-, ehhh, ladrón…?? ¡¡Pásame tu truco, que se lo chive a mi hermano y a todas las pobres víctimas barbadas de este mundo mundial…!!-) Pero bahhh… ¡Al carajo! Todos sabemos que esta gente son la excepción que confirma la regla.

Y la regla se sigue confirmando, al menos, en el seno de mi familia. El finde pasado, decía, mi tío se acercó a la niña, y la pobre, muy digna, eso sí, hizo un eleganteeee… (llámalo Michael Jackson, llámalo la cobra…), porque aquello de las barbas… Como que le sigue sin convencer del todo, oye. Por lo que se ve. (Igual de mayor se le pasa y se echa de noviete un leñador. O un hipster…) 

Aunque al abuelo no le has dicho nunca nada, jodía, ahora que lo pienso… (Y es que los abuelos… son los abuelos, tú…)

¿Y vuestras lechonas o lechones? ¿Son también susceptibles al asunto capilar…? ¿Alguna otra cosa que les origine un especial rechazo…?

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Autor: ¡Y yo con estas barbas!

Ilustrador, diseñador y orgulloso nuevo papá de una lechona linda como la brisa del mar... Ando en constante diálogo con el día a día, persiguiendo a esa esquiva, la plena felicidad.

12 pensamientos en “Barbudos… NO, GRACIAS.

  1. Pues aquí mis 4 lechones también han vivido con un barbapapá desde el minuto 0 así que los que les asusta a los míos es ¡que se la afeite! Es un echo que pasa x veces al año (siendo x un número entero entre 2 y 3) así que el lechón más pequeño del momento siempre pasa un par días malos hasta que se da cuenta de que sigue siendo el mismo papá.

    No opinan lo mismo los vecinos, que desde que nos mudamos a Escocia dos veces se han pensado ya que lo había cambiado (hay que tener en cuenta que mi compañero piensa que nuestros vecinos hablan un inglés-Klingon así que no suele relacionarse mucho). Yo insisto en que sólo se ha afeitado pero juro que hacen cara de no creerme…

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    • ¡¡¡Hola Nitdia, hermosa…!!! Discúlpame por tardar tanto tiempo en responderte, pero es que en estas semanas navideñas, tengo el blog más bien aparcado.

      ¡Me sorprende seguir recibiendo comentarios de post escritos hace tanto tiempo! ¡¡Qué maravillosa sorpresa…!! Y es que el tema de los pelillos, efectivamente, da mucho de sí…

      Lo que nos comentas también es algo que me consta que es habitual. Si los lechones crecen con esa sensación, es a lo que se acostumbran, está claro. Todo es una cuestión de costumbres. Si duermes toda la vida sobre una fría losa de mármol, el día que caigas sobre un mullido y cálido colchón de fino plumón viscolástico látex-power, ¡seguramente te parecerá un aparatejo infernal en el que te será imposible dormir! Yo recuerdo a mi padre, cuando era pequeño, en las muy escasas ocasiones (tres o cuatro en toda la vida…) en que le he visto sin bigote… ¡Y era un shock! Efectivamente, no parecía mi padre… Así que entiendo perfectamente lo que dices.

      ¡Gracias de nuevo por pasarte por aquí! 🙂

      Por cierto… Me pasó exactamente lo mismo que dices respecto al inglés, la vez que estuve por aquellas (ahora, vuestras…) tierras, durante unas vacaciones. Estuve unos días por las Highlands, y recuerdo el acento por allí ¡como si estuvieran hablándome en inglés con un polvorón en la boca! ¡Muy duro! Jajajaja.

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  2. Pingback: Afeita-dos |

  3. jajajaja, me he reido un rato. Mira, en casa visualmente creo que no he obsevado el rechazo en ninguna de las dos terremoto, o no lo he asociado a eso. Pero el tacto…ni larga ni de un dia, no les gusta na de na

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  4. A propósito de barbas, hoy dejé que mi hija de 5 me afeitara y estaba feliz! Es una gran actividad para estrechar relaciones comerciales, que, según lo que leo en este post, puede además tener un efecto positivo en los más peques :P. Saludos!

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    • ¡¡Hey Pablo, muy buenas…!!

      ¡Qué bueno eso que cuentas! Deberías haberlo grabado, tío… ¡Seguro que dentro de unos años os habría encantado verlo juntos de nuevo! ¡La familia que se afeita unida… permanece unida! Jajajaja…

      ¿Sabes una cosa…? Hace muchos años hubo una ocasión en que sentí algo así como una especie de “sentimiento de padre”, muy curioso. El primero que recuerdo, de hecho, sin ser yo padre, todavía, claro. Yo trabajaba de monitor en un campamento de verano, con chavales. Y la última noche, tocaba fiesta, por supuesto. Y tenía un grupete de críos, preadolescentes, de entre doce y catorce, más o menos, algunos con su pelusilla incipiente en el bigote. Y los críos querían afeitarse, para estar guapos para la fiesta. ¡Y allí que me ves con ellos por la tarde, en el baño, haciendo una sesión de afeitado grupal! Les enseñé a afeitarse, a los pobrecillos, y aquello… no sé cómo describirlo; ¡me pareció un momento PADRE, total…! Allí estaban los chicos, tan felices, con sus caritas lampiñas (y con más de un cortecillo, claro…), llenas de espuma. Parecerá una chorrada, pero fue un momentazo muy especial. Aunque luego me dio remordimientos, que también hay que decirlo. Igual arrebaté sin querer a algún padre el poder tener ese momento con su hijo. Es un momento como de conexión muy masculina; una especie de paso transitorio entre niño a hombre, por así decirlo. En fin…

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  5. jajajajaja ¡Grande! Mara conoce la mía desde el minuto cero, por lo que digamos que está acostumbrada. Eso sí, la gente con gafas… Ay, los desconocidos con gafas. No les tira ni media sonrisa. Se queda como paralizada. Así que de momento, barba y lentillas 😛

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    • Jajajaja… ¡el problema vas a tenerlo cuando te afeites, Adrián! Que Maramoto huirá diciendo: -“¿Quién es este señor y qué ha hecho con mi papááááááááá…??”– Por cierto, que te he visto en alguna foto de la charla de este finde, y la tienes un poco más pobladita, ¿no…? ¡Cómo se nota que “se acerca el invierno”…!

      Pues esta niña, en cambio, de las gafas no ha dicho nunca ni pío, oye, es verdad… ¡Qué cosas pasarán por esas cabecitas suyas…! Me fliparía poder contemplar ese pequeño caos delicioso por un agujerito…

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  6. Al mío le llaman la atención pero en positivo, sé queda observando a quien las lleva fijamente y creo que si pudiera se acercaría a tirarles del pelo. Yo no tengo barba pero si perilla y le gusta juguetear con el pelo que me sale aunque lo tengo corto corto.

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    • ¡¡Yaaaaaaaaa…!! ¡¡Es que es tan curioso cómo a unos les causa un tipo de impresión tan diferente que a otros…!! Pero desde luego a la gran mayoría les impacta, o les llama la atención. Realmente, es novedoso… ¡Gente con pelo en la cara! Me imagino con su edad, en que para ellos todo es nuevo, y debe ser alucinante… Aunque puestos a elegir, yo también preferiría que le gustasen. ¡¡Debe ser muy divertido tirar de una barba para ver qué pasa!! Jajaja…
      Con los adultos descubres que cada uno también tenemos lo nuestro, por ejemplo, con el pelo de la cabeza: hay gente que no soporta que le toquen el pelo, y en cambio, hay muchos otros que encuentran un verdadero placer el que le den masajitos en la cabeza y acaricien o jueguen con su pelo.

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  7. Pues casi mejor que no le guste, como le dé por tirar del pelo…
    A mi sobrino no le da yuyu la barba de mi padre y al hijo de unos amigos le gusta poco, pero por el roce.

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    • Es muy curioso esto de las filias y las fobias de los bebés. Partiendo de la base que les mueve la curiosidad por absolutamente todo, las fronteras entre lo que les atrae y los repele es absolutamente fina, y a veces, totalmente arbitraria, me atrevería a decir. A esta niña no le molaban (ni creo que todavía le gusten) las barbas, pero con el bigote del abuelo, bien que se entretenía, como dices… Y con la barba de mi padre, tampoco dijo ni mú. No sé si es cosa de confianza, de verte mucho o verte poco, o qué… Pero algo hay.
      A mí ha habido muchas veces ya que me ha rechazado, cuando llevo varios días sin afeitar, pero es comprensible, porque tengo una barba dura, de las que pinchaaaaaaaaaaaaaaaaaaannnn… Y claro, la pobrecita ya se lo tiene aprendido. Y yo, más que mentalizado. (¡El truco es tratar de conseguir un besito en la frente, que ahí no hay pelo…! Jajajaja)

      ¡Gracias por el comentario!

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